BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

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LE LIVRE DES SPIRITS EDICIÓN ORIGINAL DE 1857

En 1856,  el señor Rivail concurría a las sesiones espíritas que se realizaban en la calle Tiquetonne, en casa del señor Roustan,  con la sonámbula señorita Japhet, que obtenía mediúmnicamente comunicaciones interesantísimas  con ayuda de un cestito.  Kardec hizo “controlar” por esa médium las comunicaciones recibidas y puestas en orden con anterioridad.  Tal trabajo se efectuaba al principio en las sesiones ordinarias, pero, a petición de los espíritus y para que se hicieran con mayor cuidado y atención en el contralor,  fue proseguido en sesiones especiales.

“Aún así,  no estaba yo satisfecho de esta verificación–dice Kardec–,  pues los espíritus me la habían encarecido.  Las circunstancias me pusieron en relación con otros médiums y cada vez que tenía ocasión,  aprovechaba para proponerles algunas de las cuestiones que me parecían ser las más complejas.

Es así como más de diez médiums han prestado su ayuda en este trabajo.  De la comparación y fusión de todas estas respuestas,  coordinadas,  clasificadas y muchas veces elaboradas en el silencio de la meditación,  formé la primera edición de El Libro de los Espíritus, que apareció el 18 de abril de 1857″.

Se publicó un volúmen en cuarto,  a dos columnas,  una para las preguntas y otra para las respuestas.  En el momento de darlo a la publicidad,  el autor se halló indeciso en lo que tocaba al nombre con que debía firmarlo,  si con el de Hipólito León Denizard Rivail o recurriendo a un seudónimo.  Su nombre era bien conocido en el mundo científico por sus trabajos anteriores y podía ocasionar una confusión,  acaso obstar el buen éxito de su empresa,  por lo que resolvió firmarlo con el de Allan Kardec,  que,  a estar a lo revelado por su guía,  llevara él en tiempos de los druidas.

La obra tuvo tan notable éxito que se agotó enseguida.  Allan Kardec la reeditó en 1858 en su forma actual,  en 12,  revisada,  corregida y considerablemente aumentada.(1)

(1) La segunda edición apareció en abril de 1860;  la tercera,  en agosto de 1860,  y la cuarta,  en febrero de 1861,  lo cual equivale a tres ediciones en menos de un año.

El 25 de marzo de 1856 estaba Allan Kardec en su gabinete de trabajo compulsando sus comunicaciones y preparando El Libro de los Espíritus,  cuando oyó repetidos golpes en el tabique ;  buscó la causa de ellos sin descubrirla,  retornando enseguida a su trabajo.  Su mujer,  que hacia las 10 entraba al gabinete,  oyó también dichos golpes,  y ambos se pusieron a buscar su procedencia,  sin lograr resultado alguno.  El matrimonio Kardec habitaba entonces en la calle de los Mártires, N° 8,  en el segundo piso,  al fondo del patio.

“Al día siguiente,  estando en sesión en casa del señor Baudin–escibe Allan Kardec–,  referí el hecho y solicité una explicación:

Pregunta: ¿Ha oído lo que termino de referir: ¿podrá decirme la causa de esos golpes,  que se hicieron escuchar con tanta persistencia?

Respuesta: Era tu espíritu familiar.

Pregunta: ¿Con qué objeto golpeaba de tal manera?

    Respuesta: Quería comunicarse contigo.

Pregunta:¿Podría decirme quién es  y lo que quería de mí?

  Respuesta: Puedes preguntárselo a él mismo,  porque está aquí.

Pregunta: Espíritu familiar,  quien quiera que seas,  te agradezco haber venido a visitarme;  ¿quisieras decirme quién eres?

  Respuesta: Para tí me llamaré la Verdad,  y todos los meses estaré aquí durante un cuarto de hora a tu disposición.

Pregunta: Ayer,  cuando golpeabas mientras yo trabajaba,  ¿tenías algo en particular que decirme?

  Respuesta: Lo que tenía que decirte es referente al trabajo que hacías;  lo que escribías me desagradaba y deseaba hacerte cesar

{Nota: Lo que escribía  estaba precisamente relacionado con los estudios que hacía sobre los espíritus y sus manifestaciones].

Pregunta: Tu desaprobación  ¿se refería al capítulo que entonces escribía o al conjunto del trabajo?

Respuesta: Al capítulo de ayer,  y te hago juez;  reléelo esta noche;  reconocerás tus errores y los corregirás.

Pregunta: No estaba muy satisfecho de ese capítulo y lo he rehecho hoy,  ¿está mejor?

  Respuesta: Está mejor,  pero no lo bastante bien.  Lee desde la tercera línea hasta la trigésima y encontrarás un grave error.

   Pregunta: ¡Pero si he roto lo que escribí ayer!

Respuesta: La rotura no impide que la falta subsista,  relee y verás.

  Pregunta: El nombre Verdad que has tomado,  ¿es una alusión a la verdad que busco?

Respuesta: Tal vez,  o al menos es un guía que te protegerá y ayudará.

Pregunta: ¿Puedo evocarte en mi hogar?

    Respuesta: Sí,  para asistirte con el pensamiento,  pero respuestas escritas en tu casa no las obtendrás antes que pase mucho tiempo.

  Pregunta: ¿Podrías venir más a menudo que una vez por mes?

  Respuesta: Sí,  pero sólo prometo una vez  por mes hasta nuevo orden.

  Pregunta: ¿Fuiste tú,  como hombre,  un personaje conocido en el mundo?

   Respuesta: Te dije que para tí soy la Verdad; este nombre,  para tí,  significa discreción; no sabrás más”.

Al regresar a su casa,  Allan Kardec se apresuró a releer lo que había escrito y,  en efecto,  pudo comprobar el grave error en que incurriera.  El plazo de un mes fijado entre una y otra comunicación del espíritu Verdad raramente se cumplió;  el espíritu se manifestó a menudo a Allan Kardec,  pero no en su casa,  durante más o menos un año no pudo recibir comunicación alguna por ningún médium,  y cada vez que esperaba recibirla se veía impedido por una causa cualquierae imprevista que venía a oponerse a ello.

El 30 de abril de 1856,  en casa del señor Roustan y por la médium señorita Japhet,  Allan Kardec recibió la primera revelación de la misión que debía cumplir;  esta advertencia,  al principio bastantes vaga,  fue precisada el 12 de junio de 1856 por la médium señorita Alicia C.   Y el 6 de mayo de 1857,  la señora  Cardone, valiéndose del examen de las líneas de la mano de Allan kardec,  le confirmó las dos comunicacionesprecedentes que ella ignoraba;  por fin,  el 12 de abril de 1860,  en casa de Dehan y con el médium señor Crozet,  tal misión fue de nuevo confirmada,  en una comunicación espontánea obtenida en ausenciade Allan Kardec. (1)

(1) Véanse las Notas Complementarias, al final.

Lo propio ocurrió con respecto a su seudónimo; numerosas comunicaciones,  llegadas de diversas partes,  vinieron a corroborar la primera comunicación tocante al asunto.

Urgido por los sucesos y por los documentos que poseía,  y alentado  con el buen éxito de El Libro de los Espíritus,  había proyectado Allan Kardec la creación de un periódico espiritista;  se dirigió al señor Tiedeman solicitándole su concurso pecunario,  pero éste no se decidió a tomar parte en la empresa;  preguntó entonces a sus guías,  el 15 de noviembre de 1857 y por intermedio de la señora E. Dufaux,  lo que debía hacer.  Se le contestó que pusiera su idea en jecución,  sin la menor inquietud.

“Me apresuré a redactar el primer número–dice Allan Kardec–e hice que apareciera el 1° de enero de 1858,  sin haberlo comunicado a nadie.  No tenía un solo suscriptor ni tampoco capitalista alguno.  Lo hice,  pues,  dispuesto a afrontar las contingencias que sobrevinieran,  y no tuve por qué arrepentirme,  pues el éxito superó mis esperanzas.  A partir del 1° de enero se sucedieron los números sin interrupción y,  como lo había previsto el Espíritu,  este periódico resultó para mí un poderoso auxiliar.

“Más tarde,  reconocía  que había sido una suerte no haber conseguido un proveedor de fondos,  ya que así era más libre,  mientras que un extraño interesado pudiera haber querido imponerme sus ideas  y su voluntad y obstar mi marcha;  solo,  no tenía que rendir cuentas a nadie, por pesada que fuera mi labor”.

Y esta tarea debía ir aunmentando siempre,  en trabajo,  en responsabilidades y en luchas incesantes contra los obstáculos,  emboscadas y peligros de toda clase;  pero,  a medida que los inconvenientes eran mayores y la lucha más áspera,  este trabajador enérgico se elevaba también a la altura de los acontecimientos,  que no le sorprendían jamás,  y durante once años,  en esta “Revista Espírita” que ,  como hemos visto,  tuvo tan modesto comienzo,  capeó él todas las tormentas,  rivalidades y envidias que por cierto no le fueron escatimadas,  conforme nos lo expresa él mismo tal cual se le anunciara cuando se le reveló la misión que debía cumplir.