SOBRE UN ENSAYO DE ALLAN KARDEC

 

 

 

 
 
 


MEDITACIONES ESENCIALES: 222
 
SOBRE UN ENSAYO DE ALLAN KARDEC
 
©Giuseppe Isgró C.
 
 
Denota, sin duda alguna, profunda percepción de la realidad sobre la reencarnación y sus leyes vinculantes,  el ensayo de Allan Kardec, signado con el N° 222, de El Libro de los Espíritus, -Obra cumbre del pensamiento universal-, que comentamos.
 
Quienes, ahora, lo leemos, vemos con naturalidad los distintos aspectos comentados por el maestro de Lyon, y forman parte de nuestro bagaje de conocimientos normales, ya que constituyen conceptos básicos y esenciales en el ámbito de la Doctrina Universal, hoy en día.
 
Es cierto, hoy en día. Pero, que ocurría en el tiempo en que se publicó El libro de los Espíritus, en 1857?
 
En esa época, Allan Kardec, con su magna obra, volvía a colocar en el tapete el tema de la Reencarnación y la Ley de compensación, entre otros principios, después de que, durante 1.600 años, ese movimiento nacido en el primer Concilio de Nicea, en la ciudad de Isnik, Turquía, en el año 325 de nuestra era, comenzara un proceso sistemático, a sangre y fuego, de tergiversación histórico-espiritual que culminó en el olvido, virtualmente total, del tema de la reencarnación, en la memoria colectiva del mundo occidental.
 
Es cierto que hubo pensadores que se ocuparon del tema de la reencarnación, como fue el caso de Marsilio Ficino, en el siglo XV, durante el  Renacimiento, quien les explicaba a sus discípulos que, al leer un ensayo de Plotino, tuviesen presente de que se trataba del mismo Espíritu de Platón, lo que indica que conocía la temática con precisión. Además, Ficino percibía que él mismo era una reencarnación del ilustre filósofo ateniense. La elevación de su obra, entre la que se cuenta su Teología Platónica, denota un nivel equivalente entre Platón, Plotino y Marsilio Ficino. Es decir, un hilo conductor se manifiesta en el pensamiento de los tres.
 
En el siglo XIX, el tema de la Reencarnación se reactiva con Allan Kardec, con la publicación de El Libro de los Espíritus, marcando una nueva era a partir de entonces: La del Espíritu.
 
También retoma la temática palingenésica  Madame Blavasky, en 1875, con la fundación de la Sociedad Teosófica, y el excelente grupo de ocultistas franceses. Hacia finales del siglo XIX, el Dr. Gerard Encausse, -Papus-, publica un excelente libro sobre Reencarnación, y el tema ya pasa a ser materia de estudio en el ámbito occidental.
 
En Oriente, siempre se mantuvo la continuidad en el estudio de la Reencarnación, desde la más remota antigüedad. Las Leyes de Manú, del siglo XXXVIII antes de nuestra era, hablan de Reencarnación y de la ley del karma; el Bagavad Gita, es una joya del pensamiento universal que aporta un conocimiento avanzado sobre ambas doctrinas y otros que les son inherentes. El hinduismo, el budismo, y otras corrientes de pensamientos, al igual que los más importantes pensadores de todos los tiempos, sustentan ideas claras y precisas al respecto.
 
Tomando en cuenta que Kardec se inicia en la investigación espirita en 1854, y que la publicación de El libro de los Espíritus se lleva a cabo el 18 de abril de 1857, es decir, tres años después, la labor que llevó a cabo este insigne humanista fue gigantesca, de por sí. Solamente la concepción de las preguntas que formuló a los Espíritus, el ordenamiento de las respuestas, las repreguntas, y los comentarios que en toda la obra va colocando, en donde su propia percepción tiene algo importante que aportar, demuestran un intenso trabajo y una preparación previa importante. Sin duda, el elevado nivel formativo en la cultura clásica y en las doctrinas orientalistas, le aportaban una visión trascendental que contribuyó a la universalidad de su pensamiento.
 
Este capítulo, que constituye un comentario de Allan Kardec, al anterior de El Libro de los Espíritus, sobre la Pluralidad de Existencias, indica que, en solo tres años de estudio, había desarrollado su pensamiento sobre la Reencarnación y todas las leyes que les son vinculantes, además de de una visión integral de la doctrina espirita. Su excelencia permite que, aún después de tanto tiempo, conserven plena vigencia.
 
Repetimos, hoy nos parecen ideas normales, pero, en su época, Kardec fue un pionero, y el primero que, en el siglo XIX retoma el hilo de continuidad, en la materia, en el mundo occidental, dando acceso al sol del porvenir, del progreso y de la sabiduría espiritual en un grado como nunca antes lo hubo, y pese al férreo esfuerzo de la tergiversación histórico espiritual nacida en Nicea.
 
Empieza la nueva era de luz ya imparable, a partir de entonces, y hoy, con las investigaciones científicas realizadas por las más importantes universidades del mundo, alcanzan, ya, a más de cinco mil los casos de reencarnación científicamente comprobados. Entre los eminentes exponentes descuellan las figuras de los Dres. Ian Stevenson y Hamendra Nath Banarjee.
 
Empero, se cuentan por millares los estudiosos de la Reencarnación y de las leyes que les son inherentes, que están transformando la conciencia de la humanidad a nivel global. Muchas instituciones vinculadas con la espiritualidad deberán, en corto tiempo, reformular sus doctrinas, so pena de desaparecer del escenario, por cuanto han dejado, ya, de representar la verdad universal.
 
La verdad universal se impone siempre; la luz evacua la oscuridad. El bien prevalece sobre el mal. El conocimiento emancipará al ser humano. Los temas vinculados con la Doctrina de la Reencarnación y la ley del karma, y otros principios inherentes, contribuirán a forjar esa humanidad con la conciencia elevada creadora de la nueva edad de oro en el planeta Tierra.
 
Hoy en día más del 80% de la humanidad cree en la supervivencia del Espíritu y en la Reencarnación. El resto, es cuestión de tiempo. De nada sirve cerrar los ojos frente a la realidad y tratar de opacar la luz del sol con un dedo.
 
Concluimos, dejando constancia de que, una de las obras más portentosas sobre el tema de la Reencarnación y sus valores intrínsicos, es la de la andaluza Amalia Domingo Soler, que lo estudia en las más amplias vertientes y variantes. Sus obras: Hechos que prueban…, Te perdono, y su extensa bibliografía, ofrecen al estudioso la más completa enciclopedia sobre la Reencarnación. En cada ensayo se plasma el genio inigualable de esta insigne y relevante exponente de la Doctrina Universal.

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¿QUIÉN ES USTED, SEÑOR KARDEC? por KARINE CHATEIGNER LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013

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Físicamente, he aquí la descripción dada por su traductora
inglesa Anna Blackwell:
“Allan Kardec era de una talla inferior a la media. Sólidamente
estructurado, con una cabeza redonda, los rasgos
bien marcados y los ojos gris claro. Enérgico y perseverante
aunque de un temperamento calmado, prudente al punto
de ser casi frío, incrédulo por naturaleza y por educación,
razonador preciso y lógico, enormemente práctico en su
pensamiento y en sus actos, estaba igualmente desprovisto
de todo misticismo y entusiasmo, palabra de la época que
significaba caprichoso, extraño, estrafalario, un tanto loco”.
Su carácter
El Sr. Lèvent, amigo de Allan Kardec nos dice: “El maestro
tenía una fisonomía a la vez benévola y austera, ese tacto
perfecto, esa justeza de apreciación, esta lógica superior e
incomparable que nos parecía inspirada”.
Pero también E. Muller: “La tolerancia absoluta era la regla
de Allan Kardec. Sus amigos, sus discípulos pertenecientes
a todas las religiones: israelitas, mahometanos, católicos y
protestantes de todas las sectas; de todas las clases: ricos,
pobres, sabios, librepensadores, artistas y obreros, etc. Pero
al lado de esta tolerancia que nos reúne, ¿es preciso que
yo cite una intolerancia que admiro?
Lo haré, porque debe legitimar a los
ojos de todos, este título de maestro
que muchos de nosotros le damos a
nuestro amigo. Esta intolerancia es uno
de los caracteres más sobresalientes de
su noble existencia. Tenía horror a la
pereza y al ocio; y este gran trabajador
murió de pie, después de una inmensa
labor que terminó por sobrepasar las
fuerzas de sus órganos, pero no las de
su espíritu y de su corazón”.
Por educación y sin duda igualmente
por naturaleza, Allan Kardec era un
hombre muy educado, de una educación
refinada, serio pero no grave, circunspecto y moralista
por excelencia. Pocas veces se sirvió de la ironía en
sus textos.
Considerando que las cartas anónimas, que recibía en
gran número, hacían sospechoso su origen, él nunca se
dio por enterado, destinándolas de una vez a la papelera.
Además, nunca abundaba en las polémicas suscitadas
por los numerosos opositores a la nueva doctrina,
estimando que el silencio era la mejor de las respuestas,
haciéndose ley de abstenerse de todo lo que pudiera
degenerar en particularidades, estimando que los
lectores se inscriben para instruirse y no para escuchar
diatribas más o menos espirituales.
Pero paralelamente, Allan Kardec nunca retrocedía ante
las numerosas preguntas planteadas por el espiritismo
naciente al mundo y a las conciencias: “Hay polémicas
y polémicas, decía, y hay una ante la cual jamás retrocederemos,
es la discusión seria de los principios que profesamos.
No obstante, aquí hay también una distinción que
hacer; si no se trata sino de ataques generales dirigidos
contra la doctrina, sin otro objetivo determinado que el
de criticar, y por parte de gentes que tienen un partido
tomado de rechazar todo lo que no comprenden, eso no
merece que uno se ocupe de ello”. (R. S. 1858)
Tal fue la conducta de Allan Kardec, absteniéndose
de ceder a las provocaciones que le habrían hecho
descender a la arena de la controversia. A los espíritas
de todas partes, les decía: “Seguid sembrando la idea,
derramad allí dulzura y persuasión y dejad a nuestros
antagonistas el monopolio de la violencia y la acrimonia,
a las cuales no se recurre sino cuando uno no se siente lo
bastante fuerte por el razonamiento”. (R. S. 1863)
Su generosidad
“No conozco otros signos de superioridad que la bondad”.
(L. Van Beethoven)
No contento con utilizar sus notables facultades en
una profesión que le aseguraba una tranquila holgura,
quiso hacer beneficiarse de la ciencia a aquellos que no
podían pagarla y, fue uno de los primeros en organizar,
en esa época de su vida, cursos gratuitos que fueron
dictados en el 35 de la calle de Sèvres,
y en los que enseñó química, física,
anatomía comparada, astronomía,
etc., habiendo adquirido numerosos
conocimientos en diferentes campos,
Hippolyte Rivail sabía transmitir a
los demás lo que él mismo conocía,
talento que es escaso y siempre apreciado.
Durante una conversación con
Alexandre Delanne y el Sr. de Joinville
en la que se hizo alusión a un anciano
que vivía en la precariedad, y que sin
embargo había encontrado consuelo
gracias a un folleto espírita que cayó
en sus manos; la mirada de Allan Kardec se nubló de
lágrimas y le entregó al Sr. de Joinville algunas monedas
de oro, diciendo: “Tenga, aquí tiene para ayudarle a
atender las necesidades materiales más acuciantes de este
señor y puesto que es espírita, vuelva mañana, le daré mis
libros”. Siempre muy discreto en este sentido, sus actos
de generosidad eran habituales.
Pierre Gaëtan Leymarie: “Cuántas veces nos enteramos de
que muchos de los que sufrían habían encontrado cerca de
Allan Kardec ayuda moral eficaz y ayuda material, que no
lo es menos; de eso no decía una palabra, cubriendo con el
olvido sus buenas obras”.
El escritor codificador
Si bien Allan Kardec repetía siempre que el mérito de
sus obras correspondía por entero a los espíritus que las
dictaron, a él le incumbió sin embargo la enorme tarea
de organizar y ordenar las preguntas; la redacción de los
comentarios sobre las respuestas obtenidas, comentarios
que sobresalen por su concisión y la claridad con
la que fueron expuestos, igualmente la precisión con la
que tituló capítulos y párrafos, las aclaratorias complementarias,
de las que es autor, las observaciones y anotaciones,
los párrafos y conclusiones, siempre profundos
y penetrantes, tal como su notable introducción. Todo
esto expresa la gran cultura de Allan Kardec. Realizó lo
que aún nadie había hecho: extraer de los mensajes
los principios fundamentales, con los que elaboró una
nueva doctrina filosófica, de carácter científico y consecuencias
morales.
Por el esfuerzo de su pensamiento todo se transformaba
y se agrandaba ante los rayos de su corazón ardiente;
bajo su pluma todo se precisaba y se cristalizaba, por así
decirlo, en frases deslumbrantes de claridad. Tomó para
sus libros este admirable epígrafe: “Fuera de la caridad no
hay salvación”, cuya aparente intolerancia hace resaltar
la absoluta tolerancia. Transformó las viejas fórmulas, y
sin negar la agraciada influencia de la fe, la esperanza
y la caridad, enarboló una nueva bandera ante la cual
todos los pensadores pueden y deben inclinarse, pues
este estandarte del porvenir lleva escritas estas tres
palabras: Razón, Trabajo y Solidaridad.
Para este afanoso sabio, el trabajo parecía el elemento
mismo de la vida. Por otra parte, menos que nadie,
podía soportar la idea de la muerte tal y como se la
representaba entonces, terminando en un eterno sufrimiento
o bien en una egoísta felicidad eterna, pero sin
utilidad ni para los demás ni para sí mismo. Estaba como
predestinado, para difundir y vulgarizar esta admirable
filosofía que nos hace vislumbrar numerosas tareas más
allá de la tumba y el progreso indefinido de nuestra
individualidad que se conserva mejorando.
Lo que impresiona en Allan Kardec, es que en cuanto
abrió su conciencia a los asuntos divinos, extrajo de
ellos el mensaje vital. Comprendió más que ninguno
la fuerza y la verdad espíritas, de las cuales destaca dos
factores esenciales que emanan de la voluntad de los
espíritus:
– El primero, es la energía desplegada por ambas partes
de la frontera para impresionar los sentidos.
– El segundo, es el amor manifestado en la adición de
pruebas más personales para impresionar los corazones.
En la suma de estos dos factores, el espiritismo
encontrará el camino progresivo de su realización; pues
más allá de estos dos flechazos de amor dirigidos a la
naturaleza humana, los sentidos y los corazones, existe
la conciencia.
¿Conciencia de qué? ¿Conciencia de quién? Es
esto lo que Allan Kardec va a demostrar, explicar y
compartir con fuerza y pedagogía; instruirá al hombre
sobre la conciencia, los orígenes y el destino de cada
uno. Si al comienzo Dios permitió y favoreció las pruebas
materiales, fue para llamar luego la atención sobre los
fenómenos materiales, Dios se dirige al sentido común,
al sentimiento, la inteligencia y la razón.
Eso, parecería haberlo captado Allan Kardec desde un
principio; sus libros no son una suma de relatos y observaciones,
uno no le ve asistir incansablemente a una
serie de hechos materiales, él está más allá y esa es la
expresión que conviene.
Desde 1857 dice: “La ciencia espírita comprende dos
partes, una experimental basada en las manifestaciones
materiales, la otra filosófica, basada en las manifestaciones
inteligentes. Cualquiera que no haya observado
sino la primera y se haya detenido en esta primera parte,
está en la posición del que no conoce la física sino por
los experimentos recreativos, sin haber penetrado en el
fondo de la ciencia. El espiritismo consiste en guiar a los
hombres deseosos de iluminarse mostrándoles un objetivo,
un camino grande y sublime: el del progreso individual
y social”.
Los fenómenos, decía Allan Kardec, lejos de ser la parte
esencial del espiritismo, no son más que el accesorio, un
medio provocado por Dios para vencer la incredulidad
que invade a la sociedad. “Uno puede burlarse de las mesas
giratorias, pero no se burlará de la filosofía, la sabiduría y la
caridad tan evidentes en las comunicaciones serias”.
Con Allan Kardec, se penetra la esencia de la filosofía,
cuyo corazón late al ritmo del alma del druida de antaño.
Esta anterioridad le fue revelada por intermedio de la
Sra. Japhet, médium: un espíritu denominado Zéphir,
le aseveró que lo había conocido en una vida anterior:
“Vivíamos juntos en las Galias. Éramos amigos. Tú eras
druida y te llamabas Allan Kardec”. Y es bajo este nombre
de Allan Kardec, prosiguió Zéphir, que deberás “guiar de
nuevo a los hombres por el camino de la salvación”. Desde
entonces, Hippolyte Rivail se convirtió en Allan Kardec.
El hombre providencial
“Y yo rezaré al Padre y os dará otro Paráclito, para que
esté con vosotros para siempre, el Espíritu de Verdad, que
el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo reconoce.
Vosotros lo conocéis, porque vive entre vosotros”. (Juan
14, 16-17).
El Espíritu de Verdad fue el espíritu que presidió la
revelación y la codificación espírita en la época de
Allan Kardec y el que guió a este último en su misión
de codificador del espiritismo. Allan Kardec ha señalado
el alto grado de evolución moral de este Espíritu
que es un Espíritu Puro y que no es otro que el consolador
prometido, anunciado por el Cristo en El Evangelio
según Juan, el Cristo consolador.
“Vengo, como antaño, entre los hijos perdidos de Israel, a
traer la verdad y disipar las tinieblas. Escuchadme. El espiritismo,
como en otro tiempo mi palabra, debe recordar a
los incrédulos que sobre ellos reina la inmutable verdad:
el Dios bueno, el Dios grande que hace brotar la planta y
levanta el oleaje. Yo he revelado la doctrina divina; como
un segador he atado en gavillas el bien disperso entre la
humanidad, y he dicho: ¡Venid a mí, todos los que sufren!
Pero los hombres ingratos se han apartado de la vía
recta y ancha que conduce al reino de mi Padre, y se han
extraviado por los ásperos senderos de la impiedad. Mi
Padre no quiere aniquilar la raza humana; quiere que,
os ayudéis los unos a los otros, muertos y vivos, es decir
muertos según la carne, pues la muerte no existe, os
socorráis, y que, no ya la voz de los profetas y los apóstoles,
sino la voz de los que ya no están, se haga oír para
gritaros: ¡Orad y creed! Pues la muerte es la resurrección
y la vida, es la prueba elegida durante la cual vuestras
virtudes cultivadas deben crecer y desarrollarse como el
cedro.
Creed, amad, meditad las cosas que os son reveladas; no
mezcléis la cizaña con el buen grano, las utopías con las
verdades.
¡Espíritas! Amaos, he aquí la primera enseñanza;
instruíos, he allí la segunda. Toda verdad se encuentran
en el Cristianismo; los errores que allí han echado
raíces son de origen humano; y he aquí que más allá
de la tumba que creíais la nada, las voces os gritan:
¡Hermanos! Nada perece; Jesucristo es el vencedor del
mal, sed los vencedores de la impiedad”. (El Espíritu de
Verdad – París, 1860).
Con Allan Kardec el consolador, vinculado al espiritismo
acababa de aparecer.
Por otra parte, ¿cómo hubiera podido él dejar de
compartir con el hombre los designios de Dios? Ya que
fue elegido para abrir nuestras estrechas conciencias.
He aquí la respuesta obtenida a la pregunta hecha en
1989:
– ¿Cómo se decidió en el más allá, la tercera Revelación?
– “Dios sabe que el espíritu creado necesita luz, Dios sabe
que el espíritu creado necesita acordarse de su paternidad,
pero es demasiado débil, pero es demasiado ignorante,
pero es demasiado inconsciente para tener ese
recuerdo. Entonces, Dios hace señas por medio de otros
espíritus creados antes de vosotros.
Dios llama a Moisés que enseña un camino, que enseña
una idea, que enseña una moral, que llama la atención
del hombre. Dios llama a Jesús que enseña el camino,
que enseña la idea, que enseña la moral, que reclama
justicia, que celebra el compartir, que invita al amor. Y
otros se turnan sin cesar en el camino de la encarnación.
De ciencia, de filosofía, de todas las formas artísticas,
vienen, encarnan, hablan, luchan, escriben y a veces son
seguidos, y a veces son oídos. Pero el hombre persiste en
su error, pero el hombre se estanca y, en el más allá, miles
de espíritus, millones de espíritus se reúnen, se juntan y
reflexionan sobre los siglos que pasan, sobre las debilidades,
sobre las renuncias, sobre las injusticias, sobre las
traiciones.
Es preciso entonces encontrar más que un hombre, es
preciso entonces encontrar una manifestación entre los
hombres. Y los Druidas, en su conciencia, llamaron con
todas sus fuerzas a Allan Kardec que escuchó, que recibió,
que entendió y que aceptó. Designado, vino el siglo
pasado sobre el suelo de los franceses. No fue el único,
otros lo acompañaron, y cumplió su misión, y reveló la
verdadera resurrección”.
El espiritismo llegó en el momento preciso, pues el
siglo XIX vivía la filosofía de la desesperación. Positivismo,
materialismo y pesimismo reducían la vida
entonces a una simple agregación material que se
extinguía con la muerte.
El humilde hombre de fe
Revelar la supervivencia del alma, su posible manifestación
y las leyes que la rigen, implica naturalmente
la idea, la realidad, de un Poder Creador. Allan Kardec,
profundo creyente, no dejaba nunca de recordarlo y se
comportaba como espírita cristiano, incluyendo a Dios
y glorificándolo numerosas veces:
1856 – “Señor, si os habéis dignado poner los ojos en mí
para el cumplimiento de vuestros designios, ¡que se
haga vuestra voluntad! Mi vida está en vuestras manos.
En presencia de una tarea tan grande, reconozco mi
debilidad, mi buena voluntad no faltará pero quizás mis
fuerzas me traicionen. Suplid mi insuficiencia, dadme las
fuerzas físicas y morales necesarias, sostenedme en los
momentos difíciles y con vuestra ayuda y la de vuestros
mensajeros celestes, me esforzaré por responder a vuestros
propósitos”.
R. S. 1865 – p. 328: “Dios me guarde de tener la presunción
de creerme el único capaz, o más capaz que ninguno
otro, o el único encargado de cumplir los designios de
la Providencia; no, lejos de mí ese pensamiento. En este
gran movimiento renovador tengo mi parte de acción;
hablo sólo de lo que me concierne; pero lo que puedo
afirmar sin vana fanfarronería, es que, en el papel que me
incumbe, no me faltarán ni el ánimo ni la perseverancia.
Nunca me han faltado, pero hoy que veo iluminarse el
camino con una maravillosa claridad, siento acrecentarse
mis fuerzas, nunca he dudado; pero hoy, gracias
a las nuevas luces que se ha dignado Dios darme, estoy
seguro, y digo a todos mis hermanos, con más certeza
que nunca: Ánimo y perseverancia, pues un resplandeciente
éxito coronará vuestros esfuerzos”.
R. S. – 1868: “Partiré cuando plazca a Dios llamarme”.
Fuera de la caridad, no hay salvación
“Tales son las ideas que resaltan del Espiritismo, y que
suscitará entre todos los hombres cuando sea universalmente
extendido, comprendido, enseñado y practicado.
Con el Espiritismo, la fraternidad, sinónimo
de la caridad predicada por el Cristo, ya no es una
palabra vana; tiene su razón de ser. Del sentimiento
de la fraternidad nace el de la reciprocidad y el de los
deberes sociales, de hombre a hombre, de pueblo a
pueblo, de raza a raza; de estos dos sentimientos bien
comprendidos surgirán forzosamente instituciones
más favorables para el bienestar de todos”.

Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo IV – Instrumento de Expresión y Comunicación

1. El periespíritu

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – “Definido por Allan Kardec como el cuerpo fluídico inherente al Espíritu y que lo identifica en el plano extra físico, el periespiritu es un cuerpo temporal, creado por la mente de la persona y que expresa la morfología del cuerpo somático. Su composición energética es extremadamente porosa y fácilmente manipulable por la mente, presentando gran plasticidad, razón por la cual estampa los estados mentales del Espíritu.
Dada la naturaleza incorpórea del Espíritu él necesita de una auto identificación externa. Por eso crea ese organismo energético con el que se expresa en las relaciones extracorpóreas, sea encarnado cuando se exterioriza y, principalmente, como desencarnado.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) – Si es una creación de la mente de la persona (o sea, del Espíritu) será necesariamente una creación automática o automatizada por el progreso, del animal, en primera instancia, y del Espíritu, después (después de su paso al reino hominal). Por ello, no podría en ninguna manera ser una creación voluntaria del Espíritu, ya que éste se desconoce como tal en estos primeros tramos evolutivos.

D.K. – “Las funciones del cuerpo mental, adherido al Espíritu de forma permanente, han sido confundidas como funciones del periespíritu, un organismo temporal.
F.E. – “Inserto en el universo material, con él interactúa desenvolviendo un “cuerpo mental” como apéndice de almacenamiento de las experiencias; así se expresaba, en este mismo sentido, el Dr. Regis en el Cap. II de la 2ª parte de este opúsculo. Técnicamente no puede descartarse que la estructura del periespíritu –tal y como la entiende el autor- tenga una fracción temporal que se renueve cuando el espíritu cambie de hábitat; es decir, cuando pase de un centro reencarnatorio (como es la Tierra) a otro (más o menos avanzado). Probablemente está en la línea de lo que podemos leer en “El Libro de los Espíritus” (pregunta núm. 94):
P.- “¿Dónde toma el Espíritu la envoltura semi-material?”
R.- “En el fluido universal de cada globo, y por esta razón no es igual en todos los mundos. Al pasar de uno a otro mundo, el Espíritu cambia de envoltura, como vosotros de vestido.”

D.K. – “El periespíritu se deshace durante la gestación y es recreado durante el desenvolvimiento del cuerpo, reproduciendo la morfología del soma, que es la forma concreta de su propia identificación.
F.E. – La idea que podíamos tener de la relación periespíritu-cuerpo durante la concepción y gestación del feto, era (es) exactamente la contraria de la que expresa el Dr. Regis; es decir, el periespíritu sería, precisamente, el molde sobre el que se desarrollaría el cuerpo en formación, con las incuestionables aportaciones genéticas de los padres, evidentemente. Así podemos leer (Gabriel Delanne, “La Evolución Anímica”, cap. I):
“Mediante las experiencias espiritistas hemos podido comprobar que los espíritus tienen la forma humana, y que esta forma no es meramente aparente, sino que el periespíritu es todo un organismo fluídico sobre el cual se moldea la materia que se organiza para confeccionar el cuerpo físico.”
“En cada ser, desde su origen, se puede advertir la existencia de una fuerza que actúa en dirección fija e invariable según la cual será edificado el plan escultural del recién nacido, al propio tiempo que su tipo funcional.”
“Siendo la materia primera idéntica para todas las plantas y la fuerza vital idéntica para todos los individuos, es preciso que exista otra fuerza que dé y mantenga la forma. Nosotros atribuimos esta misión al periespíritu, así en el reino vegetal como en el animal.
“La idea directriz la hallamos tangiblemente realizada en la envoltura fluídica del alma; ella es quien incorpora la materia, la que vela por la sustitución de las partes usadas o destruidas, la que preside a las funciones generales y la que mantiene el orden y la armonía en medio de ese torrente de materia que sin cesar se renueva.”
En otro lugar (“La Reencarnación”, cap. II), el ingeniero Delanne llega a denominar al periespíritu como siendo el “inconsciente fisiológico” del espíritu; es decir, como siendo el archivo de todas las experiencias fisiológicas del espíritu a través de sus experiencias en todos los reinos de la naturaleza.
En el capítulo II, apartado 1 de este opúsculo, ya manifestamos nuestra extrañeza acerca de ese concepto de “cuerpo mental”.
Ciertamente, por el mero hecho de que estos conceptos de “cuerpo mental” y de la “temporalidad” del periespíritu hayan sido propuestos por Jaci Regis, merecen ser tenidos en cuenta y debatidos, aunque, personalmente, no comprendamos su alcance real.

2. La mediumnidad

D.K. – La mediumnidad es el portal, el instrumento que liga los dos universos vibratorios en donde el Espíritu desenvuelve sus aptitudes.
Fenómeno natural, la mediumnidad, no obstante, depende del intérprete; del médium. Y esa dependencia es el anillo débil del sistema. Antes de Allan Kardec fue encarada de forma aleatoria, mística, mágica, sobrenatural, con uno u otro profeta, o con médiums extraordinarios que produjeron obras, fantásticas o serias, pero sin continuidad racional.
F.E. – Es verdad que el/la médium es el eslabón frágil del proceso mediúmnico ya que como intérprete puede influir, incluso inconscientemente, en el mensaje obtenido. A este respecto, recomendamos la lectura atenta del capítulo XIX de “El Libro de los Médiums” (“Papel del médium en las comunicaciones espiritistas”), donde Kardec y las comunicaciones de diversos espíritus, matizan excelentemente esta posible influencia del médium. Sólo como botón de muestra (apartado 223.10):
“De estas explicaciones parece resultar que el Espíritu del médium nunca es del todo pasivo…
“Es pasivo cuando no mezcla sus propias ideas con las del Espíritu comunicante, pero jamás se anula por completo. Su concurso resulta siempre necesario, en su carácter de intermediario, aun en el caso de los que denomináis “médiums mecánicos”.
¿Quiere ello decir que nunca se puede confiar plenamente en las comunicaciones mediúmnicas? El nivel de confianza viene dado por la seriedad de los grupos espiritistas, por la experiencia de los directores de sesión y, evidentemente, por la buena voluntad y el mayor desinterés material por parte de los médiums.

D.K. – “Gracias a Allan Kardec, que por cierto no era médium y por eso mismo pudo analizarla, normalizarla y darle una directriz, es que se dio un empleo apropiado a ese instrumento. Y gracias a la mediumnidad él obtuvo las informaciones con las cuales creó el cuerpo doctrinario del Espiritismo.
F.E. – Podemos añadir a este comentario del Dr. Regis que, afortunadamente, Kardec no era médium, ya que de haberlo sido hubiera podido mezclar sus propias experiencias y sensaciones a sus interpretaciones doctrinarias y analíticas del fenómeno, lo cual hubiese supuesto un fuerte hándicap para la imparcialidad y precisión que siempre caracterizan sus comentarios.
Es cierto que gracias a la mediumnidad, Kardec pudo conformar este edificio doctrinal tan formidable que es el Espiritismo; pero, no debemos confundirnos, Kardec no era el secretario de los espíritus, no era un mero observador o recopilador. De hecho él fue quien decidió qué temas había que tratar, el seleccionó las comunicaciones que le parecieron más adecuadas y, también, añadió numerosos comentarios de su propia iniciativa. Evidentemente él es el Fundador del Espiritismo.
Asimismo, Kardec dignificó el ejercicio medianímico. Condujo a la mediumnidad del oscurantismo a la observación científica, que no es poco…

D.K. – “Sin embargo, a pesar de su aprendizaje y buen sentido, él creyó que la intervención de los Espíritus, por sí misma, revolucionaría el mundo. En verdad quien lo revolucionó fue él, con su genial trabajo creador, sabio que, en líneas generales delineó un nuevo tipo de pensamiento que, como dijimos, fue desvirtuado por la presión de los conceptos milenarios del cristianismo.
Entre tanto, desde Allan Kardec, aun con el desprecio de las élites científicas y el combate del esquema religioso cristiano, el plano extrafísico no puede más ser ignorado.

F.E. –
Hoy en día, a través de películas o series de televisión -más o menos afortunadas- se asoma en los hogares de muchas familias la realidad de la existencia y comunicabilidad del mundo espiritual. Tal vez ello, aunque ciertamente no debamos ser muy optimistas, pueda ayudar poco a poco a normalizar la extremadamente deformada información que se ha transmitido acerca de la mediumnidad. Tal vez, a muy largo plazo, sea una manera de obviar ese desprecio de las élites científicas y el combate de los esquemas religiosos.

D.K. – “Ahora se intenta crear formas de comunicación electrónicas que puedan alcanzar la tan deseada certeza en la relación de los vivos y los “muertos”.
F.E. – No dudamos que en un futuro más o menos lejano, pueda llegar a darse este tipo de comunicaciones instrumentales. Realmente ello constituiría una prueba contundente de la existencia de los espíritus.

D.K. – “Pero las directrices de “El Libro de los Médiums” son rumbos seguros para evitar los tropiezos de ese instrumento tan valioso y frágil.
F.E. – Estamos completamente de acuerdo en la necesidad, prácticamente imperiosa, de que se dé en los centros espiritistas serios un estudio concienzudo y detenido de este excelente libro. Su conocimiento es el mejor preservativo de muchos fracasos e incertidumbres. ◙

Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo III – El Plano Extrafísico

1. Un retrato real

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) –Utilizamos el término “extrafísico” propuesto por el Espíritu André Luiz, a través del médium Francisco Cándido Xavier, por ser más consistente con la idea de un universo energético y la realidad del estadio post-mortem.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) – Generalmente cuando nos referimos al lugar donde “habitan” los Espíritus desencarnados lo hacemos como: “Mundo Espiritual”, “Mundo Invisible”, “Plano Espiritual” o, más genéricamente, como “Más Allá”. Nos parece adecuada la propuesta del autor –sin que ello signifique abandonar las otras expresiones- ya que define con precisión que se trata de un mundo, de un plano “fuera de” (este es uno de los significados del prefijo “extra”), “fuera del plano material”, “fuera del plano físico”.

D.K. – “El descubrimiento del plano extrafísico mostró que la atmósfera de la Tierra comporta un hiperespacio energético que interactúa con el espacio físico.

F.E. – No es sencillo responder a la pregunta ¿dónde está el Mundo Espiritual? Evidentemente se sobreentiende que nos referimos a su ubicación “física”, casi podríamos decir “geográfica”. No sabemos la respuesta, ya que ese plano extrafísico está, puede estar, en todas partes. Nos agrada mucho la expresión “hiperespacio energético” del Dr. Regis.

D.K. – El plano extrafísico comenzó a ser habitado una vez que el Espíritu tuvo la percepción de su integridad después de la muerte del cuerpo físico. Esa percepción de la inmortalidad y de la persistencia de sí mismo, fue fruto del desenvolvimiento de su estructura mental, que le permitió mantener el pensamiento consistente y permanente, necesario para la existencia del periespiritu en el plano extrafísico. Con eso el Espíritu mantiene la forma de su cuerpo físico transferida para el cuerpo periespiritual, que lo identifica en un nuevo estado vibracional.

F.E. –No es este un párrafo de fácil comprensión, al menos para nosotros. La primera oración pareciera referirse a un hipotético principio de los tiempos, aunque podemos cuestionarnos si hubo un principio, un Big Bang como postula la Ciencia, ya que Dios ha existido siempre y cabe pensar que ha creado siempre; por lo tanto, hemos de suponer que en el plano extra-físico siempre ha habido Espíritus.

Al final de la segunda propuesta de este párrafo, nos dice el autor “…que le permitió mantener el pensamiento consistente y permanente, necesario para la existencia del periespiritu en el plano extrafísico”. No acertamos a entender lo que pretende decirnos, ya que el periespíritu “existe” en el plano espiritual aunque el pensamiento del Espíritu no sea ni consistente ni permanente.

Es probable que sea nuestra limitación de conocimiento filosófico la que no nos permite comprender estos textos. Lamentablemente ya no podemos dirigirnos al autor para pedirle aclaraciones de sus pensamientos.

En cuanto al enunciado de la tercera oración del párrafo, hay que resaltar con que simplicidad y elegancia el autor enfatiza la unión íntima entre el cuerpo y el periespíritu (durante la encarnación) y la traslación de las vicisitudes del cuerpo material al cuerpo energético.

D.K. – En ese espacio, el Espíritu se fue instalando, creando condiciones de habitabilidad y de relacionamiento, estableciendo comunidades y permaneciendo en él por tiempo variado, más necesariamente precario, pues es compelido por la Ley Natural, a través de la Ley de acción y reacción, a buscar niveles de satisfacción y equilibrio satisfactorios, o sea, la reencarnación.

F.E. – No sabríamos decir a ciencia cierta si los Espíritus del nivel evolutivo medio de nuestro planeta buscan, buscamos, “niveles de satisfacción y equilibrio satisfactorios” que nos impelen a reencarnar. Más bien pensamos que somos instados a reencarnar más por obligación que por interés propio, y que ese proceso es –en nuestro estadio evolutivo- un proceso tutelado e impulsado por Espíritus superiores a nosotros que deben ser verdaderos especialistas en el diseño, aunque sea a grandes rasgos, de los procesos reencarnatorios de la mayoría de los habitantes de ese hiperespacio energético, tal y como lo denomina el autor.

En cuanto al tema del establecimiento de comunidades afines es, ciertamente algo consustancial a nuestra especie, en todos los ámbitos de vida. Coloquialmente, en España, hay un dicho que dice: “Dios los cría y ellos se juntan”, y eso es exactamente lo que ocurre, aquí y en el Más Allá.

D.K. – La muerte, como la encarnación, es un momento extremadamente desestructurante. Durante la vida corpórea el Espíritu se identifica, sinérgica y profundamente con el cuerpo y se adapta mentalmente a las condiciones del ambiente, de la familia, del momento.

“Al ser alejado del cuerpo por la muerte, el Espíritu se ve despojado de todo ese aparato sensible y sensorial y, nuevamente, queda solo consigo mismo. Ese choque puede causar reacciones muy variadas, conforme la mente se ve delante de su realidad moral, produciendo traumas diversos.

F.E. – Sin duda tanto encarnar como desencarnar deben ser procesos que pueden fácilmente desconcertar al Espíritu; no en balde pasamos de un hábitat en el cual estamos ya acostumbrados para adentrarnos en un viaje (y esto es válido para cualquiera de los dos planos de vida) repleto de incógnitas. Sin embargo, no debemos obviar la realidad y ésta es que para muchos de los Espíritus que inician uno de esos viajes, en cualquiera de los dos sentidos, no se ha producido una comprensión de su real situación antes de adentrarse en la otra realidad. Así, pues, muchos Espíritus encarnados no comprenden el verdadero sentido de la vida y desencarnan conservando la ilusión de sentirse en el mundo material, a pesar de no tener cuerpo; y también, en la otra situación, hay Espíritus que encarnan sin haber sido conscientes de su estancia en el plano extra-físico. Así, paradójicamente, que “ese choque pueda causar reacciones muy variadas”, incluso traumas, será una señal inequívoca de progreso ya que denotará que empezamos a estar “despiertos” ante el cambio producido.

D.K. – El periespíritu, correlacionado con el espacio hiperfísico, está constituido de elementos energéticos de gran plasticidad, expresando la realidad mental y moral del ser, que en él se estampa de modo visible y, muchas veces, inconveniente y forzado.

F.E. – Debemos alabar una vez más la capacidad de síntesis del Dr. Regis para, en poco más de dos líneas, condensar, a grandes trazos, la constitución plástica del periespíritu, así como su capacidad para delatar claramente esa realidad mental y moral del Espíritu. Puede leerse, al respecto, en el artículo de Kardec “Fotografía y Telegrafía del pensamiento” (“Obras Póstumas”):

“Cuando el pensamiento crea imágenes fluídicas, se reflejan en la envoltura periespiritual como en un espejo, y como esas imágenes de objetos terrestres que se reflejan en los vapores del aire; toma en dicha envoltura un cuerpo y se fotografía en ella hasta cierto punto. Si un hombre, por ejemplo, concibe la idea de matar a otro, por impasible que esté su cuerpo material, el fluídico es puesto en acción por el pensamiento del que reproduce todos los matices; ejecuta fluídicamente el gesto, el acto que tiene intención de realizar; su pensamiento crea la imagen de la víctima y toda la escena se pinta, como en un cuadro, del mismo que está en su espíritu.”

D.K. – De ahí que Allan Kardec categorizó como “errante” el estado del Espíritu que allí se encuentra, considerando que la permanencia en el plano extrafísico está relacionada con la necesidad de progreso individual y colectivo. En el estadio evolutivo medio de la humanidad terrena, el punto de referencia es la vida corpórea, ya que ahí elabora progresivamente su identidad.

F.E. Sin duda el empleo de las palabras “errante” y “erraticidad”, propuestas por Kardec (“El Libro de los Espíritus”, Libro II, Cap. VI) pueden generar un cierto desconcierto pues, inevitablemente, las vinculamos a leyendas tales como “el judío errante” o “el holandés errante”, personajes condenados a vagar eternamente sin obtener la paz. Sin embargo no es este el concepto que nos transmite Kardec. Para Kardec la erraticidad es el estado normal de los Espíritus en el intervalo comprendido entre dos encarnaciones y, en ese estado, hay Espíritus de todo tipo.

En cuanto a que, en el nuestro estado evolutivo, “el punto de referencia es la vida corpórea”, estamos totalmente de acuerdo con el Dr. Regis. Para el común de los Espíritus vinculados a este planeta el mundocorporal es más importante, para nuestra evolución, que el mundo espiritual. Aquí, “estamos” más despiertos, más conscientes y tenemos más libertad de acción. Es aquí donde aprendemos lo que es el “Más Allá”, hasta que llega el momento en que “allá” seremos más conscientes de nosotros mismos y seremos capaces de actuar con más libertad y conocimiento de causa.

D.K. – Las comunicaciones de los Espíritus muestran que el plano extrafísico, de modo alguno es un local organizado, dirigido por una autoridad central, como sugieren las ideas del cielo y el infierno cristianos. Es un plano, tal como el corpóreo, abierto a las más diversas y contradictorias manifestaciones de personas y grupos.

Pero, como en todo el Universo, en ese aparente caos, la directriz de la Ley divina se establece, sea por la jerarquización de los Espíritus, sea por las presiones de la realidad moral e intelectual que cada uno desenvuelve y vive. Todos siguen los rumbos del producto de sí mismos.

F.E. – Se observa una aparente contradicción entre estos dos últimos párrafos ya que, por un lado, se dice que el plano extrafísico no parece ser un lugar organizado y, por otro lado, se afirma que se establece la directriz de la Ley divina. La Ley Natural o divina nos permite, con un amplio margen de maniobra, una expresión libre de sentimientos y emociones -positivos y negativos-, expresión que puede dar una falsa imagen de caos. Pero, como no podría ser de otra manera, ese aparente caos está realmente tutelado y controlado por una autoridad superior, que denominamos genéricamente como Ley Natural, que regula coherentemente el ejercicio de nuestra libertad.

D.K. – Es un plano caótico, semejante al de la vida corpórea. Es comprensible, pues, al final, allí desembarcan diariamente las multitudes que dejan la vida corporal con sus realidades. Y se agrupan según las simpatías, vibraciones o los sentimientos.

F.E. – Esta es una realidad que algunos espiritistas noveles no alcanzan a comprender y es que, después de desencarnar, no nos convertimos en sabios y no lo comprendemos todo, sino que llegamos al plano extra-físico con nuestras realidades, buenas y malas, y, también, con nuestras ideas fijas que constituyen un lastre costoso de abandonar (véase el párrafo final de este capítulo).

D.K. – La gran mayoría parece que permanece alienada.

“Algunos se reúnen y forman grupos y organizaciones específicas, crean y mantienen lugares bien organizados, como oasis, islas de convivencia, que están dirigidas hacia el bien, estableciendo uniones mentales y actitudes positivas. Se ligan a los encarnados que permanecen en la misma línea de comportamiento.

“Otros forman agrupaciones dirigidas hacia el mal, con organizaciones jerárquicas y policiales específicas. Esos grupos relativamente organizados, conforme a la naturaleza de sus intenciones y deseos, por no poseer abertura para una vida fuera de los parámetros de la corporeidad, pueden establecer una red de vínculos mentales con los encarnados que permanecen en la misma faja vibratoria, en procesos vampíricosy simbióticos.

“Están, además, los “independientes”, personas y grupos aleatorios, especie de vagabundos extrafísicos que, incluso sabiéndose “muertos” no consiguen vivir fuera del ambiente corporal. La variedad parece grande. Hay los que solamente andan por ahí, sin rumbo fijo, uniéndose eventual o firmemente a muchos encarnados de la misma especie mental. Existen los que se aíslan, los que niegan la inmortalidad, los que cultivan depresiones, persiguiendo las intenciones desviadas del envolvimiento mental deprimente, configurando el escenario general de un plano extrafísico bastante conflictivo.

F.E. – Excelente resumen el que nos traza el autor de la distribución y organización de los Espíritus desencarnados; es un resumen muy sobrio y muy realista, alejado de cualquier planteamiento fantasioso. Nos parece muy adecuada la expresión de “vagabundos extra-físicos”. Tal vez cabría la diferenciación de otro subgrupo, el de los Espíritus profundamente turbados y casi inmunes al ambiente espiritual que les circunda, debido a la alta densidad de su periespíritu, fruto de su ignorancia y de sus pretéritas e inadecuadas actuaciones. Cabe suponer que estos últimos deben estar tutelados por entidades pertenecientes a esos “oasis de convivencia” de que nos habla el Dr. Regis, ya que nadie está exento de una atención superior.

D.K. – Esa realidad global de la vivencia de los seres humanos, tanto en el mundo corpóreo, como en el extracorpóreo, da una idea de la naturaleza de las relaciones entre los encarnados y desencarnados, echando por tierra, la natural inclinación de considerar a los “muertos” como

portadores de sabiduría natural. Kardec dijo que los consideraba colaboradores y no reveladores predestinados. Así debe ser.

F.E. – Recordemos aquel lúcido texto de Kardec, inserto en “Obras Póstumas”: “Procedí con los Espíritus como hubiera procedido con los hombres: me sirvieron, desde el más pequeño al más grande, como medios de estudio; nunca como reveladores predestinados”.

Y, en ese mismo texto, señala Kardec: “Uno de los primeros resultados de mis observaciones fue el darme cuenta de que los Espíritus, no siendo otros que las almas de los hombres, no poseen ni la soberana sabiduría ni la soberana prudencia; que su saber era proporcionado a su progreso, y que su opinión no tenía más valor que el de una opinión personal. Esta verdad, reconocida desde el principio, me preservó del grave escollo de creer en su infalibilidad y de formular prematuras teorías sobre la palabra de uno solo o de varios de ellos.”

Ojalá que todos los espiritistas comprendiéramos, y pusiéramos en práctica, estas sabias consideraciones de Kardec. Sin duda ello redundaría en una mejor imagen del Espiritismo ante el mundo, amén de servir de depurativo de las fantasías e incongruencias que, en demasiadas ocasiones, se encuentran en las producciones mediúmnicas.

D.K. – La permanencia en el plano extrafísico, como vemos, tiene colores dispares. Algunos no soportan quedar lejos del mundo corpóreo y para ellos reencarnar es una necesidad emocional. Otros, al contrario, se adaptan a la vida fuera del cuerpo somático y se resisten cuanto pueden al retorno. Hay los que demoran el regreso por dificultades que experimentan al no poder afirmarse como Espíritus y a veces enloquecen.

F.E. – Debemos tener la seguridad de que nadie se quedará sin la oportunidad de reencarnar, cuando ésta sea conveniente, estemos conformes o no con ello. Afortunadamente otros, con más criterio que nosotros, decidirán cuando será el momento oportuno de emprender otra incursión en el plano material.

D.K. – Aunque en una visión genérica, el Plano Extrafísico en modo alguno sea un lugar disciplinado, hay, ciertamente, un centro coordinador, una fuente dirigente que se manifiesta siempre que sea necesario. Ese centro directivo, constituido de Espíritus elevados actúa, suplementa, buscando promover el equilibrio personal y grupal. Parece no haber una unidad definitiva, sino centros específicos y múltiples dirigidos por un gobierno objetivo y firme. Grupos y organizaciones reúnen los prosélitos de las religiones como el catolicismo, el protestantismo, el judaísmo, el islamismo, el candomblé, la umbanda, para citar las que vienen a la memoria sin esfuerzo.

F.E. – Hay espiritistas que se desaniman a la vista de la situación amoral e inmoral de nuestro mundo, como si no existiera un poder superior espiritual que condujera adecuadamente el rumbo de esta nave que es la Tierra. Estamos totalmente de acuerdo con el autor en cuanto a la existencia de “un centro coordinador”, de “una fuente dirigente”, en suma, de “un gobierno objetivo y firme”. Ha de haber, sin ningún margen de duda, un “equipo directivo” compuesto por Espíritus inteligentes, instruidos y con alta moralidad que dirijan el destino de esta escuela que es nuestro planeta. Y si su actuación no es más contundente con los desvíos que se observan en nuestra sociedad, no es porque no puedan o no sepan, sino porque el estado actual de cosas es el adecuado para el aprendizaje de los Espíritus vinculados a este proyecto evolutivo. Además los Espíritus tenemos libre albedrío, por restringido que éste pueda ser, y, evidentemente, tenemos la posibilidad de manifestarlo, ya hacia el bien, ya hacia el mal. Hemos de tener la confianza de que ese equipo espiritual está perfectamente capacitado para tomar las decisiones oportunas y hemos de saber, que ese equipo nos tutela y ampara siempre. Lo que ocurre es que, muchas veces con nuestras incongruencias, nos apartamos de esa tutela; por ello debemos culparnos a nosotros mismos por la mayoría de nuestros males y no al mundo espiritual.

D.K. – Algunos pocos son espíritas. Eso deshace una impresión muy difundida de que al morir todos se tornan espíritas, y debería aumentar la vigilancia sobre el tenor de las comunicaciones mediúmnicas.

F.E. – Este último párrafo se merece todos los resaltes posibles. A veces cuesta comprender que en el hiperespacio energético que interactúa con nuestro planeta no haya muchos espiritistas. Esto no debería extrañar tanto. La respuesta a la pregunta de ¿cuántos espiritistas hay encarnados en el planeta Tierra? sería, sin duda, muy pocos. ¿Y hemos de sorprendernos, pues, de que haya, también, pocos en el mundo espiritual?

Por otra parte hay que aplicar a rajatabla la recomendación del Dr. Regis en cuanto a la necesidad ineludible de “aumentar la vigilancia sobre el tenor de las comunicaciones mediúmnicas”; ello nos librará de muchos sinsabores.

TOMADO DE: http://www.cbce.info/web/index.php/doctrina-kardecista/50-oculto/153-capitulo-iii-el-plano-extrafisico

Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo II – Las Etapas del Desenvolvimiento del Espíritu

1. La experiencia corporal

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – “Es fácil entender el mecanismo de la evolución del ser inteligente.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.)“Es fácil entender”dice el Dr. Regis, aunque, realmente no es sencillo, para la mayoría de la humanidad, el comprender que la evolución del Ser Inteligente es “algo” que se produce de una manera natural, equivalente -que no idéntica-, siempre adecuada para todos los seres y tutelada por estructuras espirituales superiores… hasta remontarnos a la protección Divina.

D.K. – “Creado como un ser potencial, incorpóreo, como un conjunto vacío, el ser inteligente posee una fuerza intrínseca, la agresividad básica, que instintivamente le hace buscar la sobrevivencia.

F.E. – Vamos a abundar y a matizar un poco más sobre estos conceptos tan potentes, enunciados de una manera tan sintética por el autor:

  • “ser potencial”:
    Veamos lo que dice Léon Denis en su obra “Después de la muerte”, cap. XII: El objeto de la vida” “El alma es un mundo; un mundo en el que se mezclan aún las sombras y los rayos de luz y cuyo estudio atento nos hace ir de sorpresa en sorpresa. En sus pliegues, todos los poderes están en germen, esperando la hora de la fecundación[1] para abrirse en chorros de luz”.
    O sea, no es que el espíritu -a través de su proceso evolutivo- vaya agregando potencialidades, si no que lo que hace es ir desarrollando esas potencialidades que posee en esencia, en germen.
  • “incorpóreo”:
    Que no es lo mismo que inmaterial. A este respecto se puede recordar una de las preguntas filosóficamente más interesantes de “El Libro de los Espíritus”, la número 82:
    “¿Es exacto decir que los Espíritus son inmateriales?

    “ (…) Inmaterial no es la palabra, y sería más exacto decir incorpóreo; porque debes comprender perfectamente que, siendo una creación el Espíritu, ha de ser algo y es, en efecto, materia purificada; pero no tiene análoga entre vosotros, siendo además tan etérea, que no puede impresionar vuestros sentidos”.

    Es decir, que el Espíritu es “algo” material. Ciertamente esta proposición puede tener muy interesantes derivadas filosóficas. No creemos que éste sea el momento ni el lugar para estas digresiones filosóficas, que realizaremos en otra oportunidad.
  • “conjunto vacío”:
    A pesar de que el espíritu es creado “simple e ignorante[2]”, se nos hace difícil asemejarlo a un conjunto vacío. Sin embargo, reconocemos que esta apreciación del Dr. Regis es muy interesante. Tal vez, habría que añadir que se trataría de un conjunto vacío con la posibilidad de incorporar elementos de crecimiento en su interior.
  • “fuerza intrínseca”, “agresividad básica”:
    Parece que estos conceptos nos llevan al “principio vital” o “fluido vital” de Kardec.

D.K. – “Inserto en el universo material, con él interactúa desenvolviendo un “cuerpo mental” como apéndice de almacenamiento de las experiencias. Realiza su curva evolutiva, viviendo ligado a organismos que, en escala ascendente, le permiten el largo aprendizaje hasta alcanzar el nivel hominal.

F.E. – Entendemos la intención del autor al proponer ese desenvolvimiento de lo que denomina como “cuerpo mental”. Sin embargo, pensamos que la utilización de esta expresión que, habitualmente, usan otras escuelas filosóficas, puede llevar algún desconcierto al lector. Ya sabemos que hay otras concepciones que piensan que el periespíritu está formado por diversos “cuerpos”, aspecto al que no se refirió en absoluto Kardec. Evidentemente no se puede ser tan reduccionista como para pensar que el periespíritu sea algo monolítico, si no que  podemos  entender, perfectamente, que se trate de una estructura compleja. Pero, de ahí a utilizar esos términos, más bien ocultistas, hay mucho trecho. Creemos que hay que estar en la línea promovida inicialmente por Kardec, y también recomendada por el Dr. Regis, de que el Espiritismo tenga un lenguaje propio. Por todo ello no consideramos adecuada, en Espiritismo, esta expresión de “cuerpo mental”. Mucho más adecuada nos parece la denominación de “estructura mental” utilizada por el autor en el capítulo III de esta segunda parte.

D.K. – “La alternancia de la encarnación y desencarnación, vida y muerte, con la evolución de los organismos a los cuales se liga, posibilita al ser inteligente desenvolver su mente, fortaleciendo una construcción recíproca entre él y los cuerpos.

“Encarnar y desencarnar, es el motor básico de la evolución del ser inteligente. La reencarnación es, pues, el instrumento básico de la evolución del Espíritu, desde las primeras manifestaciones como Principio Inteligente.

F.E. – Realmente la Ley de la Reencarnación es la piedra angular de la evolución del alma, y también, además, de la doctrina espiritista. Es, asimismo, una de las más importantes contribuciones del Espiritismo al conocimiento humano. Podríamos asemejar a la Reencarnación como siendo una especie de caballo de Troya: un “envoltorio” interesante (la posibilidad de haber vivido y de vivir muchas vidas) que esconde en su interior una compleja realidad filosófica como, por ejemplo, la Ley de Responsabilidad personal.

2. La unidad continua de la humanidad

D.K. – “El descubrimiento del plano extra físico amplió el sentido de la inmortalidad e integró al ser humano a las dimensiones en que se manifiesta. La tumba es receptáculo de un organismo que se desgastó. Con eso la inmortalidad gana un nuevo sentido y un nuevo horizonte con la secuencia natural de la persona, más allá del fenómeno de la muerte.

F.E. – Evidentemente, inmortalidad sin una continuación de las actividades del Espíritu -como enseñan algunas religiones- redunda en desánimo e incredulidad acerca de la vida post-mortem. El conocimiento de la existencia del plano espiritual, o extra físico como lo denomina el autor, y la comprensión de la verdadera situación de los espíritus en él (ni sabios por el hecho de haber desencarnado, ni réprobos a perpetuidad por el hecho de los “pecados” cometidos por muchos), es de una gran ayuda para los espíritus encarnados y desencarnados que van entreviendo esa realidad de la vida más allá de la tumba.

D.K. – “Ese reciclaje, vida y muerte, en las integraciones y disipaciones sucesivas, da al ser inteligente un campo existencial prácticamente ilimitado, en planos vibracionales o dimensiones energéticas que se interligan e interactúan.

La sensorialidad natural del plano corpóreo, y la plasticidad energética del plano extra físico, coexisten y se entrecruzan, guardadas las peculiaridades de cada uno.

F.E. – “Coexisten, se entrecruzan” e influyen continuamente el uno en el otro (como dice el autor en el párrafo anterior). Esa influencia mutua, que tan bien plasma el Espiritismo, constituye uno de los aspectos más desconocidos -a veces, incluso, para algunos espiritistas-, más interesantes y muy a tener en cuenta (por sus implicaciones en la vida cotidiana de cada cual) por los estudiosos de nuestra doctrina.

Los hay que se creen exentos de “sentir” las influencias del plano espiritual por el hecho de no tener sensibilidad mediúmnica. Sin embargo, la afinidad de sentimientos, de intenciones y de pareceres hace que los espíritus de ambos planos nos sintamos atraídos y nos influyamos mutuamente, a veces de forma inconsciente.

D.K. – “Su descubrimiento derrumbó las antiguas concepciones acerca de lugares de premios y castigos más allá de la tumba, y estableció la continuidad natural de la vida personal y colectiva, aunque con sus características bastante diferentes.

F.E. – Este “derrumbamiento” de esas ideas tan antropomórficas de un Dios que nos premia o castiga, según hagamos o no su voluntad, es realmente un gran paso adelante en el progreso moral del Espíritu. Ciertamente es un paso incómodo ya que nos aleja de una protección divina paternalista, para pasar a un concepto de progreso con implicaciones totalmente personales. El hecho de que seamos más o menos felices ya no depende de que “agrademos” más o menos a Dios, sino que depende exclusivamente de nuestros esfuerzos. Realmente es un cambio importante, duro, y, al mismo tiempo, esperanzador.


[1] En algunas versiones castellanas la palabra francesa “fécondation” ha sido traducida impropiamente, pensamos, por “fundación”.

[2] “Dios creó a todos los Espíritus sencillos e ignorantes, es decir, faltos de ciencia” (”El Libro de los Espíritus”, apartado 115). Lo cual no contradice en absoluto la anterior afirmación de que el Espíritu tiene todas las potencialidades en esencia.

Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS

Capítulo III – El Modelo Espirita

1. Dificultades y ambigüedades

 

D.K. – “Al afirmar que “Para las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras. Así lo requiere la claridad en el lenguaje, con el fin de evitar la confusión inseparable del sentido múltiple dado a los mismos términos” (“El Libro de los Espíritus”-Introducción), Allan Kardec pretendía proteger las ideas espiritas que lanzaba, de los vicios del lenguaje cristiano. Él sabía de la fuerza y del poder de las palabras, y el lenguaje cristiano estaba clara y perfectamente establecido en la cultura y en la mente de las personas, condicionadas por la autoridad religiosa, por el peso de la verdad revelada y reafirmada milenariamente.

 

Por eso, él quería desvincular el lenguaje espirita del lenguaje católico, el cual, en esencia, contraría el sentido revolucionario del Espiritismo.

 

F.E. – No es fácil -al menos para nosotros- discernir exactamente cuál era la intención última de Kardec al proponer nuevas palabras para definir nuevos conceptos. No nos atreveríamos a afirmar si lo hizo para desmarcarse, en forma exclusiva, de las definiciones cristianas o, simplemente, lo hizo para concretar de forma inequívoca el significado de esos conceptos.  A la vista del párrafo siguiente, cuando Kardec discurre acerca del significado de la palabra alma (“El Libro de los Espíritus”, Introducción, II), nos inclinaríamos por la segunda posibilidad; es decir, que simplemente definió para concretar: “Puesto que la palabra alma ha de aparecer con frecuencia en el transcurso de esta obra, importaba determinar con precisión el sentido que le damos, a fin de evitar todo posible equívoco.” Evidentemente, al definir también se estaba alejando, de forma inevitable, de las concepciones religiosas de estos conceptos.

Encontramos muy acertado resaltar el aspecto revolucionario del Espiritismo. Sin duda el Espiritismo ha de obrar –cuando la madurez de los espíritus encarnados en este planeta, así lo propicie- una verdadera revolución en la forma de entender la vida y el encaje de esos formidables temas como son: libertad, igualdad, fraternidad, justicia, progreso y responsabilidad.

D.K. – “Afirmando que el Espiritismo era “una ciencia objetiva”, él tenía la intención de crear un universo lingüístico que justificase la “revolución” que se proponía realizar. Sin embargo, a pesar de su innegable talento y determinación, su deseo de crear un nuevo lenguaje, una forma nueva de nombrar la naturaleza, la persona y el futuro, no pudo concretarse.

 

F.E. – No somos capaces de recordar en qué texto de Kardec se menciona que el Espiritismo es una ciencia objetiva. Sin embargo, podemos ahondar un poco en esta cuestión. ¿Qué hemos de entender por “ciencia objetiva”? A bote pronto, lo primero que se nos ocurre es relacionar esa expresión con las ciencias exactas y naturales (Matemáticas, Física, Química, Geología, Botánica,…); ¿podríamos incluir el Espiritismo en ese conjunto de ciencias? Evidentemente no, ya que “El Espiritismo es al mismo tiempo una ciencia de observación y una doctrina filosófica. En cuanto ciencia práctica, consiste en las relaciones que es posible establecer con los Espíritus. Como filosofía, abarca todas las consecuencias morales que de dichas relaciones emanan” (¿Qué es el Espiritismo?, Preámbulo). Por lo tanto, y teniendo en cuenta quienes son los sujetos de esa investigación científica en el Espiritismo[1], o sea los Espíritus, la ciencia espiritista más bien se acerca al ámbito de las ciencias humanas (Antropología, Psicología, Filosofía, Sociología,…). Lo que sí debe prevalecer es la asunción de trabajar bajo los preceptos del método científico, lo que nos evitará caer en las redes de la credulidad, de los endiosamientos y de las falacias de ciertos Espíritus.

 

D.K. – “No consiguió mantener un lenguaje estrictamente revolucionario del pensamiento espirita. Después de “El Libro de los Espíritus” y de “El Libro de los Médiums”, a partir de 1864, él editó una serie de libros típicamente volcada hacia las bases de la religión católica: “El Evangelio según el Espiritismo”, “El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo” y “La Génesis o los Milagros y las Predicciones según el Espiritismo”.

 

F.E. – Es verdad que, después de la publicación de las obras básicas del Espiritismo: “El Libro de los Espíritus”, “El Libro de los Médiums” y “¿Qué es el Espiritismo?” [2], Allan Kardec parece dar un giro evidente a la índole de los temas a tratar. Ello nos ha de llevar a preguntarnos por qué se dio este, por lo menos aparente, cambio de criterio.

Y a propósito de este comentario, insertamos a continuación este texto con el fin de poder expresarnos con mayor amplitud:

*

KARDEC Y EL CRISTIANISMO

David Santamaría

dsantamaria@cbce.info

 

Muchas veces nos hemos preguntado la razón de este cambio de orientación en la temática expuesta por Kardec en sus obras, a partir de 1864. Cambio que se plasma especialmente a partir de su obra “Imitación del Evangelio según el Espiritismo”, publicada en abril de 1864[3].

Jaci Regis afirma que tanto esta obra como las siguientes publicadas por Kardec están: “típicamente volcadas hacia las bases de la religión católica”. Realmente, esta es una de las opciones que pueden barajarse para intentar entender su publicación. Es perfectamente posible que Kardec intentara acercar los principios espiritistas a los creyentes cristianos, y ¿qué mejor manera de hacerlo que incidiendo en los aspectos menos polémicos de la vida de Jesús -es decir, en la faceta moral- para empezar este acercamiento[4]? ¿Sería ello contraproducente o fuera de lugar? En sentido estricto, no. No podemos olvidar que los aspectos morales se tornan más comprensibles desde la óptica del Espiritismo. Por ello, a priori, no pareciera fuera de lugar la intención de Kardec. Sin embargo, a través de la obra, nos encontramos con algunos párrafos que llevan a confundir los ámbitos espiritista y cristiano en uno solo; por ejemplo:

“El Espiritismo bien comprendido, pero sobre todo, bien sentido, conduce forzosamente a los resultados (…) que caracterizan al verdadero espiritista como al verdadero cristiano, siendo los dos una misma cosa. El Espiritismo no viene a crear una moral nueva; facilita a los hombres la inteligencia y la práctica de la de Cristo, dando una fe sólida e ilustrada a los que dudan o vacilan.” (“El Evangelio según el Espiritismo”, cap XVII, núm. 4)

O sea, que verdadero espiritista y verdadero cristiano serían una misma cosa. Ciertamente no estamos de acuerdo con esta apreciación, ya que cerraría la puerta de esta Idea Universal que es el Espiritismo a personas de otras procedencias, religiones o credos. Como ya enseñaba el pionero espiritista español, José María Fernández Colavida: “el Espiritismo ha de serlo a secas, sin adjetivos calificativos como cristiano o francés.”

Otro texto que siempre nos ha llamado poderosamente la atención es la comunicación -del Espíritu de Verdad- inserta al principio de esta obra. Anotó Kardec a pie de página: “Esta instrucción, obtenida mediúmnicamente, resume a la vez el verdadero carácter del Espiritismo y el objeto de esta obra, por cuya razón ha sido puesta aquí como prefacio”. Veamos el texto de esta comunicación:

“Los espíritus del Señor que son las virtudes de los cielos, se esparcen por toda la superficie de la tierra como un ejército inmenso, apenas han recibido la orden; parecidos a las estrellas que caen del cielo, vienen a iluminar el camino y a abrir los ojos a los ciegos.

 

En verdad os digo, que han llegado los tiempos en que todas las cosas deben ser restablecidas en su verdadero sentido, para disipar las tinieblas, confundir a los orgullosos y glorificar a los justos.

 

“Las grandes voces del cielo retumban como el sonido de la trompeta, y se reúnen los coros de ángeles. Hombres, os convidamos a este divino concierto; que vuestras manos pulsen la lira; que vuestras voces se unan y que en himno sagrado se extiendan y vibren de una a otra parte del Universo.

 

“Hombres, hermanos a quienes amamos, estamos a vuestro lado: amaos también unos a otros, y decid desde el fondo de vuestro corazón, haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo: ¡Señor! ¡Señor! y podréis entrar en el reino de los cielos.” (Todos los resaltados son nuestros).

La verdad es que no reconocemos en esta comunicación los elementos distintivos de esa ciencia que es el Espiritismo. Comentemos brevemente los resaltados:

  • Se supone que las “virtudes de los cielos” deben ser los espíritus superiores. Esa nomenclatura es extraña al Espiritismo.
  • “en verdad os digo”, es una manera de firmar inequívocamente la comunicación. Nos cuesta creer que, en la actualidad, Jesús empleara los términos contenidos en este mensaje.
  • “los coros de ángeles”. Los ángeles, tal y como enseña el Espiritismo no existen. Este lenguaje -que, hemos visto reflejado actualmente en libros que se presentan como espiritistas- no es propio del Espiritismo y no debería usarse en su contexto.
  • “haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo”: Dios no está en el cielo, ya que el “cielo” de las religiones no existe. Dios está en toda la Naturaleza.
  • “podréis entrar en el reino de los cielos”. No se “entra” en los mundos espirituales superiores sino por el trabajo, el esfuerzo y la depuración personal; nunca por las alabanzas que se prodiguen a la Divinidad (“¡Señor! ¡Señor!”).

Realmente, no encontramos en esta comunicación el “verdadero carácter del Espiritismo”. Y, sin embargo, en este libro en cuestión encontramos capítulos magníficos y comentarios doctrinales correctísimos y muy interesantes. Una cosa no quita la otra. Podemos estar en desacuerdo con algunos planteamientos estructurales y, no obstante, reconocer los valores intrínsicos de la obra.

A pesar de todo lo antedicho, la pregunta sigue en pie: ¿Por qué cambió Kardec el rumbo estructural del Espiritismo?

Tal vez, y pensamos que no podemos descartar esta hipótesis, no hubo realmente un cambio de rumbo, sino la aplicación de un plan bien delineado. En primera instancia se cimentó un edificio doctrinal impecable sustentado en “El Libro de los Espíritus” y en “El Libro de los Médiums”. En segundo lugar parece haber habido una aproximación a los aspectos más cercanos de las religiones cristianas, tal vez para asegurar la pervivencia de la idea. Es innegable, como resalta Jaci Regis más adelante, que el Espiritismo en Europa estaba condenado a su práctica desaparición, a pesar de su espectacular crecimiento en sus primeros decenios de vida. El Espiritismo nació en el lugar idóneo, Paris, en el momento adecuado, mediados del gran siglo de los grandes descubrimientos. Pero, con toda seguridad, los Espíritus colaboradores de Kardec debieron prever su declive en algunas décadas. Posiblemente la mejor manera de asegurar su continuidad era ligándolo a aspectos religiosos, para, en un futuro más o menos lejano, recuperar su pureza doctrinaria.

Análogamente hubiera pasado seguramente con la doctrina de Jesús. Si las enseñanzas de aquel gran Espíritu hubieran quedado circunscritas al pueblo judío, probablemente hoy en día no sabríamos ni siquiera quién fue Jesús. Pero, el empuje de aquel importante apóstol que fue Pablo, predicando a infieles, y alejándose de las fronteras judías, propició que la estela de Jesús –con la inevitable alteración de sus ideas por parte de los diversos procesos religiosos- llegara, más o menos pura, hasta nuestros días.

Es probable que el paso por el contexto religioso sea una circunstancia inevitable y necesaria para el posterior desarrollo, en sus delineamientos originales.

Evidentemente, todo lo antedicho es sólo una opinión personal.

*

D.K. – “La argumentación es ciertamente espirita, pero el intento de dar una explicación racional a la fe, adjetivando o usando los términos católicos ayudó posteriormente a confundir las cosas… Al afirmar que “Es con razón, pues, que el Espiritismo es considerado como la tercera de las grandes revelaciones” (“La Génesis”, cap. 1, núm. 20) incluyendo al Espiritismo en el supuesto cronograma de las revelaciones divinas dentro del universo cristiano, aprisionó la doctrina al lenguaje católico.

 

F.E. – Concordamos con la opinión del Dr. Regis. El Espiritismo no es la Tercera Revelación, ya que no podemos olvidar las muy relevantes enseñanzas obtenidas en otros pueblos, enseñanzas como el Islamismo, el Budismo, la Filosofía Yogui.

 

D.K. – “Eso se tradujo en una mezcla de palabras y significados que, después del fracaso del Espiritismo en Europa, permitió a los místicos católicos brasileños que empuñaron la bandera del Espiritismo, crear un “Espiritismo a la brasileña”, básicamente una religión en el sentido usual de la palabra, defendiendo y manteniendo los símbolos y significados del catolicismo.

 

“La bandera que bien alto enarbolamos es la del Espiritismo cristiano y humanitario[5]”, escribió Kardec en “El Libro de los Médiums”, (cap. XXIX, núm. 350). Podemos hacer muchas conjeturas acerca de cual era su intención al escribir de esa forma, pero lo que importa es que la expresión “Espiritismo cristiano” se tornó, en Brasil, la identificación misma del Espiritismo.

 

F.E. – Evidentemente encontramos mucho más correcta y universal la expresión “Espiritismo humanitario”, aunque, como ya decíamos más arriba, el Espiritismo no necesita de adjetivos.

 

D.K. – “Los que se adhirieron al movimiento espirita sin desvincularse de la marca católica, eligieron a Jesucristo, idealizado por la Iglesia, como el salvador, manteniendo lazos firmes con el catolicismo, aunque lo considerasen un espíritu encarnado, sujeto a la evolución, y no un dios.

 

F.E. – Pero, a pesar de que tengan claro que se trata de un Espíritu, no por ello dejamos de encontrar textos en los que, prácticamente, se diviniza la figura de Jesús, lo cual sin duda, resta cercanía a esa gran figura de la humanidad.

 

2. “El Cielo y el Infierno”

 

D.K. – “Ningún libro de Allan Kardec muestra las dificultades y ambigüedades de la falta de un nuevo lenguaje y de nuevos conceptos desvinculados de la Iglesia, que “El Cielo y el Infierno”.

 

Editado en 1865, con el subtítulo “La Justicia Divina según el Espiritismo”[6] el libro aborda la propuesta del catolicismo sobre las penas futuras. En él, Allan Kardec analiza los postulados católicos, dando una explicación espirita a los fundamentos del catolicismo sobre el futuro del alma después de la muerte, o sea, los castigos en el infierno y las recompensas en el cielo.

 

En la primera parte, el autor habla de la muerte, del porvenir, del cielo, del infierno y del purgatorio según la Teología Cristiana. Hace un malabarismo teórico, sin rechazar propiamente esa Teología, pero intentando darle una explicación diferente.

 

Esa postura contraría lo que él escribió en la primera línea de “El Libro de los Espíritus”: “Para las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras”. Insiste en mantener los términos católicos para explicar la justicia divina, y eso se traduce en contradicciones como la que se presenta cuando afirma: “En esa inmensidad sin límites, ¿dónde está, pues, el Cielo? Está en todas partes”[7], lo cual muestra una relación dudosa con la localización física del cielo, recorriendo un camino que lo relaciona con la antigua idea del cielo arriba y del infierno abajo y la Tierra estacionada.

 

A continuación, elige los mundos superiores como una especie de cielo: “La vida en los mundos superiores es ya una recompensa (…) Allí imperan la verdadera fraternidad, porque no hay egoísmo; la verdadera libertad, porque no hay orgullo; la verdadera igualdad porque no hay desordenes que reprimir, ni ambiciosos que quieran oprimir al débil. Comparados con la tierra aquellos mundos son verdaderos paraísos, son etapas del camino del progreso que conduce al estado definitivo”.[8]

 

Sería ese el cielo del Espiritismo, en sustitución del cielo católico. Es evidente que las motivaciones son otras, pero el lenguaje es semejante y condicionante.

 

De la misma forma, afirma: “El Espiritismo no viene, pues, a negar la penalidad futura (…). Lo que destruye es el infierno localizado con sus hornos y sus  penas irremisibles. No niega el purgatorio, puesto que prueba que estamos en él…[9]

 

Elige el plano extra físico como el lugar donde esas penalidades serían aplicadas: “En el estado espiritual, sobre todo, el espíritu recoge los frutos del progreso logrados  por su trabajo durante la encarnación.”[10]

 

En definitiva, queda una masa indiferenciada.

 

 

F.E. – A pesar de todo lo antedicho por el Dr. Regis, “El Cielo y el Infierno” es una obra muy interesante, con la salvedad de los párrafos y expresiones controvertidos que acabamos de leer. Recomendamos especialmente la lectura de los siguientes capítulos de la primera parte:

  • I:    “El futuro y la nada”
  • II:   “El miedo a la muerte”
  • VI:  “Doctrina de las penas eternas”
  • VII: “Las penas futuras según el Espiritismo”
  • XI:  “Acerca de la prohibición de evocar a los muertos”

En cuanto a la segunda parte, toda ella es grandemente interesante:

  • I:     “La transición” En este capítulo, Kardec nos explica todo lo que ocurre en el momento de la muerte.
  • II:    “Espíritus felices”
  • IV:   “Espíritus en sufrimiento”
  • VI:   “Criminales arrepentidos”
  • VII:  “Espíritus endurecidos”
  • VIII: “Expiaciones terrenales”

Es muy conveniente una lectura atenta de las comunicaciones que componen la segunda parte de esta obra. Especialmente recomendables son los comentarios insertos por Allan Kardec. O sea, son comunicaciones interesantes comentadas por el Fundador del Espiritismo. No se puede pedir más.

 

D.K. – “¿Qué movió a Kardec a esa posición conciliatoria, procurando dar razones a la Teología, apenas creyendo que hubo una equivocación? ¿Sería todo una cuestión de palabras?

 

En verdad, según el Espiritismo, no existen el cielo, el infierno ni el purgatorio.

F.E. – Estamos totalmente concordes con estas aseveraciones. Y, abundando más, deberíamos -en el contexto espiritista, especialmente el divulgativo- evitar tales expresiones. El Espiritismo puede denominar con precisión cualquiera de esos conceptos sin necesidad de recurrir a las tipificaciones cristianas. Por ejemplo, para hablar de…, se podría decir…:

  • el infierno ► mundos inferiores
  • el purgatorio ► muchas situaciones de la erraticidad y la encarnación en mundos inferiores
  • el cielo ► mundos superiores
  • los demonios ► espíritus ignorantes, malvados, atrasados, inferiores…
  • ángeles y arcángeles ► espíritus instruidos, ilustrados, superiores…
  • recompensas ► situaciones positivas derivadas de un correcto comportamiento
  • castigos ► consecuencias negativas de nuestros errores
  • “rescate”, “pago” de deudas ► reequilibrio, neutralización, compensación de errores pasados
  • “dar luz”, “hacer caridad” a espíritus perturbados ► orientar a espíritus perturbados
  • “practicar”, “hacer” Espiritismo ► realizar reuniones mediúmnicas

 

D.K. – “Remendar paño viejo con paño nuevo es incompatible, ya lo dijo Jesús de Nazaret.[11]

 

Ángel no puede ser sinónimo de Espíritu puro.

 

F.E. – Unas palabras más acerca de los ángeles. En este momento los ángeles están de moda, en muchos contextos culturales y pseudo culturales de nuestro mundo. Y, parece, que esta moda también se acerca al Espiritismo. Repetimos, los ángeles, arcángeles y serafines no existen; de existir, serían unos seres especiales y, en Espiritismo, lo único que nos diferencia es el grado evolutivo, nada más.

Por todo ello, debe evitarse cuidadosamente la mención de estos conceptos en nuestras Asociaciones espiritistas, especialmente en lo que respecta al contexto divulgativo. De lo contrario se están confundiendo conceptos y se está induciendo a error a quienes nos escuchan o leen. En aras de la buena voluntad, no vale todo y no puede aceptarse todo, y si alguien, en nuestro ámbito, se empeña en divulgar estas inexactitudes hay que hacérselo entender y no propiciar con nuestra colaboración la diseminación de esas concepciones extrañas al Espiritismo.

 

D.K. – “El diablo no puede ser justificado como la condición de un espíritu imperfecto u obsesor.

 

El purgatorio no tiene sentido en la justicia divina, según el Espiritismo.


[1] “Las ciencias comunes se basan en las propiedades de la materia, que se puede experimentar y manipular a voluntad. Los fenómenos espiritas se fundan sobre la acción de Inteligencias que poseen su propia voluntad y nos prueban a cada instante que no están a disposición de nuestro capricho. Por tanto, las observaciones no pueden realizarse de la misma manera, sino que requieren condiciones especiales y otro punto de partida. Pretender someterlas a nuestros procedimientos de investigación convencionales equivale a establecer analogías inexistentes. En consecuencia, la ciencia propiamente dicha, como tal, es incompetente para pronunciarse sobre el Espiritismo.” (“El Libro de los Espíritus”, Introducción, VII)

[2] “Qué es el Espiritismo” se revela como una de las obras que con más atención reeditó Allan Kardec. La fue completando, en sus sucesivas ediciones, con numerosas referencias a sus otras obras. Al final del extensísimo capítulo primero de este libro, el propio Kardec recomienda su lectura como obra de iniciación al conocimiento espiritista: “La primera lectura es la del presente volumen, que expone el conjunto y los puntos más salientes de esta ciencia. Con eso es posible ya formarse una idea general y persuadirse de que en el fondo hay algo de serio. En esta rápida exposición nos hemos dedicado a señalar los puntos en que se debe concentrar particularmente la atención del observador. El desconocimiento de los principios básicos del Espiritismo es la causa de las falsas apreciaciones hechas por la mayoría de aquellos que están juzgando algo  que no comprenden, o que lo hacen conforme a sus preconceptos.”

[3] Segunda edición en 1865, ya con su título definitivo: “El Evangelio según el Espiritismo”

[4] “En cinco partes pueden dividirse las materias que los Evangelios contienen: Los actos ordinarios de la vida de Cristo, los milagros, las profecías, las palabras que sirvieron para establecer los dogmas de la iglesia, y la enseñanza moral. (…) Esta parte es el objeto exclusivo de la presente obra” (“El Evangelio según el Espiritismo”, Introducción,1)

[5] Texto resaltado en el original francés.

[6] Desde un punto de vista purista este subtítulo “La Justicia Divina según el Espiritismo”, hubiera sido un excelente    título para esta obra.

[7] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 18

[8] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 11

[9] “El Cielo y el Infierno”, cap. V, núm. 8

[10] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 10

[11] “Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor” (Marcos, 2, 21)

 

 Imagen      EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo II – De lo Sensorial a lo Energético

1. Un largo camino recorrido

 

D.K. – “La sabiduría, la verdad y el análisis de los factores de la naturaleza fueron, durante siglos, puramente sensoriales.

Sensorialmente, la Tierra está parada y es el Sol el que parece circular en torno de ella. Esa sensación produjo la “revelación divina” defendida por la Iglesia de que había un cielo arriba y un infierno abajo. Y, en consecuencia, se pudo imaginar a Dios como una persona sentada en su trono.

Todo, durante siglos, fue concebido y vivido plácidamente, bajo ese horizonte limitado de los sentidos,

pero para entonces era satisfactorio.

El telescopio de Galileo Galilei mostró a la Tierra moviéndose y ese simple descubrimiento precipitó la investigación, la curiosidad y el saber humanos. De ahí en adelante, lo sensorial fue paulatinamente vencido por la experimentación. Mucho tiempo después Pasteur mostró el mundo microscópico, inexistente para el ojo, el tacto, el olfato, el oído y el paladar humanos.

En la era de la ciencia y de la tecnología, todo lo que era “sólido se disipa en el aire” y actualmente las investigaciones científicas derrumbaron el entendimiento de lo real, de la realidad y mostraron que vivimos en un universo energético, mutable y, no obstante, consolidado.

F.E. – Siempre le cabe -y le cabrá- a la Ciencia el papel de desentrañar los misterios de lo maravilloso y de lo sobrenatural, aspectos que nos han acompañado desde toda la historia de la humanidad, como hijos de la ignorancia. Al Espiritismo también le compete este cometido, aclarando y explicando la realidad mediúmnica, alejándola del oscurantismo y la incomprensión.

Probablemente será la Ciencia -con mayúsculas- la que demuestre, en el momento oportuno, la existencia del alma, como aspecto primordial de la comprensión de la realidad espiritual. Será la que acercará definitivamente al ser humano esos conceptos defendidos por el Espiritismo: la inmortalidad, la reencarnación, la comunicación con los espíritus,… Después se irán entendiendo los aspectos morales: la responsabilidad personal, la ley de causa y efecto, la ley de compensación moral,… Todo ello, sin duda, será consecuencia de un largo proceso de investigación física y psíquica.

Probablemente no será el Espiritismo, como tal, el que acompañe a la Ciencia en esta gran aventura. Sin embargo, sin duda alguna, las buenas ideas y las excelentes aportaciones de esta doctrina, persistirán y acompañarán ese proceso de descubrimiento, tal vez con otro ropaje. Hace ya muchos años (en 1895), Gabriel Delanne apuntaba esa posible realidad:

“Y así como el Magnetismo, vejado y menospreciado, ha concluido por forzar las puertas de las

Academias, así el Espiritismo, con un nombre que pida a préstamo, logrará al fin recibir la

consagración oficial.”
(“La Evolución Anímica”, cap. IV)

2. La última barrera

D.K.“En 1857, Allan Kardec, con el lanzamiento de “El Libro de los Espíritus”, agitó el campo controvertido de la naturaleza del ser humano, su destino y su potencialidad, derrumbando la última barrera sensorial: la muerte.

En 1868, once años después de publicar “El Libro de los Espíritus”, afirmó:

“Es una revolución total que habrá de operarse en las ideas; revolución tanto mayor y poderosa ya que no está circunscripta a un pueblo o a una casta determinada, sino que abarca simultáneamente el alma de todas las clases, nacionalidades y cultos” (“La Génesis”, cap. 1, apartado 20).

F.E. – Es cierto que las ideas espiritistas -con ese u otro nombre- deberán ser uno de los motores de esa revolución. Cuando las personas aceptan los postulados inmortalistas y reencarnacionistas han de cambiar de manera indefectible de actitud ante la vida, lo que acabará acarreando, con su generalización, una auténtica revolución moral.

D.K. – “Y agregó Kardec en la misma obra:

“El hecho de poder establecer comunicación con los Seres del Mundo Espiritual trae consigo consecuencias de la  mayor gravedad: es un mundo nuevo que se nos revela, un acontecimiento de la mayor importancia, puesto que ese mundo nos espera a todos, sin excepción. Este conocimiento al generalizarse, ocasionará profundas modificaciones en los hábitos, el carácter, las costumbres y las creencias, todo lo cual tiene una influencia enorme sobre las relaciones sociales.” (Ídem)

Como que el plano extrafísico es invisible a la mirada, se mantiene todavía la cultura sensorial. El instrumento para penetrar en ese plano es la mediumnidad y ella, por sus peculiaridades, es extremadamente vulnerable.

F.E. – “La mediumnidad es una planta delicada que para florecer necesita atentas precauciones y cuidados asiduos. Necesita método, paciencia, altas aspiraciones, sentimientos elevados. Necesita, sobre todo, la tierna solicitud del espíritu bueno que le prodiga su amor y le envuelve en sus fluidos vivificantes. Pero, casi siempre se le quiere hacer producir frutos prematuros, y desde aquel momento se desvía y se agosta bajo el soplo de los espíritus atrasados.”

Así enfatizaba Léon Denis (“En lo Invisible”, cap. V) esa vulnerabilidad de la facultad medianímica. Desde luego, fue el profesor Rivail quién comprendió la importancia de la dignificación de la mediumnidad, la cual pasa, sin duda, por un ejercicio noble y serio de la misma. Jon Aizpúrua en su “Tratado de Espiritismo” (cap. V) resalta las claves de una buena orientación de la mediumnidad:

“Conforme a las enseñanzas doctrinarias del Espiritismo, no se debe forzar la eclosión de la mediumnidad, pero sí debe ser orientada y disciplinada en tres vertientes fundamentales: moralización, culturización y tecnificación, todas las cuales propenden hacia un auténtico y pleno crecimiento espiritual del médium y de todos los participantes de las actividades mediúmnicas.”

Ojalá que esos buenos planteamientos de Kardec, Denis, Delanne, Aizpúrua y otros, pudiera ser una realidad en todas las agrupaciones espiritistas y en todos quienes sientan la sensibilidad mediúmnica. Siendo conscientes de que ello no es así, hay que esforzarse en una correcta divulgación de la teoría medianímica para favorecer esa adecuada comprensión.

 

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

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    En ocasión del 1° de enero de 1862,  habiendo recibido Allan Kardec de los espiritistas lioneses un simpático comunicado,  cuyos testimonios de gratitud y respeto eran apoyados por cerca de doscientas firmas,  el Maestro a dio a nuestros mayores la respuesta siguiente,  que iba dirigida asimismo a todos los espiritistas de Francia y del extranjero:

    “Mis queridos hermanos y amigos de Lyon:

    “La nota colectiva que han tenido  a bien enviarme en ocasión de año nuevo,  me ha causado vivísima satisfacción,  probándome que han conservado ustedes un buen recuerdo de mí;  pero,  lo que me dio más placer en este documento espontáneo fue encontrar,  entre las numerosas firmas que en él figuran,  las de representates de todos los grupos,  porque pone de relieve la armonía que reina entre ellos.  Me siento feliz al comprobar que han comprendido el objeto de esta organización,  cuyos resultados pueden ya apreciar,  pues debe ser evidente ahora para ustedes que una sociedad única hubiese sido punto menos que imposible.

    “Les agradezco, mis buenos amigos, los votos que formulan en mi favor:  los de esta ciudad son los que escucha Dios.  Queden,  por consiguiente,  satisfechos,  pues Él los acoge,  dándome a diario gran júbilo por ver que el establecimiento de una nueva doctrina a la cual me he consagrado se engrandece y prospera con maravillosa rapidez estando yo vivo aún.  Aprecio como un gran favor del cielo el ser testigo del bien que ella produce ya.  Esta certidumbre,  de la cual recibo todos los días los más emocionantes testimonios,  me paga con usura todos mis trabajos y fatigas;  no pido a Dios más que una gracia,  y es que me dé la fuerza física necesaria para llegar al término de mi tarea,  que esta lejos de haber concluído,  mas,  ocurra lo que ocurriere,  tendré siempre el consuelo de estar seguro de que la simiente de las nuevas ideas,  por doquier difundidas,  es imperecedera.  Más feliz que muchos otros,  que sólo laboraron para el porvenir,  me es dado ver los primeros frutos de mi trabajo.  Si algo lamento es que la exiguidad de de mis recursos personales no me permita poner por obra los planes que concebí para el adelanto todavía más rápido dee la doctrina,  pero si Dios en su sabiduría lo ha dispuesto de modo distinto,  legaré esos planes a mis sucesores que,  sin duda,  serán más dichosos.

    “No obstante la escasez de los recuersos materiales,  el movimiento que se opera en la opinión ha soprepasado todas las esperanzas.  Crean,  hermanos míos,  que el ejemplo de ustedes no habrá dejado de tener en ello su influencia.  Y reciban mis felicitaciones por la forma como comprenden y practican la doctrina.

    “Al punto a que  han llegado hoy las cosas y viendo la marcha del Espiritismo a través de los obstáculos que se sembraron en su ruta,  puede decirse que las dificultades mayores han sido vencidas;  la doctrina ha tomado su jerarquía y se ha emplazado sobre cimientos que desafían desde ya los esfuerzos de sus adversarios.  Nos preguntamos cómo una doctrina que torna felices y mejores a los seres humanos puede tener enemigos,  pero ello es natural:  la implantación de las mejores cosas en sus comienzos hiere siempre intereses;  ¿no ha ocurrido así con todas las invenciones y los descubrimientos que revolucionaron la industria?  Aquellos que que son hoy considerados como benéficos y de los cuales no se pudiera ya prescindir,  ¿no han tenido encarnizados enemigos?  Toda ley que reprima un abuso,  ¿no tiene en su contra a cuantos viven de abusos?  ¿Cómo pretenderán ustedes que una doctrina que conduce al reino de la caridad efectiva no sea combatida por cuantos viven del egoísmo?  ¡Y bien se les alcanza los numerosos que son en la tierra!  Al principio,  se propusieron matarla por medio de la burla,  mas hoy echan de ver que tal arma es impotente y que bajo el fuego de los sarcasmos ha continuado su camino sin vacilar.  No creen ustedes que por eso van a confesarse vencidos;  no, el interés natural es más tenaz;  reconociendo que se trata de una potencia con la cual hay desde ya que contar,  organizarán más serios asaltos,  peor éstos sólo servirán para probar la debilidad de los atacantes.  Unos la acometerán directamente con palabras y hechos y la persiguirán hasta en las personas de sus adeptos,  a quienes intentarán desmoralizar a fuerza de triquiñuelas,  en tanto otros,  en secreto y por caminos sinuosos,  buscarán minarla solapadamente.  Dense,  pues,  por advertidos de que la lucha no ha terminado.  Se me ha prevenido de que realizarán un esfuerzo supremo,  pero no teman,  ya que la garantía del buen éxito radica en esta divisa,  que es la de todos los verdaeros espiritistas:  Fuera de la caridad no hay salvación.  Izadla  alto,  pues constituye la cabeza de Medusa para los egoístas.

    “La táctica que han puesto ya en ejecusión los enemigos de los espiritistas,  pero que emplearán con más ardor aún,  consiste en procurar dividirlos creando sistemas divergentes y suscitando entre ellos la desconfianza y la envidia.  No caigan ustedes en la trampa y tengan por cierto que quienquiera busque,  por el medio que fuere,  destruir la armonía,  no puede estar animado de buenas intenciones.  Por esta razón,  les invito a emplear la máxima prudencia en la formación de sus grupos, no solamente para tranquilidad de ustedes, sino también en interés de sus tareas.

    La naturaleza de los trabajos espiritistas exige calma y recogimiento;  Ahora bien,tal recomiento no será posible si les distraen discusiones y la expresión de sentimientos malévolos.  No habrá sentimientos malévolos si exite fraternidad,  mas no puede haber fraternidad con egoístas,  ambicioso y orgullosos.  Con orgullosos que se sienten lesionados por todo,  ambiciosos que se considerarán burlados si no consiguen la supremacía y egosístas que solamente piensan en sí mismos,  la cizaña no demorará en introducirse,  y tras ella sobrevendrá la disolución.  Tal quisieran nuestros enemigos y tal procuran realizar.  Si un grupo quiere hallarse en condiciones de orden,  tranquilidad y estabilidad,  es menester que reine en él un sentimiento fraternal.  Todo grupo o sociedad que se forme sin tener por base la caridad efectiva carecerá de vitalidad,  mientras que aquellos que se constituyan conforme al verdadero espíritu de la doctrina se considerarán como miembros de una familia que,  no pudiendo habitar todos bajo el mismo techo,  residen en lugares diferentes.  La rivalidad entre ellos sería un contrasentido;  no puede existir donde reina la verdadera caridad, ya que no hay dos maneras de concebir esta última.  Reconozcan,  pues,  al verdadero espiritista en la práctica de la caridad,  así en pensamientos como en palabras y acciones, y díganse que cualquiera que abrigue en su alma sentimientos de animosidad,  rencor,  odio,  envidia o celos,  se miente a sí mismo si pretende comprender y practicar el Espiritismo.  <<El egoísmo y el orgullo matan las sociedades particulares,  así como los pueblos y la sociedad en general>>…”

    Fuera útil citar la totalidad de estos consejos,  tan justos como prácticos,  pero debemos limitarnos en razón del espacio de que disponemos.

    A pedido de los espiritistas de Lyon y de Burdeos,  hizo Allan Kardec en septiembre y octubre un prolongado viaje de propaganda,  sembrando por doquiera la buena nueva pero prodigando sus consejos sólo a quienes se los solicitaban.  La invitación que le dirigieron los grupos lioneses constaba de quinientas firmas.  Una obra especial ha dado cuenta de este viaje de más de seis semanas,  durante el cual presidió el Maestro más de cincuenta reuniones en veinte ciudades,  en que recibió la más cordial acogida y se sintió feliz al comprobar los inmensos progresos del Espiritismo.

    A porpósito de los viajes de Allan Kardec ciertas influencias hostiles han difundido el rumor de que eran hechos a expensas de la Sociedad parisiense de Estudios espiritistas,  sobre cuyo presupuesto  hacía pesar él  igualmente todos sus gastos de correspondencia y sotén.  El Maestros refuta así esta afirmación errónea:

    “Muchas personas,  sobre todo de provincias,  pensaban que los gastos de tales viajes eran a cargo de la Sociedad de París;  debimos rectificar tal error cuando la ocasión se presentaba;  y a aquellos que pudieran todavía compartirlo,  les recordamos lo que hemos dicho en otra circunstancia (número de junio de 1862,  pág. 167, “Revista Espírita”),  que la Sociedad se limita a proveer a sus gastos corrientes y que carece de reservas;  para que ella pudiera acumular un capital,  tendría que proponérselo,  y es precisamente lo que no hace ni quiere hacer,  porque su objeto no consiste en la especulación,  ni en un número mayor de adherentes que abonen su cuota agregaría nada a la importancia de los trabajos;  su influencia es enteramente moral y está dentro del carácter de sus reuniones,  que dan a los extraños la idea de una asamblea grave y seria.  En esto radica su más poderoso medio de propaganda.  Ella no podría,  pues,  proveer a tales gastos.  Los de viaje,  como todos aquellos que irroga la correspondencia relacionada con el Espiritismo,  son sufragados con mis recursos personales y mis economías,  acrecentadas con el producto de mis obras,  sin lo cual nos sería imposible  subvenir a todas las cargas derivadas de la obra que hemos emprendido.  Lo cual decimos sin vanidad,  sino únicamente para tributar homenaje  a la verdad y para edificación de quienes se figuran que juntamos dinero”.

    

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenBORDEAUX, FRANCE. 1800

    Dando cuenta del estado del Espiritismo en Burdeos,  Allan Kardec se expresa así:

    “Revista Espírita”,  1861,  pág. 327.- “Si Lyon ha hecho lo que se pudiera llamar su “pronunciamiento” en lo que toca al Espiritismo,  Burdeos no le ha quedado en zaga,  pues quiere también alcanzar un puesto de vanguardia en la gran familia.  No ya en años sino en pocos meses ha tomado la doctrina allí proporciones importantes en todas las clases sociales.  Notemos primeramente un hecho capital,  y es que en Burdeos,  como en Lyon y en muchas otras ciudades que visitamos,  hemos visto encarar la doctrina desde el punto de vista más serio y en sus aplicaciones morales;  allí como en otras partes presenciamos innumerables transformaciones,  verdaderas metamorfosis  de caracteres que se han tornado irreconocibles;  personas que no creían en nada,  impulsadas a las ideas religiosas por la certidumbre del futuro,  ahora palpables para ellas.  Esto da la medida del ambiente que reina en tales reuniones espiritistas,  a la sazón multiplicadas.

    “En todas aquellas a que hemos asistido echamos de ver el recogimiento más edificante y un ambiente de benevolencia mutua entre los asistentes;  nos sentimos allí en un medio simpático,  que inspira confianza”.

    Dirigiéndose al público bordolés,  que le es tan simpático,  y queriendo testimoniarle su gratitud.  Allan Kardec dice: “Revista Espírita”1861, pág. 340.– Si me siento felíz ante esta cordial acogida,  es porque veo en ella un homenaje tributado a la doctrina que profesamos y a los bondadosos espíritus que nos la enseñan,  antes que a mí personalmente,  que sólo soy un instrumento en manos de la Providencia.  Convencido de la verdad de esta doctrina y del bien que está llamada a producir,  he tratado de coordinar sus elementos,  me he forzado por tornarla clara e inteligible para todos;  es la parte que de ella me corresponde,  por eso no me he considerado jamás como su creador;  el honor corresponde a los espíritus;  de modo que únicamente a ellos deben ustedes testimoniar su gratitud;  sólo acepto yo los elogios que me hacen como un estímulo para proseguir mi tarea con preseverancia.

    “En los trabajos que he llevado a cabo para alcanzar el objeto que me propuse,  sin duda alguna he sido auxiliado por los espíritus,  como ellos mismos me los han manifestado en diversas ocasiones;  pero,  eso sí,  sin el menor signo exterior de mediumnidad.  No soy,  pues,  médium en el sentido corriente de la palabra,  y comprendo hoy que es una suerte para mí que así sea.  Con una mediumnidad efectiva,  habría escrito bajo una misma influencia;  hubiera sido llevado a aceptar como verdad solamente aquello que se me hubiera comunicado,  aunque significara un error,  en tanto que en mi posición convenía que dispusiera yo de completa libertad para tomar lo bueno de donde lo encontrase y viniera de donde viniese;  he podido,  en consecuencia,  hacer una selección de las diversas enseñanzas con entera imparcialidad.  He visto,  estudiado y observado mucho,  pero siempre con serenidad,  y no ambiciono otra cosa que ver mi experiencia aprovechada por los demás,  a los cuales me siento feliz de poder evitarles los escollos inseparables del noviciado.

    “Si es cierto que he trabajado mucho y continúo trabajando todos los días,  estoy ampliamente recompensado por el tan rápido desarrollo de la doctrina,  cuyos progresos sobrepasan todo lo que era de esperar,  y por resultados que produce,  y me siento dichoso al comprobar que la ciudad de Burdeos no sólo queda a la zaga de este movimiento sino que se dispone a marchar a la cabeza,  así por el número como por la calidad de sus adeptos.  Si consideramos que el Espiritismo debe su propagación a sus propias fuerzas,  no al apoyo de ninguno de los auxiliares que ordinariamente determinan los éxitos,  y a pesar de los esfuerzos de una oposición sistemática o,  más bien,  a causa de tales esfuerzos,  no podemos que ver en ello la mano de Dios.

    “Si sus enemigos –los del Espiritismo– son poderosos y no han podido sin embargo paralizar su vuelo,  hay que convenir entonces en que es él más potente que aquéllos y que,  como la víbora de la fábula,  tales adversarios emplean en vano sus dientes contra una lima de acero”.

    “Revista Espírita”, 1861,  pág. 341.- “La fuerza del Espiritismo tiene dos causas preponderantes:  la primera es que torna felices a aquellos que lo conocen,  comprenden y practican;  ahora bien,  como existen muchas personas desdichadas,  obtiene numerosos adeptos entre los sufrientes.  ¿Se quiere arrebatarle este elemento de propagación?  Entonces,  hágase a los seres humanos de tal modo dichosos,  en lo moral y material,  que no tengan ya nada que desear,  ni en este mundo ni en el otro;  no pedimos más,  puesto que nuestro objeto habrá sido alcanzado”.

    “La segunda causa reside en que no se apoya el Espiritismo en ningún hombre a quien se pueda abatir,  pues no tiene un único foco,  que sea posible extinguir;  su hogar está en todas partes,  ya que por doquiera hay médiums que pueden comunicarse con los espíritus;  no existe familia que no lo posea en su seno,  con lo que se cumplen las palabras de Cristo: “Vuestros hijos e hijas profetizarán y tendrán visiones”;  y porque,  finalmente,  el Espiritismo es una idea,  y no hay barreras impenetrables para la idea,  ni lo bastante altas que no las pueda ella atravesar.  A Cristo se le mató,  y sus apóstoles y discípulos fueron igualmente muertos,  pero Cristo había sembrado en el mundo la idea cristiana y ella ha triunfado de la persecusión de los omnipotentes césares”.

    “Revista espírita”, pág. 343.-Si los enemigos externos nada pueden contra el Espiritismo,  no sucede lo mismo con los que están dentro;  quiero decir los que sólo de nombre son espiritistas y no por las acciones;  ello sin hablar de los que del Espiritismo tienen únicamente la máscara. El lado más bello del Espiritismo es su faz moral,  y por ésta triunfará,  pues allí radica su fuerza,  que lo hace invulnerable.  Ostenta en su bandera el lema de Amor y Caridad,  y ante este escudo,  más poderoso que el de Minerva,  pues viene del Cristo,  la misma incredulidad se inclina.  ¿Qué se puede pensar de una doctrina que lleva a los hombres a amarse como hermanos?  Si no se admite la causa,  al menos se respetarán sus efectos;  ahora bien,  el mejor medio de probar la realidad del efecto es aplicarlo en uno mismo,  mostrando a los enemigos de la doctrina,  con el propio ejemplo,  que ella torna realmente mejor al hombre;  pero ¿cómo hacer creer que un instrumento es capaz de producir armonía,  si se extraen de él sonidos discordantes?

    “Igualmente,  ¿cómo convencer de que el Espiritismo debe conducir a la concordia,  si aquellos que lo profesan o que se considera que lo profesan–lo cual es la misma cosa para nuestros adversarios–también se arrojan piedars entre sí,  y si una simple susceptibilidad de amor propio,  de precedencia,  basta para dividirlos?  ¿No es ésta una manera de anular el propio argumento?  Los enemigos más peligrosos del Espiritismo son,  pues,  aquellos que le hacen mentir,  no practicando la ley que ellos mismos proclaman.  Fuera puerilidad sembrar disidencia tan sólo por matices de opinión;  habría evidente malevolencia,  olvido del primer deber del verdadero espiritista,  si se alejara a uno por una cuestión personal,  ya que el sentimiento de la personalidad es fruto del orgullo y el egoísmo”.

    “Revista Espírita”,  1860,  pág. 299.-“Los adversarios–del Espiritismo–lo combaten sólo porque no lo comprenden;  y compete a nosotros,  a los verdaderos espiritistas a quienes bemos en el Espiritismo otra cosa que experiencias más o menos curiosas,  el hacer que lo comprendan y el difundirlo predicándolo con el ejemplo tanto como mediante la palabra.  El Libro de los Espíritus tuvo por resultado el de hacer ver el alcance filosófico de la doctrina;  si este libro tiene algún mérito,  fuera presuntuoso de mi parte glorificarme por él,  pues la doctrina que encierra no es en modo alguno creación mía;  todo el honor del bien que él ha producido corresponde a los espíritus sabios que lo dictaron y que de mí quisieron servirse.  Puedo,  pues,  escuchar el elogio del libro sin que mi modestia se sienta herida ni mi amor propio exaltado por él.  De querer yo sacar partido de la obra,  seguramente me hubiera atribuído su concepción en lugar de achacarla a los espíritus;  y si se pudiera dudar de la superioridad de los que en él han cooperado,  bastaría considerar la influencia que ha ejercido en tan poco tiempo,  por el solo poder de la lógica y sin ninguno de los medios materiales propios para excitar la curiosidad.”

   

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

Imagen LYON,  FRANCIA.

    “¡ Loor,  pues a los espiritistas lioneses,  por haber entrado con tanta amplitud en esta vía progresiva,  a no ser por la cual el Espiritismo carecería de objeto!  Este ejemplo no se perderá,  tendrá sus efectos,  y veo que no sin razón los espíritus me contestaron el otro día,  por uno de vuestros médiums más adictos aunque de los menos conocidos,  cuando les expresaba mi sorpresa: ¿Por qué te asombras?  Lyon ha sido la ciudad de los mártires;  la fe en ella está viva,  y  esta ciudad proporcionará  apóstoles al Espiritismo.  Si París es la cabeza,  será Lyon el corazón.”

    Esta opinión de Allan Kardec sobre los espiritistas lioneses de su época es para nosotros un gran honor,  mas ha de ser asimismo una regla de conducta.  Todos los espiritistas deben esforzarse por merecer a su vez tales elogios,  profundizando las lecciones del Maestro y,  sobre todo,  adecuando a ellas su conducta .  “Nobleza obliga”,  dice el adagio;  sepamos todos recordarlo siempre y mantener elevada y firme la bandera del Espiritismo.

    Pero Allan Kardec no se contentaba con arrojar flores a nuestros mayores,  sino que les daba,  en especial,  sabios consejos que por nuestra parte debemos meditar.

    “Revista Espírita”1860,  pág. 303.-“Viniendo la enseñanza de los espíritus,  los diferentes  grupos,  así como los individuos,  se encuentran bajo la influencia de ciertos espíritus que presiden sus trabajos o moralmente los dirigen;  si estos espíritus no se hallan de acuerdo,  se presenta la cuestión de saber cuál es el que mayor confiaza merece;  éste será evidentemente aquel cuya teoría no pueda plantear ninguna objeción seria;  en una palabra,  aquel que en todos los puntos ofrece mayores pruebas de superioridad.  Si todo es bueno y racional en su enseñanza,  poco importa el nombre con que se presente un espíritu,  y a este respecto el asunto de la identidad se torna completamente secundario.  Si bajo un nombre respetable su enseñanza peca en las cualidades esenciales,  se puede sin vacilación asegurar que se trata de un nombre apócrifo y que estamos frente a un espíritu impostor o que quiere divertirse. Regla general: el nombre jamás es una garantía;  la única,  la verdadera garantía  de superioridad radica en el pensamiento y el modo de expresarlo. Los espíritus burlones pueden imitar todo,  excepción hecha del genuino saber y el verdadero sentimiento.

    “Acontece a menudo  que para inculcar ciertas utopías los espíritus hacen ostentación de un falso saber y piensan imponerlo,  tomando del arsenal de palabras técnicas todo aquello que pueda fascinar al que cree con demasiada facilidad. 

    Poseen incluso un medio más eficiente y es el de afectar apariencias de virtud,  valiéndose de las respetables expresiones de caridad,  fraternidad y humildad,  con la esperanza de hacer aceptar los más groseros absurdos;  en ello lo que más a menudo ocurre cuando no se está prevenido.  Hay que evitar,  pues,  el dejarse atrapar por las apariencias,  tanto de parte de los espíritus como de los hombres;  ahora bien,  confieso que ésta es una de las mayores dificultades,  pero jamás se ha dicho que el Espiritismo fuese una ciencia fácil;  al contrario,  tiene sus escollos,  que sólo la experiencia puede evitar.  Para no caer en la trampa,  lo que se debe hacer en primer lugar es cuidarse del entusiasmo enceguecedor y del orgullo que lleva a algunos médiums a creerse los únicos intérpretes de la verdad;  es necesario examinar todo  fríamente.  Sopesarlo con sensatez, y “controlarlo”.  Y si dudamos de nuestro propio juicio,  lo cual es con frecuencia lo más prudente,  hay que recurrir al de otros,  conforme al proverbio de que cuatro ojos ven más que dos;  tan sólo un falso amor propio o una obsesión pueden hacer persistir en una idea notoriamente falsa,  que el buen sentido general rechaza”.

    He aquí los tan sabios como prácticos que daba aquel a quien se ha querido hacer pasar por un entusiasta,  un místico,  un alucinado.  Tal regla de conducta,  establecida desde el comienzo ,  no ha sido hasta ahora invalidada por la observación ni por los acontecimientos;  es siempre ésta la vía más segura y prudente,  la única que deben seguir quienes desean ocuparse del Espiritismo.