BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

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LA REVUE SPIRITE

    Esta comunicación,  así como las reflexiones que Allan Kardec ha dejado anotadas,  nos demuestran cuán poco halagueña era la situación de la época,  lo que pone de relieve asimismo el valor del fundador del Espiritismo y su mérito por haber triunfado.  Hela aquí:

    Médium: señorita C.,  12 de junio de 1856. (1)

    “Pregunta:  ¿Cuáles son las causas que pudieran hacerme fracasar?  ¿Sería incapacidad de mi parte?

    (1) Se encontrará el principio de esta comunicación en las Notas Complementarias del final del volumen. Búsquese por la fecha. [E]

    “Respuesta: No,  pero la misión de los reformadores llena está de escollos y peligros;  la tuya es ruda,  te lo prevengo,  pues se trata de remover y transformar al mundo entero.  No creo que te sea suficiente publicar un libro,  dos o diez,  y quedarte tranquilamente en tu hogar.  No.  Habrás de exponerte personalmente,  porque levantarás contra tí odios terribles;  encarnizados enemigos se conjurarán para perderte,  serás el blanco de la calumnia y la traición,  aun de aquellos que te parecieron más adictos;  tus mejores instrucciones,  serán  tergiversadas y desnaturalizadas;  más de una vez sucumbirás bajo el peso de la fatiga;  en una palabra,  es una lucha constante la que tendrás que sostener,  sacrificando tu resposo,  tranquilidad,  salud y aun tu vida,  pues no vivirás mucho.

    ” Y bien,  no importa un retroceso en el que,  en lugar de una ruta florida,  encuentra uno a su paso sólo zarzales,  piedras agudas y serpientes.  Para estas misiones no es suficiente la inteligencia.  En primer término es menester,  para agradar a Dios,  la humildad,  modestia y desinterés,  pues Él abate a los orgullosos y presuntuosos.

    “Para luchar contra los hombres se necesita valor,  perseverancia y una inquebrantable firmeza;  es preciso también ser prudente y poseer tacto para conducir las cosas convenientemente y no comprometer su éxito a causa de medidas o palabras intempestivas;  es indispensabe,  por último,  devoción  abnegación,  y estar pronto para cualquier sacrificio.

    “Ves, por consiguiente,  que tu misión está subordinada a condiciones que dependen de tí.

    “El Espíritu de Verdad”

    “Nota: [Es Allan Kardec que se expresa así]  Escribo esta nota el 1° de enero de 1867,  diez años y medio después de habérseme dado esta comunicación,  y compruebo que ella se ha realizado en todos sus puntos,  pues pasé por todas las vicisitudes que allí se me anunciaron.  He sido el blanco del odio de enemigos encarnizados,  de la injuria y la calumnia,  de la envidia y los celos; infames libelos se publicaron contra mí; mis mejores instrucciones fueron desnaturalizadas;  he sido traicionado por personas en quienes deposité mi confianza y me han pagado con ingratitud aquellos a quienes beneficiara.

    “La Sociedad Parisiense ha sido un centro de intrigas continuas de parte de aquellos que decían estimarme pero que,  mientras me presentaban buena cara de frente,  me difamaban por la espalda.

    “Decían que los que adoptaban mi doctrina eran pagados por mí con dinero que mediante el Espiritismo recibía.  No he conocido ya el descanso;  más de una vez sucumbí por exceso de trabajo;  mi salud se alteró y mi propia vida ha peligrado.

    “Sin embargo,  merced a la protección y asistencia de los buenos espíritus,  que sin cesar me han dado pruebas elocuentes de solicitud,  me felicito al pensar que no he tenido un solo instante de desfallecimiento ni de desánimo y que constantemente he continuado mi tarea con el mismo fervor,  sin preocuparme de la malevolencia de que era objeto.  Según la comunicación  del Espíritu de Verdad,  debía esperarme todo esto,  y todo se verificó”.

    Cuando sabemos de todas estas batallas,  de las muchas ignominias de que Allan Kardec fue blanco,  ¡cuánto se engrandece a nuestros ojos y qué mérito y esplendor adquiere su brilante futuro!

    ¿Qué se ha hecho de esos envidiosos,  de esos pigmeos que trataban de cerrarle  el paso?  El nombre de la mayor parte de ellos es desconocido o no despierta el menor recuerdo;  el olvido los recobró,  amortajándolos para siempre entre sus sombras,  mientras que el nombre de Allan Kardec,  valiente luchador,  pionero audaz,  pasará a la posteridad con su tan legítimamente conquistada aureola de gloria.

    He aquí cómo encaraba Allan Kardec la lucha por el triunfo del Espiritismo y de qué modo quería,  predicando con el ejemplo,  que los espiritistas respondan a los ataques de los adversarios de la doctrina.