SOBRE UN ENSAYO DE ALLAN KARDEC

 

 

 

 
 
 


MEDITACIONES ESENCIALES: 222
 
SOBRE UN ENSAYO DE ALLAN KARDEC
 
©Giuseppe Isgró C.
 
 
Denota, sin duda alguna, profunda percepción de la realidad sobre la reencarnación y sus leyes vinculantes,  el ensayo de Allan Kardec, signado con el N° 222, de El Libro de los Espíritus, -Obra cumbre del pensamiento universal-, que comentamos.
 
Quienes, ahora, lo leemos, vemos con naturalidad los distintos aspectos comentados por el maestro de Lyon, y forman parte de nuestro bagaje de conocimientos normales, ya que constituyen conceptos básicos y esenciales en el ámbito de la Doctrina Universal, hoy en día.
 
Es cierto, hoy en día. Pero, que ocurría en el tiempo en que se publicó El libro de los Espíritus, en 1857?
 
En esa época, Allan Kardec, con su magna obra, volvía a colocar en el tapete el tema de la Reencarnación y la Ley de compensación, entre otros principios, después de que, durante 1.600 años, ese movimiento nacido en el primer Concilio de Nicea, en la ciudad de Isnik, Turquía, en el año 325 de nuestra era, comenzara un proceso sistemático, a sangre y fuego, de tergiversación histórico-espiritual que culminó en el olvido, virtualmente total, del tema de la reencarnación, en la memoria colectiva del mundo occidental.
 
Es cierto que hubo pensadores que se ocuparon del tema de la reencarnación, como fue el caso de Marsilio Ficino, en el siglo XV, durante el  Renacimiento, quien les explicaba a sus discípulos que, al leer un ensayo de Plotino, tuviesen presente de que se trataba del mismo Espíritu de Platón, lo que indica que conocía la temática con precisión. Además, Ficino percibía que él mismo era una reencarnación del ilustre filósofo ateniense. La elevación de su obra, entre la que se cuenta su Teología Platónica, denota un nivel equivalente entre Platón, Plotino y Marsilio Ficino. Es decir, un hilo conductor se manifiesta en el pensamiento de los tres.
 
En el siglo XIX, el tema de la Reencarnación se reactiva con Allan Kardec, con la publicación de El Libro de los Espíritus, marcando una nueva era a partir de entonces: La del Espíritu.
 
También retoma la temática palingenésica  Madame Blavasky, en 1875, con la fundación de la Sociedad Teosófica, y el excelente grupo de ocultistas franceses. Hacia finales del siglo XIX, el Dr. Gerard Encausse, -Papus-, publica un excelente libro sobre Reencarnación, y el tema ya pasa a ser materia de estudio en el ámbito occidental.
 
En Oriente, siempre se mantuvo la continuidad en el estudio de la Reencarnación, desde la más remota antigüedad. Las Leyes de Manú, del siglo XXXVIII antes de nuestra era, hablan de Reencarnación y de la ley del karma; el Bagavad Gita, es una joya del pensamiento universal que aporta un conocimiento avanzado sobre ambas doctrinas y otros que les son inherentes. El hinduismo, el budismo, y otras corrientes de pensamientos, al igual que los más importantes pensadores de todos los tiempos, sustentan ideas claras y precisas al respecto.
 
Tomando en cuenta que Kardec se inicia en la investigación espirita en 1854, y que la publicación de El libro de los Espíritus se lleva a cabo el 18 de abril de 1857, es decir, tres años después, la labor que llevó a cabo este insigne humanista fue gigantesca, de por sí. Solamente la concepción de las preguntas que formuló a los Espíritus, el ordenamiento de las respuestas, las repreguntas, y los comentarios que en toda la obra va colocando, en donde su propia percepción tiene algo importante que aportar, demuestran un intenso trabajo y una preparación previa importante. Sin duda, el elevado nivel formativo en la cultura clásica y en las doctrinas orientalistas, le aportaban una visión trascendental que contribuyó a la universalidad de su pensamiento.
 
Este capítulo, que constituye un comentario de Allan Kardec, al anterior de El Libro de los Espíritus, sobre la Pluralidad de Existencias, indica que, en solo tres años de estudio, había desarrollado su pensamiento sobre la Reencarnación y todas las leyes que les son vinculantes, además de de una visión integral de la doctrina espirita. Su excelencia permite que, aún después de tanto tiempo, conserven plena vigencia.
 
Repetimos, hoy nos parecen ideas normales, pero, en su época, Kardec fue un pionero, y el primero que, en el siglo XIX retoma el hilo de continuidad, en la materia, en el mundo occidental, dando acceso al sol del porvenir, del progreso y de la sabiduría espiritual en un grado como nunca antes lo hubo, y pese al férreo esfuerzo de la tergiversación histórico espiritual nacida en Nicea.
 
Empieza la nueva era de luz ya imparable, a partir de entonces, y hoy, con las investigaciones científicas realizadas por las más importantes universidades del mundo, alcanzan, ya, a más de cinco mil los casos de reencarnación científicamente comprobados. Entre los eminentes exponentes descuellan las figuras de los Dres. Ian Stevenson y Hamendra Nath Banarjee.
 
Empero, se cuentan por millares los estudiosos de la Reencarnación y de las leyes que les son inherentes, que están transformando la conciencia de la humanidad a nivel global. Muchas instituciones vinculadas con la espiritualidad deberán, en corto tiempo, reformular sus doctrinas, so pena de desaparecer del escenario, por cuanto han dejado, ya, de representar la verdad universal.
 
La verdad universal se impone siempre; la luz evacua la oscuridad. El bien prevalece sobre el mal. El conocimiento emancipará al ser humano. Los temas vinculados con la Doctrina de la Reencarnación y la ley del karma, y otros principios inherentes, contribuirán a forjar esa humanidad con la conciencia elevada creadora de la nueva edad de oro en el planeta Tierra.
 
Hoy en día más del 80% de la humanidad cree en la supervivencia del Espíritu y en la Reencarnación. El resto, es cuestión de tiempo. De nada sirve cerrar los ojos frente a la realidad y tratar de opacar la luz del sol con un dedo.
 
Concluimos, dejando constancia de que, una de las obras más portentosas sobre el tema de la Reencarnación y sus valores intrínsicos, es la de la andaluza Amalia Domingo Soler, que lo estudia en las más amplias vertientes y variantes. Sus obras: Hechos que prueban…, Te perdono, y su extensa bibliografía, ofrecen al estudioso la más completa enciclopedia sobre la Reencarnación. En cada ensayo se plasma el genio inigualable de esta insigne y relevante exponente de la Doctrina Universal.

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AMÉLIE BOUDET O LA MUJER EN LA SOMBRA por FRÉDÉRIQUE MINADAKIS LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013

Imagen AMÉLIE BOUDET

El 21 de enero de 1883, falleció a la edad de ochenta y
nueve años, Amélie Boudet viuda de Hippolyte Rivail.
Fue inhumada en el cementerio del Père Lachaise al
lado de su marido que había partido catorce años
antes. En el más allá, encontró a su compañero, su amor.
Durante una sesión de escritura automática, vino a dar
testimonio: “…En esta Tierra, en mi encarnación, me casé
con H. L. Denizard Rivail y con él compartí mis días terrenales.
Creo que juntos luchamos por una noble causa,
por la de la supervivencia del alma. Teníamos juntos esa
necesidad, teníamos juntos esa emoción de compartir,
teníamos juntos ese sentimiento absoluto de la eternidad
de la vida, prueba de la existencia del espíritu… Mi unión
con Hippolyte, convertido en Allan Kardec, continúa en
lo invisible, en el más allá de los espíritus y por la misma
causa…”
Si bien en la historia del espiritismo, es ineludible el
personaje de Allan Kardec, no se puede desconocer la
presencia de la que fue su esposa y asistente durante
treinta y siete años, Amélie Boudet. Ella compartió sus
ideas pedagógicas así como sus ideas espirituales y más
tarde sus ideas espíritas. No es fácil evocar su biografía
pues, igual que su esposo, era modesta y reservada,
hablaba muy poco de ella y prefería permanecer en
la sombra. La mayoría de las informaciones se han
extraído de notas autobiográficas de Allan Kardec, fragmentos
de un manuscrito titulado Previsiones referentes
al espiritismo, recogidos por Pierre Gaétan Leymarie
y transcritos en el libro de Jean Prior Allan Kardec y su
época.
Nacida el 23 de noviembre de 1795 en Thiais (Sena),
Amélie Boudet era hija única de una familia acomodada
y burguesa. A los treinta y cinco años, era una joven
moderna, fina y cultivada. Se dedicaba a la acuarela y a
la poesía. Publicó tres libros: Fabulae primaveris en 1825,
Nociones de dibujo en 1826 y Lo esencial de las bellas artes
en 1828. Si bien su fortuna no la obligaba a trabajar,
desde hacía quince años ejercía con pasión el oficio de
institutriz para conservar cierta independencia. En 1830,
vivía sola con su padre Julien Boudet, notario jubilado.
Vivían en la calle de Sèvres en un inmueble vecino a la
institución escolar creada por un tal Hippolyte Rivail.
Hasta ese día, Amélie siempre había rechazado a los
pretendientes que se le presentaban, por “insulsos y
superficiales” para su gusto, hasta el día en que tuvo el
encuentro con el profesor Rivail a quien encontró muy
guapo. Hippolyte se sentía solo sentimentalmente.
Aquel cartesiano se encontraba incómodo en esa época
romántica. No soñaba con un enlace tumultuoso sino
más bien con una felicidad tranquila junto a una esposa
proveniente de la buena burguesía. He aquí lo que le
confía a sus amigos respecto a Amélie: “Ella es menuda
y muy bien formada, amable y graciosa, inteligente y
vivaz”. Los contemporáneos confirmaron esta descripción.
Y aunque ella fuera nueve años mayor, parecían de
la misma edad.
La boda tuvo lugar el 6 de febrero de 1832. Amélie
asistió a su marido en lo que éste esperaba de una
mujer. Gabriel Delanne diría que ella fue para el profesor
Rivail “la mujer del evangelio”. Este enlace de amor fue
seguido por treinta y siete años de felicidad ejemplar,
felicidad tranquila y estudiosa: “Mi bien amado compañero
de trabajo” decía Amélie. “Mi mujer que, para
trabajar conmigo, ha renunciado a todas las distracciones
del mundo a las cuales la posición de su familia la
había acostumbrado” decía Hippolyte. Se entendían tan
bien en el plano de la inteligencia y de la espiritualidad,
como en el plano de las artes. Compartían su pasión por
la música clásica. Además, ambos creían en Dios pero
no admitían ni el culto externo ni el dogmatismo.
No obstante, si bien la pequeña señora Rivail adoraba
a su esposo, tenía sus ideas y sabía defenderlas; no
compartía la admiración de Hippolyte por Jean-Jacques
Rousseau. Le parecía que lo que él dice acerca de la
educación de las niñas es particularmente escandaloso.
Sin embargo, el Instituto técnico de la calle de Sèvres
era un remanso de felicidad donde reinaban la amistad
y la paz.
Desgraciadamente, en los años 1840, sobreviene una
terrible prueba. El tío Duhamel, comanditario del
instituto, es un jugador empedernido. Para cubrir una
deuda de juego, los Rivail se ven obligados a vender
el instituto. A esta prueba financiera, de por sí importante,
se suma para la pareja, el inmenso dolor de ver
hundirse la obra de enseñanza a la que con tanto celo
se habían dedicado.
Amélie, como buena tesorera, coloca el resto del
dinero con un amigo, que le asegura a los esposos una
buena jubilación. Nueva desdicha, el amigo quiebra,
están arruinados. Aunque todavía no son espíritas y
por consiguiente no tienen ninguna razón lógica para
aceptar con resignación este doble golpe de la suerte,
los esposos Rivail, en lugar de perderse en el lamento,
se ponen a trabajar con energía para buscarse la vida.
Para salir adelante, Amélie reduce su tren de vida y
retoma el trabajo en el curso de Lévy-Alvarez inventor
de un Método ingenioso para la instrucción de las
niñas. En cuanto a su esposo, se hace cargo de tres
contadurías, consigue un puesto de profesor en el
Lycée Polymathique, igualmente enseña en el mismo
curso que Amélie y encuentra tiempo para redactar
nuevas obras escolares.
Sin embargo, ni Amélie ni Hippolyte están en su verdadero
camino. Ellos hubieran querido volver a crear una
institución digna de la primera. El hecho de estar arruinados,
de no poder crear una obra propia es una prueba
muy pesada, pero pensándolo bien, fue providencial y
ellos así lo comprendieron quince años más tarde.
Al encuentro de los espíritus
Estamos en 1854, por primera vez Hippolyte y Amélie
oyen hablar de las mesas giratorias.
En 1856, Léon Denizard, convertido en Allan Kardec,
está escribiendo El Libro de los Espíritus. Dotada de una
buena memoria, inteligente y rápida, Amélie hace las
veces de secretaria.
Montherlant ha dicho “Un escritor no necesita de una
concepción del mundo, sino de una buena secretaria”. El
afortunado Kardec los tiene a ambos en la persona de
Amélie; infatigable, ella lo secunda con eficacia e inteligencia.
Copia sus textos y lee sus cartas de las que
subraya las partes importantes, corrige las pruebas de la
Revista Espírita y de los libros, comparte con su esposo
las relaciones con los editores y mantiene las finanzas
con mano firme.
Le corresponde igualmente filtrar a los visitantes pues,
en aquella época sin teléfono, la gente, sobre todo los
provincianos y los extranjeros, llegan sin avisar. Finalmente,
cuida la preparación de las giras de conferencias
por las grandes ciudades; laboriosos viajes que, a
partir de 1860, serán cada vez más frecuentes. Para los
quehaceres domésticos, Amélie es ayudada por una
criadita que ella dice que no es muy despierta pero sí
muy dedicada.
La cotidianidad de los esposos Rivail
Amélie se levanta a las cuatro de la mañana para
preparar el café de su marido quien, inmediatamente
después, se pone a trabajar. Hacia las diez, ella le trae
las pruebas de la Revista o las de la obra en curso que
acaba de corregir. Poco antes del mediodía, Amélie
reaparece y le sirve un refrigerio. Es la hora del descanso
y de la charla informal. A partir de las dos comienza el
concierto de timbres y la invasión de visitantes. Amélie
se mantiene en guardia. No hace falta que los admiradores
y, sobre todo, las admiradoras, hagan perder
demasiado tiempo a su gran hombre. En su trabajo de
filtrado, distingue muy bien de antemano a los simples
charlatanes de los que tienen algo que decir y sale de
su reserva para despedir a las admiradoras con tacto y
autoridad.
Si bien el refrigerio del mediodía es frugal, la cena no lo
es. Los esposos Kardec aprecian los placeres de la mesa
a la que hacen honor. Amélie no es de esas criaturas
seráficas que se deleitan con sopas insípidas y tisanas.
Ella alimenta muy bien a su hombre. Demasiado bien
quizás, y Allan aprecia los exquisitos platillos cocinados
a fuego lento con amor.
Las noches que coronan la bien cargada jornada son
breves. La familia Delanne, Pierre Gaétan Leymarie, el
Sr. Desliens, Muller y de vez en cuando Camille Flammarion
hacen su aparición y se retiran pronto para no
cansar al maestro. El viernes por la noche está dedicado
a las conversaciones con los espíritus y el domingo por
la noche se reserva para el concierto y el teatro. La
pareja que ha trabajado tanto toda la semana, desea
relajarse y divertirse. Ambos, apasionados de la música
clásica, aprecian igualmente las óperas de Offenbach.
Por fin, Allan y Amélie rebosan de felicidad: terminaron
los problemas de dinero y los trabajos mercenarios a
menudo fastidiosos. Sus actividades presentes les
apasionan cada vez más; construyen en común una
obra que saben necesaria y duradera. Su amor es tan
vivo como treinta años antes; están tan enamorados
uno del otro como en el momento en que el apuesto
Léon Denizard le pidió al Sr. Julien Boudet, la mano de
su hija Amélie.
Con el transcurrir de los años, gracias a las rentas de
los manuales escolares, a los derechos de autor de
los libros espíritas y las juiciosas colocaciones realizadas
por Amélie, los esposos Rivail tienen adquirido
un pequeño peculio. Siguiendo los consejos de un
cofrade de la Sra. Boudet, adquieren un terreno de
2.600 m2, situado detrás de los Inválidos. Hacen construir
allí la villa Ségur y tienen en proyecto la construcción
de una decena de casas, destinadas a miembros
meritorios de la Sociedad.
Los domingos se trasladan a la Villa rodeados de sus
amigos más cercanos. La atmósfera es distendida y
alegre. La carne es buena; como todas las mujeres de
su época, Amélie está orgullosa de su mesa.
A principios de 1869, Allan está decidido a dejar la sede
de la Sociedad cuyo arriendo se acaba, para instalarse
definitivamente en la Villa Ségur. Es allí donde se siente
en casa, donde podría llevar una vida tranquila, indispensable
para su salud. Desea mudarse lo más pronto
posible y para ello pone en orden sus asuntos.
La partida de Allan Kardec y después…
Estamos a 31 de marzo de 1869, Amélie se ha dirigido
temprano al 7 de la calle de Lille, nueva sede de la
Sociedad, que se trataba de reorganizar sobre las bases
indicadas por su marido. Cuando hacia el mediodía
vuelve a la calle Sainte Anne, ¡qué impacto! Se ha dejado
caer sobre el sofá y no se ha movido más. Está como una
estatua fulminada. Sus ojos, que miran a lo lejos, ya no
tienen más lágrimas. Está desesperada por haber estado
ausente, por no haber podido sostener la mano de su
marido en el momento supremo. Allan Kardec se había
hundido sobre sí mismo sin una palabra, sucumbió
a una ruptura de aneurisma. Notificado, Alexandre
Delanne acudió enseguida, lo friccionó y lo magnetizó
pero en vano.
Siempre pequeña y menuda, ella tiene ahora setenta y
cuatro años y sueña con los treinta y siete de tranquila
felicidad que acaban de terminar. Por el momento, se
imagina que seguirá pronto al que ama y eso la ayuda
a sostenerse. En realidad, le quedan por recorrer catorce
años sin él.
La inhumación de Allan Kardec en el cementerio de
Montmartre es sólo provisional. Un año más tarde
Amélie y la Sociedad espírita adquieren un lugar en el
Père-Lachaise y hacen construir el dolmen, recuerdo de
una vida de druida. Amélie no participó en la inhumación,
destrozada física y moralmente, prefirió quedarse
sola en la calle Saint Anne.
Después de haber recuperado las fuerzas y la combatividad,
daría a conocer el testamento que la nombraba
heredera universal. Bajo su impulso, la Sociedad Parisiense
de Estudios Espíritas fue reconstituida como
sociedad anónima y se instaló en el 7 de la calle de Lille.
En cuanto a Amélie, se mudó a la Villa Ségur pero las
diez casas previstas nunca vieron la luz.
Muerto Allan Kardec, Amélie continuó valientemente
la lucha al lado de Alexandre Delanne, Camille Flammarion,
Victorien Sardou y Théophile Gautier pero sobre
todo con su abnegado amigo Pierre Gaétan Leymarie.
En 1871, éste se convertirá en redactor jefe y Director
de la Revista Espírita en la cual imprimirá las primeras
pruebas de fotografía espírita producidas por William
Crookes. Luego, él mismo experimentará esas manifestaciones
con un médium fotógrafo de nombre Edouard
Buguet. Durante las sesiones, obtuvo una serie de clisés
reales que publicó en 1875.
No obstante, su buena fe es engañada y los enemigos
del espiritismo están al acecho de todo lo que pueda
detener el desarrollo de la doctrina espírita. Edouard
Buguet es vigilado por la policía en la persona de
Guillaume Lombart. Éste se presenta anónimamente en
su casa para pedirle una fotografía espírita, lo sorprende
en flagrante delito y lo arresta.
El Ministerio Público instruye un proceso por fraude y
mistificación en contra de Leymarie y de Buguet. Desde
su detención, este último confiesa que no tiene poderes.
La requisitoria del abogado de la República pone en tela
de juicio a los acusados, a la doctrina espírita y a la viuda
de Allan Kardec.
Durante el proceso, la cuestión de la creencia y de la
persuasión será el centro de los debates. Cada parte
tiene una argumentación respecto a esta estrategia de
la persuasión:
– Para el ministerio público, lo que está en juego es
combatir la doctrina espírita como fuerza política y religiosa.
El procurador va a rechazar la creencia en estas
fotos espíritas.
– El fotógrafo confiesa la superchería y socava toda
posible creencia. Dice: “No soy ni espírita, ni médium;
simplemente tengo “trucos” de una gran sencillez”.
– Los partidarios del espiritismo, con Leymarie el sucesor
de Kardec a la cabeza, se defienden separando a Buguet
de su propia actividad, dicen haber sido engañados por
él y pretenden que es manipulado por el ministerio
público, para evitar reunir aún más espíritas.
Amélie Boudet tiene ya ochenta años cuando es llamada
a declarar en el tribunal. Durante este interrogatorio, su
buena fe será puesta en tela de juicio y ensuciada la
memoria de su marido.
La totalidad de la declaración está consignada en El
Proceso de los Espíritas, una obra escrita por Marina
Duclos-Leymarie. En este libro están compiladas no
sólo las declaraciones, las requisitorias, un considerable
número de testimonios a favor de Pierre Gaétan
Leymarie, de Amélie Boudet y de la Sociedad Parisiense
de estudios Espíritas, sino igualmente toda la correspondencia
entre Buguet y Leymarie.
Pierre Gaétan Leymarie será acusado y condenado a
un año de prisión. Sin embargo quince días antes de
su condena, se le sugiere declararse culpable y solicitar
la indulgencia. Él se niega y felizmente para él, la
condena es derogada algunos meses más tarde por una
completa rehabilitación.
He aquí la última carta escrita por Edouard Buguet,
condenado también a un año de prisión. Está precedida
por los comentarios de Marina Duclos-Leymarie: “Esta
última carta, escrita por Mazas, hace alusión al hecho
siguiente: un oficial de caballería, de la guarnición de
Vendôme, que vino para obtener una fotografía espírita,
se encontraba en casa de Buguet en el momento de las
investigaciones de la justicia; el mismo día, a las tres de
la tarde, le avisaba al Sr. Leymarie que quería ir inmediatamente
a casa de Buguet con el oficial, pues no podía
creer, sin haberlo visto por sí mismo, que el fotógrafo
hubiera empleado trucos. En casa de Buguet, Leymarie
fue arrestado, y es a este hecho que hace alusión esta
primera carta; esta conducta del gerente de la librería
basta para probar su buena fe”.
Estimado señor Leymarie,
Tengo la esperanza de que el momento de detención que
el Comisario de Policía os ha hecho sufrir en mi casa el
día de la mayor desdicha de mi vida, no haya producido
ningún accidente enojoso y que estéis de vuelta enseguida
con vuestra encantadora familia; veis, estimado
Sr. Leymarie, en qué situación me encuentro, y mi pobre
casa en manos extrañas.
Vengo a pediros, en nombre de vuestro buen corazón para
con todos, que hagáis todo lo posible para detener este
desgraciado asunto. Es en nombre de mi pequeña familia
que vengo a pediros perdón por haber pecado tan inconscientemente
y sin darme cuenta de lo que hacía, pido mil
veces perdón a Dios por ello, a todos vosotros, y espero que
vuestro buen corazón con todos no fallará para evitar más
pena a un padre de familia.
En la esperanza, estimado Sr. Leymarie, de tener algunas
palabras de consuelo de vuestro buen corazón, os ruego
recibir mis saludos más sinceros y presentar mis mejores
votos a vuestra encantadora familia.
E. Buguet – Primera division, celda N° 30
Pierre-Gaëtan Leymarie

 

HIPPOLYTE RIVAIL, EL PEDAGOGO POR V A L É R I E F A U V E L LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013

ImagenEL JOVEN LEON HYPPOLITE DENIZARD RIVAIL

El alumno de Pestalozzi (1804-1818)
Hijo de Jean-Baptiste Antoine Rivail, abogado, juez, y de
Jeanne Duhamel, su esposa, Hippolyte Léon Denizard
Rivail, nació el 3 de octubre de 1804. El futuro fundador
del espiritismo fue educado en la estricta atmósfera, tal
vez un poco severa, de esta vieja familia lionesa donde
el espíritu de justicia y honestidad le fue enseñado
como ejemplo por un padre íntegro. Hizo sus primeros
estudios en Lyon y completó luego su bagaje escolar en
Yverdun (tendría unos diez años), con el profesor Jean-
Henri Pestalozzi.
¿Por qué Yverdun, en Suiza? La relativa proximidad de
la escuela no lo explica todo. Ciertamente los acontecimientos
políticos y militares de los años 1814-1815 en
Francia, convencieron a los Rivail de enviar a su hijo hacia
un país más tranquilo, pues París estaba amenazada y
ocupada por los Aliados; y quizás también para escapar
de la educación reaccionaria. La reputación de ese establecimiento
escolar, convertido en la escuela modelo
para toda Europa y cuya experiencia se remontaba a una
decena de años, también ha podido ser decisiva.
Pestalozzi era el educador atento, a la vez severo y suave,
justo y caritativo. Allí Hippolyte aprendería el sentido de
la educación a la vez paterna y liberal.
Pestalozzi aplicaba los métodos del Emilio de Rousseau:
nada de estudios apremiantes, nada de amenazas ni
sanciones; la disciplina debía ceder lugar a la autodisciplina.
Las puertas de su instituto permanecían siempre
abiertas, sin guardián. Diez horas de curso por día, cada
lección de cincuenta minutos era seguida por un recreo.
El espíritu del niño debía desarrollarse con toda libertad.
Aprender debía ser un placer. Pestalozzi concedía una
gran importancia a la libre expresión, a la enseñanza de
la agricultura y de la industria manufacturera. Quería que
estos jóvenes ejercitaran sus manos, sus sentidos y su
mirada al mismo tiempo que su cerebro. Eso era enseñar
al niño el arte de aprender.
El acento educativo estaba puesto sobre la espontaneidad
natural del ser humano que era conveniente preservar
contra la corrupción social. Más tarde, Allan Kardec se
esforzaría a su vez, en sus libros referentes a los fenómenos
espíritas, en recurrir a la idea de naturaleza que excluía al
mismo tiempo lo sobrenatural y lo maravilloso.
La escuela de Pestalozzi abría sus puertas a alumnos del
mundo entero para una educación que enseñara al niño
el sentimiento de la igualdad humana, de la fraternidad y
la tolerancia por encima de las diferencias de idioma, civilización,
raza o creencia. Los problemas que experimentó
el joven Rivail al principio, católico en un país protestante,
lo llevaron pronto a amar la tolerancia. Esa larga permanencia
en un país protestante también tuvo la ventaja de
darle un buen conocimiento de la Biblia. En esa época,
en Francia, y aún a principios del siglo XX, se necesitaba
una autorización especial de su guía espiritual para poder
sumergirse en el Antiguo Testamento.
Pestalozzi dejaba a sus alumnos la libertad de elegir entre
el descanso y el trabajo, y entre las disciplinas. Muchas
veces, los huéspedes de Yverdun preferían no ir a acostarse
para seguir estudiando. Eso también dejaría huella
en el carácter del “obrero laborioso” que será Allan Kardec
que está en vela tarde por la noche para preparar sus artículos
para la Revista Espírita o para escribir sus innumerables
obras. Durante esos años de trabajo tesonero y sin
tregua, una sola vez se otorgará verdaderas vacaciones
para dirigirse a Suiza.
En 1824, (aún no tenía veinte años), escribió su primera
obra pedagógica Curso práctico y teórico de aritmética.
Resumía allí los seis principios básicos del sistema pestalozziano:
“1 – Cultivar el espíritu natural de observación de los
niños, llamando su atención acerca de los objetos de los
que están rodeados.
2 – Cultivar la inteligencia, siguiendo una marcha que
ponga al alumno en estado de descubrir las reglas por
sí mismo.
3 – Proceder siempre de lo conocido a lo desconocido, de
lo simple a lo compuesto.
4 – Evitar todo mecanicismo, haciéndole conocer el objetivo
y la razón de todo lo que hace.
5 – Hacer que se relacione meticulosamente con todas las
verdades. Este principio forma en cierta manera la base
material de este curso de aritmética.
6 – No confiar a la memoria que lo que haya sido captado
por la inteligencia”.
A este método, que guiará sus primeros pasos en la
actividad pedagógica, Rivail añadirá sus propias ideas
y, desde 1824, preferirá combinar el método Pestalozzi
con el método ordinario y hacer suceder la abstracción
a la intuición, paso que adaptará al estudio de los fenómenos
espíritas a partir de 1854.
Desde los 14 años, se convirtió en uno de los discípulos
más eminentes de Yverdun y en el colaborador inteligente
y adicto, que explicaba a sus camaradas menos
adelantados que él, las lecciones del maestro que
había comprendido. Cuando Pestalozzi era llamado
por los gobiernos para fundar institutos semejantes al
suyo, confiaba a Denizard el cuidado de reemplazarlo
en la dirección de su escuela. Encantado por la constancia
de su alumno en el trabajo, por su inteligencia y
su valor moral, Pestalozzi solicitó al joven Rivail que lo
sucediera a la cabeza de su Instituto, pero éste decidió
regresar a Francia.
El estudiante (1818-1824)
Sabemos muy pocas cosas sobre esta etapa de su vida.
¿Cuánto tiempo permaneció todavía en Yverdun? En
1818, tenía catorce años, la edad del límite escolar. En esa
época, un niño de quince o dieciséis años era bachiller.
Rivail obtuvo sus bachilleratos en letras y en ciencias.
Destacado lingüista, hablaba corrientemente el alemán
y el inglés; conocía también el holandés.
Volvió a Lyon donde, según el biógrafo Henri Sausse,
habría proseguido estudios de medicina y también
habría presentado una tesis, información que nunca
ha sido comprobada. Ese estudio no parece haberlo
entusiasmado, pues no hablará de él sino una sola vez a
propósito del magnetismo animal. Ahora bien, la facultad
de medicina no podía explicarle los extraños fenómenos
popularizados por Mesmer pues la Academia de París
había tomado partido contra el magnetismo animal.
Denizard Rivail era un muchachón, de modales distinguidos,
de humor alegre en la intimidad, bueno y servicial.
Se hizo eximir del servicio militar y dos años después,
en 1824, se vino a París para fundar en el 35 de la calle
de Sèvres, un establecimiento semejante al de Yverdun.
Para esta empresa, se había asociado con uno de sus tíos,
hermano de su madre, que era su proveedor de fondos.
A los veinte años, este amigo del hombre, este espíritu
altruista, demócrata hasta los tuétanos, quería ponerse
al servicio de los niños diciéndose que la instrucción
pública era la cosa más importante para un país. En
este período redactó varios libros de carácter didáctico,
planes, métodos y proyectos propuestos a diputados,
gobiernos y universidades, referentes a la eterna reforma
de la enseñanza francesa, en pocas palabras, su actividad
pedagógica ocupaba el lugar de su vida privada. En
efecto, nunca tendrá verdadera vida privada, pues como
pedagogo o fundador del espiritismo, fue hombre de
una vocación.
Su pedagogía condenaba los castigos corporales, lo
cual era una revolución para la época. El maestro, decía,
tiene un arte muy difícil, el de formar a un hombre. Es
un arte filosófico. Cuando se dirigía a “sus amigos” los
alumnos, les hacía el elogio de la instrucción diciendo:
“En otros tiempos, solamente la fuerza del brazo hacía la
ley, hoy, es la fuerza del espíritu”. Compadecía al que se
quedaba en la ignorancia y les pedía dar gracias a la
providencia por haberles hecho nacer en un siglo tan
esclarecido: “Instruyéndoos, trabajáis por vuestra propia
felicidad… ¡El que haya estudiado todas las ciencias
llegará a la verdad!” Para él, el acento estaba puesto en
la educación moral, la única que hace del niño un ciudadano
justo y un hombre caritativo.
En el mundo de las letras y de la enseñanza que frecuentaba
en París, Denizard Rivail conoció a la señorita Amélie
Boudet con quien se casó (ver el artículo: Amélie Boudet
o la mujer en la sombra).
El socio de Rivail tenía pasión por el juego; arruinó a su
sobrino que pidió la liquidación del Instituto. Le devolvieron
45.000 francos que fueron depositados por los
Rivail en casa de uno de sus amigos íntimos, negociante,
que hizo malas inversiones y cuya quiebra no les dejó
nada. Lejos de desanimarse por ese doble revés, Rivail se
puso valerosamente a trabajar y consiguió tres empleos
de teneduría. Al terminar su jornada, trabajaba por la
noche en sus tratados pedagógicos. Traducía obras
inglesas y alemanas y preparaba todos los cursos de
Levy-Alvarès estudiados por alumnos de ambos sexos en
el suburbio de Saint-Germain. Organizaba también en su
casa, calle de Sèvres, cursos gratuitos de química, física,
astronomía y anatomía comparada, muy solicitados
entre 1835 y 1840.
Escribió una veintena de libros escolares y educativos
entre ellos dos informes (entre 1828 y 1831), donde sus
ideas innovadoras lo harían aparecer como un precursor
de Jules Ferry. En 1828, realizó su Plan propuesto para la
mejora de la instrucción pública que fue sometido al Parlamento,
y cuyas proposiciones eran las siguientes:
“- La educación es una ciencia muy caracterizada “que
uno debería estudiar para ser maestro, como estudia la
medicina para ser médico”.
– Si se encuentran tan pocas personas que enseñan bajo
su verdadero punto de vista, se debe a la ausencia de
estudios especiales sobre ese tema.
– El retardo de la educación debe ser atribuido a que pocas
personas son capaces de apreciar su verdadero objetivo,
lo que ella es, lo que podría ser y, por consiguiente,
lo que habría que hacer para mejorarla. La educación
está actualmente en el estado en que se encontraba la
química hace un siglo. Es una ciencia que aún no está
constituida y cuyas bases todavía son inciertas”.
Propuso la creación de una escuela teórica y práctica
de pedagogía, semejante a las escuelas de derecho y
de medicina. Los estudios durarían tres años: el primero
dedicado a la teoría, el segundo a teoría y práctica y el
último únicamente a la práctica.
Lo que hizo en 1828 por la ciencia educativa, lo continuaría,
treinta años más tarde, por la ciencia espírita.
Entre Rivail el educador y Allan Kardec, no habrá ninguna
diferencia ni de método ni de rigor.
En un Informe de 1831 que publica a sus expensas, establece
en veintiséis puntos sus observaciones y propuestas
sobre el sistema general de instrucción pública. Nada fue
olvidado: ni el número de alumnos para cada institución,
ni la edad para ser bachiller o licenciado, ni el salario del
maestro, etc. por ello será recompensado con un premio
de la Real Academia de Arras.
Escribió las siguientes obras:
– En 1831: Gramática francesa clásica
– Gramática normal de los exámenes, o soluciones razonadas
de todas las preguntas sobre gramática francesa,
propuestas en los exámenes de la Sorbona, del Ayuntamiento
de París y de todas las academias de Francia
– Curso de cálculo mental, según el método de Pestalozzi
Allan Kardec
– Tratado de aritmética (3.000 ejercicios y problemas
progresivos), el único que contiene el método adoptado
en el comercio y la banca para el cálculo de los intereses
– Cuestionario gramatical, literario y filosófico, con
Lévy-Alvarès
– Manual de los exámenes para los diplomas de capacidad
(1846): soluciones razonadas de las preguntas y
problemas de aritmética y de geometría usual
– En 1847: Proyecto de Reforma referente a los exámenes
y las casas de estudio de las personas jóvenes, según
una propuesta con respecto a la adopción de las obras
clásicas por la universidad respecto al nuevo proyecto de
ley sobre la enseñanza.
– En 1848: El catecismo gramatical de la lengua francesa
– “La claridad y la sencillez son los principales méritos
de una obra destinada a los principiantes… La claridad
resulta de la brevedad misma con la que son formulados
y presentados los principios, en cierta forma independientes
unos de otros, lo cual permite al alumno
comprenderlos y retenerlos con menos dificultad”.
– En 1849, retomará sus cursos de fisiología, astronomía,
química y física en el Lycée Polymathique y
editará Dictados normales de los exámenes del Ayuntamiento
y de la Sorbona y Dictados especiales sobre las
dificultades ortográficas.
Estas obras, claras y atractivas, recibirán premios académicos
y serán adoptadas por la Universidad de Francia,
lo que coronará de alguna manera una actividad de
un cuarto de siglo al servicio de la instrucción pública.
Se venderán y Rivail podrá constituirse una modesta
holgura. Su nombre será conocido y respetado, y sus
trabajos justamente apreciados. Será condecorado con
laureles académicos, honrado con adhesiones personales
del ministro de Instrucción Pública, promovido
miembro de la Real Academia de Ciencias de Arras, del
Instituto histórico, de la Sociedad de Ciencias naturales
de Francia, etc.
El hombre universal (1848-1854)
Si bien Rivail trabajó por la educación de los niños de
su país, se consideraba a sí mismo como un hombre sin
patria ni ataduras particulares. Las ciencias y el estudio
de las humanidades le enseñaron que “el hombre, para
ser verdaderamente libre, debe tomar conciencia de su
universalidad. El espíritu de tolerancia, de caridad, debe
ser más fuerte que el de clan, secta o Iglesia, de grupo limitado
en el tiempo y el espacio”. Entre todas las doctrinas
o sistemas de educación universalista que precedieron al
espiritismo, Rivail encontró afinidades con la francmasonería
definida así en el Larousse del siglo XIX: “Tiene como
objetivo el mejoramiento moral y material del hombre, y
por principios la ley del progreso de la humanidad, las
ideas filosóficas de tolerancia, fraternidad, igualdad y
libertad, abstracción hecha de la fe religiosa o política,
de nacionalidades y diferencias sociales”. El espiritismo
moral y social no dirá otra cosa. En cuanto a los principios
filosóficos, serán los mismos: la existencia de Dios, la
inmortalidad del alma y la solidaridad humana.
En cambio, Allan Kardec renunciará a todo lo que sea
formalismo, en consecuencia, al aspecto litúrgico
de la iniciación masónica: “La iniciación no es una
marcha hacia la verdad, con los ojos vendados, como
en la francmasonería, sino por el contrario, con los ojos
abiertos ante el hecho indudable de la manifestación
de los Espíritus”.
Finalmente, es preciso mencionar una última experiencia
que, probablemente, data de esta época, la de
director del teatro de las Folies-Marigny. Se supone que
si Rivail tuvo la dirección del teatro, eso debió ocurrir
entre 1852 y 1853.
Hacia 1823, tenía a lo sumo diecinueve años, cuando se
ocupó de los fenómenos de magnetismo, se interesó
en Mesmer. Estudió las fases del sonambulismo cuyos
turbadores misterios eran del mayor interés para él.
Uno de sus amigos, el librero-editor Maurice Lachâtre, le
habló de palingenesia: nombre que se daba entonces a
la reencarnación, palabra que sólo aparecería en 1875.
Fue en 1854 cuando por primera vez escuchó hablar de
las mesas giratorias…
Fuentes: Biografía de Allan Kardec por Henri Sausse – 1909
Allan Kardec: su vida, su obra – André Moreil – 1980
Allan Kardec y su época – Jean Prieur – 2004

ALLAN KARDEC Y SU ÉPOCA POR COLOMBE JACQUIN LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013

ImagenPARÍS HACIA 1850

Hippolyte Rivail, espíritu cultivado, hombre universal,
profesor creyente en el progreso social definido por
Jean-Jacques Rousseau y en el advenimiento de un
siglo de justicia y felicidad para todos, no podía menos
que ser sensible al entorno político y al contexto social
de la Francia del siglo XIX. Nacido el mismo año de la
consagración de Napoleón I, va a vivir los rebotes de una
sociedad que vacila entre monarquía y república, entre
conservadurismo y conmoción social. La institución que
funda en la calle de Sèvres es a la imagen del hombre:
su enseñanza se basa en el desarrollo simultáneo de
las cualidades intelectuales, morales y físicas de los
jóvenes; aplica lo que le fue enseñado por Pestalozzi; en
este sentido redacta obras pedagógicas convirtiéndose
de alguna manera en el precursor de un Jules Ferry que
algunos años más tarde instauraría la enseñanza laica,
gratuita y obligatoria para todos.
En una sociedad donde la Iglesia católica está
vinculada al poder político, Rivail tiene afinidades con
Louis Philippe (el rey bonachón, derrocado durante
la revolución de 1848), quien, como él, es un liberal
anticlerical sensible al mundo de los trabajadores.
Inspirado por las ideas de Rousseau, también ha sido
profesor y será además un precursor de la enseñanza
primaria con las leyes votadas bajo la égida de Guizot,
su ministro de Instrucción Pública. Desgraciadamente,
no tomará en cuenta el creciente descontento
especialmente en la clase proletaria y, a pesar de las
tentativas de rectificación, será forzado a abdicar.
Después de él, el príncipe Louis Napoléon Bonaparte,
único Presidente de la efímera Segunda República, el
único en ser elegido a su solicitud por sufragio universal
hasta el advenimiento de la Quinta República, coquetea
con las ideas socialistas. Está muy atento a los problemas
de los obreros y los campesinos y además ha redactado
una obra titulada La extinción de la miseria. Hombre de
corazón, republicano convencido, francmasón, busca a
Dios fuera de la religión católica, para entonces religión
de Estado, rechazando sus errores y contradicciones.
No obstante, aquel que instaura el sufragio universal,
va a arrogarse, por el golpe de Estado de 1851, amplios
poderes y a expulsar del territorio francés a sesenta y
seis antiguos representantes del pueblo en la Asamblea,
entre ellos Victor Schoelcher, apóstol de la abolición
de la esclavitud y Victor Hugo, el literato humanista.
Hugo, implacable luchador por la libertad quien, con
sus hijos, ha hecho campaña para que Louis Napoléon
sea elegido en 1848, se revela entonces ferozmente
opositor a aquel de quien se burla bajo el nombre de
Badinguet. El 2 de diciembre de 1852, éste se convierte
en el emperador Napoleón III, casándose un mes más
tarde con Eugenia de Montijo que será una fiel lectora
del futuro Allan Kardec.
Para entonces, Hippolyte Rivail no sabe que le espera
una verdadera revolución espiritual. Invitado por el
magnetizador Fortier y luego por su amigo Carlotti,
conoce igualmente a Victorien Sardou hombre de teatro
y médium. Éste ha redactado cincuenta cuadernos
de mensajes mediúmnicos con Friedrich Tiedemann
docente y miembro del Instituto de Francia, René
Taillandier especialista en literatura germánica y suiza,
y el editor Didier. El que se convertirá en Allan Kardec,
al principio escéptico, termina por acceder a estudiar
estos mensajes que luego contribuirán a la redacción
de El Libro de los Espíritus. Él se dice entonces convertido
por la lógica verificada por la experimentación; no es la
desesperanza lo que lo lleva al espiritismo, al contrario
de Victor Hugo que, desde lo más profundo de su exilio,
fue persuadido por Delphine de Girardin a dedicarse a la
nueva moda de las mesas giratorias. Escéptico también
al principio, fue convencido cuando su hija Léopoldine,
ahogada accidentalmente en 1843 junto con su marido,
se le manifestó a él y a su familia reunidos en la isla de
Jersey. Las comunicaciones eran recibidas a través de
su propio hijo médium, Charles Hugo. Durante ese
largo exilio, fueron obtenidos numerosos mensajes,
procedentes de personajes célebres de la historia pero
también emanados de espíritus que representaban
a los elementos, a la naturaleza, tales como el viento
o el mar. A este respecto es muy lamentable que los
biógrafos de este genial escritor hayan considerado el
episodio de las mesas giratorias de Jersey como una
suerte de paréntesis surrealista, consecuencia del dolor
de un padre desesperado, cuando fue la expresión de
una convicción espírita.
En cuanto a Napoleón III, él fue sensibilizado respecto al
más allá gracias a su esposa Eugenia de Montijo, ferviente
adepta al espiritismo, que había descubierto gracias a
Victorien Sardou cuyos talentos dramáticos apreciaba.
Ella participó en varias sesiones, y recibió mensajes que
compartía con su marido emperador, lo que le valió
algunas contrariedades pues ciertos mensajes quizás no
eran auténticos o provenían de espíritus malévolos. Así,
en 1854, la guerra contra Nicolás II, emperador de Rusia,
al lado de Inglaterra, lejos de ser un conflicto corto como
prometía el mensaje, fue una verdadera guerra dura y
sangrienta. La pareja imperial asistió a impresionantes
sesiones junto al médium escocés Daniel Dunglas
Home, médium de efectos físicos, que causó sensación
durante su primera sesión en las Tuileries: “Las sillas y
las butacas eran como arrastradas por un viento furioso,
¡volaban de una esquina de la sala a la otra!” Durante
esas sesiones, se manifestaron varios difuntos de la
familia imperial, como la reina Hortense y también
Napoleón I, quien estampó su firma sobre un cuaderno,
firma que su sobrino reconoció enseguida. La pareja
conoció igualmente a Allan Kardec, de quien el espíritu
Napoleón III vino a manifestar en sesión: “Hemos vivido
la extraordinaria época del nacimiento del espiritismo
en Francia. Eugenia, y yo mismo, éramos afectos a las
sesiones espíritas y nos reunimos repetidas veces con el
maestro Allan Kardec. Es difícil imaginar, en vuestro siglo,
la importancia del personaje que tenía entonces un
millón de adeptos en el territorio francés y cuyas obras
eran reeditadas cada año. Es difícil comprender el alcance,
a la vez filosófico y social del movimiento espírita en el
siglo XIX. El druida Allan Kardec no estaba de acuerdo con
mi política y me acusaba de haber utilizado las urnas de
la República para restablecer el Imperio, y tenía razón.
Eugenia siempre pensó que yo debía abdicar, y los espíritus
me lo aconsejaban. No quise seguir sus mensajes y, un año
después de la muerte de Allan Kardec, ocurrió el drama de
1870 y el desastre de Sedan.
Mi mayor falta fue el exilio de Victor Hugo quien, desde hace
mucho tiempo, ha sabido otorgarme su perdón. Deseo
con todas mis fuerzas que la Francia de hoy encuentre el
impulso de su siglo dentro del renacimiento espírita y así,
os aliento a mi manera”.
Napoleón III no fue el único político convencido por el
espiritismo; el presidente Sadi Carnot diría algunos años
más tarde: “Soy espírita por convicción y católico por razón
de Estado”.
La influencia de Allan Kardec es grande en el siglo
XIX. Además de los intelectuales y los docentes, toca
el mundo literario: Théophile Gautier en su novela
Espírita se inspira en los recientes descubrimientos
del espiritismo; George Sand, Honorato de Balzac y
Lamartine también hacen alusión en sus novelas al
mundo invisible.
Allan Kardec no se contenta con escribir las numerosas
obras que siguen siendo, aún hoy, los fundamentos de
la doctrina espírita; también dicta conferencias y desde
el año 1860 emprende giras por Francia. Trata de juzgar
por sí mismo el estado real de la doctrina conociendo
los grupos espíritas que se han formado rápidamente
en numerosas ciudades de provincia. Recoge de ello
preciosas observaciones y las aprovecha para instruir y
alentar a los espíritas.
Su primera gira está reservada a Lyon, su ciudad natal
a la que sigue muy vinculado sentimentalmente: “Si
París es la cabeza del espiritismo, Lyon será su corazón”. Es
recibido como si fuera san Ireneo, el venerado obispo
de la ciudad. Lyon cuenta ya con algunos cientos de
adeptos; un centro espírita creado en los Brotteaux
de Lyon se dedica al estudio de las tres obras escritas
entonces por el maestro. Círculos parecidos ven la luz
en varias capitales regionales como Metz, Tours, Poitiers,
Angers, Biarritz, Burdeos y Limoges, allí donde recibe en
sesión este mensaje profético: “Tienes todavía para diez
años de trabajo, no permanecerás mucho tiempo entre
nosotros. Será necesario que regreses para terminar tu
misión que no puede ser acabada en esta existencia”. Dos
años más tarde en 1862, Allan Kardec cumple otras
giras por Francia de las cuales da testimonio en su obra
Viaje espírita en 1862. Comienza por Lyon y Burdeos y se
percata de cuánto ha crecido la idea espírita desde su
primer viaje. En Lyon, el número de espíritas se calcula
entre 25.000 y 30.000; en Burdeos ha pasado de 1.000 a
10.000.
Paradójicamente, Allan Kardec debe su notoriedad
sobre todo a sus detractores; así las violentas prédicas
contra el espiritismo calificado de “religión del siglo XIX
y culto a Satán” atizan la curiosidad de la población que,
de esa manera, se interesa por las obras de Allan Kardec.
Se dirige a numerosas otras ciudades: Toul, Orleáns,
Aviñón, Provins, Troyes, Sens, Montpellier, Tolosa, Albi,
Marmande, Royan, Angulema y otras ciudades de
Charente. En todas partes, es recibido calurosamente.
Comprueba de inmediato que el espiritismo es
abordado en serio en sus aspectos filosóficos y morales
y que las preguntas fútiles y de pura curiosidad se han
descartado. Dice en Bordeaux: “Estamos muy lejos de las
mesas giratorias y sin embargo apenas algunos años nos
separan de esa cuna del espiritismo”.
Tiene oportunidad de conocer médiums, algunos de los
cuales califica de notables: así, en Lyon varios médiums
dibujantes, en San Jean d’Angely una mujer que escribe
largas y hermosas comunicaciones mientras lee su
periódico. Celebra la seriedad con la que los nuevos
médiums asumen su misión; señalamos igualmente
que en esa época varios médiums son iletrados y
escriben sin nunca haber aprendido.
Observa la evidente diminución de médiums de efectos
físicos a medida que se multiplican los médiums de
comunicaciones inteligentes. El período de curiosidad
ha pasado y a partir de entonces se trabaja en construir
la nueva filosofía para reformar a la humanidad.
A través de las manifestaciones recibidas es perceptible
una marcha progresiva de enseñanza; eso se debe,
desde luego, a la seriedad de los médiums pero también
a la asistencia que rodea al médium, más consciente y
capaz de reflexionar sobre las revelaciones obtenidas.
Esta actitud espírita es calificada por Allan Kardec
de desinterés moral. Entiende por ello abnegación,
humildad, ausencia de todo pensamiento dominante,
ausencia de toda pretensión orgullosa y freno a la
manifestación de un más allá cuidadoso de brindar
enseñanzas de calidad.
Apoyándose en la historia de los endemoniados de
Morzine, a la que fue confrontado, pone en guardia
contra un peligro inherente a una mala práctica del
espiritismo, la obsesión, e insiste para que el trabajo se
realice dentro del respeto a los principios descritos en El
Libro de los Médiums.
Se sorprende al comprobar que muchos adeptos nunca
han asistido a una sesión y que sin embargo están
convencidos de la realidad espírita por la lectura de
los libros; ve allí las premisas de una reforma moral. No
obstante, el espiritismo es recibido de manera diferente
según las regiones. En ciertos lugares, prosperan los
grupos espíritas y en otros les cuesta trabajo formarse.
La idea espírita es en primer lugar un hecho de la clase
media ilustrada: muchos abogados, magistrados y
funcionarios están en la formación de los grupos. Pero
hace falta contar también con numerosos obreros
que organicen los banquetes (de momento, toda
agrupación política está prohibida) convirtiéndose por
eso en pretextos de intercambio sobre el espiritismo.
Entre los más letrados, se lee a Émile Zolá y Victor Hugo
cuyas tomas de posición no contradicen la filosofía
espírita, y además, la perspectiva de una vida futura
consuela muchos de los sufrimientos terrenales.
Allan Kardec saluda la valentía de todos sus adeptos
frente a los ataques y las calumnias, pues la oposición
es muy real, marcada especialmente por el auto de
fe de Barcelona. De ello concluye esto: “Además su
animosidad es grande, además prueba la importancia
que adquiere la doctrina a sus ojos, si fuera una cosa sin
importancia, una de esas utopías que no nacen viables,
no le prestarían atención ni tampoco a mí”. Esos ataques
proceden a veces de personas que adoptan las ideas
espíritas pero sólo creen en los fenómenos, sin deducir
de ellos ninguna consecuencia moral.
En el transcurso de sus viajes, Allan Kardec dictó
numerosas conferencias públicas. Dio preciosos
consejos a los espíritas para formar los grupos,
aunque fueran limitados, a partir de un núcleo de
personas serias que fueran “personas ilustradas,
sinceras, penetradas por las verdades de la doctrina y
unidas en sus intenciones”. Insiste en la participación
de los jóvenes y las mujeres: “Excluir a las mujeres de
estos grupos sería una injuria a su juicio que, dicho sea
sin halago, a veces hasta daría puntos al de los hombres
incluso el de ciertos críticos letrados”. Da consejos sobre
la manera de organizar y dirigir las sesiones, insiste en
el empleo de la oración para convocar el auxilio de
los buenos espíritus, y disponer a los participantes al
indispensable recogimiento para el buen desarrollo
de las sesiones. Preconiza igualmente que los
espíritas no marquen su pertenencia con un signo
externo indicador, como existe en las religiones; el
espiritismo no es un nuevo culto, se dirige a todos
y a todas las confesiones; no es una secta como
pretenden algunos de sus enemigos, sino que llama
a los hombres de todas las creencias “bajo la bandera
de la caridad y la fraternidad”.
Con todo el rigor y la precisión que lo caracterizan,
Allan Kardec redacta un proyecto de reglamento para
uso de los espíritas. Conoce las debilidades humanas
y sabe que en materia de espiritismo, tal vez más que
en otras disciplinas, hace falta un marco que garantice
la integridad y autenticidad de las sesiones así como
el funcionamiento interno de los grupos, pues ya
el espiritismo es mancillado por publicaciones
lamentables que emanan de supuestos adeptos
que transforman en ridiculez la comunicación con el
más allá. Reconoce entre sus contemporáneos dos
faltas mayores, el orgullo y el egoísmo, que ya ha
percibido en ciertos médiums calificados por él de
“industriales sin patente”, que explotan la credulidad
o la desesperanza de personas que vienen a buscar
consuelo después de una prueba. Propone insertar en
su reglamento la divisa que es la señal del espiritismo
auténtico: “Fuera de la caridad no hay salvación, fuera
de la caridad no hay verdadero espírita”.
El espiritismo se propaga rápidamente en Francia,
pero también en Austria, Polonia, Rusia, Italia,
España y Constantinopla, donde se crean sociedades
espíritas organizadas.

Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo III – El Plano Extrafísico

1. Un retrato real

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) –Utilizamos el término “extrafísico” propuesto por el Espíritu André Luiz, a través del médium Francisco Cándido Xavier, por ser más consistente con la idea de un universo energético y la realidad del estadio post-mortem.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) – Generalmente cuando nos referimos al lugar donde “habitan” los Espíritus desencarnados lo hacemos como: “Mundo Espiritual”, “Mundo Invisible”, “Plano Espiritual” o, más genéricamente, como “Más Allá”. Nos parece adecuada la propuesta del autor –sin que ello signifique abandonar las otras expresiones- ya que define con precisión que se trata de un mundo, de un plano “fuera de” (este es uno de los significados del prefijo “extra”), “fuera del plano material”, “fuera del plano físico”.

D.K. – “El descubrimiento del plano extrafísico mostró que la atmósfera de la Tierra comporta un hiperespacio energético que interactúa con el espacio físico.

F.E. – No es sencillo responder a la pregunta ¿dónde está el Mundo Espiritual? Evidentemente se sobreentiende que nos referimos a su ubicación “física”, casi podríamos decir “geográfica”. No sabemos la respuesta, ya que ese plano extrafísico está, puede estar, en todas partes. Nos agrada mucho la expresión “hiperespacio energético” del Dr. Regis.

D.K. – El plano extrafísico comenzó a ser habitado una vez que el Espíritu tuvo la percepción de su integridad después de la muerte del cuerpo físico. Esa percepción de la inmortalidad y de la persistencia de sí mismo, fue fruto del desenvolvimiento de su estructura mental, que le permitió mantener el pensamiento consistente y permanente, necesario para la existencia del periespiritu en el plano extrafísico. Con eso el Espíritu mantiene la forma de su cuerpo físico transferida para el cuerpo periespiritual, que lo identifica en un nuevo estado vibracional.

F.E. –No es este un párrafo de fácil comprensión, al menos para nosotros. La primera oración pareciera referirse a un hipotético principio de los tiempos, aunque podemos cuestionarnos si hubo un principio, un Big Bang como postula la Ciencia, ya que Dios ha existido siempre y cabe pensar que ha creado siempre; por lo tanto, hemos de suponer que en el plano extra-físico siempre ha habido Espíritus.

Al final de la segunda propuesta de este párrafo, nos dice el autor “…que le permitió mantener el pensamiento consistente y permanente, necesario para la existencia del periespiritu en el plano extrafísico”. No acertamos a entender lo que pretende decirnos, ya que el periespíritu “existe” en el plano espiritual aunque el pensamiento del Espíritu no sea ni consistente ni permanente.

Es probable que sea nuestra limitación de conocimiento filosófico la que no nos permite comprender estos textos. Lamentablemente ya no podemos dirigirnos al autor para pedirle aclaraciones de sus pensamientos.

En cuanto al enunciado de la tercera oración del párrafo, hay que resaltar con que simplicidad y elegancia el autor enfatiza la unión íntima entre el cuerpo y el periespíritu (durante la encarnación) y la traslación de las vicisitudes del cuerpo material al cuerpo energético.

D.K. – En ese espacio, el Espíritu se fue instalando, creando condiciones de habitabilidad y de relacionamiento, estableciendo comunidades y permaneciendo en él por tiempo variado, más necesariamente precario, pues es compelido por la Ley Natural, a través de la Ley de acción y reacción, a buscar niveles de satisfacción y equilibrio satisfactorios, o sea, la reencarnación.

F.E. – No sabríamos decir a ciencia cierta si los Espíritus del nivel evolutivo medio de nuestro planeta buscan, buscamos, “niveles de satisfacción y equilibrio satisfactorios” que nos impelen a reencarnar. Más bien pensamos que somos instados a reencarnar más por obligación que por interés propio, y que ese proceso es –en nuestro estadio evolutivo- un proceso tutelado e impulsado por Espíritus superiores a nosotros que deben ser verdaderos especialistas en el diseño, aunque sea a grandes rasgos, de los procesos reencarnatorios de la mayoría de los habitantes de ese hiperespacio energético, tal y como lo denomina el autor.

En cuanto al tema del establecimiento de comunidades afines es, ciertamente algo consustancial a nuestra especie, en todos los ámbitos de vida. Coloquialmente, en España, hay un dicho que dice: “Dios los cría y ellos se juntan”, y eso es exactamente lo que ocurre, aquí y en el Más Allá.

D.K. – La muerte, como la encarnación, es un momento extremadamente desestructurante. Durante la vida corpórea el Espíritu se identifica, sinérgica y profundamente con el cuerpo y se adapta mentalmente a las condiciones del ambiente, de la familia, del momento.

“Al ser alejado del cuerpo por la muerte, el Espíritu se ve despojado de todo ese aparato sensible y sensorial y, nuevamente, queda solo consigo mismo. Ese choque puede causar reacciones muy variadas, conforme la mente se ve delante de su realidad moral, produciendo traumas diversos.

F.E. – Sin duda tanto encarnar como desencarnar deben ser procesos que pueden fácilmente desconcertar al Espíritu; no en balde pasamos de un hábitat en el cual estamos ya acostumbrados para adentrarnos en un viaje (y esto es válido para cualquiera de los dos planos de vida) repleto de incógnitas. Sin embargo, no debemos obviar la realidad y ésta es que para muchos de los Espíritus que inician uno de esos viajes, en cualquiera de los dos sentidos, no se ha producido una comprensión de su real situación antes de adentrarse en la otra realidad. Así, pues, muchos Espíritus encarnados no comprenden el verdadero sentido de la vida y desencarnan conservando la ilusión de sentirse en el mundo material, a pesar de no tener cuerpo; y también, en la otra situación, hay Espíritus que encarnan sin haber sido conscientes de su estancia en el plano extra-físico. Así, paradójicamente, que “ese choque pueda causar reacciones muy variadas”, incluso traumas, será una señal inequívoca de progreso ya que denotará que empezamos a estar “despiertos” ante el cambio producido.

D.K. – El periespíritu, correlacionado con el espacio hiperfísico, está constituido de elementos energéticos de gran plasticidad, expresando la realidad mental y moral del ser, que en él se estampa de modo visible y, muchas veces, inconveniente y forzado.

F.E. – Debemos alabar una vez más la capacidad de síntesis del Dr. Regis para, en poco más de dos líneas, condensar, a grandes trazos, la constitución plástica del periespíritu, así como su capacidad para delatar claramente esa realidad mental y moral del Espíritu. Puede leerse, al respecto, en el artículo de Kardec “Fotografía y Telegrafía del pensamiento” (“Obras Póstumas”):

“Cuando el pensamiento crea imágenes fluídicas, se reflejan en la envoltura periespiritual como en un espejo, y como esas imágenes de objetos terrestres que se reflejan en los vapores del aire; toma en dicha envoltura un cuerpo y se fotografía en ella hasta cierto punto. Si un hombre, por ejemplo, concibe la idea de matar a otro, por impasible que esté su cuerpo material, el fluídico es puesto en acción por el pensamiento del que reproduce todos los matices; ejecuta fluídicamente el gesto, el acto que tiene intención de realizar; su pensamiento crea la imagen de la víctima y toda la escena se pinta, como en un cuadro, del mismo que está en su espíritu.”

D.K. – De ahí que Allan Kardec categorizó como “errante” el estado del Espíritu que allí se encuentra, considerando que la permanencia en el plano extrafísico está relacionada con la necesidad de progreso individual y colectivo. En el estadio evolutivo medio de la humanidad terrena, el punto de referencia es la vida corpórea, ya que ahí elabora progresivamente su identidad.

F.E. Sin duda el empleo de las palabras “errante” y “erraticidad”, propuestas por Kardec (“El Libro de los Espíritus”, Libro II, Cap. VI) pueden generar un cierto desconcierto pues, inevitablemente, las vinculamos a leyendas tales como “el judío errante” o “el holandés errante”, personajes condenados a vagar eternamente sin obtener la paz. Sin embargo no es este el concepto que nos transmite Kardec. Para Kardec la erraticidad es el estado normal de los Espíritus en el intervalo comprendido entre dos encarnaciones y, en ese estado, hay Espíritus de todo tipo.

En cuanto a que, en el nuestro estado evolutivo, “el punto de referencia es la vida corpórea”, estamos totalmente de acuerdo con el Dr. Regis. Para el común de los Espíritus vinculados a este planeta el mundocorporal es más importante, para nuestra evolución, que el mundo espiritual. Aquí, “estamos” más despiertos, más conscientes y tenemos más libertad de acción. Es aquí donde aprendemos lo que es el “Más Allá”, hasta que llega el momento en que “allá” seremos más conscientes de nosotros mismos y seremos capaces de actuar con más libertad y conocimiento de causa.

D.K. – Las comunicaciones de los Espíritus muestran que el plano extrafísico, de modo alguno es un local organizado, dirigido por una autoridad central, como sugieren las ideas del cielo y el infierno cristianos. Es un plano, tal como el corpóreo, abierto a las más diversas y contradictorias manifestaciones de personas y grupos.

Pero, como en todo el Universo, en ese aparente caos, la directriz de la Ley divina se establece, sea por la jerarquización de los Espíritus, sea por las presiones de la realidad moral e intelectual que cada uno desenvuelve y vive. Todos siguen los rumbos del producto de sí mismos.

F.E. – Se observa una aparente contradicción entre estos dos últimos párrafos ya que, por un lado, se dice que el plano extrafísico no parece ser un lugar organizado y, por otro lado, se afirma que se establece la directriz de la Ley divina. La Ley Natural o divina nos permite, con un amplio margen de maniobra, una expresión libre de sentimientos y emociones -positivos y negativos-, expresión que puede dar una falsa imagen de caos. Pero, como no podría ser de otra manera, ese aparente caos está realmente tutelado y controlado por una autoridad superior, que denominamos genéricamente como Ley Natural, que regula coherentemente el ejercicio de nuestra libertad.

D.K. – Es un plano caótico, semejante al de la vida corpórea. Es comprensible, pues, al final, allí desembarcan diariamente las multitudes que dejan la vida corporal con sus realidades. Y se agrupan según las simpatías, vibraciones o los sentimientos.

F.E. – Esta es una realidad que algunos espiritistas noveles no alcanzan a comprender y es que, después de desencarnar, no nos convertimos en sabios y no lo comprendemos todo, sino que llegamos al plano extra-físico con nuestras realidades, buenas y malas, y, también, con nuestras ideas fijas que constituyen un lastre costoso de abandonar (véase el párrafo final de este capítulo).

D.K. – La gran mayoría parece que permanece alienada.

“Algunos se reúnen y forman grupos y organizaciones específicas, crean y mantienen lugares bien organizados, como oasis, islas de convivencia, que están dirigidas hacia el bien, estableciendo uniones mentales y actitudes positivas. Se ligan a los encarnados que permanecen en la misma línea de comportamiento.

“Otros forman agrupaciones dirigidas hacia el mal, con organizaciones jerárquicas y policiales específicas. Esos grupos relativamente organizados, conforme a la naturaleza de sus intenciones y deseos, por no poseer abertura para una vida fuera de los parámetros de la corporeidad, pueden establecer una red de vínculos mentales con los encarnados que permanecen en la misma faja vibratoria, en procesos vampíricosy simbióticos.

“Están, además, los “independientes”, personas y grupos aleatorios, especie de vagabundos extrafísicos que, incluso sabiéndose “muertos” no consiguen vivir fuera del ambiente corporal. La variedad parece grande. Hay los que solamente andan por ahí, sin rumbo fijo, uniéndose eventual o firmemente a muchos encarnados de la misma especie mental. Existen los que se aíslan, los que niegan la inmortalidad, los que cultivan depresiones, persiguiendo las intenciones desviadas del envolvimiento mental deprimente, configurando el escenario general de un plano extrafísico bastante conflictivo.

F.E. – Excelente resumen el que nos traza el autor de la distribución y organización de los Espíritus desencarnados; es un resumen muy sobrio y muy realista, alejado de cualquier planteamiento fantasioso. Nos parece muy adecuada la expresión de “vagabundos extra-físicos”. Tal vez cabría la diferenciación de otro subgrupo, el de los Espíritus profundamente turbados y casi inmunes al ambiente espiritual que les circunda, debido a la alta densidad de su periespíritu, fruto de su ignorancia y de sus pretéritas e inadecuadas actuaciones. Cabe suponer que estos últimos deben estar tutelados por entidades pertenecientes a esos “oasis de convivencia” de que nos habla el Dr. Regis, ya que nadie está exento de una atención superior.

D.K. – Esa realidad global de la vivencia de los seres humanos, tanto en el mundo corpóreo, como en el extracorpóreo, da una idea de la naturaleza de las relaciones entre los encarnados y desencarnados, echando por tierra, la natural inclinación de considerar a los “muertos” como

portadores de sabiduría natural. Kardec dijo que los consideraba colaboradores y no reveladores predestinados. Así debe ser.

F.E. – Recordemos aquel lúcido texto de Kardec, inserto en “Obras Póstumas”: “Procedí con los Espíritus como hubiera procedido con los hombres: me sirvieron, desde el más pequeño al más grande, como medios de estudio; nunca como reveladores predestinados”.

Y, en ese mismo texto, señala Kardec: “Uno de los primeros resultados de mis observaciones fue el darme cuenta de que los Espíritus, no siendo otros que las almas de los hombres, no poseen ni la soberana sabiduría ni la soberana prudencia; que su saber era proporcionado a su progreso, y que su opinión no tenía más valor que el de una opinión personal. Esta verdad, reconocida desde el principio, me preservó del grave escollo de creer en su infalibilidad y de formular prematuras teorías sobre la palabra de uno solo o de varios de ellos.”

Ojalá que todos los espiritistas comprendiéramos, y pusiéramos en práctica, estas sabias consideraciones de Kardec. Sin duda ello redundaría en una mejor imagen del Espiritismo ante el mundo, amén de servir de depurativo de las fantasías e incongruencias que, en demasiadas ocasiones, se encuentran en las producciones mediúmnicas.

D.K. – La permanencia en el plano extrafísico, como vemos, tiene colores dispares. Algunos no soportan quedar lejos del mundo corpóreo y para ellos reencarnar es una necesidad emocional. Otros, al contrario, se adaptan a la vida fuera del cuerpo somático y se resisten cuanto pueden al retorno. Hay los que demoran el regreso por dificultades que experimentan al no poder afirmarse como Espíritus y a veces enloquecen.

F.E. – Debemos tener la seguridad de que nadie se quedará sin la oportunidad de reencarnar, cuando ésta sea conveniente, estemos conformes o no con ello. Afortunadamente otros, con más criterio que nosotros, decidirán cuando será el momento oportuno de emprender otra incursión en el plano material.

D.K. – Aunque en una visión genérica, el Plano Extrafísico en modo alguno sea un lugar disciplinado, hay, ciertamente, un centro coordinador, una fuente dirigente que se manifiesta siempre que sea necesario. Ese centro directivo, constituido de Espíritus elevados actúa, suplementa, buscando promover el equilibrio personal y grupal. Parece no haber una unidad definitiva, sino centros específicos y múltiples dirigidos por un gobierno objetivo y firme. Grupos y organizaciones reúnen los prosélitos de las religiones como el catolicismo, el protestantismo, el judaísmo, el islamismo, el candomblé, la umbanda, para citar las que vienen a la memoria sin esfuerzo.

F.E. – Hay espiritistas que se desaniman a la vista de la situación amoral e inmoral de nuestro mundo, como si no existiera un poder superior espiritual que condujera adecuadamente el rumbo de esta nave que es la Tierra. Estamos totalmente de acuerdo con el autor en cuanto a la existencia de “un centro coordinador”, de “una fuente dirigente”, en suma, de “un gobierno objetivo y firme”. Ha de haber, sin ningún margen de duda, un “equipo directivo” compuesto por Espíritus inteligentes, instruidos y con alta moralidad que dirijan el destino de esta escuela que es nuestro planeta. Y si su actuación no es más contundente con los desvíos que se observan en nuestra sociedad, no es porque no puedan o no sepan, sino porque el estado actual de cosas es el adecuado para el aprendizaje de los Espíritus vinculados a este proyecto evolutivo. Además los Espíritus tenemos libre albedrío, por restringido que éste pueda ser, y, evidentemente, tenemos la posibilidad de manifestarlo, ya hacia el bien, ya hacia el mal. Hemos de tener la confianza de que ese equipo espiritual está perfectamente capacitado para tomar las decisiones oportunas y hemos de saber, que ese equipo nos tutela y ampara siempre. Lo que ocurre es que, muchas veces con nuestras incongruencias, nos apartamos de esa tutela; por ello debemos culparnos a nosotros mismos por la mayoría de nuestros males y no al mundo espiritual.

D.K. – Algunos pocos son espíritas. Eso deshace una impresión muy difundida de que al morir todos se tornan espíritas, y debería aumentar la vigilancia sobre el tenor de las comunicaciones mediúmnicas.

F.E. – Este último párrafo se merece todos los resaltes posibles. A veces cuesta comprender que en el hiperespacio energético que interactúa con nuestro planeta no haya muchos espiritistas. Esto no debería extrañar tanto. La respuesta a la pregunta de ¿cuántos espiritistas hay encarnados en el planeta Tierra? sería, sin duda, muy pocos. ¿Y hemos de sorprendernos, pues, de que haya, también, pocos en el mundo espiritual?

Por otra parte hay que aplicar a rajatabla la recomendación del Dr. Regis en cuanto a la necesidad ineludible de “aumentar la vigilancia sobre el tenor de las comunicaciones mediúmnicas”; ello nos librará de muchos sinsabores.

TOMADO DE: http://www.cbce.info/web/index.php/doctrina-kardecista/50-oculto/153-capitulo-iii-el-plano-extrafisico

Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo II – Las Etapas del Desenvolvimiento del Espíritu

1. La experiencia corporal

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – “Es fácil entender el mecanismo de la evolución del ser inteligente.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.)“Es fácil entender”dice el Dr. Regis, aunque, realmente no es sencillo, para la mayoría de la humanidad, el comprender que la evolución del Ser Inteligente es “algo” que se produce de una manera natural, equivalente -que no idéntica-, siempre adecuada para todos los seres y tutelada por estructuras espirituales superiores… hasta remontarnos a la protección Divina.

D.K. – “Creado como un ser potencial, incorpóreo, como un conjunto vacío, el ser inteligente posee una fuerza intrínseca, la agresividad básica, que instintivamente le hace buscar la sobrevivencia.

F.E. – Vamos a abundar y a matizar un poco más sobre estos conceptos tan potentes, enunciados de una manera tan sintética por el autor:

  • “ser potencial”:
    Veamos lo que dice Léon Denis en su obra “Después de la muerte”, cap. XII: El objeto de la vida” “El alma es un mundo; un mundo en el que se mezclan aún las sombras y los rayos de luz y cuyo estudio atento nos hace ir de sorpresa en sorpresa. En sus pliegues, todos los poderes están en germen, esperando la hora de la fecundación[1] para abrirse en chorros de luz”.
    O sea, no es que el espíritu -a través de su proceso evolutivo- vaya agregando potencialidades, si no que lo que hace es ir desarrollando esas potencialidades que posee en esencia, en germen.
  • “incorpóreo”:
    Que no es lo mismo que inmaterial. A este respecto se puede recordar una de las preguntas filosóficamente más interesantes de “El Libro de los Espíritus”, la número 82:
    “¿Es exacto decir que los Espíritus son inmateriales?

    “ (…) Inmaterial no es la palabra, y sería más exacto decir incorpóreo; porque debes comprender perfectamente que, siendo una creación el Espíritu, ha de ser algo y es, en efecto, materia purificada; pero no tiene análoga entre vosotros, siendo además tan etérea, que no puede impresionar vuestros sentidos”.

    Es decir, que el Espíritu es “algo” material. Ciertamente esta proposición puede tener muy interesantes derivadas filosóficas. No creemos que éste sea el momento ni el lugar para estas digresiones filosóficas, que realizaremos en otra oportunidad.
  • “conjunto vacío”:
    A pesar de que el espíritu es creado “simple e ignorante[2]”, se nos hace difícil asemejarlo a un conjunto vacío. Sin embargo, reconocemos que esta apreciación del Dr. Regis es muy interesante. Tal vez, habría que añadir que se trataría de un conjunto vacío con la posibilidad de incorporar elementos de crecimiento en su interior.
  • “fuerza intrínseca”, “agresividad básica”:
    Parece que estos conceptos nos llevan al “principio vital” o “fluido vital” de Kardec.

D.K. – “Inserto en el universo material, con él interactúa desenvolviendo un “cuerpo mental” como apéndice de almacenamiento de las experiencias. Realiza su curva evolutiva, viviendo ligado a organismos que, en escala ascendente, le permiten el largo aprendizaje hasta alcanzar el nivel hominal.

F.E. – Entendemos la intención del autor al proponer ese desenvolvimiento de lo que denomina como “cuerpo mental”. Sin embargo, pensamos que la utilización de esta expresión que, habitualmente, usan otras escuelas filosóficas, puede llevar algún desconcierto al lector. Ya sabemos que hay otras concepciones que piensan que el periespíritu está formado por diversos “cuerpos”, aspecto al que no se refirió en absoluto Kardec. Evidentemente no se puede ser tan reduccionista como para pensar que el periespíritu sea algo monolítico, si no que  podemos  entender, perfectamente, que se trate de una estructura compleja. Pero, de ahí a utilizar esos términos, más bien ocultistas, hay mucho trecho. Creemos que hay que estar en la línea promovida inicialmente por Kardec, y también recomendada por el Dr. Regis, de que el Espiritismo tenga un lenguaje propio. Por todo ello no consideramos adecuada, en Espiritismo, esta expresión de “cuerpo mental”. Mucho más adecuada nos parece la denominación de “estructura mental” utilizada por el autor en el capítulo III de esta segunda parte.

D.K. – “La alternancia de la encarnación y desencarnación, vida y muerte, con la evolución de los organismos a los cuales se liga, posibilita al ser inteligente desenvolver su mente, fortaleciendo una construcción recíproca entre él y los cuerpos.

“Encarnar y desencarnar, es el motor básico de la evolución del ser inteligente. La reencarnación es, pues, el instrumento básico de la evolución del Espíritu, desde las primeras manifestaciones como Principio Inteligente.

F.E. – Realmente la Ley de la Reencarnación es la piedra angular de la evolución del alma, y también, además, de la doctrina espiritista. Es, asimismo, una de las más importantes contribuciones del Espiritismo al conocimiento humano. Podríamos asemejar a la Reencarnación como siendo una especie de caballo de Troya: un “envoltorio” interesante (la posibilidad de haber vivido y de vivir muchas vidas) que esconde en su interior una compleja realidad filosófica como, por ejemplo, la Ley de Responsabilidad personal.

2. La unidad continua de la humanidad

D.K. – “El descubrimiento del plano extra físico amplió el sentido de la inmortalidad e integró al ser humano a las dimensiones en que se manifiesta. La tumba es receptáculo de un organismo que se desgastó. Con eso la inmortalidad gana un nuevo sentido y un nuevo horizonte con la secuencia natural de la persona, más allá del fenómeno de la muerte.

F.E. – Evidentemente, inmortalidad sin una continuación de las actividades del Espíritu -como enseñan algunas religiones- redunda en desánimo e incredulidad acerca de la vida post-mortem. El conocimiento de la existencia del plano espiritual, o extra físico como lo denomina el autor, y la comprensión de la verdadera situación de los espíritus en él (ni sabios por el hecho de haber desencarnado, ni réprobos a perpetuidad por el hecho de los “pecados” cometidos por muchos), es de una gran ayuda para los espíritus encarnados y desencarnados que van entreviendo esa realidad de la vida más allá de la tumba.

D.K. – “Ese reciclaje, vida y muerte, en las integraciones y disipaciones sucesivas, da al ser inteligente un campo existencial prácticamente ilimitado, en planos vibracionales o dimensiones energéticas que se interligan e interactúan.

La sensorialidad natural del plano corpóreo, y la plasticidad energética del plano extra físico, coexisten y se entrecruzan, guardadas las peculiaridades de cada uno.

F.E. – “Coexisten, se entrecruzan” e influyen continuamente el uno en el otro (como dice el autor en el párrafo anterior). Esa influencia mutua, que tan bien plasma el Espiritismo, constituye uno de los aspectos más desconocidos -a veces, incluso, para algunos espiritistas-, más interesantes y muy a tener en cuenta (por sus implicaciones en la vida cotidiana de cada cual) por los estudiosos de nuestra doctrina.

Los hay que se creen exentos de “sentir” las influencias del plano espiritual por el hecho de no tener sensibilidad mediúmnica. Sin embargo, la afinidad de sentimientos, de intenciones y de pareceres hace que los espíritus de ambos planos nos sintamos atraídos y nos influyamos mutuamente, a veces de forma inconsciente.

D.K. – “Su descubrimiento derrumbó las antiguas concepciones acerca de lugares de premios y castigos más allá de la tumba, y estableció la continuidad natural de la vida personal y colectiva, aunque con sus características bastante diferentes.

F.E. – Este “derrumbamiento” de esas ideas tan antropomórficas de un Dios que nos premia o castiga, según hagamos o no su voluntad, es realmente un gran paso adelante en el progreso moral del Espíritu. Ciertamente es un paso incómodo ya que nos aleja de una protección divina paternalista, para pasar a un concepto de progreso con implicaciones totalmente personales. El hecho de que seamos más o menos felices ya no depende de que “agrademos” más o menos a Dios, sino que depende exclusivamente de nuestros esfuerzos. Realmente es un cambio importante, duro, y, al mismo tiempo, esperanzador.


[1] En algunas versiones castellanas la palabra francesa “fécondation” ha sido traducida impropiamente, pensamos, por “fundación”.

[2] “Dios creó a todos los Espíritus sencillos e ignorantes, es decir, faltos de ciencia” (”El Libro de los Espíritus”, apartado 115). Lo cual no contradice en absoluto la anterior afirmación de que el Espíritu tiene todas las potencialidades en esencia.

Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS

Capítulo III – El Modelo Espirita

1. Dificultades y ambigüedades

 

D.K. – “Al afirmar que “Para las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras. Así lo requiere la claridad en el lenguaje, con el fin de evitar la confusión inseparable del sentido múltiple dado a los mismos términos” (“El Libro de los Espíritus”-Introducción), Allan Kardec pretendía proteger las ideas espiritas que lanzaba, de los vicios del lenguaje cristiano. Él sabía de la fuerza y del poder de las palabras, y el lenguaje cristiano estaba clara y perfectamente establecido en la cultura y en la mente de las personas, condicionadas por la autoridad religiosa, por el peso de la verdad revelada y reafirmada milenariamente.

 

Por eso, él quería desvincular el lenguaje espirita del lenguaje católico, el cual, en esencia, contraría el sentido revolucionario del Espiritismo.

 

F.E. – No es fácil -al menos para nosotros- discernir exactamente cuál era la intención última de Kardec al proponer nuevas palabras para definir nuevos conceptos. No nos atreveríamos a afirmar si lo hizo para desmarcarse, en forma exclusiva, de las definiciones cristianas o, simplemente, lo hizo para concretar de forma inequívoca el significado de esos conceptos.  A la vista del párrafo siguiente, cuando Kardec discurre acerca del significado de la palabra alma (“El Libro de los Espíritus”, Introducción, II), nos inclinaríamos por la segunda posibilidad; es decir, que simplemente definió para concretar: “Puesto que la palabra alma ha de aparecer con frecuencia en el transcurso de esta obra, importaba determinar con precisión el sentido que le damos, a fin de evitar todo posible equívoco.” Evidentemente, al definir también se estaba alejando, de forma inevitable, de las concepciones religiosas de estos conceptos.

Encontramos muy acertado resaltar el aspecto revolucionario del Espiritismo. Sin duda el Espiritismo ha de obrar –cuando la madurez de los espíritus encarnados en este planeta, así lo propicie- una verdadera revolución en la forma de entender la vida y el encaje de esos formidables temas como son: libertad, igualdad, fraternidad, justicia, progreso y responsabilidad.

D.K. – “Afirmando que el Espiritismo era “una ciencia objetiva”, él tenía la intención de crear un universo lingüístico que justificase la “revolución” que se proponía realizar. Sin embargo, a pesar de su innegable talento y determinación, su deseo de crear un nuevo lenguaje, una forma nueva de nombrar la naturaleza, la persona y el futuro, no pudo concretarse.

 

F.E. – No somos capaces de recordar en qué texto de Kardec se menciona que el Espiritismo es una ciencia objetiva. Sin embargo, podemos ahondar un poco en esta cuestión. ¿Qué hemos de entender por “ciencia objetiva”? A bote pronto, lo primero que se nos ocurre es relacionar esa expresión con las ciencias exactas y naturales (Matemáticas, Física, Química, Geología, Botánica,…); ¿podríamos incluir el Espiritismo en ese conjunto de ciencias? Evidentemente no, ya que “El Espiritismo es al mismo tiempo una ciencia de observación y una doctrina filosófica. En cuanto ciencia práctica, consiste en las relaciones que es posible establecer con los Espíritus. Como filosofía, abarca todas las consecuencias morales que de dichas relaciones emanan” (¿Qué es el Espiritismo?, Preámbulo). Por lo tanto, y teniendo en cuenta quienes son los sujetos de esa investigación científica en el Espiritismo[1], o sea los Espíritus, la ciencia espiritista más bien se acerca al ámbito de las ciencias humanas (Antropología, Psicología, Filosofía, Sociología,…). Lo que sí debe prevalecer es la asunción de trabajar bajo los preceptos del método científico, lo que nos evitará caer en las redes de la credulidad, de los endiosamientos y de las falacias de ciertos Espíritus.

 

D.K. – “No consiguió mantener un lenguaje estrictamente revolucionario del pensamiento espirita. Después de “El Libro de los Espíritus” y de “El Libro de los Médiums”, a partir de 1864, él editó una serie de libros típicamente volcada hacia las bases de la religión católica: “El Evangelio según el Espiritismo”, “El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo” y “La Génesis o los Milagros y las Predicciones según el Espiritismo”.

 

F.E. – Es verdad que, después de la publicación de las obras básicas del Espiritismo: “El Libro de los Espíritus”, “El Libro de los Médiums” y “¿Qué es el Espiritismo?” [2], Allan Kardec parece dar un giro evidente a la índole de los temas a tratar. Ello nos ha de llevar a preguntarnos por qué se dio este, por lo menos aparente, cambio de criterio.

Y a propósito de este comentario, insertamos a continuación este texto con el fin de poder expresarnos con mayor amplitud:

*

KARDEC Y EL CRISTIANISMO

David Santamaría

dsantamaria@cbce.info

 

Muchas veces nos hemos preguntado la razón de este cambio de orientación en la temática expuesta por Kardec en sus obras, a partir de 1864. Cambio que se plasma especialmente a partir de su obra “Imitación del Evangelio según el Espiritismo”, publicada en abril de 1864[3].

Jaci Regis afirma que tanto esta obra como las siguientes publicadas por Kardec están: “típicamente volcadas hacia las bases de la religión católica”. Realmente, esta es una de las opciones que pueden barajarse para intentar entender su publicación. Es perfectamente posible que Kardec intentara acercar los principios espiritistas a los creyentes cristianos, y ¿qué mejor manera de hacerlo que incidiendo en los aspectos menos polémicos de la vida de Jesús -es decir, en la faceta moral- para empezar este acercamiento[4]? ¿Sería ello contraproducente o fuera de lugar? En sentido estricto, no. No podemos olvidar que los aspectos morales se tornan más comprensibles desde la óptica del Espiritismo. Por ello, a priori, no pareciera fuera de lugar la intención de Kardec. Sin embargo, a través de la obra, nos encontramos con algunos párrafos que llevan a confundir los ámbitos espiritista y cristiano en uno solo; por ejemplo:

“El Espiritismo bien comprendido, pero sobre todo, bien sentido, conduce forzosamente a los resultados (…) que caracterizan al verdadero espiritista como al verdadero cristiano, siendo los dos una misma cosa. El Espiritismo no viene a crear una moral nueva; facilita a los hombres la inteligencia y la práctica de la de Cristo, dando una fe sólida e ilustrada a los que dudan o vacilan.” (“El Evangelio según el Espiritismo”, cap XVII, núm. 4)

O sea, que verdadero espiritista y verdadero cristiano serían una misma cosa. Ciertamente no estamos de acuerdo con esta apreciación, ya que cerraría la puerta de esta Idea Universal que es el Espiritismo a personas de otras procedencias, religiones o credos. Como ya enseñaba el pionero espiritista español, José María Fernández Colavida: “el Espiritismo ha de serlo a secas, sin adjetivos calificativos como cristiano o francés.”

Otro texto que siempre nos ha llamado poderosamente la atención es la comunicación -del Espíritu de Verdad- inserta al principio de esta obra. Anotó Kardec a pie de página: “Esta instrucción, obtenida mediúmnicamente, resume a la vez el verdadero carácter del Espiritismo y el objeto de esta obra, por cuya razón ha sido puesta aquí como prefacio”. Veamos el texto de esta comunicación:

“Los espíritus del Señor que son las virtudes de los cielos, se esparcen por toda la superficie de la tierra como un ejército inmenso, apenas han recibido la orden; parecidos a las estrellas que caen del cielo, vienen a iluminar el camino y a abrir los ojos a los ciegos.

 

En verdad os digo, que han llegado los tiempos en que todas las cosas deben ser restablecidas en su verdadero sentido, para disipar las tinieblas, confundir a los orgullosos y glorificar a los justos.

 

“Las grandes voces del cielo retumban como el sonido de la trompeta, y se reúnen los coros de ángeles. Hombres, os convidamos a este divino concierto; que vuestras manos pulsen la lira; que vuestras voces se unan y que en himno sagrado se extiendan y vibren de una a otra parte del Universo.

 

“Hombres, hermanos a quienes amamos, estamos a vuestro lado: amaos también unos a otros, y decid desde el fondo de vuestro corazón, haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo: ¡Señor! ¡Señor! y podréis entrar en el reino de los cielos.” (Todos los resaltados son nuestros).

La verdad es que no reconocemos en esta comunicación los elementos distintivos de esa ciencia que es el Espiritismo. Comentemos brevemente los resaltados:

  • Se supone que las “virtudes de los cielos” deben ser los espíritus superiores. Esa nomenclatura es extraña al Espiritismo.
  • “en verdad os digo”, es una manera de firmar inequívocamente la comunicación. Nos cuesta creer que, en la actualidad, Jesús empleara los términos contenidos en este mensaje.
  • “los coros de ángeles”. Los ángeles, tal y como enseña el Espiritismo no existen. Este lenguaje -que, hemos visto reflejado actualmente en libros que se presentan como espiritistas- no es propio del Espiritismo y no debería usarse en su contexto.
  • “haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo”: Dios no está en el cielo, ya que el “cielo” de las religiones no existe. Dios está en toda la Naturaleza.
  • “podréis entrar en el reino de los cielos”. No se “entra” en los mundos espirituales superiores sino por el trabajo, el esfuerzo y la depuración personal; nunca por las alabanzas que se prodiguen a la Divinidad (“¡Señor! ¡Señor!”).

Realmente, no encontramos en esta comunicación el “verdadero carácter del Espiritismo”. Y, sin embargo, en este libro en cuestión encontramos capítulos magníficos y comentarios doctrinales correctísimos y muy interesantes. Una cosa no quita la otra. Podemos estar en desacuerdo con algunos planteamientos estructurales y, no obstante, reconocer los valores intrínsicos de la obra.

A pesar de todo lo antedicho, la pregunta sigue en pie: ¿Por qué cambió Kardec el rumbo estructural del Espiritismo?

Tal vez, y pensamos que no podemos descartar esta hipótesis, no hubo realmente un cambio de rumbo, sino la aplicación de un plan bien delineado. En primera instancia se cimentó un edificio doctrinal impecable sustentado en “El Libro de los Espíritus” y en “El Libro de los Médiums”. En segundo lugar parece haber habido una aproximación a los aspectos más cercanos de las religiones cristianas, tal vez para asegurar la pervivencia de la idea. Es innegable, como resalta Jaci Regis más adelante, que el Espiritismo en Europa estaba condenado a su práctica desaparición, a pesar de su espectacular crecimiento en sus primeros decenios de vida. El Espiritismo nació en el lugar idóneo, Paris, en el momento adecuado, mediados del gran siglo de los grandes descubrimientos. Pero, con toda seguridad, los Espíritus colaboradores de Kardec debieron prever su declive en algunas décadas. Posiblemente la mejor manera de asegurar su continuidad era ligándolo a aspectos religiosos, para, en un futuro más o menos lejano, recuperar su pureza doctrinaria.

Análogamente hubiera pasado seguramente con la doctrina de Jesús. Si las enseñanzas de aquel gran Espíritu hubieran quedado circunscritas al pueblo judío, probablemente hoy en día no sabríamos ni siquiera quién fue Jesús. Pero, el empuje de aquel importante apóstol que fue Pablo, predicando a infieles, y alejándose de las fronteras judías, propició que la estela de Jesús –con la inevitable alteración de sus ideas por parte de los diversos procesos religiosos- llegara, más o menos pura, hasta nuestros días.

Es probable que el paso por el contexto religioso sea una circunstancia inevitable y necesaria para el posterior desarrollo, en sus delineamientos originales.

Evidentemente, todo lo antedicho es sólo una opinión personal.

*

D.K. – “La argumentación es ciertamente espirita, pero el intento de dar una explicación racional a la fe, adjetivando o usando los términos católicos ayudó posteriormente a confundir las cosas… Al afirmar que “Es con razón, pues, que el Espiritismo es considerado como la tercera de las grandes revelaciones” (“La Génesis”, cap. 1, núm. 20) incluyendo al Espiritismo en el supuesto cronograma de las revelaciones divinas dentro del universo cristiano, aprisionó la doctrina al lenguaje católico.

 

F.E. – Concordamos con la opinión del Dr. Regis. El Espiritismo no es la Tercera Revelación, ya que no podemos olvidar las muy relevantes enseñanzas obtenidas en otros pueblos, enseñanzas como el Islamismo, el Budismo, la Filosofía Yogui.

 

D.K. – “Eso se tradujo en una mezcla de palabras y significados que, después del fracaso del Espiritismo en Europa, permitió a los místicos católicos brasileños que empuñaron la bandera del Espiritismo, crear un “Espiritismo a la brasileña”, básicamente una religión en el sentido usual de la palabra, defendiendo y manteniendo los símbolos y significados del catolicismo.

 

“La bandera que bien alto enarbolamos es la del Espiritismo cristiano y humanitario[5]”, escribió Kardec en “El Libro de los Médiums”, (cap. XXIX, núm. 350). Podemos hacer muchas conjeturas acerca de cual era su intención al escribir de esa forma, pero lo que importa es que la expresión “Espiritismo cristiano” se tornó, en Brasil, la identificación misma del Espiritismo.

 

F.E. – Evidentemente encontramos mucho más correcta y universal la expresión “Espiritismo humanitario”, aunque, como ya decíamos más arriba, el Espiritismo no necesita de adjetivos.

 

D.K. – “Los que se adhirieron al movimiento espirita sin desvincularse de la marca católica, eligieron a Jesucristo, idealizado por la Iglesia, como el salvador, manteniendo lazos firmes con el catolicismo, aunque lo considerasen un espíritu encarnado, sujeto a la evolución, y no un dios.

 

F.E. – Pero, a pesar de que tengan claro que se trata de un Espíritu, no por ello dejamos de encontrar textos en los que, prácticamente, se diviniza la figura de Jesús, lo cual sin duda, resta cercanía a esa gran figura de la humanidad.

 

2. “El Cielo y el Infierno”

 

D.K. – “Ningún libro de Allan Kardec muestra las dificultades y ambigüedades de la falta de un nuevo lenguaje y de nuevos conceptos desvinculados de la Iglesia, que “El Cielo y el Infierno”.

 

Editado en 1865, con el subtítulo “La Justicia Divina según el Espiritismo”[6] el libro aborda la propuesta del catolicismo sobre las penas futuras. En él, Allan Kardec analiza los postulados católicos, dando una explicación espirita a los fundamentos del catolicismo sobre el futuro del alma después de la muerte, o sea, los castigos en el infierno y las recompensas en el cielo.

 

En la primera parte, el autor habla de la muerte, del porvenir, del cielo, del infierno y del purgatorio según la Teología Cristiana. Hace un malabarismo teórico, sin rechazar propiamente esa Teología, pero intentando darle una explicación diferente.

 

Esa postura contraría lo que él escribió en la primera línea de “El Libro de los Espíritus”: “Para las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras”. Insiste en mantener los términos católicos para explicar la justicia divina, y eso se traduce en contradicciones como la que se presenta cuando afirma: “En esa inmensidad sin límites, ¿dónde está, pues, el Cielo? Está en todas partes”[7], lo cual muestra una relación dudosa con la localización física del cielo, recorriendo un camino que lo relaciona con la antigua idea del cielo arriba y del infierno abajo y la Tierra estacionada.

 

A continuación, elige los mundos superiores como una especie de cielo: “La vida en los mundos superiores es ya una recompensa (…) Allí imperan la verdadera fraternidad, porque no hay egoísmo; la verdadera libertad, porque no hay orgullo; la verdadera igualdad porque no hay desordenes que reprimir, ni ambiciosos que quieran oprimir al débil. Comparados con la tierra aquellos mundos son verdaderos paraísos, son etapas del camino del progreso que conduce al estado definitivo”.[8]

 

Sería ese el cielo del Espiritismo, en sustitución del cielo católico. Es evidente que las motivaciones son otras, pero el lenguaje es semejante y condicionante.

 

De la misma forma, afirma: “El Espiritismo no viene, pues, a negar la penalidad futura (…). Lo que destruye es el infierno localizado con sus hornos y sus  penas irremisibles. No niega el purgatorio, puesto que prueba que estamos en él…[9]

 

Elige el plano extra físico como el lugar donde esas penalidades serían aplicadas: “En el estado espiritual, sobre todo, el espíritu recoge los frutos del progreso logrados  por su trabajo durante la encarnación.”[10]

 

En definitiva, queda una masa indiferenciada.

 

 

F.E. – A pesar de todo lo antedicho por el Dr. Regis, “El Cielo y el Infierno” es una obra muy interesante, con la salvedad de los párrafos y expresiones controvertidos que acabamos de leer. Recomendamos especialmente la lectura de los siguientes capítulos de la primera parte:

  • I:    “El futuro y la nada”
  • II:   “El miedo a la muerte”
  • VI:  “Doctrina de las penas eternas”
  • VII: “Las penas futuras según el Espiritismo”
  • XI:  “Acerca de la prohibición de evocar a los muertos”

En cuanto a la segunda parte, toda ella es grandemente interesante:

  • I:     “La transición” En este capítulo, Kardec nos explica todo lo que ocurre en el momento de la muerte.
  • II:    “Espíritus felices”
  • IV:   “Espíritus en sufrimiento”
  • VI:   “Criminales arrepentidos”
  • VII:  “Espíritus endurecidos”
  • VIII: “Expiaciones terrenales”

Es muy conveniente una lectura atenta de las comunicaciones que componen la segunda parte de esta obra. Especialmente recomendables son los comentarios insertos por Allan Kardec. O sea, son comunicaciones interesantes comentadas por el Fundador del Espiritismo. No se puede pedir más.

 

D.K. – “¿Qué movió a Kardec a esa posición conciliatoria, procurando dar razones a la Teología, apenas creyendo que hubo una equivocación? ¿Sería todo una cuestión de palabras?

 

En verdad, según el Espiritismo, no existen el cielo, el infierno ni el purgatorio.

F.E. – Estamos totalmente concordes con estas aseveraciones. Y, abundando más, deberíamos -en el contexto espiritista, especialmente el divulgativo- evitar tales expresiones. El Espiritismo puede denominar con precisión cualquiera de esos conceptos sin necesidad de recurrir a las tipificaciones cristianas. Por ejemplo, para hablar de…, se podría decir…:

  • el infierno ► mundos inferiores
  • el purgatorio ► muchas situaciones de la erraticidad y la encarnación en mundos inferiores
  • el cielo ► mundos superiores
  • los demonios ► espíritus ignorantes, malvados, atrasados, inferiores…
  • ángeles y arcángeles ► espíritus instruidos, ilustrados, superiores…
  • recompensas ► situaciones positivas derivadas de un correcto comportamiento
  • castigos ► consecuencias negativas de nuestros errores
  • “rescate”, “pago” de deudas ► reequilibrio, neutralización, compensación de errores pasados
  • “dar luz”, “hacer caridad” a espíritus perturbados ► orientar a espíritus perturbados
  • “practicar”, “hacer” Espiritismo ► realizar reuniones mediúmnicas

 

D.K. – “Remendar paño viejo con paño nuevo es incompatible, ya lo dijo Jesús de Nazaret.[11]

 

Ángel no puede ser sinónimo de Espíritu puro.

 

F.E. – Unas palabras más acerca de los ángeles. En este momento los ángeles están de moda, en muchos contextos culturales y pseudo culturales de nuestro mundo. Y, parece, que esta moda también se acerca al Espiritismo. Repetimos, los ángeles, arcángeles y serafines no existen; de existir, serían unos seres especiales y, en Espiritismo, lo único que nos diferencia es el grado evolutivo, nada más.

Por todo ello, debe evitarse cuidadosamente la mención de estos conceptos en nuestras Asociaciones espiritistas, especialmente en lo que respecta al contexto divulgativo. De lo contrario se están confundiendo conceptos y se está induciendo a error a quienes nos escuchan o leen. En aras de la buena voluntad, no vale todo y no puede aceptarse todo, y si alguien, en nuestro ámbito, se empeña en divulgar estas inexactitudes hay que hacérselo entender y no propiciar con nuestra colaboración la diseminación de esas concepciones extrañas al Espiritismo.

 

D.K. – “El diablo no puede ser justificado como la condición de un espíritu imperfecto u obsesor.

 

El purgatorio no tiene sentido en la justicia divina, según el Espiritismo.


[1] “Las ciencias comunes se basan en las propiedades de la materia, que se puede experimentar y manipular a voluntad. Los fenómenos espiritas se fundan sobre la acción de Inteligencias que poseen su propia voluntad y nos prueban a cada instante que no están a disposición de nuestro capricho. Por tanto, las observaciones no pueden realizarse de la misma manera, sino que requieren condiciones especiales y otro punto de partida. Pretender someterlas a nuestros procedimientos de investigación convencionales equivale a establecer analogías inexistentes. En consecuencia, la ciencia propiamente dicha, como tal, es incompetente para pronunciarse sobre el Espiritismo.” (“El Libro de los Espíritus”, Introducción, VII)

[2] “Qué es el Espiritismo” se revela como una de las obras que con más atención reeditó Allan Kardec. La fue completando, en sus sucesivas ediciones, con numerosas referencias a sus otras obras. Al final del extensísimo capítulo primero de este libro, el propio Kardec recomienda su lectura como obra de iniciación al conocimiento espiritista: “La primera lectura es la del presente volumen, que expone el conjunto y los puntos más salientes de esta ciencia. Con eso es posible ya formarse una idea general y persuadirse de que en el fondo hay algo de serio. En esta rápida exposición nos hemos dedicado a señalar los puntos en que se debe concentrar particularmente la atención del observador. El desconocimiento de los principios básicos del Espiritismo es la causa de las falsas apreciaciones hechas por la mayoría de aquellos que están juzgando algo  que no comprenden, o que lo hacen conforme a sus preconceptos.”

[3] Segunda edición en 1865, ya con su título definitivo: “El Evangelio según el Espiritismo”

[4] “En cinco partes pueden dividirse las materias que los Evangelios contienen: Los actos ordinarios de la vida de Cristo, los milagros, las profecías, las palabras que sirvieron para establecer los dogmas de la iglesia, y la enseñanza moral. (…) Esta parte es el objeto exclusivo de la presente obra” (“El Evangelio según el Espiritismo”, Introducción,1)

[5] Texto resaltado en el original francés.

[6] Desde un punto de vista purista este subtítulo “La Justicia Divina según el Espiritismo”, hubiera sido un excelente    título para esta obra.

[7] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 18

[8] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 11

[9] “El Cielo y el Infierno”, cap. V, núm. 8

[10] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 10

[11] “Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor” (Marcos, 2, 21)

 

 Imagen      EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo II – De lo Sensorial a lo Energético

1. Un largo camino recorrido

 

D.K. – “La sabiduría, la verdad y el análisis de los factores de la naturaleza fueron, durante siglos, puramente sensoriales.

Sensorialmente, la Tierra está parada y es el Sol el que parece circular en torno de ella. Esa sensación produjo la “revelación divina” defendida por la Iglesia de que había un cielo arriba y un infierno abajo. Y, en consecuencia, se pudo imaginar a Dios como una persona sentada en su trono.

Todo, durante siglos, fue concebido y vivido plácidamente, bajo ese horizonte limitado de los sentidos,

pero para entonces era satisfactorio.

El telescopio de Galileo Galilei mostró a la Tierra moviéndose y ese simple descubrimiento precipitó la investigación, la curiosidad y el saber humanos. De ahí en adelante, lo sensorial fue paulatinamente vencido por la experimentación. Mucho tiempo después Pasteur mostró el mundo microscópico, inexistente para el ojo, el tacto, el olfato, el oído y el paladar humanos.

En la era de la ciencia y de la tecnología, todo lo que era “sólido se disipa en el aire” y actualmente las investigaciones científicas derrumbaron el entendimiento de lo real, de la realidad y mostraron que vivimos en un universo energético, mutable y, no obstante, consolidado.

F.E. – Siempre le cabe -y le cabrá- a la Ciencia el papel de desentrañar los misterios de lo maravilloso y de lo sobrenatural, aspectos que nos han acompañado desde toda la historia de la humanidad, como hijos de la ignorancia. Al Espiritismo también le compete este cometido, aclarando y explicando la realidad mediúmnica, alejándola del oscurantismo y la incomprensión.

Probablemente será la Ciencia -con mayúsculas- la que demuestre, en el momento oportuno, la existencia del alma, como aspecto primordial de la comprensión de la realidad espiritual. Será la que acercará definitivamente al ser humano esos conceptos defendidos por el Espiritismo: la inmortalidad, la reencarnación, la comunicación con los espíritus,… Después se irán entendiendo los aspectos morales: la responsabilidad personal, la ley de causa y efecto, la ley de compensación moral,… Todo ello, sin duda, será consecuencia de un largo proceso de investigación física y psíquica.

Probablemente no será el Espiritismo, como tal, el que acompañe a la Ciencia en esta gran aventura. Sin embargo, sin duda alguna, las buenas ideas y las excelentes aportaciones de esta doctrina, persistirán y acompañarán ese proceso de descubrimiento, tal vez con otro ropaje. Hace ya muchos años (en 1895), Gabriel Delanne apuntaba esa posible realidad:

“Y así como el Magnetismo, vejado y menospreciado, ha concluido por forzar las puertas de las

Academias, así el Espiritismo, con un nombre que pida a préstamo, logrará al fin recibir la

consagración oficial.”
(“La Evolución Anímica”, cap. IV)

2. La última barrera

D.K.“En 1857, Allan Kardec, con el lanzamiento de “El Libro de los Espíritus”, agitó el campo controvertido de la naturaleza del ser humano, su destino y su potencialidad, derrumbando la última barrera sensorial: la muerte.

En 1868, once años después de publicar “El Libro de los Espíritus”, afirmó:

“Es una revolución total que habrá de operarse en las ideas; revolución tanto mayor y poderosa ya que no está circunscripta a un pueblo o a una casta determinada, sino que abarca simultáneamente el alma de todas las clases, nacionalidades y cultos” (“La Génesis”, cap. 1, apartado 20).

F.E. – Es cierto que las ideas espiritistas -con ese u otro nombre- deberán ser uno de los motores de esa revolución. Cuando las personas aceptan los postulados inmortalistas y reencarnacionistas han de cambiar de manera indefectible de actitud ante la vida, lo que acabará acarreando, con su generalización, una auténtica revolución moral.

D.K. – “Y agregó Kardec en la misma obra:

“El hecho de poder establecer comunicación con los Seres del Mundo Espiritual trae consigo consecuencias de la  mayor gravedad: es un mundo nuevo que se nos revela, un acontecimiento de la mayor importancia, puesto que ese mundo nos espera a todos, sin excepción. Este conocimiento al generalizarse, ocasionará profundas modificaciones en los hábitos, el carácter, las costumbres y las creencias, todo lo cual tiene una influencia enorme sobre las relaciones sociales.” (Ídem)

Como que el plano extrafísico es invisible a la mirada, se mantiene todavía la cultura sensorial. El instrumento para penetrar en ese plano es la mediumnidad y ella, por sus peculiaridades, es extremadamente vulnerable.

F.E. – “La mediumnidad es una planta delicada que para florecer necesita atentas precauciones y cuidados asiduos. Necesita método, paciencia, altas aspiraciones, sentimientos elevados. Necesita, sobre todo, la tierna solicitud del espíritu bueno que le prodiga su amor y le envuelve en sus fluidos vivificantes. Pero, casi siempre se le quiere hacer producir frutos prematuros, y desde aquel momento se desvía y se agosta bajo el soplo de los espíritus atrasados.”

Así enfatizaba Léon Denis (“En lo Invisible”, cap. V) esa vulnerabilidad de la facultad medianímica. Desde luego, fue el profesor Rivail quién comprendió la importancia de la dignificación de la mediumnidad, la cual pasa, sin duda, por un ejercicio noble y serio de la misma. Jon Aizpúrua en su “Tratado de Espiritismo” (cap. V) resalta las claves de una buena orientación de la mediumnidad:

“Conforme a las enseñanzas doctrinarias del Espiritismo, no se debe forzar la eclosión de la mediumnidad, pero sí debe ser orientada y disciplinada en tres vertientes fundamentales: moralización, culturización y tecnificación, todas las cuales propenden hacia un auténtico y pleno crecimiento espiritual del médium y de todos los participantes de las actividades mediúmnicas.”

Ojalá que esos buenos planteamientos de Kardec, Denis, Delanne, Aizpúrua y otros, pudiera ser una realidad en todas las agrupaciones espiritistas y en todos quienes sientan la sensibilidad mediúmnica. Siendo conscientes de que ello no es así, hay que esforzarse en una correcta divulgación de la teoría medianímica para favorecer esa adecuada comprensión.

 

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenTUMBA DE ALLAN KARDEC EN EL CEMENTERIO PÈRE LACHAISE, EN PARÍS, FRANCIA.

        Un punto sobre el cual no he llamado la atención del lector,  pero que debo señalar por vía de conclusión,  es la caridad verdaderamente cristiana de Allan Kardec;  se puede muy bien afirmar de él que su mano izquierda ignoraba el bien que hacía la derecha,  y que ésta no supo tampoco nada de las dentelladas  que aplicaban a la otra aquellos para quienes la gratitud es un fardo asaz pesado de llevar.  Anónimos,  insultos,  traiciones,  descrédito sistemático,  nada se le perdonó a aquel animoso luchador,  a esa alma tan viril y grande,  que ha entrado de inmediato en la inmortalidad.

        Los despojos mortales de Allan Kardec sólo provisoriamente habían sido sepultados en el cementerio de Montmartre.  A raíz de un  acuerdo entre la Sociedad y la viuda de aquél se adquirió un sitio en el cementerio del Père-Lachaise,  y bajo un monumento que figura un dolmen resposan los restos de nuestro amado Maestro,  adonde han ido a reunírsele los de su esposa.

        Tal es,  desde el 31 de marzo de 1870,  el punto de reunión a que acuden cada aniversario los discípulos fieles de Allan Kardec,  dichosos de poder ofrecerle ese testimonio de su afecto y de su gratitud.

        Para honrar su memoria  como lo merece,  esforcémonos en seguir sus consejos y,  sobre todo,  en practicar sus virtudes.  Con este objeto reitero a mis amigos el urgente llamado que les dirigía en El Espiritismo en Lyon:

        Nuestros mayores,  aquellos a quienes la muerte ha abatido en tan gran número en el surco de la vida,  estaban ante todo imbuídos de los principios de Allan Kardec;  habían recibido directamente las lecciones y  principios del fundador de la Filosofía Espiritista y se esforzaban por ponerlos en práctica,  conformando a ellos su conducta.  Estudiando en primer término la moral espírita,  encontraban en ella la fe razonada que ilumina y consuela,  así como la fuerza precisa para soportar las pruebas de la existencia,  las adversidades merecidas o pedidas que nos acompañan en esta tierra de probaciones.

        Para ellos el fenómeno tenía,  por cierto,  el mérito de ser el fundamento del edificio espiritista,  pero la moral que derivaba del fenómeno la conceptuaban muy superior a él .  Después,  las investigaciones científicas o pretensamente tales,  han llevado a los experimentadores al campo fenomenológico.  Nos atenemos mucho más a la manifestación tangible que a la sanción moral que de ella dimana,  y  al proceder de esta suerte atentamos,  en mi opinión,  contra nuestros propios intereses.  De ahí que la creencia razonada,  la fe ardiente y sincera y el sentimiento del deber vayan debilitándose,  siendo reemplazadas por una curiosidad enfermiza,  incapaz de nobles consagraciones,  de impulsos generosos y del anhelo por hacer prosélitos,  del cual encontramos ejemplos en la conducta de nuestros mayores.

        Volvamos,  amigos míos,  a los sentimientos de nuestros antecesores,  a su fe esclarecida y consciente y a su desinterés;  estudiemos ante todo la Filosofía Espiritista,  para conocerla mejor y adecuar a ella nuestro proceder.  Tornemos a ser los adeptos de la tercera categoría de que hablaba Allan Kardec.  No busquemos en el Espiritismo otra cosa que un medio de perfeccionamiento,  de mejorarnos,  y no un tablado de charlatanismo para hacer dinero.

        Seamos fieles discípulos de Allan Kardec;  recordemos que el Maestro ha dicho:  De nada sirve el creer en las manifestaciones del Espiritismo si no conformamos nuestra conducta a sus principioes.  El verdadero espiritista es aquel de quien se puede decir:  Es mejor hoy que ayer.  Que sea éste el sólo juicio que puedan formarse de nosotros ,  si queremos ser dignos de nuestros antepasados,  si deseamos ser los verdaderos discípulos de Allan Kardec.

        Elevemos nuestros corazones,  amigos míos;  unámonos,  sostengámonos y ayúdemonos en la búsqueda del bien y de lo bello,  para que triunfen la justicia y la verdad y en pro de la difusión cada vez mayor de la Filosofía Espiritista,  tal como Allan Kardec nos enseñara..

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenESTA FOTO MUESTRA EL PRIMER NÚMERO DE “LE JOURNAL DE PARIS”,   EMITIDO EN EL AÑO 1777. ESTE DIARIO DIÓ A CONOCER A SUS LECTORES EN ABRIL 3 DE 1869 LA PERCEPCIÓN DE UNO DE SUS ARTICULISTAS, EL SEÑOR PAGÈS DE NOYEZ, SOBRE LA MUERTE DEL MAESTRO ALLAN KARDEC.

        Todos los diarios de la época comentaron la muerte de Allan Kardec y trataron de calcular las consecuencias que podían derivarse de ella.  He aquí,  a título ilustrativo,  lo que al respecto escribía el señor Pagès de Noyez,  en el “Journal de París” del día 3 de abril de 1869:

        “Aquel que por tanto tiempo ocupó al mundo científico y religioso bajo el seudónimo de Allan Kardec,  se llamaba Rivail y ha muerto a la edad de sesenta y conco años.

        “Le hemos visto yacer sobre un tendido colchón,  en medio de la sala de sesiones que presidía desde muchos años antes.  Le hemos visto con el rostro sereno,  como se extinguen aquellos a quienes la muerte no sorprende y que,  tranquilos respecto al resultado de una existencia honesta y laboriosamente vivida,  dejan como un reflejo de la pureza de su alma impreso en ese cuerpo material que abandonan a la materia.

        “Resignados con la fe en una vida mejor y la convicción de la inmortalidad del alma,  numerosos discípulos fueron a contemplar por vez postrera esos labios descoloridos que ayer todavía les hablaban con el lenguaje terreno.  Pero ellos tenían ya el consuelo de ultratumba.  El espíritu de Allan Kardec había retornado para decirles cuáles habían sido sus desgarramientos y primeras impresiones,  y quienes de entre sus predecesores en la muerte habían acudido a ayudar  a su alma a desprenderse de la materia.  Si el <<estilo es el hombre>>,  quienes han conocido a Allan Kardec viviente no pueden sino emocionarse por la autenticidad de esta comunicicación espiritista.

        “La muerte de Allan Kardec es notable por una coincidencia extraña.  La sociedad formada por este gran divulgador del Espiritismo tocaba a su fin.  El local abandonado,  sin muebles ya,  nada quedaba de un pasado que debía renacer sobre bases nuevas.  Al terminar la última sesión,  el presidente se había despedido:  cumplida su misión,  se retiraba de la lucha diaria para consagrarse por completo al estudio de la filosofía espiritualista.  Otros más jóvenes,  ¡valientes!,  debían continuar la obra y,  con su energía,  imponer la verdad mediante su convicción.

        “¿A qué referir los detalles de la muerte?  ¿Qué importa la forma como el instrumento se quebró?  ¿Por qué dedicar una línea a esos fragmentos en adelante reintegrados al inmenso movimiento de las moléculas?  Allan Kardec ha muerto a su hora.  Con él se concluye el prólogo de una religión indestructible que,  cada día más radiante,  pronto iluminará a la Humanidad entera.

        “Nadie mejor que Allan Kardec podía llevar a buen término esta obra de propaganda,  a la cual era preciso sacrificar esas largas vigilias que,  además de nutrir el espíritu,  dan la paciencia que a la larga se adquiere,  y la abnegación que vence la insensatez del presente para no ver sino el resplandor del porvenir.

        “Allan Kardec ha fundado,  con sus obras,  el dogma que las más antiguas sociedades presentían.  Su nombre,  estimado como el de una persona de bien,  lo divulgan desde hace tiempo los que creen así como los que temen.  Claro que resulta difícil realizar el bien sin lesionar intereses creados.  El Espiritismo destruye muchos abusos y eleva a las conciencias angustiadas,  dándoles la convicción de la prueba y el consuelo de lo porvenir.

        “Los espiritistas lamentan hoy al amigo que les deja,  porque  nuestro entendimiento material,  por así decirlo,  no se puede someter a la idea de tránsito,  pero una vez pagado el primer tributo a esta debilidad humana,  el pensador yergue la cabeza ,  y dirigiéndose a esta debilidad humana,  el pensador yergue la cabeza,  y dirigiéndose a ese mundo invisble que él siente que existe más allá de la tumba,  tiende la mano al amigo que se ha ido,  convencido de que su espíritu nos protege todavía.

        “El presidente de la Sociedad Espiritista de París ha muerto,  mas el número de adeptos aunmenta a diario,  y los hombres valerosos que el respeto hacia el Maestro relegaba  a un segundo plano,  no titubearán en pronunciarse por el bien de gran causa.

        “Este fallecimiento,  que el vulgo verá pasar indiferente,  no deja por ello de constituir un hecho importante para la Humanidad.  No se trata ya del sepulcro  de un hombre sino de la piedra sepulcral que llena ese vacío inmenso que el materialismo  había excavado bajo nuestros pies y sobre el cual esparce el Espiritismo las flores de la esperanza”