BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenTúmulo de Allan Kardec en el Cementerio Pêre Lachaise, en París, Francia.

    El señor Hipólito León Denizard Rivail,  Allan Kardec,  falleció en París,  en la casa del pasaje Santa Ana N° 59,  distrito II y alcaldía de la Banca,  el 31 de marzo de 1869,  a los sesenta y cinco años de edad,  por la rotura de una aneurisma.

    “El señor allan Kardec ha muerto;  será sepultado el viernes”.

    Un deceso tan súbito como imprevisto constituyó una sorpresa dolorosa para todos los amigos del gran pensador,  Las dos cartas siguientes,  dirigidas al señor Finet,  nos darán,  a más de pormenores sobre la muerte de Allan Kardec y sus funerales,  una débil idea del estado de espíritu y el dolor profundo de cada cual,  así como del unánime pesar con que acompañaron a los despojos mortales de Allan Kardec hasta su última morada.

                                                                          “París,  31 de marzo de 1869.

    “Amigos:

        “Ahora,  que estoy un poco más sereno,  les escribo;  cuando les envié mi despacho,  obré tal vez con cierta rudeza,  pero me parecía que debían ustedes ser informados en seguida de esta muerte.

       “He aquí algunos detalles:

        “El fallecimiento se produjo esta mañana  entre las once y doce,  súbitamente,  al entregar un ejemplar de la “Revista” a un viajante que venía a comparlo.  Se desplomó sin proferir palabra.  Estaba muerto.  En esos momentos hallábase solo en su hogar (calle Santa Ana),  ordenando sus libros y papeles para su mudanza,  que ya había comenzado y debía terminar mañana.  El portero  -quien corrió al oír los gritos de la criada y del viajante- lo levantó,  pero nada se podía hacer.  Delanne acudió apresuradamente,  lo friccionó y magnetizó,  mas fue también en vano.  Todo había concluído.

      “Acabo de verlo.  Llegué a la entrada,  obstruída por utensilios domésticos.  Por la puerta de la sala grande de sesiones,  que se encontraba abierta,  pude advertir el desorden  de los preparativos del cambio.  Ya en el saloncito,  que ustedes conocen bien,  con su alfombra roja y muebles antiguos,  encontré a la señora Kardec sentada en el canapé que está frente a la chimenea;  el señor Delanne hallábase a su lado;  ante ellos,  en el piso y sobre dos colchones,  cerca de la puerta del comedorcito,  yacía el cuerpo inanimado de aquel a quien todos amábamos.  Su cabeza  cubierta desde la coronilla hasta el mentón por un pañuelo blanco anudado en éste,  permitía ver toda la cara,  que semejaba reposar suavemente y experimentar el placer dulce y sereno del deber cumplido.

      “Ninguna deformidad había impreso en él su paso de la vida a la muerte.  De no faltarle la respiración,  se hubiera dicho dormido.

      “Cubría su cuerpo extendido una manta de tela blanca,  que hacia los hombros permitía ver el cuello de su robe de chambre,  única  prenda que vestía cuando lo sorprendiera la muerte.  A sus pies,  como al descuido,  estaban sus chinelas y medias,  que parecían conservar aún el calor del cuerrpo.

      “El cuadro era triste y,  sin embargo,  un sentimiento de dulce quietud penetraba el alma;  toda en casa era desorden,  caos y muerte,  y todo allí semejaba ser calmo,  risueño y dulce.  Ante tal escena,  se pensaba por fuerza en la vida futura.

      “Les he dicho que lo sepultaremos el viernes,  pero todavía no sabemos a qué hora;  esta noche velarán su cuerpo Desliens y Tailleur,  y mañana Delanne y Morin.

      “Estamos buscando,   entre sus papeles,  sus ultimas voluntades,  caso que las haya redactado.  De cualquier modo,  la inhumación será simplemente civil.

      “Volveré a escribirles,  para darles detalles de la ceremonía.

      “Creo que mañana se designará una comisión,  integrada por los espiritistas más adictos a la causa,  los que mejor puedan conocer sus necesidades,  a fin de saber qué deberá hacerse.

      “De corazón,  vuestro amigo

                                                                       (Firmado): Muller.”

     

   

  

   

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BIOGRAF[IA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

Imagen LA GÉNESIS

En 1867 hizo Allan Kardec un rápido viaje a Burdeos, Tours y Orleáns,  luego de los cual tornó a su labor,  publicando en enero de 1868 La Génesis,  los milagros y las predicciones según el Espiritismo.  Esta obra es de las más importantes,  pues constituye,  desde el punto de vista científico,  la síntesis de los cuatro volúmenes aparecidos anteriormente.

Allan Kardec se ocupa después en un plan de organización del Espiritismo,  con el que espera dar más vigor y acción a la filosofía de la cual se hizo apóstol,  buscando desarrollar su aspecto práctico y hacerle rendir sus frutos.

El constante objeto de sus preocupaciones es saber quién  lo reemplazará en su obra,  pues presiente que su fin se aproxima,  y la constitución que prepara tiene precisamente por finalidad proveer a las futuras necesidades de la Doctrina Espírita *.

En los primeros años del desarrollo del Espiritismo había comprado Allan Kardec,  con el producto de sus obras pedagógicas,  2.666 metros cuadrados de terreno en la avenida Ségur,  detrás de los Inválidos;  como esta compra agotó sus recursos,  debió recurrir a un préstamo de cincuenta mil francos concedido por el Crédito Inmobiliario,  para la construcción de casitas con sus respectivos jardines.  Acariciaba la dulce esperanza de retirarse a una de ellas,  a la Villa Ségur,  y hacer construir posteriormente una casa de retiro donde pudieran tener asilo en su vejez los defensores indigentes del Espiritismo.

En 1869,  la Sociedad Espiritista estaba reorganizándose.  Sería reconstituída sobre nuevas bases,  como sociedad anónima y con un capital de 40.000 francos,  divididos en 40 acciones de 1.000,  para la atención de la librería,  de la “Revista Espírita” y de las obras de Allan Kardec.  La nueva sociedad debía instalarse el 1° de abril en la calle Lille N°7.

Allan Kardec,  cuyo contrato  de locación en el pasaje Santa Ana estaba a punto de terminar,  proyectaba retirarse a la Villa Ségur para trabajar más activamente en las obras que le restaban por escribir,  cuyo plan y documentación había reunido.  Hallábase ya ocupado en los preparativos de su cambio de domicilio,  que la extensión de sus numerosos trabajos imponía,  cuando el 31 de marzo,  la enfermedad al corazón que sordamente lo minaba,  venció a su vigorosa constitución y lo arrebató como un rayo al afecto de sus discípulos.

Esta pérdida fue inmensa para el Espiritismo,  que veía desaparecer en él a su fundador y potente propagandista,  y dejó en profunda consternación a cuantos le habían conocido y amado.

 

 

* Este importantísimo trabajo fue publicado en la “Revista Espírita” de diciembre de 1868;  es como el testamento filosófico de Allan Kardec,  y el trazado de la línea de conducta a seguir para asegurar la buena marcha y el triunfo definitivo del Espiritismo.

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En 1862 Allan Kardec dio a la publicidad también una Refutación a las críticas contra el Espiritismo, desde el punto de vista del materialismo,  de la Ciencia y de la Religión.

    Encausado y hostilizado,  en diversas ocasiones,  por el sacerdote Marozeau,  quien no solamente le atacaba desde el púlpito sino que publicaba libelos contra el Espiritismo y su fundador,  Allan Kardec le contesta:

    “Revista Espírita”,  1863,  pág. 219.-“ Soy un hombre un hombre positivo,  sin entusiasmo,   que juzga todo fríamanete.  Razono según los hechos y digo: puesto que los espiritistas son más numerosos que nunca,  ,  no obstante el folleto del señor Marouzeau y todos los demás,  y a pesar de cuantos sermones y mandamientos se pronuncian;  es porque los argumentos que se emplean en ellos no convencen al público y producen el efecto contrario de que quisieran conseguir;  ahora bien,  considero  que es de lógica elemental juzgar el valor de la causa por sus efectos;  entonces,  ¿qué objeto tendría refutarles?  Puesto que ellos  nos sirven en lugar de perjudicarnos,  debemos abstenernos de oponerles ningún obstáculo…

    “…Cuando trato de manera general las cuestiones promovidas por un adversario,  no es en modo alguno porque quiera convencerle,  y menos aún me propongo  hacerle renunciar a su creencia,  que respeto cuando es sincera,  sino que lo hago únicamente para que sirva ello de instrucción a los espiritistas,  y porque encuentro en tales cuestiones puntos por desarrollar  o aclarar.  Refuto los principios,  no las personas;  los principios quedan y los individuos desaparecen;  por esta razón me inquietan poco las personas,  que acaso mañana no existirán ya  y de las cuales no se hablará más,  cualquiera sea la importancia que tratan de atribuirse.  Miro el porvenir mucho más que el presente,  el conjunto y las cosas importantes más que los hechos aislados o secundarios”.

    “Para poner en guardia a los espiritistas contra todos los ataques, vinieran de donde viniesen y por más vehementes e injustos que fueran,  Allan Kardec les previno que:

    “Revista Espírita”,  1863,  pág. 69.-Una verdadera cruzada se lleva a cabo hoy contra el Espiritismo,  conforme se nos había anunciado;  de diversas partes nos señalan en escritos,  discursos y aun con actos de violencia en intolerancia;  pues bien,  todos los espiritistas deben regocijarse de ello,  porque constituye la prueba evidente de que el Espiritismo no es una quimera.  ¿Se haría tanto alboroto por una mosca que vuela?

    “Lo que en especial exita esta gran cólera es la prodigiosa rapidez con que se propaga la nueva idea,  a despecho de cuanto se hace para detenerla”.

    “Ibid”.,  pág. 70.-“Todo lo que acontece ha sido previsto y debía ocurrir por el bien de la causa.  Cuando veáis cualquiera manifestación hostil,  en vez de espantaros,  regocijaos de ella,  pues se ha dicho ya que el fragor del rayo será la señal de la proximidad de los tiempos profetizados.  Rogad,  entonces, hermanos míos;  rogad sobre todo por vuestros enemigos,  porque serán arrebatados por el vértigo.

    “Pero,  todo no se ha cumplido todavía;  la llama de la hoguera de Barcelona no ha subido lo bastante alto.  Si se renueva en alguna parte,  guardaos de extinguirla,  porque cuanto más se eleve,  más se asemejará a un faro y será visible desde más lejos,  perpetuándose en el recuerdo de las edades.  Dejad hacer,  pues,  y en ninguna parte opongáis la violencia a la violencia;  recordad que Cristo dijo a Pedro que volviese su espada a la vaina.  No imitéis a las sectas que se han despedazado entre sí en nombre de un Dios de paz,  al que cada una de ellas llamaba en auxilio de sus furores. La verdad no se prueba  con persecuciones sino por el razonamiento;  las persecuciones han sido en todo tiempo el arma de las malas causas y de aquellos que confunden el triunfo de la fuerza bruta con el de la razón.  La persecución es un mal recurso para persuadir;  puede momentáneamente abatir al más débil,  pero jamás convencerle,  pues hasta en la angustia en que se le sumerja exclamará ,  como Galileo en su prisión: <<¡E pur si muove!>>  Recurrir a la persecusión es probar que se tiene poca confianza en el poder de la propia lógica.  No empléis jamás represalias;  a la violencia oponedle la dulzura y una inalterable tranquilidad;  devolved a vuestros enemigos bien por mal.   En esta forma desmenteréis sus calumnias y les obligaréis a reconocer que vuestras creencias son mejores de los que ellos pretenden”

    Para hacerse una idea de la virulencia de los ataques de que el Espiritismo y Allan Kardec eran objeto,  diremos que además de todos los sermones,  pastorales y excomuniones–de los cuales tiene la iglesia romana el monopolio–,  las polémicas y los libelos más desvergonzados se empleaban.  Y a fin de darse cuenta de ello transcribimos el siguiente pasaje de un folleto publicado en Argel por un antiguo oficial,  ex representante del pueblo en 1848,  quien en 1863 ocupaba sus ocios en depotricar contra el Espiritismo y Allan Kardec.

    Después de tratar de establecer,  mediante cálculos ultrafantásticos,  que Allan Kardec lograba una renta anual de 250.000 francos,  sin contar los ingresos de la venta de El libro de los Espíritus y el de los Médiums, añade:

    “A la velocidad que marcha la epidemia,  la mitad de la población de Francia será pronto espiritista, si no lo es ya,  y como no se puede ser un buen espiritista si no se está asociado y abonado a la Revista,  existe la posibilidad de que,  de los 20 millones de habitantes a que tal mitad alcanza,  haya 5 millones de asociados y otros tantos suscriptos a la Revista.

    “En consecuencia,  la renta de los presidentes y vicepresidentes de Sociedades Espiritistas ha de ser de 100 millones por año,  y la del señor Allan Kardec,  propietario de la Revista y soberano pontífice,  de 388 millones.

    “Si el Espiritismo conquista la otra mitad de Francia, esta renta se duplicará,  y si Europa se deja infestar,  no será por millones como habrá de contarla ,  sino por miles de millones.

    “¡Y bien,  cándidos espiritistas!,  ¿qué pensáis de esta especulación basada en vuestra ingenuidad?  ¿Hubiérais creído jamás que del juego de las mesas giratorias pudieran salir semejantes tesoros?  ¿Estáis enterados ahora del porqué del ardor que ponen en fundar sociedades los propagadores de la doctrina?   ¿no se tiene razón cuando se dice que la tontería humana es una mina inagotable?”

    No todos los jesuítas usan sotana,  y Basilio * encuentra incluso entre los laicos numerosos adeptos; más adelante ,  este libelista agrega:

    “Otra cualidad del espiritismo  consiste en transformar la fe,  que es un acto de libre arbitrio y voluntad,  es una credulidad ciega.

    “Así,  para hacer triunfar la especulación del Espiritismo o de las mesas giratorias,  el señor Allan Kardec predica una doctrina cuya tendencia es la destrucción  de la Fe de la Esperanza y de la Caridad.

    “Sin embargo,  que el mundo cristiano esté seguro de que si el Espiritismo no prevalecerá contra la iglesia.  <<Se reconocerá todo el valor de un principio religioso–como dice Monseñor el obispo de Argel,  en su pastoral del 13 de febrero de 1863 a los curas de su diócesis–,  porque es suficiente por sí mismo para vencer todas las vacilaciones,  oposiciones y resistencias>>

    “Pero,  ¿existen verdaderos espiritistas?  Lo negaremos en tanto un sólo hombre sienta que la Esperanza no se ha extinguido en su corazón.

* Personaje de El Barbero de Sevilla, de Beaumarchais,  que personifica al hipócrita calumniador.  Su divisa es:  Calumniad,  calumniad,  que de la calumnia siempre algo quedará”. [E.]

    “¿Qué hay,  pues ,  en el Espiritismo?  Nada más que un especulador y sus víctimas.  Y el día en que la autoridad temporal comprenda su solidaridad para con la autoridad moral y se limite solamente a prohibir las publicaciones espiritistas,  ese día tal especulación inmoral caerá para no volver a levantarse más”

    He aquí con qué armas pretendían los adversarios sin escrúpulos desnaturalizar y combatir el Espiritismo,  reduciéndole a la nada.

    ¿Donde están aquellos  demoledores que debían enterrarlo?;  ¿dónde aquellos Quijotes que pretendían exterminarlo a tajos y estocadas?  ¡Ay!,  ¡a curas y monjes,  a monseñores y publicistas los ha amortajado el polvo de los tiempos!  El olvido  no perdonó sus nombres .  De ellos queda tan sólo un penoso recuerdo,  y el Espiritismo  sin contestar incluso a sus ataques,  no deja,  por cierto,  de proseguir su marcha constante hacia el progreso,  el porvenir y la verdad.

    Respondiendo en conjunto a todos los ataques con que fue colmado,  Allan Kardec nos dice,  en diciembre de 1868:

   “Revista Espírita”,  1868, pág. 371.-“Se ha hablado mucho del producto que extraía yo de mis obras.  A buen seguro que ninguna persona seria cree en los millones que se me achacan,  no obstante la afirmación de aquellos que aseguraban saber de buena tinta que llevaba yo un tren de vida principesco,  con carruajes de cuatro caballos,  y que en mi hogar sólo se caminaba sobre alfombras de Aubusson (“Revista Espírita”,  junio de 1862 pág.  179).

    “Además,  sea lo que fuere lo que haya dicho el autor de un folleto que conocéis,  el cual pretende probar,  mediante cálculos hiperbólicos,  que mi presupuesto de ingresos sobrepasa la lista civil del más poderoso soberano de Europa,  porque solamente en Francia 20 millones de espiritistas son tributarios míos (“Revista Espírita”,  pág. 175),  un hecho más auténtico que sus cálculos es que jamás he pedido nada a nadie y que nadie me ha dado nunca nada para mí personalmente:  en una palabra,  que no vivo a expensas de nadie,  puesto que las sumas que  han sido voluntariamente confiadas en interés del Espiritismo,  ni la mínima parte  invertí en mi provecho.(1)

(1) Tal suma se elevaba en esa época a un total de 14.100 francos,  cuya inversión,  en exclusivo beneficio de la doctrina,  la justifican las cuentas.

    “Cualquiera que haya visto en tiempos pasados mi hogar y le vea hoy,  puede atestiguar que nada ha cambiado en nuestra manera de vivir desde que me ocupo en el Espiritismo;  mi vida doméstica es tan sencilla ahora como antes lo era.  Es,  pues,  cierto que mis beneficios,  por enormes que sean,  no sirven para proporcionarnos los placeres del lujo.  ¿Será que adolezco de la manía de juntar dinero para tener el placer de contemplarlo?  No creo que mi carácter y costumbres hayan podido hacerlo suponer jamás.  ¿Por qué,  entonces ,  ocurre esto?  Desde que no me aprovecha,  cuanto más fabulosa es la suma tanto más dificultosa es la respuesta a aquella pregunta.  Un día se sabrá la cifra exacta de ello,  así como su empleo al por menor,  y entonces los fabricantes de historias serán reconocidos por sus gastos de imaginación;  hoy,  me limito a algunos datos generales,  para poner freno a suposiciones ridículas.  A tal efecto,  debo entrar en ciertos detalles íntimos,  por lo que solicito vuestro perdón,  ya que es necesario exponerlos.

    “Siempre hemos tenido con qué vivir,  muy modestamente,  es verdad,  pero lo que hubiera sido poco para algunas personas,  nos bastaba a nosotros,  gracias a nuestros gustos y hábitos de orden y economía.  A nuestra pequeña renta vinieron a agregarse,  como suplementos,  el producto de las obras que publiqué antes de comenzar a ocuparme en el Espiritismo y el de de un modesto empleo que debí dejar cuando los trabajos relacionados con la doctrina absorbieron todo mi tiempo.

    “El Espiritismo,  al sacarme de la oscuridad,  me lanzó por un nuevo rumbo.  En poco tiempo me he visto dentro de un movimiento que estaba lejos de prever.

    “Cuando concebí la idea de El Libro de los Espíritus,  mi intención no era ponerme en evidencia sino continuar siendo un desconocido;  pero,  prontamente sobrepasado por el influjo de la labor,  no me ha sido ello posible;  tuve que renunciar a mi afición a la vida retirada,  so pena de abdicar de la obra emprendida y que crecía diariamente;  he debido seguir su impulso y haceme cargo de su gobierno.  Si mi nombre tiene ahora alguna popularidad,  a buen seguro de que no soy yo quien la ha deseado,  pues se sabe que no la debo ni a la propaganda ni a la camaradería de la prensa,  y que jamás he aprovechado mi posición ni mis amistades para ingresar en sociedad,  lo que me hubiera sido fácil.   Pero,  a medida que la obra crecía,  un horizonte más vasto se mostraba ante mí y sus lindes se tornaban cada vez más lejanos;  comprendí entonces la inmensidad de mi tarea y la importancia del trabajo que me restaba por hacer para completarla;  las dificultades y obstáculos,  en lugar de atemorizarme,  redoblaron mi energía.  Vi el objeto y resolví alcanzarlo,  con la asistencia de los buenos espíritus.  Me di cuenta de que no debía perder tiempo y no lo perdí,  ni en inútiles visitas ni en ceremonias ociosas;  fue la obra de mi vida;  a ella di todo mi tiempo y por ella sacrifiqué mi descanso y salud,  porque el porvenir estaba escrito ante mí con caracteres irrecusables.

    “Sin apartarnos de nuestro género de vida,  esta posición excepcional no pudo menos que crearnos necesidades,  a las cuales mis solos recursos no me permitían subvenir.  Fuera difícil suponer la multiplicidad de gastos que dicha posición ocasiona y que hubiera yo evitado a no ser por ella.

    “Y bien,  señores;  el producto de mis obras me ha proporcionado ese suplemento de recursos que necesitaba.  Lo digo con felicidad;  mediante mi propio trabajo,  con el fruto de mis vigilias,  he proveído–en su amyor parte,  al menos–a las necesidades materiales de la instalación indispensable de la doctrina.  También contribuí con una amplia cuota para la Caja del Espiritismo;  quienes colaboran en la difusión de las obras no podrán entonces decir que trabajan para enriquecerme,  pusto que el producto de todo libro vendido ,  así como de toda suscripción a la “Revista”,  aprovecha a la doctrina y no a un individuo.

    “Lejos de mí,  señores,  el pensamiento de sustentar la menor vanidad por lo que acabo de exponer;  ha sido preciso la persistencia de ciertas diatribas para resolverme–aunque con repugnancia–a romper el silencio sobre algunos hechos que me conciernen…La única cosa que me importaba por el momento era qque estuvierais informados sobre el destino de los fondos que la Providencia hace pasar por mis manos.  Sea cual fuere su origen,  no me considero sino su depositario,  incluso de aquellos que yo gano,  y con mayor razón de los que me confían”.

  

   

 

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    En ocasión del 1° de enero de 1862,  habiendo recibido Allan Kardec de los espiritistas lioneses un simpático comunicado,  cuyos testimonios de gratitud y respeto eran apoyados por cerca de doscientas firmas,  el Maestro a dio a nuestros mayores la respuesta siguiente,  que iba dirigida asimismo a todos los espiritistas de Francia y del extranjero:

    “Mis queridos hermanos y amigos de Lyon:

    “La nota colectiva que han tenido  a bien enviarme en ocasión de año nuevo,  me ha causado vivísima satisfacción,  probándome que han conservado ustedes un buen recuerdo de mí;  pero,  lo que me dio más placer en este documento espontáneo fue encontrar,  entre las numerosas firmas que en él figuran,  las de representates de todos los grupos,  porque pone de relieve la armonía que reina entre ellos.  Me siento feliz al comprobar que han comprendido el objeto de esta organización,  cuyos resultados pueden ya apreciar,  pues debe ser evidente ahora para ustedes que una sociedad única hubiese sido punto menos que imposible.

    “Les agradezco, mis buenos amigos, los votos que formulan en mi favor:  los de esta ciudad son los que escucha Dios.  Queden,  por consiguiente,  satisfechos,  pues Él los acoge,  dándome a diario gran júbilo por ver que el establecimiento de una nueva doctrina a la cual me he consagrado se engrandece y prospera con maravillosa rapidez estando yo vivo aún.  Aprecio como un gran favor del cielo el ser testigo del bien que ella produce ya.  Esta certidumbre,  de la cual recibo todos los días los más emocionantes testimonios,  me paga con usura todos mis trabajos y fatigas;  no pido a Dios más que una gracia,  y es que me dé la fuerza física necesaria para llegar al término de mi tarea,  que esta lejos de haber concluído,  mas,  ocurra lo que ocurriere,  tendré siempre el consuelo de estar seguro de que la simiente de las nuevas ideas,  por doquier difundidas,  es imperecedera.  Más feliz que muchos otros,  que sólo laboraron para el porvenir,  me es dado ver los primeros frutos de mi trabajo.  Si algo lamento es que la exiguidad de de mis recursos personales no me permita poner por obra los planes que concebí para el adelanto todavía más rápido dee la doctrina,  pero si Dios en su sabiduría lo ha dispuesto de modo distinto,  legaré esos planes a mis sucesores que,  sin duda,  serán más dichosos.

    “No obstante la escasez de los recuersos materiales,  el movimiento que se opera en la opinión ha soprepasado todas las esperanzas.  Crean,  hermanos míos,  que el ejemplo de ustedes no habrá dejado de tener en ello su influencia.  Y reciban mis felicitaciones por la forma como comprenden y practican la doctrina.

    “Al punto a que  han llegado hoy las cosas y viendo la marcha del Espiritismo a través de los obstáculos que se sembraron en su ruta,  puede decirse que las dificultades mayores han sido vencidas;  la doctrina ha tomado su jerarquía y se ha emplazado sobre cimientos que desafían desde ya los esfuerzos de sus adversarios.  Nos preguntamos cómo una doctrina que torna felices y mejores a los seres humanos puede tener enemigos,  pero ello es natural:  la implantación de las mejores cosas en sus comienzos hiere siempre intereses;  ¿no ha ocurrido así con todas las invenciones y los descubrimientos que revolucionaron la industria?  Aquellos que que son hoy considerados como benéficos y de los cuales no se pudiera ya prescindir,  ¿no han tenido encarnizados enemigos?  Toda ley que reprima un abuso,  ¿no tiene en su contra a cuantos viven de abusos?  ¿Cómo pretenderán ustedes que una doctrina que conduce al reino de la caridad efectiva no sea combatida por cuantos viven del egoísmo?  ¡Y bien se les alcanza los numerosos que son en la tierra!  Al principio,  se propusieron matarla por medio de la burla,  mas hoy echan de ver que tal arma es impotente y que bajo el fuego de los sarcasmos ha continuado su camino sin vacilar.  No creen ustedes que por eso van a confesarse vencidos;  no, el interés natural es más tenaz;  reconociendo que se trata de una potencia con la cual hay desde ya que contar,  organizarán más serios asaltos,  peor éstos sólo servirán para probar la debilidad de los atacantes.  Unos la acometerán directamente con palabras y hechos y la persiguirán hasta en las personas de sus adeptos,  a quienes intentarán desmoralizar a fuerza de triquiñuelas,  en tanto otros,  en secreto y por caminos sinuosos,  buscarán minarla solapadamente.  Dense,  pues,  por advertidos de que la lucha no ha terminado.  Se me ha prevenido de que realizarán un esfuerzo supremo,  pero no teman,  ya que la garantía del buen éxito radica en esta divisa,  que es la de todos los verdaeros espiritistas:  Fuera de la caridad no hay salvación.  Izadla  alto,  pues constituye la cabeza de Medusa para los egoístas.

    “La táctica que han puesto ya en ejecusión los enemigos de los espiritistas,  pero que emplearán con más ardor aún,  consiste en procurar dividirlos creando sistemas divergentes y suscitando entre ellos la desconfianza y la envidia.  No caigan ustedes en la trampa y tengan por cierto que quienquiera busque,  por el medio que fuere,  destruir la armonía,  no puede estar animado de buenas intenciones.  Por esta razón,  les invito a emplear la máxima prudencia en la formación de sus grupos, no solamente para tranquilidad de ustedes, sino también en interés de sus tareas.

    La naturaleza de los trabajos espiritistas exige calma y recogimiento;  Ahora bien,tal recomiento no será posible si les distraen discusiones y la expresión de sentimientos malévolos.  No habrá sentimientos malévolos si exite fraternidad,  mas no puede haber fraternidad con egoístas,  ambicioso y orgullosos.  Con orgullosos que se sienten lesionados por todo,  ambiciosos que se considerarán burlados si no consiguen la supremacía y egosístas que solamente piensan en sí mismos,  la cizaña no demorará en introducirse,  y tras ella sobrevendrá la disolución.  Tal quisieran nuestros enemigos y tal procuran realizar.  Si un grupo quiere hallarse en condiciones de orden,  tranquilidad y estabilidad,  es menester que reine en él un sentimiento fraternal.  Todo grupo o sociedad que se forme sin tener por base la caridad efectiva carecerá de vitalidad,  mientras que aquellos que se constituyan conforme al verdadero espíritu de la doctrina se considerarán como miembros de una familia que,  no pudiendo habitar todos bajo el mismo techo,  residen en lugares diferentes.  La rivalidad entre ellos sería un contrasentido;  no puede existir donde reina la verdadera caridad, ya que no hay dos maneras de concebir esta última.  Reconozcan,  pues,  al verdadero espiritista en la práctica de la caridad,  así en pensamientos como en palabras y acciones, y díganse que cualquiera que abrigue en su alma sentimientos de animosidad,  rencor,  odio,  envidia o celos,  se miente a sí mismo si pretende comprender y practicar el Espiritismo.  <<El egoísmo y el orgullo matan las sociedades particulares,  así como los pueblos y la sociedad en general>>…”

    Fuera útil citar la totalidad de estos consejos,  tan justos como prácticos,  pero debemos limitarnos en razón del espacio de que disponemos.

    A pedido de los espiritistas de Lyon y de Burdeos,  hizo Allan Kardec en septiembre y octubre un prolongado viaje de propaganda,  sembrando por doquiera la buena nueva pero prodigando sus consejos sólo a quienes se los solicitaban.  La invitación que le dirigieron los grupos lioneses constaba de quinientas firmas.  Una obra especial ha dado cuenta de este viaje de más de seis semanas,  durante el cual presidió el Maestro más de cincuenta reuniones en veinte ciudades,  en que recibió la más cordial acogida y se sintió feliz al comprobar los inmensos progresos del Espiritismo.

    A porpósito de los viajes de Allan Kardec ciertas influencias hostiles han difundido el rumor de que eran hechos a expensas de la Sociedad parisiense de Estudios espiritistas,  sobre cuyo presupuesto  hacía pesar él  igualmente todos sus gastos de correspondencia y sotén.  El Maestros refuta así esta afirmación errónea:

    “Muchas personas,  sobre todo de provincias,  pensaban que los gastos de tales viajes eran a cargo de la Sociedad de París;  debimos rectificar tal error cuando la ocasión se presentaba;  y a aquellos que pudieran todavía compartirlo,  les recordamos lo que hemos dicho en otra circunstancia (número de junio de 1862,  pág. 167, “Revista Espírita”),  que la Sociedad se limita a proveer a sus gastos corrientes y que carece de reservas;  para que ella pudiera acumular un capital,  tendría que proponérselo,  y es precisamente lo que no hace ni quiere hacer,  porque su objeto no consiste en la especulación,  ni en un número mayor de adherentes que abonen su cuota agregaría nada a la importancia de los trabajos;  su influencia es enteramente moral y está dentro del carácter de sus reuniones,  que dan a los extraños la idea de una asamblea grave y seria.  En esto radica su más poderoso medio de propaganda.  Ella no podría,  pues,  proveer a tales gastos.  Los de viaje,  como todos aquellos que irroga la correspondencia relacionada con el Espiritismo,  son sufragados con mis recursos personales y mis economías,  acrecentadas con el producto de mis obras,  sin lo cual nos sería imposible  subvenir a todas las cargas derivadas de la obra que hemos emprendido.  Lo cual decimos sin vanidad,  sino únicamente para tributar homenaje  a la verdad y para edificación de quienes se figuran que juntamos dinero”.

    

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenBORDEAUX, FRANCE. 1800

    Dando cuenta del estado del Espiritismo en Burdeos,  Allan Kardec se expresa así:

    “Revista Espírita”,  1861,  pág. 327.- “Si Lyon ha hecho lo que se pudiera llamar su “pronunciamiento” en lo que toca al Espiritismo,  Burdeos no le ha quedado en zaga,  pues quiere también alcanzar un puesto de vanguardia en la gran familia.  No ya en años sino en pocos meses ha tomado la doctrina allí proporciones importantes en todas las clases sociales.  Notemos primeramente un hecho capital,  y es que en Burdeos,  como en Lyon y en muchas otras ciudades que visitamos,  hemos visto encarar la doctrina desde el punto de vista más serio y en sus aplicaciones morales;  allí como en otras partes presenciamos innumerables transformaciones,  verdaderas metamorfosis  de caracteres que se han tornado irreconocibles;  personas que no creían en nada,  impulsadas a las ideas religiosas por la certidumbre del futuro,  ahora palpables para ellas.  Esto da la medida del ambiente que reina en tales reuniones espiritistas,  a la sazón multiplicadas.

    “En todas aquellas a que hemos asistido echamos de ver el recogimiento más edificante y un ambiente de benevolencia mutua entre los asistentes;  nos sentimos allí en un medio simpático,  que inspira confianza”.

    Dirigiéndose al público bordolés,  que le es tan simpático,  y queriendo testimoniarle su gratitud.  Allan Kardec dice: “Revista Espírita”1861, pág. 340.– Si me siento felíz ante esta cordial acogida,  es porque veo en ella un homenaje tributado a la doctrina que profesamos y a los bondadosos espíritus que nos la enseñan,  antes que a mí personalmente,  que sólo soy un instrumento en manos de la Providencia.  Convencido de la verdad de esta doctrina y del bien que está llamada a producir,  he tratado de coordinar sus elementos,  me he forzado por tornarla clara e inteligible para todos;  es la parte que de ella me corresponde,  por eso no me he considerado jamás como su creador;  el honor corresponde a los espíritus;  de modo que únicamente a ellos deben ustedes testimoniar su gratitud;  sólo acepto yo los elogios que me hacen como un estímulo para proseguir mi tarea con preseverancia.

    “En los trabajos que he llevado a cabo para alcanzar el objeto que me propuse,  sin duda alguna he sido auxiliado por los espíritus,  como ellos mismos me los han manifestado en diversas ocasiones;  pero,  eso sí,  sin el menor signo exterior de mediumnidad.  No soy,  pues,  médium en el sentido corriente de la palabra,  y comprendo hoy que es una suerte para mí que así sea.  Con una mediumnidad efectiva,  habría escrito bajo una misma influencia;  hubiera sido llevado a aceptar como verdad solamente aquello que se me hubiera comunicado,  aunque significara un error,  en tanto que en mi posición convenía que dispusiera yo de completa libertad para tomar lo bueno de donde lo encontrase y viniera de donde viniese;  he podido,  en consecuencia,  hacer una selección de las diversas enseñanzas con entera imparcialidad.  He visto,  estudiado y observado mucho,  pero siempre con serenidad,  y no ambiciono otra cosa que ver mi experiencia aprovechada por los demás,  a los cuales me siento feliz de poder evitarles los escollos inseparables del noviciado.

    “Si es cierto que he trabajado mucho y continúo trabajando todos los días,  estoy ampliamente recompensado por el tan rápido desarrollo de la doctrina,  cuyos progresos sobrepasan todo lo que era de esperar,  y por resultados que produce,  y me siento dichoso al comprobar que la ciudad de Burdeos no sólo queda a la zaga de este movimiento sino que se dispone a marchar a la cabeza,  así por el número como por la calidad de sus adeptos.  Si consideramos que el Espiritismo debe su propagación a sus propias fuerzas,  no al apoyo de ninguno de los auxiliares que ordinariamente determinan los éxitos,  y a pesar de los esfuerzos de una oposición sistemática o,  más bien,  a causa de tales esfuerzos,  no podemos que ver en ello la mano de Dios.

    “Si sus enemigos –los del Espiritismo– son poderosos y no han podido sin embargo paralizar su vuelo,  hay que convenir entonces en que es él más potente que aquéllos y que,  como la víbora de la fábula,  tales adversarios emplean en vano sus dientes contra una lima de acero”.

    “Revista Espírita”, 1861,  pág. 341.- “La fuerza del Espiritismo tiene dos causas preponderantes:  la primera es que torna felices a aquellos que lo conocen,  comprenden y practican;  ahora bien,  como existen muchas personas desdichadas,  obtiene numerosos adeptos entre los sufrientes.  ¿Se quiere arrebatarle este elemento de propagación?  Entonces,  hágase a los seres humanos de tal modo dichosos,  en lo moral y material,  que no tengan ya nada que desear,  ni en este mundo ni en el otro;  no pedimos más,  puesto que nuestro objeto habrá sido alcanzado”.

    “La segunda causa reside en que no se apoya el Espiritismo en ningún hombre a quien se pueda abatir,  pues no tiene un único foco,  que sea posible extinguir;  su hogar está en todas partes,  ya que por doquiera hay médiums que pueden comunicarse con los espíritus;  no existe familia que no lo posea en su seno,  con lo que se cumplen las palabras de Cristo: “Vuestros hijos e hijas profetizarán y tendrán visiones”;  y porque,  finalmente,  el Espiritismo es una idea,  y no hay barreras impenetrables para la idea,  ni lo bastante altas que no las pueda ella atravesar.  A Cristo se le mató,  y sus apóstoles y discípulos fueron igualmente muertos,  pero Cristo había sembrado en el mundo la idea cristiana y ella ha triunfado de la persecusión de los omnipotentes césares”.

    “Revista espírita”, pág. 343.-Si los enemigos externos nada pueden contra el Espiritismo,  no sucede lo mismo con los que están dentro;  quiero decir los que sólo de nombre son espiritistas y no por las acciones;  ello sin hablar de los que del Espiritismo tienen únicamente la máscara. El lado más bello del Espiritismo es su faz moral,  y por ésta triunfará,  pues allí radica su fuerza,  que lo hace invulnerable.  Ostenta en su bandera el lema de Amor y Caridad,  y ante este escudo,  más poderoso que el de Minerva,  pues viene del Cristo,  la misma incredulidad se inclina.  ¿Qué se puede pensar de una doctrina que lleva a los hombres a amarse como hermanos?  Si no se admite la causa,  al menos se respetarán sus efectos;  ahora bien,  el mejor medio de probar la realidad del efecto es aplicarlo en uno mismo,  mostrando a los enemigos de la doctrina,  con el propio ejemplo,  que ella torna realmente mejor al hombre;  pero ¿cómo hacer creer que un instrumento es capaz de producir armonía,  si se extraen de él sonidos discordantes?

    “Igualmente,  ¿cómo convencer de que el Espiritismo debe conducir a la concordia,  si aquellos que lo profesan o que se considera que lo profesan–lo cual es la misma cosa para nuestros adversarios–también se arrojan piedars entre sí,  y si una simple susceptibilidad de amor propio,  de precedencia,  basta para dividirlos?  ¿No es ésta una manera de anular el propio argumento?  Los enemigos más peligrosos del Espiritismo son,  pues,  aquellos que le hacen mentir,  no practicando la ley que ellos mismos proclaman.  Fuera puerilidad sembrar disidencia tan sólo por matices de opinión;  habría evidente malevolencia,  olvido del primer deber del verdadero espiritista,  si se alejara a uno por una cuestión personal,  ya que el sentimiento de la personalidad es fruto del orgullo y el egoísmo”.

    “Revista Espírita”,  1860,  pág. 299.-“Los adversarios–del Espiritismo–lo combaten sólo porque no lo comprenden;  y compete a nosotros,  a los verdaderos espiritistas a quienes bemos en el Espiritismo otra cosa que experiencias más o menos curiosas,  el hacer que lo comprendan y el difundirlo predicándolo con el ejemplo tanto como mediante la palabra.  El Libro de los Espíritus tuvo por resultado el de hacer ver el alcance filosófico de la doctrina;  si este libro tiene algún mérito,  fuera presuntuoso de mi parte glorificarme por él,  pues la doctrina que encierra no es en modo alguno creación mía;  todo el honor del bien que él ha producido corresponde a los espíritus sabios que lo dictaron y que de mí quisieron servirse.  Puedo,  pues,  escuchar el elogio del libro sin que mi modestia se sienta herida ni mi amor propio exaltado por él.  De querer yo sacar partido de la obra,  seguramente me hubiera atribuído su concepción en lugar de achacarla a los espíritus;  y si se pudiera dudar de la superioridad de los que en él han cooperado,  bastaría considerar la influencia que ha ejercido en tan poco tiempo,  por el solo poder de la lógica y sin ninguno de los medios materiales propios para excitar la curiosidad.”

   

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

Imagen LYON,  FRANCIA.

    “¡ Loor,  pues a los espiritistas lioneses,  por haber entrado con tanta amplitud en esta vía progresiva,  a no ser por la cual el Espiritismo carecería de objeto!  Este ejemplo no se perderá,  tendrá sus efectos,  y veo que no sin razón los espíritus me contestaron el otro día,  por uno de vuestros médiums más adictos aunque de los menos conocidos,  cuando les expresaba mi sorpresa: ¿Por qué te asombras?  Lyon ha sido la ciudad de los mártires;  la fe en ella está viva,  y  esta ciudad proporcionará  apóstoles al Espiritismo.  Si París es la cabeza,  será Lyon el corazón.”

    Esta opinión de Allan Kardec sobre los espiritistas lioneses de su época es para nosotros un gran honor,  mas ha de ser asimismo una regla de conducta.  Todos los espiritistas deben esforzarse por merecer a su vez tales elogios,  profundizando las lecciones del Maestro y,  sobre todo,  adecuando a ellas su conducta .  “Nobleza obliga”,  dice el adagio;  sepamos todos recordarlo siempre y mantener elevada y firme la bandera del Espiritismo.

    Pero Allan Kardec no se contentaba con arrojar flores a nuestros mayores,  sino que les daba,  en especial,  sabios consejos que por nuestra parte debemos meditar.

    “Revista Espírita”1860,  pág. 303.-“Viniendo la enseñanza de los espíritus,  los diferentes  grupos,  así como los individuos,  se encuentran bajo la influencia de ciertos espíritus que presiden sus trabajos o moralmente los dirigen;  si estos espíritus no se hallan de acuerdo,  se presenta la cuestión de saber cuál es el que mayor confiaza merece;  éste será evidentemente aquel cuya teoría no pueda plantear ninguna objeción seria;  en una palabra,  aquel que en todos los puntos ofrece mayores pruebas de superioridad.  Si todo es bueno y racional en su enseñanza,  poco importa el nombre con que se presente un espíritu,  y a este respecto el asunto de la identidad se torna completamente secundario.  Si bajo un nombre respetable su enseñanza peca en las cualidades esenciales,  se puede sin vacilación asegurar que se trata de un nombre apócrifo y que estamos frente a un espíritu impostor o que quiere divertirse. Regla general: el nombre jamás es una garantía;  la única,  la verdadera garantía  de superioridad radica en el pensamiento y el modo de expresarlo. Los espíritus burlones pueden imitar todo,  excepción hecha del genuino saber y el verdadero sentimiento.

    “Acontece a menudo  que para inculcar ciertas utopías los espíritus hacen ostentación de un falso saber y piensan imponerlo,  tomando del arsenal de palabras técnicas todo aquello que pueda fascinar al que cree con demasiada facilidad. 

    Poseen incluso un medio más eficiente y es el de afectar apariencias de virtud,  valiéndose de las respetables expresiones de caridad,  fraternidad y humildad,  con la esperanza de hacer aceptar los más groseros absurdos;  en ello lo que más a menudo ocurre cuando no se está prevenido.  Hay que evitar,  pues,  el dejarse atrapar por las apariencias,  tanto de parte de los espíritus como de los hombres;  ahora bien,  confieso que ésta es una de las mayores dificultades,  pero jamás se ha dicho que el Espiritismo fuese una ciencia fácil;  al contrario,  tiene sus escollos,  que sólo la experiencia puede evitar.  Para no caer en la trampa,  lo que se debe hacer en primer lugar es cuidarse del entusiasmo enceguecedor y del orgullo que lleva a algunos médiums a creerse los únicos intérpretes de la verdad;  es necesario examinar todo  fríamente.  Sopesarlo con sensatez, y “controlarlo”.  Y si dudamos de nuestro propio juicio,  lo cual es con frecuencia lo más prudente,  hay que recurrir al de otros,  conforme al proverbio de que cuatro ojos ven más que dos;  tan sólo un falso amor propio o una obsesión pueden hacer persistir en una idea notoriamente falsa,  que el buen sentido general rechaza”.

    He aquí los tan sabios como prácticos que daba aquel a quien se ha querido hacer pasar por un entusiasta,  un místico,  un alucinado.  Tal regla de conducta,  establecida desde el comienzo ,  no ha sido hasta ahora invalidada por la observación ni por los acontecimientos;  es siempre ésta la vía más segura y prudente,  la única que deben seguir quienes desean ocuparse del Espiritismo.

 

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

 

ImagenEL PALACIO REAL DE PARÍS

        Apresurémonos a agregar que esta dimisión no se aceptó y que Allan Kardec fue reeligido por unanimidad menos un voto en contra y otro en blanco.  Ante tal testimonio de simpatía,  cedió y conservó sus funciones.

    En septiembre de 1860 hizo Allan Kardec un viaje de proselitismo por nuestra región,  y he aquí lo que comunica acerca de él a la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas (“Revista Espírita”, noviembre  de 1860,  pág. 329):

  “El señor Allan Kardec da cuenta del resultado del viaje que acaba de hacer en interés del Espiritismo y se felicita de la cordialidad de la acogida de que fue objeto en todas partes y especialmente en Sens,  Macon,  Lyon y Saint-Etienne.  Ha comprobado,  en todos los puntos en que se detuvo,  los considerables progresos de la doctrina;  pero,  lo que sobre todo es digno de notar, consiste en el hecho de que en ninguna parte ha visto que se haga de ella una diversión,  sino que por doquiera se ocupan seriamente en el Espiritismo,  tal como corresponde,  y se comprenden su alcance y consecuencias futuras.  Hay,  sin duda,  impugnadores interesados,  mas los chanceros disminuyen por manera sensible,  viendo que sus sarcasmos no ponen a los reidores de su parte,  que más bien que detener,  favorecen el progreso de las nuevas creencias;  empiezan entonces a comprender que nada ganan con ello,  y que emplean su gracejo en balde.  De ahí que comiencen a llamarse a silencio.

   “Una frase muy característica parece hallarse en todas partes a la orden del día  y es ésta. <<El Espiritismo está en el aire>>,  frase que pinta el actual estado de cosas.  Pero es sobre todo en Lyon donde los resultados se muestran más sobresalientes.  Los espiritistas son allí numerosos en todas las clases sociales y en la clase obrera se cuentan por centenares.  La doctrina espírita ha ejercido entre los trabajadores la más saludable influencia desde el punto de vista del orden,  de la moral y de las ideas religiosas;  en suma,  la propagación  del Espiritismo marcha con una rapidez harto alentadora”.

    En este viaje pronunció Allan Kardec un discurso magistral,  en un banquete que tuvo lugar el 19 de septiembre de 1860;  he aquí algunos de sus interesantes pasajes,  muy adecuados para interesarnos a nosotros,  que aspiramos a reemplazar dignamente a aquellos obreros de la primera hora:

    “Revista Espírita”,  1860,  pág. 300.-“Lo primero que me llamó la atención es la gran cantidad de adeptos;  sabía que había muchos en Lyon,  pero estaba lejos de pensar que fuera tan considerable su número,  pues hay que sumarlos por centenares,  y  espero que pronto sea imposible contarlos.  Pero,  si  Lyon se distingue por el número,  lo hace igualmente simplemepor la calidad,  lo que vale más todavía.  Por doquier he encontrado tan sólo espiritistas sinceros,  que comprendían la doctrina en su verdadero enfoque.  Porque hay,  señores,  tres categorías de adeptos,  a  saber:  los que se limitan a creer en la realidad de las manifestaciones y que buscan,  ante todo,  los fenómenos;  para éstos,  el Espiritismo  es  simplemente una serie de hechos más o menos interesantes.

    “Los segundos ven en él algo más que los hechos:  comprenden su alcance filosófico,  admiran la moral que de él dimana,  mas no la practican;  para estos otros ,  la caridad cristiana es una hermosa máxima,  pero nada más.

    “Los últimos,  por fin,  no se contentan con admirar la moral,  sino que la practican,  aceptando todas sus consecuencias.  Suficientemente convencidos de que la existencia terrestre constituye una prueba pasajera,  procuran aprovechar tan breve lapso para marchar por la vía del progreso que les trazan los espíritus,  esforzándose por realizar el bien y reprimir sus malas inclinaciones.  La relación con ellos es segura siempre,  pues que sus convicciones los alejan de todo mal pensamiento. La caridad es siempre la regla de su conducta, por lo que son ellos los verdaderos espiritistas o,  mejor dicho,  los espiritistas cristianos. 

 

    Pues bien,  señores,  les digo con mucha satisfacción que no he encontrado aún aquí a ningún adepto de la primera categoría;  en parte alguna vi que se ocupasen en el Espiritismo  por simple curiosidad,  ni que utilizaran las comunicaciones para objetos fútiles.  En todos lados es grave la finalidad,  son serias las intenciones y,  de acuerdo a lo que se me ha dicho,  entre ustedes hay muchos de la tercera categoría.

 

 

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

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LA REVUE SPIRITE

    Esta comunicación,  así como las reflexiones que Allan Kardec ha dejado anotadas,  nos demuestran cuán poco halagueña era la situación de la época,  lo que pone de relieve asimismo el valor del fundador del Espiritismo y su mérito por haber triunfado.  Hela aquí:

    Médium: señorita C.,  12 de junio de 1856. (1)

    “Pregunta:  ¿Cuáles son las causas que pudieran hacerme fracasar?  ¿Sería incapacidad de mi parte?

    (1) Se encontrará el principio de esta comunicación en las Notas Complementarias del final del volumen. Búsquese por la fecha. [E]

    “Respuesta: No,  pero la misión de los reformadores llena está de escollos y peligros;  la tuya es ruda,  te lo prevengo,  pues se trata de remover y transformar al mundo entero.  No creo que te sea suficiente publicar un libro,  dos o diez,  y quedarte tranquilamente en tu hogar.  No.  Habrás de exponerte personalmente,  porque levantarás contra tí odios terribles;  encarnizados enemigos se conjurarán para perderte,  serás el blanco de la calumnia y la traición,  aun de aquellos que te parecieron más adictos;  tus mejores instrucciones,  serán  tergiversadas y desnaturalizadas;  más de una vez sucumbirás bajo el peso de la fatiga;  en una palabra,  es una lucha constante la que tendrás que sostener,  sacrificando tu resposo,  tranquilidad,  salud y aun tu vida,  pues no vivirás mucho.

    ” Y bien,  no importa un retroceso en el que,  en lugar de una ruta florida,  encuentra uno a su paso sólo zarzales,  piedras agudas y serpientes.  Para estas misiones no es suficiente la inteligencia.  En primer término es menester,  para agradar a Dios,  la humildad,  modestia y desinterés,  pues Él abate a los orgullosos y presuntuosos.

    “Para luchar contra los hombres se necesita valor,  perseverancia y una inquebrantable firmeza;  es preciso también ser prudente y poseer tacto para conducir las cosas convenientemente y no comprometer su éxito a causa de medidas o palabras intempestivas;  es indispensabe,  por último,  devoción  abnegación,  y estar pronto para cualquier sacrificio.

    “Ves, por consiguiente,  que tu misión está subordinada a condiciones que dependen de tí.

    “El Espíritu de Verdad”

    “Nota: [Es Allan Kardec que se expresa así]  Escribo esta nota el 1° de enero de 1867,  diez años y medio después de habérseme dado esta comunicación,  y compruebo que ella se ha realizado en todos sus puntos,  pues pasé por todas las vicisitudes que allí se me anunciaron.  He sido el blanco del odio de enemigos encarnizados,  de la injuria y la calumnia,  de la envidia y los celos; infames libelos se publicaron contra mí; mis mejores instrucciones fueron desnaturalizadas;  he sido traicionado por personas en quienes deposité mi confianza y me han pagado con ingratitud aquellos a quienes beneficiara.

    “La Sociedad Parisiense ha sido un centro de intrigas continuas de parte de aquellos que decían estimarme pero que,  mientras me presentaban buena cara de frente,  me difamaban por la espalda.

    “Decían que los que adoptaban mi doctrina eran pagados por mí con dinero que mediante el Espiritismo recibía.  No he conocido ya el descanso;  más de una vez sucumbí por exceso de trabajo;  mi salud se alteró y mi propia vida ha peligrado.

    “Sin embargo,  merced a la protección y asistencia de los buenos espíritus,  que sin cesar me han dado pruebas elocuentes de solicitud,  me felicito al pensar que no he tenido un solo instante de desfallecimiento ni de desánimo y que constantemente he continuado mi tarea con el mismo fervor,  sin preocuparme de la malevolencia de que era objeto.  Según la comunicación  del Espíritu de Verdad,  debía esperarme todo esto,  y todo se verificó”.

    Cuando sabemos de todas estas batallas,  de las muchas ignominias de que Allan Kardec fue blanco,  ¡cuánto se engrandece a nuestros ojos y qué mérito y esplendor adquiere su brilante futuro!

    ¿Qué se ha hecho de esos envidiosos,  de esos pigmeos que trataban de cerrarle  el paso?  El nombre de la mayor parte de ellos es desconocido o no despierta el menor recuerdo;  el olvido los recobró,  amortajándolos para siempre entre sus sombras,  mientras que el nombre de Allan Kardec,  valiente luchador,  pionero audaz,  pasará a la posteridad con su tan legítimamente conquistada aureola de gloria.

    He aquí cómo encaraba Allan Kardec la lucha por el triunfo del Espiritismo y de qué modo quería,  predicando con el ejemplo,  que los espiritistas respondan a los ataques de los adversarios de la doctrina.

 

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

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LE LIVRE DES SPIRITS EDICIÓN ORIGINAL DE 1857

En 1856,  el señor Rivail concurría a las sesiones espíritas que se realizaban en la calle Tiquetonne, en casa del señor Roustan,  con la sonámbula señorita Japhet, que obtenía mediúmnicamente comunicaciones interesantísimas  con ayuda de un cestito.  Kardec hizo “controlar” por esa médium las comunicaciones recibidas y puestas en orden con anterioridad.  Tal trabajo se efectuaba al principio en las sesiones ordinarias, pero, a petición de los espíritus y para que se hicieran con mayor cuidado y atención en el contralor,  fue proseguido en sesiones especiales.

“Aún así,  no estaba yo satisfecho de esta verificación–dice Kardec–,  pues los espíritus me la habían encarecido.  Las circunstancias me pusieron en relación con otros médiums y cada vez que tenía ocasión,  aprovechaba para proponerles algunas de las cuestiones que me parecían ser las más complejas.

Es así como más de diez médiums han prestado su ayuda en este trabajo.  De la comparación y fusión de todas estas respuestas,  coordinadas,  clasificadas y muchas veces elaboradas en el silencio de la meditación,  formé la primera edición de El Libro de los Espíritus, que apareció el 18 de abril de 1857″.

Se publicó un volúmen en cuarto,  a dos columnas,  una para las preguntas y otra para las respuestas.  En el momento de darlo a la publicidad,  el autor se halló indeciso en lo que tocaba al nombre con que debía firmarlo,  si con el de Hipólito León Denizard Rivail o recurriendo a un seudónimo.  Su nombre era bien conocido en el mundo científico por sus trabajos anteriores y podía ocasionar una confusión,  acaso obstar el buen éxito de su empresa,  por lo que resolvió firmarlo con el de Allan Kardec,  que,  a estar a lo revelado por su guía,  llevara él en tiempos de los druidas.

La obra tuvo tan notable éxito que se agotó enseguida.  Allan Kardec la reeditó en 1858 en su forma actual,  en 12,  revisada,  corregida y considerablemente aumentada.(1)

(1) La segunda edición apareció en abril de 1860;  la tercera,  en agosto de 1860,  y la cuarta,  en febrero de 1861,  lo cual equivale a tres ediciones en menos de un año.

El 25 de marzo de 1856 estaba Allan Kardec en su gabinete de trabajo compulsando sus comunicaciones y preparando El Libro de los Espíritus,  cuando oyó repetidos golpes en el tabique ;  buscó la causa de ellos sin descubrirla,  retornando enseguida a su trabajo.  Su mujer,  que hacia las 10 entraba al gabinete,  oyó también dichos golpes,  y ambos se pusieron a buscar su procedencia,  sin lograr resultado alguno.  El matrimonio Kardec habitaba entonces en la calle de los Mártires, N° 8,  en el segundo piso,  al fondo del patio.

“Al día siguiente,  estando en sesión en casa del señor Baudin–escibe Allan Kardec–,  referí el hecho y solicité una explicación:

Pregunta: ¿Ha oído lo que termino de referir: ¿podrá decirme la causa de esos golpes,  que se hicieron escuchar con tanta persistencia?

Respuesta: Era tu espíritu familiar.

Pregunta: ¿Con qué objeto golpeaba de tal manera?

    Respuesta: Quería comunicarse contigo.

Pregunta:¿Podría decirme quién es  y lo que quería de mí?

  Respuesta: Puedes preguntárselo a él mismo,  porque está aquí.

Pregunta: Espíritu familiar,  quien quiera que seas,  te agradezco haber venido a visitarme;  ¿quisieras decirme quién eres?

  Respuesta: Para tí me llamaré la Verdad,  y todos los meses estaré aquí durante un cuarto de hora a tu disposición.

Pregunta: Ayer,  cuando golpeabas mientras yo trabajaba,  ¿tenías algo en particular que decirme?

  Respuesta: Lo que tenía que decirte es referente al trabajo que hacías;  lo que escribías me desagradaba y deseaba hacerte cesar

{Nota: Lo que escribía  estaba precisamente relacionado con los estudios que hacía sobre los espíritus y sus manifestaciones].

Pregunta: Tu desaprobación  ¿se refería al capítulo que entonces escribía o al conjunto del trabajo?

Respuesta: Al capítulo de ayer,  y te hago juez;  reléelo esta noche;  reconocerás tus errores y los corregirás.

Pregunta: No estaba muy satisfecho de ese capítulo y lo he rehecho hoy,  ¿está mejor?

  Respuesta: Está mejor,  pero no lo bastante bien.  Lee desde la tercera línea hasta la trigésima y encontrarás un grave error.

   Pregunta: ¡Pero si he roto lo que escribí ayer!

Respuesta: La rotura no impide que la falta subsista,  relee y verás.

  Pregunta: El nombre Verdad que has tomado,  ¿es una alusión a la verdad que busco?

Respuesta: Tal vez,  o al menos es un guía que te protegerá y ayudará.

Pregunta: ¿Puedo evocarte en mi hogar?

    Respuesta: Sí,  para asistirte con el pensamiento,  pero respuestas escritas en tu casa no las obtendrás antes que pase mucho tiempo.

  Pregunta: ¿Podrías venir más a menudo que una vez por mes?

  Respuesta: Sí,  pero sólo prometo una vez  por mes hasta nuevo orden.

  Pregunta: ¿Fuiste tú,  como hombre,  un personaje conocido en el mundo?

   Respuesta: Te dije que para tí soy la Verdad; este nombre,  para tí,  significa discreción; no sabrás más”.

Al regresar a su casa,  Allan Kardec se apresuró a releer lo que había escrito y,  en efecto,  pudo comprobar el grave error en que incurriera.  El plazo de un mes fijado entre una y otra comunicación del espíritu Verdad raramente se cumplió;  el espíritu se manifestó a menudo a Allan Kardec,  pero no en su casa,  durante más o menos un año no pudo recibir comunicación alguna por ningún médium,  y cada vez que esperaba recibirla se veía impedido por una causa cualquierae imprevista que venía a oponerse a ello.

El 30 de abril de 1856,  en casa del señor Roustan y por la médium señorita Japhet,  Allan Kardec recibió la primera revelación de la misión que debía cumplir;  esta advertencia,  al principio bastantes vaga,  fue precisada el 12 de junio de 1856 por la médium señorita Alicia C.   Y el 6 de mayo de 1857,  la señora  Cardone, valiéndose del examen de las líneas de la mano de Allan kardec,  le confirmó las dos comunicacionesprecedentes que ella ignoraba;  por fin,  el 12 de abril de 1860,  en casa de Dehan y con el médium señor Crozet,  tal misión fue de nuevo confirmada,  en una comunicación espontánea obtenida en ausenciade Allan Kardec. (1)

(1) Véanse las Notas Complementarias, al final.

Lo propio ocurrió con respecto a su seudónimo; numerosas comunicaciones,  llegadas de diversas partes,  vinieron a corroborar la primera comunicación tocante al asunto.

Urgido por los sucesos y por los documentos que poseía,  y alentado  con el buen éxito de El Libro de los Espíritus,  había proyectado Allan Kardec la creación de un periódico espiritista;  se dirigió al señor Tiedeman solicitándole su concurso pecunario,  pero éste no se decidió a tomar parte en la empresa;  preguntó entonces a sus guías,  el 15 de noviembre de 1857 y por intermedio de la señora E. Dufaux,  lo que debía hacer.  Se le contestó que pusiera su idea en jecución,  sin la menor inquietud.

“Me apresuré a redactar el primer número–dice Allan Kardec–e hice que apareciera el 1° de enero de 1858,  sin haberlo comunicado a nadie.  No tenía un solo suscriptor ni tampoco capitalista alguno.  Lo hice,  pues,  dispuesto a afrontar las contingencias que sobrevinieran,  y no tuve por qué arrepentirme,  pues el éxito superó mis esperanzas.  A partir del 1° de enero se sucedieron los números sin interrupción y,  como lo había previsto el Espíritu,  este periódico resultó para mí un poderoso auxiliar.

“Más tarde,  reconocía  que había sido una suerte no haber conseguido un proveedor de fondos,  ya que así era más libre,  mientras que un extraño interesado pudiera haber querido imponerme sus ideas  y su voluntad y obstar mi marcha;  solo,  no tenía que rendir cuentas a nadie, por pesada que fuera mi labor”.

Y esta tarea debía ir aunmentando siempre,  en trabajo,  en responsabilidades y en luchas incesantes contra los obstáculos,  emboscadas y peligros de toda clase;  pero,  a medida que los inconvenientes eran mayores y la lucha más áspera,  este trabajador enérgico se elevaba también a la altura de los acontecimientos,  que no le sorprendían jamás,  y durante once años,  en esta “Revista Espírita” que ,  como hemos visto,  tuvo tan modesto comienzo,  capeó él todas las tormentas,  rivalidades y envidias que por cierto no le fueron escatimadas,  conforme nos lo expresa él mismo tal cual se le anunciara cuando se le reveló la misión que debía cumplir.

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

AMELIE BOUDET

    A estas noticias tomadas de las Obras póstumas de Allan Kardec conviene agregar que,  al principio,  el señor Rivail,  lejos de ser un entusiasta de tales manifestaciones,  y absorbido además por sus otras tareas,  estuvo a punto de abanadonar aquellas,  lo cual hubiera hecho tal vez de no mediar los insistentes requerimientos de los señores Carlotti,  René Taillandier–miembro de la Academia de Ciencias–,  Tiedeman-Manthese,  Sardou padre e hijo,  y Didier,  el editor,  quienes proseguían desde hacía cinco años el estudio de estos fenómenos y habían reunido cincuenta cuadernos con diversas comunicaciones,  que no conseguían ordenar.

    Conociendo las vastas y peregrinas aptitudes de síntesis que el señor Rivail poseía,  le remitieron aquellos cuadernos mencionados,  solicitándole tomara conocimiento de su contenido y los pusiese en orden.

    Tal trabajo resultaba arduo  y exigía,  a la par,  mucho tiempo,  a raíz de los vacíos y oscuridades de las comunicaciones,  de modo que el sabio enciclopedista rehusaba una tarea tan enojosa y absorvente,  que distraería de sus otras ocupaciones.

    Una noche su espíritu protector Z tuvo con él,  por vía mediúmnica,  una comunicación completamente personal,  en la que entre otras cosas le decía haberle conocido en una vida anterior,  cuando en tiempos de los druidas vivían ambos juntos en las Galias;  en aquella época el señor Rivail se llamaba Allan kardec,  y como la amistad que había sentido por él se había acrecentado,  el le prometía ahora secundarle en la importantísima tarea para la cual se le solicitaba y que lograría llevar fácilmente a cabo.

    El señor Rivail se puso,  pues,  a la obra:  tomó los cuadernos,  los anotó con cuidado,  después de atenta lectura,  suprimió las repeticiones,  poniendo en forma correcta los dictados,   así como la relación de cada sesión,  indicó los blancos por llenar y las anfibologías que se debían esclarecer,  preparando asimismo las preguntas requeridas para obtener el resultado.

    “Hasta entonces –dice él mismo–,  las sesiones verificadas en casa del señor Baudin no tenían un objeto determinado,  y yo me propuse resolver por su intermedio las cuestiones que me interesaban desde el punto de vista de la filosofía,  la psicología y la naturaleza del mundo invisible;  llegaba yo a cada sesión, pues,  con una serie de preguntas preparadas y metódicamente ordenadas;  siempre me contestaron con precisión y profundidad y de una manera lógica.  Desde aquel momento las sesiones tuvieron muy diverso carácter;  entre los asistentes había personas serias,  que timaron por ellas vivo interés,  y que si llegaba yo a faltar estaban como desocupadas,  porque los asuntos fútiles habían perdido su atractivo para la mayoría.  Yo no tenía en vista,  primero,  más que mi propia instrucción,  pero más tarde,  cuando comprendía que todo aquello formaba un conjunto  y tomaba las proporciones de una doctrina,  tuve la idea de publicarlo para instrucción de todo el mundo.  Son las mismas cuestiones que,  sucesivamente desarrolladas y completadas constituyen la base de El Libro de los Espíritus”.