LAS OBRAS PRINCIPALES DE ALLAN KARDEC por J O C E LY N E C H A R L E S LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013

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En 1854, Hippolyte Léon Denizard Rivail oyó hablar
por primera vez de las mesas giratorias y asistió luego
a sesiones de espiritismo. Las cosas hubieran podido
quedar allí, de no ser por la intervención de un grupo
de investigadores que le pidió examinar cincuenta
cuadernos de comunicaciones diversas. Algunos de
ellos lo conocían, así como los manuales escolares que
había escrito; apreciaban su capacidad para explicar
sencillamente las cosas complicadas, y para sintetizar
las tesis más confusas. En esos cuadernos, y en las
comunicaciones obtenidas por diferentes medios, Allan
Kardec iba a descubrir una enseñanza. Así codificaría el
espiritismo. He aquí algunas de sus obras, muy sucintamente
presentadas.
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
Son esos cuadernos, completados
por otras comunicaciones, lo que
forma la base de El Libro de los Espíritus
publicado en 1857. Según
H.L.D. Rivail, convertido en Allan
Kardec, se trata de: “la primera obra
que hace entrar al espiritismo en el
camino filosófico por la deducción
de las consecuencias normales de los hechos”, y que “data
la época del espiritismo filosófico que hasta allí permanecía
en el dominio de los fenómenos de curiosidad”. Esta
obra maestra echa las bases del espiritismo, utilizando
las respuestas de los espíritus; ese es el principio mismo
del libro. Allan Kardec utiliza la forma de preguntas y
respuestas. La obra comienza con una introducción al
estudio de la doctrina espírita en la que plantea todos
los grandes principios y responde ya a todas las objeciones
posibles en diecisiete párrafos cuidadosamente
elaborados. Comienza por echar las bases de un vocabulario
adecuado, e indica en primer lugar que en
adelante utilizará la palabra Espiritismo para diferenciar
la doctrina espírita de toda otra teoría espiritualista.
Y el adepto del espiritismo deviene en espírita. Al final
de esta introducción, Allan Kardec presenta El Libro de
los Espíritus como una enseñanza de los espíritus de los
cuales él sería apenas el modesto portavoz: “Este libro
no tendría como resultado sino mostrar el lado serio de la
cuestión, y estimular estudios en este sentido, eso ya sería
mucho, y nos felicitaríamos por haber sido elegidos para
cumplir una obra de la que, por lo demás, no pretendemos
extraer ningún mérito personal, pues los principios que
encierra no son de nuestra creación; el mérito completo es
pues de los espíritus que lo dictaron. Esperamos que tenga
otro resultado, el de guiar a los hombres deseosos de ilustrarse,
mostrándoles, en estos estudios, un objetivo grande
y sublime: el del progreso individual y social, e indicarles el
camino a seguir para alcanzarlo”.
La obra está dividida en cuatro grandes partes:
– Las causas primeras
– Mundo espírita o de los espíritus
– Leyes morales
– Esperanzas y consuelos.
En el libro primero, el autor se dedica a poner en
evidencia la existencia de Dios. Hay, en esta parte, capítulos
sobre la creación, el universo y el principio vital.
El libro segundo comprende todas las definiciones y
atributos del espíritu y del periespíritu, indicando los
procesos de la encarnación y la reencarnación, dentro
de la pluralidad de las existencias y de los mundos. Esta
parte incluye también las diferentes manifestaciones
de los espíritus según sus niveles de evolución y la
influencia que pueden tener sobre los humanos y sobre
nuestro mundo.
El libro tercero abarca las leyes divinas o naturales. Se
encuentran en él todos los grandes principios humanistas
de la marcha del progreso, dentro de consideraciones
sobre las leyes de igualdad, libertad, justicia,
amor y caridad.
En el libro cuarto, las nociones de penas, recompensas,
pruebas o expiaciones, nos parecen hoy mal adaptadas
en una connotación que podría hacer pensar en
temas de moral religiosa. Y sin embargo, esta parte del
libro dedica justamente una argumentación que busca
limitar bien la moral espírita de las nociones de cielo,
purgatorio e infierno del catolicismo. Aunque hoy en
día ciertos términos empleados suenen bastante mal
a nuestros oídos, el fondo mismo de las palabras en
referencia a una moral inmanente y universal, conserva
todo su valor.
Finalmente, la conclusión de El Libro de los Espíritus
subraya la diferencia entre el espiritismo y el materialismo.
El autor hace alarde de una confianza en el
porvenir que verá un día el triunfo del espiritismo sobre
la Tierra.
En El Libro de los Espíritus se encuentran respuestas
firmadas por san Luis, san Agustín, Fenelón, Lamennais,
Platón y san Vicente de Paul. El Libro de los Espíritus
contiene las respuestas de los espíritus a más del mil
preguntas sobre Dios, el universo, los ángeles, la reencarnación,
los sueños, la telepatía, la oración, las guerras,
las desigualdades, la libertad, la justicia, el suicidio, el
egoísmo, el amor, etc.
EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS
Luego de El Libro de los Espíritus,
Allan Kardec escribe una obra
sobre la mediumnidad. Hace una
meticulosa descripción de los
posibles escollos y peligros que
podrían acechar a los médiums,
en el caso de que las condiciones
serias, que imperativamente
deben rodear una sesión digna de ese nombre, no
fueran cumplidas. Dice además en la introducción:
“Todos los días la experiencia nos confirma en esta opinión,
de que las dificultades y chascos que se encuentran en la
práctica del espiritismo, tienen su fuente en la ignorancia
de los principios de esta ciencia, y estamos felices de haber
sido capaces de comprobar que el trabajo que hemos
hecho para prevenir a los adeptos contra los escollos de un
noviciado, ha dado sus frutos, y que mucho han debido a
la lectura de esta obra, para haber podido evitarlos”.
El Libro de los Médiums consta de dos grandes partes.
En la primera parte, Allan Kardec pasa revista a las
“Nociones preliminares” del mundo espírita: trata de la
existencia de los espíritus, de lo sobrenatural y lo maravilloso,
del método de proceder con los materialistas y
los escépticos.
Escribe: “Desde el momento en que se admite la existencia
del alma y su individualidad después de la muerte… es
preciso admitir también que goza de la conciencia de sí
misma… ahora queda la cuestión de saber si el espíritu
puede comunicarse con el hombre, es decir, si puede intercambiar
pensamientos con él”.
La facultad mediúmnica puede revestir el abrigo del
misterio, de la inaccesibilidad, incluso de lo paranormal,
pero el autor explica que para la mayoría de las personas
“lo maravilloso” es “lo sobrenatural”, o sea, algo que
sobrepasa lo natural. Allan Kardec dice entonces: “Qué
es lo sobrenatural, sino lo natural aún no comprendido
por todos”. Gracias al espiritismo, a la vez ciencia y filosofía,
el velo de la ignorancia se levantará y así permitirá
comprender, explicar y revelar los mecanismos naturales
de la mediumnidad.
La segunda parte es la más importante. El autor nos
expone un gran número de informes de manifestaciones
diversas autenticadas por múltiples testigos, que
van del hombre de la calle al cura de la aldea, pasando
por los magistrados o la gendarmería. Estas manifestaciones,
independientes o provocadas, se expresan
de diversas maneras: ruidos, movimientos, desplazamiento
de cuerpos sólidos o apariciones. Un capítulo
explica la naturaleza de las comunicaciones espíritas.
Las más importantes son los golpecitos, la palabra y la
escritura. Luego, Allan Kardec define la mediumnidad
y sus variedades (escritura automática, clariaudiencia,
clarividencia mediúmnica…), el papel de los médiums
en la comunicación espírita y su formación, precisa que
hay inconvenientes y hasta peligros en la mediumnidad.
Los capítulos siguientes tratan de la obsesión y la
identidad de los espíritus, así como de las evocaciones
y las reuniones en general. En cuanto a la identidad de
los espíritus, el autor indica: “No hay otro criterio para
discernir el valor de los espíritus que el sentido común.
Pues se juzga a los espíritus como se juzga a los hombres,
a su lenguaje y a sus acciones, lo mismo que a los sentimientos
que inspiran”. El Libro de los Médiums, publicado
en 1861, sigue siendo hoy en día el libro de referencia,
aun cuando es cierto que algunos términos empleados
hace más de 150 años están, a veces, pasados de moda;
su contenido no deja por ello de estar siempre de actualidad.
VIAJE ESPÍRITA
En 1862 Allan Kardec escribe Viaje
Espírita. Allí define entonces lo que
deben ser los verdaderos espíritas,
los espíritas cristianos, es decir, “los
que aceptan por sí mismos, todas
las consecuencias de la fórmula
espírita, cuya moral practican o se
esfuerzan por practicar”. En cuanto
a la filosofía espírita, recuerda allí los beneficios esenciales.
Porque es reencarnacionista, permite al hombre,
con lógica y coherencia, considerar su porvenir de
manera más serena, permitiéndole comprender mejor
la razón de sus males, dándole la certeza de no estar
separado definitivamente de los seres que le son
queridos, y la de que la comunicación con el espíritu no
puede sino volver a los hombres, mejores los unos para
con los otros. Tiene igualmente como objetivos rehabilitar
el espiritismo practicado seriamente, denunciar
a sus detractores pero también las falsificaciones y el
charlatanismo, recordando que “la verdadera profanación
es entretenerse con los desencarnados, con ligereza,
de manera irreverente o por especulación”. Insiste en la
dignidad y la seriedad de las que debe rodearse el espiritismo.
No olvidemos que esta obra fue escrita en el siglo XIX y
que los términos utilizados en esa época ya no tienen
totalmente el mismo sentido hoy. Si dan la impresión de
tener una connotación religiosa (caridad, abnegación,
humildad), es sin embargo en el sentido moderno de
compartir, devoción y justicia que las emplea Allan
Kardec.
LA GÉNESIS SEGÚN
EL ESPIRITISMO
Muy lejos de las teorías bíblicas
respecto a la creación del mundo
y del hombre, esta obra publicada
en enero de 1868, aborda numerosos
temas que tratan del sentido
de la vida y de sus orígenes. Todos
sin excepción han sido puestos en
relación con las nuevas leyes que derivan de la observación
de los fenómenos espíritas de la época. A partir
de esta observación, dos elementos parecen regir el
universo: el elemento espiritual y el elemento material.
Así pues, el espiritismo, demostrando la existencia del
mundo espiritual y sus relaciones con el mundo material,
explica muchos fenómenos incomprendidos.
El primer capítulo se titula Caracteres de la revelación
espírita. ¿Puede considerarse el espiritismo como una
revelación? He aquí algunos elementos de respuesta:
“… Por su naturaleza, la revelación espírita tiene un doble
carácter: tiene a la vez de la revelación divina y de la revelación
científica”. “… Lo que caracteriza a la revelación espírita,
es que la fuente es divina, que la iniciativa pertenece a
los espíritus, y que la elaboración es obra del hombre”.
El segundo capítulo está dedicado a la existencia de
Dios. Allan Kardec, por medio de una argumentación
sin falla, comprende de una manera simple y coherente
el concepto de un creador, despojado al fin de
toda impregnación y concepción religiosa. A título de
ejemplo, he aquí algunas frases extraídas de este capítulo:
“Todo efecto inteligente debe tener una causa inteligente.
(…) Echando una mirada a su alrededor, sobre las
obras de la naturaleza, observando la previsión, sabiduría
y armonía que las preside a todas, se reconoce que no hay
ninguna que no sobrepase el más alto nivel de la inteligencia
humana. Desde que el hombre no puede producirlas,
es porque ellas son producto de una inteligencia
superior a la humanidad, a menos que se diga que hay
efectos sin causa”.
En el transcurso de la obra, Allan Kardec expone
todas las teorías científicas de la época, que ya trastornan
las concepciones bíblicas del Génesis. Se
atiene a los descubrimientos de su tiempo e integra
a ellos las nociones de espíritu y divinidad, precisando
muy prudentemente que ciertas tesis no son
forzosamente definitivas y que el futuro se encargará
de corregirlas. Sobre el plano filosófico, expone en
diferentes capítulos temas que a menudo han dado
lugar a interpretaciones religiosas como por ejemplo,
el origen del bien y el mal, la vida universal, la diversidad
de los mundos, el diluvio bíblico, etc.
La última parte de la obra está dedicada a los milagros
y predicciones de Jesús. A la luz del espiritismo,
Allan Kardec desmitifica el milagro para introducirlo
en el orden de los fenómenos naturales. Las observaciones
y experiencias espíritas ponen en evidencia
fenómenos semejantes a aquellos referidos por los
evangelistas, a partir de lo cual Allan Kardec reinterpreta
los prodigios del profeta que, por extraordinarios
que fueran, no estaban en contradicción
con las leyes naturales. Recurriendo al magnetismo,
el sonambulismo, la catalepsia, la clarividencia o la
mediumnidad, los milagros se vuelven hechos paranormales
o mediúmnicos que fueron comprendidos
como hechos naturales a partir del advenimiento del
espiritismo. En este capítulo se abordan temas como:
Superioridad de la naturaleza de Jesús, Ensueños,
Estrella de los Magos, Doble vista, Curaciones, Endemoniados,
Resurrección, desaparición del cuerpo de
Jesús…
Entre sus obras, citaremos también:
¿Qué es el espiritismo? (1859): este libro corresponde
al deseo de Allan Kardec de “presentar dentro
de un marco restringido, la respuesta a algunas de las
preguntas fundamentales que nos son formuladas
diariamente (…)”
El Evangelio según el Espiritismo (1864) en que el
autor analiza en veintiocho capítulos las máximas
morales de los Evangelios y las aplicaciones espíritas
de la enseñanza del Cristo.
El Cielo y el infierno (1865) que trata de la muerte, el
cielo y el infierno, el purgatorio, las penas eternas, los
ángeles y los demonios, nociones religiosas revisadas
y corregidas a la luz del espiritismo.
La obsesión
Esta obra reúne extractos de Revistas Espíritas de 1858
a 1868. Se trata de testimonios sobre los fenómenos
de influencia de un espíritu sobre una persona. Allí se
distingue la obsesión simple de la fascinación y de la
subyugación según el grado de la influencia nefasta
de un espíritu sobre un humano. Las experiencias
relatadas ponen en evidencia el estado crítico en que
se encuentran los protagonistas que sufren, muy a su
pesar, la influencia de espíritus malévolos.
Lejos de haber dicho todo acerca de la riqueza de las
obras de Allan Kardec, concluiremos con la importancia
de los trabajos que él realizó en su tiempo, la
claridad de sus palabras y sus argumentaciones. Él no
poseía ninguna facultad mediúmnica, y sin embargo,
podríamos decir que fue, a su manera, uno de los más
grandes intermediarios del mundo de los espíritus.

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenBORDEAUX, FRANCE. 1800

    Dando cuenta del estado del Espiritismo en Burdeos,  Allan Kardec se expresa así:

    “Revista Espírita”,  1861,  pág. 327.- “Si Lyon ha hecho lo que se pudiera llamar su “pronunciamiento” en lo que toca al Espiritismo,  Burdeos no le ha quedado en zaga,  pues quiere también alcanzar un puesto de vanguardia en la gran familia.  No ya en años sino en pocos meses ha tomado la doctrina allí proporciones importantes en todas las clases sociales.  Notemos primeramente un hecho capital,  y es que en Burdeos,  como en Lyon y en muchas otras ciudades que visitamos,  hemos visto encarar la doctrina desde el punto de vista más serio y en sus aplicaciones morales;  allí como en otras partes presenciamos innumerables transformaciones,  verdaderas metamorfosis  de caracteres que se han tornado irreconocibles;  personas que no creían en nada,  impulsadas a las ideas religiosas por la certidumbre del futuro,  ahora palpables para ellas.  Esto da la medida del ambiente que reina en tales reuniones espiritistas,  a la sazón multiplicadas.

    “En todas aquellas a que hemos asistido echamos de ver el recogimiento más edificante y un ambiente de benevolencia mutua entre los asistentes;  nos sentimos allí en un medio simpático,  que inspira confianza”.

    Dirigiéndose al público bordolés,  que le es tan simpático,  y queriendo testimoniarle su gratitud.  Allan Kardec dice: “Revista Espírita”1861, pág. 340.– Si me siento felíz ante esta cordial acogida,  es porque veo en ella un homenaje tributado a la doctrina que profesamos y a los bondadosos espíritus que nos la enseñan,  antes que a mí personalmente,  que sólo soy un instrumento en manos de la Providencia.  Convencido de la verdad de esta doctrina y del bien que está llamada a producir,  he tratado de coordinar sus elementos,  me he forzado por tornarla clara e inteligible para todos;  es la parte que de ella me corresponde,  por eso no me he considerado jamás como su creador;  el honor corresponde a los espíritus;  de modo que únicamente a ellos deben ustedes testimoniar su gratitud;  sólo acepto yo los elogios que me hacen como un estímulo para proseguir mi tarea con preseverancia.

    “En los trabajos que he llevado a cabo para alcanzar el objeto que me propuse,  sin duda alguna he sido auxiliado por los espíritus,  como ellos mismos me los han manifestado en diversas ocasiones;  pero,  eso sí,  sin el menor signo exterior de mediumnidad.  No soy,  pues,  médium en el sentido corriente de la palabra,  y comprendo hoy que es una suerte para mí que así sea.  Con una mediumnidad efectiva,  habría escrito bajo una misma influencia;  hubiera sido llevado a aceptar como verdad solamente aquello que se me hubiera comunicado,  aunque significara un error,  en tanto que en mi posición convenía que dispusiera yo de completa libertad para tomar lo bueno de donde lo encontrase y viniera de donde viniese;  he podido,  en consecuencia,  hacer una selección de las diversas enseñanzas con entera imparcialidad.  He visto,  estudiado y observado mucho,  pero siempre con serenidad,  y no ambiciono otra cosa que ver mi experiencia aprovechada por los demás,  a los cuales me siento feliz de poder evitarles los escollos inseparables del noviciado.

    “Si es cierto que he trabajado mucho y continúo trabajando todos los días,  estoy ampliamente recompensado por el tan rápido desarrollo de la doctrina,  cuyos progresos sobrepasan todo lo que era de esperar,  y por resultados que produce,  y me siento dichoso al comprobar que la ciudad de Burdeos no sólo queda a la zaga de este movimiento sino que se dispone a marchar a la cabeza,  así por el número como por la calidad de sus adeptos.  Si consideramos que el Espiritismo debe su propagación a sus propias fuerzas,  no al apoyo de ninguno de los auxiliares que ordinariamente determinan los éxitos,  y a pesar de los esfuerzos de una oposición sistemática o,  más bien,  a causa de tales esfuerzos,  no podemos que ver en ello la mano de Dios.

    “Si sus enemigos –los del Espiritismo– son poderosos y no han podido sin embargo paralizar su vuelo,  hay que convenir entonces en que es él más potente que aquéllos y que,  como la víbora de la fábula,  tales adversarios emplean en vano sus dientes contra una lima de acero”.

    “Revista Espírita”, 1861,  pág. 341.- “La fuerza del Espiritismo tiene dos causas preponderantes:  la primera es que torna felices a aquellos que lo conocen,  comprenden y practican;  ahora bien,  como existen muchas personas desdichadas,  obtiene numerosos adeptos entre los sufrientes.  ¿Se quiere arrebatarle este elemento de propagación?  Entonces,  hágase a los seres humanos de tal modo dichosos,  en lo moral y material,  que no tengan ya nada que desear,  ni en este mundo ni en el otro;  no pedimos más,  puesto que nuestro objeto habrá sido alcanzado”.

    “La segunda causa reside en que no se apoya el Espiritismo en ningún hombre a quien se pueda abatir,  pues no tiene un único foco,  que sea posible extinguir;  su hogar está en todas partes,  ya que por doquiera hay médiums que pueden comunicarse con los espíritus;  no existe familia que no lo posea en su seno,  con lo que se cumplen las palabras de Cristo: “Vuestros hijos e hijas profetizarán y tendrán visiones”;  y porque,  finalmente,  el Espiritismo es una idea,  y no hay barreras impenetrables para la idea,  ni lo bastante altas que no las pueda ella atravesar.  A Cristo se le mató,  y sus apóstoles y discípulos fueron igualmente muertos,  pero Cristo había sembrado en el mundo la idea cristiana y ella ha triunfado de la persecusión de los omnipotentes césares”.

    “Revista espírita”, pág. 343.-Si los enemigos externos nada pueden contra el Espiritismo,  no sucede lo mismo con los que están dentro;  quiero decir los que sólo de nombre son espiritistas y no por las acciones;  ello sin hablar de los que del Espiritismo tienen únicamente la máscara. El lado más bello del Espiritismo es su faz moral,  y por ésta triunfará,  pues allí radica su fuerza,  que lo hace invulnerable.  Ostenta en su bandera el lema de Amor y Caridad,  y ante este escudo,  más poderoso que el de Minerva,  pues viene del Cristo,  la misma incredulidad se inclina.  ¿Qué se puede pensar de una doctrina que lleva a los hombres a amarse como hermanos?  Si no se admite la causa,  al menos se respetarán sus efectos;  ahora bien,  el mejor medio de probar la realidad del efecto es aplicarlo en uno mismo,  mostrando a los enemigos de la doctrina,  con el propio ejemplo,  que ella torna realmente mejor al hombre;  pero ¿cómo hacer creer que un instrumento es capaz de producir armonía,  si se extraen de él sonidos discordantes?

    “Igualmente,  ¿cómo convencer de que el Espiritismo debe conducir a la concordia,  si aquellos que lo profesan o que se considera que lo profesan–lo cual es la misma cosa para nuestros adversarios–también se arrojan piedars entre sí,  y si una simple susceptibilidad de amor propio,  de precedencia,  basta para dividirlos?  ¿No es ésta una manera de anular el propio argumento?  Los enemigos más peligrosos del Espiritismo son,  pues,  aquellos que le hacen mentir,  no practicando la ley que ellos mismos proclaman.  Fuera puerilidad sembrar disidencia tan sólo por matices de opinión;  habría evidente malevolencia,  olvido del primer deber del verdadero espiritista,  si se alejara a uno por una cuestión personal,  ya que el sentimiento de la personalidad es fruto del orgullo y el egoísmo”.

    “Revista Espírita”,  1860,  pág. 299.-“Los adversarios–del Espiritismo–lo combaten sólo porque no lo comprenden;  y compete a nosotros,  a los verdaderos espiritistas a quienes bemos en el Espiritismo otra cosa que experiencias más o menos curiosas,  el hacer que lo comprendan y el difundirlo predicándolo con el ejemplo tanto como mediante la palabra.  El Libro de los Espíritus tuvo por resultado el de hacer ver el alcance filosófico de la doctrina;  si este libro tiene algún mérito,  fuera presuntuoso de mi parte glorificarme por él,  pues la doctrina que encierra no es en modo alguno creación mía;  todo el honor del bien que él ha producido corresponde a los espíritus sabios que lo dictaron y que de mí quisieron servirse.  Puedo,  pues,  escuchar el elogio del libro sin que mi modestia se sienta herida ni mi amor propio exaltado por él.  De querer yo sacar partido de la obra,  seguramente me hubiera atribuído su concepción en lugar de achacarla a los espíritus;  y si se pudiera dudar de la superioridad de los que en él han cooperado,  bastaría considerar la influencia que ha ejercido en tan poco tiempo,  por el solo poder de la lógica y sin ninguno de los medios materiales propios para excitar la curiosidad.”

   

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

 

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EL MAESTRO ALLAN KARDEC

    POLÉMICA ESPIRITISTA

    “Revista Espírita”, 1858,  pág 291.-“Se nos ha preguntado muchas veces por qué no respondíamos en nuestro periódico a los ataques de ciertas hojas periodísticas,  dirigidos contra el Espiritismo en general,  contra sus adherentes y a veces incluso contra nosotros.  Creemos que,  en algunos casos,  la mejor respuesta es el silencio.  Además,  hay una clase de polémica de la cual nos hemos obligado a abstenernos,  y es la que puede degenerar en personal;  no solamente nos repugna,  sino que dedicarle un tiempo que podemos emplear más útilmente,  y resultaría muy poco interesante para nuestros lectores,  que se suscriben para instruirse y no para leer diatribas más o menos ingeniosas,  y como una vez iniciados en esta vía nos sería difícil salir de ella,  preferimos no entrar y pensamos que el Espiritismo gana con ello su dignidad.

    “Hasta el presente,  hemos de congratularnos por nuestra moderación,  de la que no nos desviaremos,  y no daremos jamás satisfacción a los aficionados  al escándalo”.

    “Revista Espírita”, 1858, pág. 294.- “Hagamos notar incluso que entre los críticos  hay muchos que hablan desconociendo la cuestión,  sin haberse tomado el trabajo de profundizarla;  para contestarles,  fuera preciso volver sin cesar a reiterar las explicaciones más elementales y repetir lo que hemos escrito ya,  cosa que consideramos  inútil.

    “No ocurre lo mismo con aquellos que han estudiado pero no han comprendido del todo,  los que seriamente desean iluminarse y que plantean objeciones con conocimiento de causa y buena fe;  en este terreno aceptamos la controversia,  sin jactarnos de resolver todas las dificultades,  lo que sería por demás presuntuoso.  La ciencia espírita está en sus principios y no nos ha dicho  aún todos sus secretos,  por más prodigios que nos haya mostrado.  ¿Qué ciencia no tiene hechos todavía misteriosos e inexplicados? Confesaremos, pues,  sin avergonzarnos,  nuestra insuficiencia sobre todo aquello a lo cual no nos sea posible responder.  Así,  en vez de rehusar las objeciones y preguntas,  las solicitamos,  con tal que no sean ociosas y no nos hagan perder nuestro tiempo en futilidades,  porque no es éste un medio de esclarecimiento.

    “He aquí lo que llamamos una polémica útil,  y lo será siempre que se lleve a cabo entre personas serias que se respeten lo bastante para no alejarse de la formalidad.  Se puede pensar de diferente modo sin que sea ello motivo de  la disminución de la recíproca estima”.

    DIATRIBAS

    “Revista Espírita”,  1859, pág. 67 .-“Diremos de igual modo muy poco en lo que personalmente nos toca;  si aquellos que nos atacan ostensiblemente o solapadamente creen turbarnos,  pierden su tiempo;  si piensan que nos obstruyen el camino,  se equivocan también,  puesto que no pedimos nada y sólo aspiramos a ser de utilidad,  en el límite de las fuerzas que nos ha conferido Dios;  y por modesta que sea nuestra posición,  estamos satisfechos con ella,  aunque puedan muchos considerarla mediocre; no ambicionamos jerarquía,  fortuna ni honores;  no buscamos nada,  ni la sociedad,  ni sus placeres;  aquello que no podemos poseer no nos ocasiona ninguna pena,  le miramos con la más completa indiferencia;  son cosas de que no gustamos y,  por tanto,  no a quienes  poseen tales ventajas,  si las tienen en verdad–lo cual constituye para nosotros un interrogante,  pues los pueriles goces de este mundo no aseguran una mejor situación en el más allá–;  nuestra existencia es toda ella de labor y de estudio,  consagrando al trabajo hasta los instantes de reposo;  no hay,  pues,  por qué envidiarnos.  Llevamos,  como lo hacen tantos otros,  nuestra piedra al edificio que se eleva,  pero nos abochornaríamos de hacer con ella un peldaño para subir adonde sea;  que otros aporten más que nosotros,  que trabajen tanto como nosotros y aún mejor,  lo veremos con sincera alegría;  lo que anhelamos,  ante todo,  es el triunfo de la verdad,  venga de donde viniere,  ya que no tenemos la pretensión de poseer solo la luz;  si alguna gloria debe redundar de ella,  el campo está abierto para todos  y tenderemos la mano a cuantos en este rudo camino nos sigan lealmente,  con abnegación y sin segundas intenciones de carácter personal.

    “Bien se nos alcanzaba que al enarbolar abiertamente la bandera de las ideas que propagamos, desafiando los prejuicios,  nos atraeríamos enemigos siempre prontos a disparar dardos envenenados contra quienquiera que alce la frente y se ponga a la luz;  pero una diferencia hay entre ellos y nosotros,  y es que no les deseamos el mal que procuran hacernos,  porque nosotros desempeñamos el rol de la debilidad humana  y en esto en lo que creemos ser superiores a ellos, en tanto,  se desciende con la envidia,  el odio,  celos y demás pasiones mezquinas,  nos elevamos  mediante el olvido de las ofensas.  Tal es la moral espírita y ¿no vale como la de quienes despellejan al prójimo?  Es la que nos han dictado los Espíritus que nos asisten,  y puede por ella juzgarse si son buenos o malos. Dicha moral nos muestra las cosas de lo alto tan grandes y las de la tierra tan pequeñas,  que no podemos menos que condolernos de aquellos que voluntariamente se torturan por proporcionar una efímera satisfacción a su amor propio”.

    La Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas se había fundado  el 1° de abril de 1858.  Hasta entonces las reuniones habían tenido lugar en la casa de Allan Kardec en la calle de los Mártires,  con la señorita E. Dufaux como médium principal; su sala podía contener de quince a veinte personas,  pero se reunieron pronto más de treinta.  Encontrándose,  pues,  harto estrechos,  y no queriendo imponer todas las cargas a Allan Kardec,  algunos de los concurrentes propusieron formar una Sociedad Espírita y alquilar un local donde pudieran efectuarse las reuniones.  Pero,  para poder reunirse era menester ser reconocido por la Prefectura y estar por ella autorizado.  El señor Dufaux,  que personalmente conocía al Prefecto de policía, se encargó de las gestiones del caso,  y gracias al Ministro del Interior,  general X,  que se mostraba favorable a las nuevas ideas.  se obtuvo en quince días la autorización,  que por vía ordinaria hubiera demandado meses y sin muchas  perspectivas de conseguirla.

    “La Sociedad quedó entonces regularmente constituída,  reuniéndose todos los martes en el local que había alquilado en el Palacio Real,  galería Valois.  Estuvo allí un año,  desde el 1° de abril de 1858 hasta el 1° de abril de 1859.

    “No habiendo podido permanecer allí más tiempo,  comenzó a reunirse todos los viernes en uno de los salones del restaurante Douix,  en la galería Montpensier del mismo Palacio Real,  desde el 1° de abril de 1859 hasta el 1° de abril de 1860,  fecha en que se instaló en su local de la calle y pasaje Santa Ana,  N° 59”.

    Después de dar cuenta de las condiciones en que la Sociedad se había formado y de la labor que ha debido cumplir,  Allan Kardec se expresa así (“Revista Espírita”,  1859,  pág. 169).

    “Aporté a mis funciones,  que puedo calificar de laboriosas,  toda la exactitud y fervor de que he sido capaz;  desde el punto de vista administrativo,  me esforcé por mantener en las sesiones un orden riguroso,  dándoles un carácter de gravedad sin el cual el prestigio de asamblea seria hubiera pronto desaparecido.  Ahora cuando mi tarea ha terminado y se ha dado el inconveniente impulso,  debo participarles la resolución que he tomado,  de renunciar a toda clase de función futura en la Sociedad,  incluyendo la de director de estudios;  sólo ambiciono un título y es el de simple miembro,  con el que siempre me sentiré felíz y honrado.  El motivo de mi determinación lo constituye la multiciplidad de mis trabajos,  que a diario aumentan debido a mis muchas relaciones,  pues,  además de los que ustedes conocen,  preparo otros más importantes,  que exigen extensos y laboriosos estudios que no absorberán  menos de diez años;  ahora bien,  los trabajos de la Sociedad requieren mucho tiempo,  ya sea para la preparación o bien la coordinación y correspondiente corrección.  Exigen una dedicaión a menudo perjudicial para mis ocupaciones personales y que hace indispensable la iniciativa casi exclusiva que ustedes me han dejado.  Por esta causa,  señores,  debí manifestar con tanta frecuencia que lamentaba que los tan esclarecidos miembros que nos acompañan nos privasen de sus luces.  Hace mucho que deseo renunciar a mis funciones,  lo cual he expresado en diversas circunstancias de modo muy explícito,  tanto aquí como particularmente a varios de mis colegas,  y en especial al señor Ledoyen.  Lo hubiera hecho antes a no ser por el temor de que mi actitud diera lugar a inconvenientes para la Sociedad.  Alejándome a mediados de año,  se hubiera podido creer que se trataba de una defección,  y no había que dar la satisfacción a nuestros adversarios.  He cumplido,  pues,  mi tarea hasta su término,  pero hoy,  cuando estos motivos no existen ya ,  me apresuro a participarles mi resolución,  afin de no trabar la elección que lleven a cabo.  Es justo que cada cual tenga su parte en las cargas como en los honores”.

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

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LA REVUE SPIRITE

    Esta comunicación,  así como las reflexiones que Allan Kardec ha dejado anotadas,  nos demuestran cuán poco halagueña era la situación de la época,  lo que pone de relieve asimismo el valor del fundador del Espiritismo y su mérito por haber triunfado.  Hela aquí:

    Médium: señorita C.,  12 de junio de 1856. (1)

    “Pregunta:  ¿Cuáles son las causas que pudieran hacerme fracasar?  ¿Sería incapacidad de mi parte?

    (1) Se encontrará el principio de esta comunicación en las Notas Complementarias del final del volumen. Búsquese por la fecha. [E]

    “Respuesta: No,  pero la misión de los reformadores llena está de escollos y peligros;  la tuya es ruda,  te lo prevengo,  pues se trata de remover y transformar al mundo entero.  No creo que te sea suficiente publicar un libro,  dos o diez,  y quedarte tranquilamente en tu hogar.  No.  Habrás de exponerte personalmente,  porque levantarás contra tí odios terribles;  encarnizados enemigos se conjurarán para perderte,  serás el blanco de la calumnia y la traición,  aun de aquellos que te parecieron más adictos;  tus mejores instrucciones,  serán  tergiversadas y desnaturalizadas;  más de una vez sucumbirás bajo el peso de la fatiga;  en una palabra,  es una lucha constante la que tendrás que sostener,  sacrificando tu resposo,  tranquilidad,  salud y aun tu vida,  pues no vivirás mucho.

    ” Y bien,  no importa un retroceso en el que,  en lugar de una ruta florida,  encuentra uno a su paso sólo zarzales,  piedras agudas y serpientes.  Para estas misiones no es suficiente la inteligencia.  En primer término es menester,  para agradar a Dios,  la humildad,  modestia y desinterés,  pues Él abate a los orgullosos y presuntuosos.

    “Para luchar contra los hombres se necesita valor,  perseverancia y una inquebrantable firmeza;  es preciso también ser prudente y poseer tacto para conducir las cosas convenientemente y no comprometer su éxito a causa de medidas o palabras intempestivas;  es indispensabe,  por último,  devoción  abnegación,  y estar pronto para cualquier sacrificio.

    “Ves, por consiguiente,  que tu misión está subordinada a condiciones que dependen de tí.

    “El Espíritu de Verdad”

    “Nota: [Es Allan Kardec que se expresa así]  Escribo esta nota el 1° de enero de 1867,  diez años y medio después de habérseme dado esta comunicación,  y compruebo que ella se ha realizado en todos sus puntos,  pues pasé por todas las vicisitudes que allí se me anunciaron.  He sido el blanco del odio de enemigos encarnizados,  de la injuria y la calumnia,  de la envidia y los celos; infames libelos se publicaron contra mí; mis mejores instrucciones fueron desnaturalizadas;  he sido traicionado por personas en quienes deposité mi confianza y me han pagado con ingratitud aquellos a quienes beneficiara.

    “La Sociedad Parisiense ha sido un centro de intrigas continuas de parte de aquellos que decían estimarme pero que,  mientras me presentaban buena cara de frente,  me difamaban por la espalda.

    “Decían que los que adoptaban mi doctrina eran pagados por mí con dinero que mediante el Espiritismo recibía.  No he conocido ya el descanso;  más de una vez sucumbí por exceso de trabajo;  mi salud se alteró y mi propia vida ha peligrado.

    “Sin embargo,  merced a la protección y asistencia de los buenos espíritus,  que sin cesar me han dado pruebas elocuentes de solicitud,  me felicito al pensar que no he tenido un solo instante de desfallecimiento ni de desánimo y que constantemente he continuado mi tarea con el mismo fervor,  sin preocuparme de la malevolencia de que era objeto.  Según la comunicación  del Espíritu de Verdad,  debía esperarme todo esto,  y todo se verificó”.

    Cuando sabemos de todas estas batallas,  de las muchas ignominias de que Allan Kardec fue blanco,  ¡cuánto se engrandece a nuestros ojos y qué mérito y esplendor adquiere su brilante futuro!

    ¿Qué se ha hecho de esos envidiosos,  de esos pigmeos que trataban de cerrarle  el paso?  El nombre de la mayor parte de ellos es desconocido o no despierta el menor recuerdo;  el olvido los recobró,  amortajándolos para siempre entre sus sombras,  mientras que el nombre de Allan Kardec,  valiente luchador,  pionero audaz,  pasará a la posteridad con su tan legítimamente conquistada aureola de gloria.

    He aquí cómo encaraba Allan Kardec la lucha por el triunfo del Espiritismo y de qué modo quería,  predicando con el ejemplo,  que los espiritistas respondan a los ataques de los adversarios de la doctrina.

 

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

AMELIE BOUDET

    A estas noticias tomadas de las Obras póstumas de Allan Kardec conviene agregar que,  al principio,  el señor Rivail,  lejos de ser un entusiasta de tales manifestaciones,  y absorbido además por sus otras tareas,  estuvo a punto de abanadonar aquellas,  lo cual hubiera hecho tal vez de no mediar los insistentes requerimientos de los señores Carlotti,  René Taillandier–miembro de la Academia de Ciencias–,  Tiedeman-Manthese,  Sardou padre e hijo,  y Didier,  el editor,  quienes proseguían desde hacía cinco años el estudio de estos fenómenos y habían reunido cincuenta cuadernos con diversas comunicaciones,  que no conseguían ordenar.

    Conociendo las vastas y peregrinas aptitudes de síntesis que el señor Rivail poseía,  le remitieron aquellos cuadernos mencionados,  solicitándole tomara conocimiento de su contenido y los pusiese en orden.

    Tal trabajo resultaba arduo  y exigía,  a la par,  mucho tiempo,  a raíz de los vacíos y oscuridades de las comunicaciones,  de modo que el sabio enciclopedista rehusaba una tarea tan enojosa y absorvente,  que distraería de sus otras ocupaciones.

    Una noche su espíritu protector Z tuvo con él,  por vía mediúmnica,  una comunicación completamente personal,  en la que entre otras cosas le decía haberle conocido en una vida anterior,  cuando en tiempos de los druidas vivían ambos juntos en las Galias;  en aquella época el señor Rivail se llamaba Allan kardec,  y como la amistad que había sentido por él se había acrecentado,  el le prometía ahora secundarle en la importantísima tarea para la cual se le solicitaba y que lograría llevar fácilmente a cabo.

    El señor Rivail se puso,  pues,  a la obra:  tomó los cuadernos,  los anotó con cuidado,  después de atenta lectura,  suprimió las repeticiones,  poniendo en forma correcta los dictados,   así como la relación de cada sesión,  indicó los blancos por llenar y las anfibologías que se debían esclarecer,  preparando asimismo las preguntas requeridas para obtener el resultado.

    “Hasta entonces –dice él mismo–,  las sesiones verificadas en casa del señor Baudin no tenían un objeto determinado,  y yo me propuse resolver por su intermedio las cuestiones que me interesaban desde el punto de vista de la filosofía,  la psicología y la naturaleza del mundo invisible;  llegaba yo a cada sesión, pues,  con una serie de preguntas preparadas y metódicamente ordenadas;  siempre me contestaron con precisión y profundidad y de una manera lógica.  Desde aquel momento las sesiones tuvieron muy diverso carácter;  entre los asistentes había personas serias,  que timaron por ellas vivo interés,  y que si llegaba yo a faltar estaban como desocupadas,  porque los asuntos fútiles habían perdido su atractivo para la mayoría.  Yo no tenía en vista,  primero,  más que mi propia instrucción,  pero más tarde,  cuando comprendía que todo aquello formaba un conjunto  y tomaba las proporciones de una doctrina,  tuve la idea de publicarlo para instrucción de todo el mundo.  Son las mismas cuestiones que,  sucesivamente desarrolladas y completadas constituyen la base de El Libro de los Espíritus”.

  

 

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE

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                                                 BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC

    Señoras,  señores:

    Muchas personas que se interesan por el Espiritismo expresan a menudo su contrariedad por la inexistencia de una biografía que ofrezca un conocimiento más completo acerca de Allan Kardec,  y por no saber dónde encontrar la deseada información sobre aquél a quien llamamos el Maestro.  Puesto que para rendir homenaje a Allan Kardec y celebrar su memoria nos encontramos hoy reunidos,  y ya que un mismo sentimiento de veneración y gratitud hace vibrar nuestros corazones todos hacia el fundador de la Filosofía Espírita,  permitidme,  para tratar de responder a tan legítimo deseo,  que os hable algunos instantes del amado Maestro,  cuyos trabajos son universalmente conocidos y apreciados pero cuya vivencia íntima y laborioso existir apenas se sospechan.

    Si ha sido fácil a los investigadores concienzudos  darse cuenta del alto valor y del gran alcance de la obra de Allan Kardec mediante la lectura atenta de sus libros,  en cambio,  por falta de los elementos necesrios no han podido penetrar casi en la vida privada del hombre y seguirle paso a paso en el cumplimiento de su gran tarea,  tan gloriosa y completa.  No solamente es poco conocida la biografía de Alan Kardec,  sino que ella está aún por escribirse.  La envidia y los celos han difundido acerca de ella los mayores errores,  las calumnias más groseras y más desvergonzadas.  Voy,  pues,  a procurar haceros ver a través de un prisma más verdadero al gran iniciador de quien estamos orgullosos de ser discípulos.

    Todos vosotros sabéis que nuestra ciudad puede honrarse a justo título de haber visto nacer a este audaz y metódico pensador,  a este sabio filósofo,  clarividente y profundo,  a este trabajador infatigable cuya labor ha conmovido el edificio religioso del viejo mundo y preparado los nuevos fundamentos que deben servir de base a la evolución y renovación de nuestra sociedad caduca,  impulsándola hacia un ideal más sano y elevado,  hacia un progreso itelectual y moral cierto.  En Lyon,  el 3 de octubre de 1804 nació,  en el sno de una vieja familia lionesa de apellido Rivail,  aquel que más tarde debía tornar ilustre el nombre de Allan Kardec y adquirir para él tanto derecho a nuestra intensa simpatía y filial gratitud.

    He aquí,  al respecto,  un documento oficial:

    “El 12 vendimiario (1) del año XIII,  acta de nacimiento de  Denizard Hyppolyte-León Rivail,  nacido ayer a las 7 de la noche,  hijo de Juan Bautista Antonio Rivail,  abogado,  juez,  y de Juana Duhamel,  su esposa,  ambos residentes en Lyon,  calle Sala ,  76. (2)

    “El sexo del niño ha sido reconocido masculino.  Testigos mayores:  Siriaco Federico Dittmar,  director del establecimiento de las aguas minerales de la calle Sala,  y Juan Francisco Targe,  domiciliado en la misma calle,  a requisición del médico Pedro Radamel,  calle Santo Domingo,  número 78.

    “Previa lectura,  firmaron los testigos y también el Alcalde de la división del Mediodía”

    Por la partida de nacimiento,  conforme.

    El escribano del Tribunal

    (Firmado): Malhuin

                                                    Presidente del Tribunal

                                                      (Firmado) :  Mathiou

 

(1) Primer mes del calendario republicado francés, que empezaba el 22 de setiembre y concluía el 21 de octubre.

(2) La casa donde nació Allan Kardec ha desaparecido a causa de la ampliación y rectificación de la calle Sala,  realizada desde 1840 hasta 1852,  después de las inundaciones de 1840.

    El niño Rivail fue bautizado el 15 de junio del otro año, de lo cual da fe la copia siguiente,  cuyo original el señor Leymarie ha tenido la gentileza de obsequiarnos:

    “Tomado de los Registros de Bautismo de la parroquia de San Denis en Bresse (1),  diócesis de Lyon.

    “El 15 de junio del año 1805 fue bautizado en esta parroquia Hipólito León Denizard,  nacido en Lyon el 3 de octubre de 1804,  hijo de Juan Bautista Antonio Rivail,  abogado,  y de Juana Luisa Duhamel,  siendo su padrino Pedro Luis Perrin y su madrina Susana Gabriela María Vernier,  residentes en la ciudad de Bourg.  Firmado:  Barthe,  cura,  por la copia conforme expedida el 28 de octubre de 1813

                                                        (Firmado) Chassin, cura ” (2)

(1) Iglesia de San denis  de la roix-Rouse (uno de los arrabales de Lyon,  que no formaba parte de esta ciudad.

(2) Este documento ha sido expedido en un papel sellado de 25 céntimos de franco.

    El futuro fundador del Espiritismo recibió desde su cuna un nombre amado y respetado y todo un pasado de virtudes,  honor y probidad;  gran número de sus antecesores se habían distinguido en el foro y la magistratura,  por su talento,  su saber y su escrupulosa honradez.  Parecía que el niño Rivail debía soñar con los laureles y las glorias de su familia.

    No tuvo para esto grandes dificultades,  pues desde su primera juventud se sintió atraído por las ciencias y la filosofía..

    Denizard Rivail hizo en Lyon sus primeros estudios,  completando luego su acervo escolar en Yverdon,  Suiza,  con el célebre profesor Pestalozzi,  del que fue pronto uno de sus más eminentes discípulos y colaborador capaz y adicto.  Se entregó con gran entusiasmo a la propaganda del sistema educativo pestalozziano,  que tanta influencia ejercería sobre la reforma de los estudios en Francia y Alemania.

(CONTINUARÁ EN LA PRÓXIMA ENTREGA)