BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenESTA FOTO MUESTRA EL PRIMER NÚMERO DE “LE JOURNAL DE PARIS”,   EMITIDO EN EL AÑO 1777. ESTE DIARIO DIÓ A CONOCER A SUS LECTORES EN ABRIL 3 DE 1869 LA PERCEPCIÓN DE UNO DE SUS ARTICULISTAS, EL SEÑOR PAGÈS DE NOYEZ, SOBRE LA MUERTE DEL MAESTRO ALLAN KARDEC.

        Todos los diarios de la época comentaron la muerte de Allan Kardec y trataron de calcular las consecuencias que podían derivarse de ella.  He aquí,  a título ilustrativo,  lo que al respecto escribía el señor Pagès de Noyez,  en el “Journal de París” del día 3 de abril de 1869:

        “Aquel que por tanto tiempo ocupó al mundo científico y religioso bajo el seudónimo de Allan Kardec,  se llamaba Rivail y ha muerto a la edad de sesenta y conco años.

        “Le hemos visto yacer sobre un tendido colchón,  en medio de la sala de sesiones que presidía desde muchos años antes.  Le hemos visto con el rostro sereno,  como se extinguen aquellos a quienes la muerte no sorprende y que,  tranquilos respecto al resultado de una existencia honesta y laboriosamente vivida,  dejan como un reflejo de la pureza de su alma impreso en ese cuerpo material que abandonan a la materia.

        “Resignados con la fe en una vida mejor y la convicción de la inmortalidad del alma,  numerosos discípulos fueron a contemplar por vez postrera esos labios descoloridos que ayer todavía les hablaban con el lenguaje terreno.  Pero ellos tenían ya el consuelo de ultratumba.  El espíritu de Allan Kardec había retornado para decirles cuáles habían sido sus desgarramientos y primeras impresiones,  y quienes de entre sus predecesores en la muerte habían acudido a ayudar  a su alma a desprenderse de la materia.  Si el <<estilo es el hombre>>,  quienes han conocido a Allan Kardec viviente no pueden sino emocionarse por la autenticidad de esta comunicicación espiritista.

        “La muerte de Allan Kardec es notable por una coincidencia extraña.  La sociedad formada por este gran divulgador del Espiritismo tocaba a su fin.  El local abandonado,  sin muebles ya,  nada quedaba de un pasado que debía renacer sobre bases nuevas.  Al terminar la última sesión,  el presidente se había despedido:  cumplida su misión,  se retiraba de la lucha diaria para consagrarse por completo al estudio de la filosofía espiritualista.  Otros más jóvenes,  ¡valientes!,  debían continuar la obra y,  con su energía,  imponer la verdad mediante su convicción.

        “¿A qué referir los detalles de la muerte?  ¿Qué importa la forma como el instrumento se quebró?  ¿Por qué dedicar una línea a esos fragmentos en adelante reintegrados al inmenso movimiento de las moléculas?  Allan Kardec ha muerto a su hora.  Con él se concluye el prólogo de una religión indestructible que,  cada día más radiante,  pronto iluminará a la Humanidad entera.

        “Nadie mejor que Allan Kardec podía llevar a buen término esta obra de propaganda,  a la cual era preciso sacrificar esas largas vigilias que,  además de nutrir el espíritu,  dan la paciencia que a la larga se adquiere,  y la abnegación que vence la insensatez del presente para no ver sino el resplandor del porvenir.

        “Allan Kardec ha fundado,  con sus obras,  el dogma que las más antiguas sociedades presentían.  Su nombre,  estimado como el de una persona de bien,  lo divulgan desde hace tiempo los que creen así como los que temen.  Claro que resulta difícil realizar el bien sin lesionar intereses creados.  El Espiritismo destruye muchos abusos y eleva a las conciencias angustiadas,  dándoles la convicción de la prueba y el consuelo de lo porvenir.

        “Los espiritistas lamentan hoy al amigo que les deja,  porque  nuestro entendimiento material,  por así decirlo,  no se puede someter a la idea de tránsito,  pero una vez pagado el primer tributo a esta debilidad humana,  el pensador yergue la cabeza ,  y dirigiéndose a esta debilidad humana,  el pensador yergue la cabeza,  y dirigiéndose a ese mundo invisble que él siente que existe más allá de la tumba,  tiende la mano al amigo que se ha ido,  convencido de que su espíritu nos protege todavía.

        “El presidente de la Sociedad Espiritista de París ha muerto,  mas el número de adeptos aunmenta a diario,  y los hombres valerosos que el respeto hacia el Maestro relegaba  a un segundo plano,  no titubearán en pronunciarse por el bien de gran causa.

        “Este fallecimiento,  que el vulgo verá pasar indiferente,  no deja por ello de constituir un hecho importante para la Humanidad.  No se trata ya del sepulcro  de un hombre sino de la piedra sepulcral que llena ese vacío inmenso que el materialismo  había excavado bajo nuestros pies y sobre el cual esparce el Espiritismo las flores de la esperanza”