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BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenTUMBA DE ALLAN KARDEC EN EL CEMENTERIO PÈRE LACHAISE, EN PARÍS, FRANCIA.

        Un punto sobre el cual no he llamado la atención del lector,  pero que debo señalar por vía de conclusión,  es la caridad verdaderamente cristiana de Allan Kardec;  se puede muy bien afirmar de él que su mano izquierda ignoraba el bien que hacía la derecha,  y que ésta no supo tampoco nada de las dentelladas  que aplicaban a la otra aquellos para quienes la gratitud es un fardo asaz pesado de llevar.  Anónimos,  insultos,  traiciones,  descrédito sistemático,  nada se le perdonó a aquel animoso luchador,  a esa alma tan viril y grande,  que ha entrado de inmediato en la inmortalidad.

        Los despojos mortales de Allan Kardec sólo provisoriamente habían sido sepultados en el cementerio de Montmartre.  A raíz de un  acuerdo entre la Sociedad y la viuda de aquél se adquirió un sitio en el cementerio del Père-Lachaise,  y bajo un monumento que figura un dolmen resposan los restos de nuestro amado Maestro,  adonde han ido a reunírsele los de su esposa.

        Tal es,  desde el 31 de marzo de 1870,  el punto de reunión a que acuden cada aniversario los discípulos fieles de Allan Kardec,  dichosos de poder ofrecerle ese testimonio de su afecto y de su gratitud.

        Para honrar su memoria  como lo merece,  esforcémonos en seguir sus consejos y,  sobre todo,  en practicar sus virtudes.  Con este objeto reitero a mis amigos el urgente llamado que les dirigía en El Espiritismo en Lyon:

        Nuestros mayores,  aquellos a quienes la muerte ha abatido en tan gran número en el surco de la vida,  estaban ante todo imbuídos de los principios de Allan Kardec;  habían recibido directamente las lecciones y  principios del fundador de la Filosofía Espiritista y se esforzaban por ponerlos en práctica,  conformando a ellos su conducta.  Estudiando en primer término la moral espírita,  encontraban en ella la fe razonada que ilumina y consuela,  así como la fuerza precisa para soportar las pruebas de la existencia,  las adversidades merecidas o pedidas que nos acompañan en esta tierra de probaciones.

        Para ellos el fenómeno tenía,  por cierto,  el mérito de ser el fundamento del edificio espiritista,  pero la moral que derivaba del fenómeno la conceptuaban muy superior a él .  Después,  las investigaciones científicas o pretensamente tales,  han llevado a los experimentadores al campo fenomenológico.  Nos atenemos mucho más a la manifestación tangible que a la sanción moral que de ella dimana,  y  al proceder de esta suerte atentamos,  en mi opinión,  contra nuestros propios intereses.  De ahí que la creencia razonada,  la fe ardiente y sincera y el sentimiento del deber vayan debilitándose,  siendo reemplazadas por una curiosidad enfermiza,  incapaz de nobles consagraciones,  de impulsos generosos y del anhelo por hacer prosélitos,  del cual encontramos ejemplos en la conducta de nuestros mayores.

        Volvamos,  amigos míos,  a los sentimientos de nuestros antecesores,  a su fe esclarecida y consciente y a su desinterés;  estudiemos ante todo la Filosofía Espiritista,  para conocerla mejor y adecuar a ella nuestro proceder.  Tornemos a ser los adeptos de la tercera categoría de que hablaba Allan Kardec.  No busquemos en el Espiritismo otra cosa que un medio de perfeccionamiento,  de mejorarnos,  y no un tablado de charlatanismo para hacer dinero.

        Seamos fieles discípulos de Allan Kardec;  recordemos que el Maestro ha dicho:  De nada sirve el creer en las manifestaciones del Espiritismo si no conformamos nuestra conducta a sus principioes.  El verdadero espiritista es aquel de quien se puede decir:  Es mejor hoy que ayer.  Que sea éste el sólo juicio que puedan formarse de nosotros ,  si queremos ser dignos de nuestros antepasados,  si deseamos ser los verdaderos discípulos de Allan Kardec.

        Elevemos nuestros corazones,  amigos míos;  unámonos,  sostengámonos y ayúdemonos en la búsqueda del bien y de lo bello,  para que triunfen la justicia y la verdad y en pro de la difusión cada vez mayor de la Filosofía Espiritista,  tal como Allan Kardec nos enseñara..

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About René Dayre Abella Hernández

Desde pequeño fui testigo de fenómenos de carácter paranormal que se daban en mi entorno y en mi propia persona, lo que me llevó a investigarlos desde un ángulo y una perspectiva rigurosa. Establecí contacto con estudiosos de la casuística paranormal que juzgaban estos fenómenos desde una óptica dialectico-materialista, muy acorde con los tiempos y el panorama ideológico que imperaba en mi país. Más adelante en la medida que estos fenómenos paranormales se acentuaron con mayor peso y asiduidad en mi persona quise encontrales una solución fuera del esquema mecánico organicista. De esta manera fui trillando caminos en la búsqueda de una respuesta lógica, pero trascendente del fenómeno. Ingresé como miembro activo de la Sociedad Teosófica, a la vez que establecía nexos y vínculos con espíritas que me mostraron una exposición más actualizada de la Doctrina Espírita tal como la codificó el Maestro Allan Kardec, pero dentro del contexto paradigmático de nuestros días. Muchas de mis vivencias de carácter trascendental o pananormal las he relatado en mi libro de crónicas y memorias Banes: La Piel de la Memoria. En estos momentos me considero un espírita convencido y me propongo de manera muy humilde reivindicar la naturaleza prístina del Espiritsmo racionalista, laico e iconoclasta que codificó Allan Kardec, cuando enmarcó su sistema filosófico y científico dentro del contexto positivista de las ciencias, desarrollado por Augusto Compte, muy en boga en su época, de las distorsiones que por ignorancia o mala fe han arrojado sobre él las masas y el gran público. Además del Espiritismo me apasionan los temas concernientes a la psicología transpersonal, particularmente el pensamiento desarrollado por Roberto Assagioli, la psicología profunda de Jung, y la transcomunicación instrumental.

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