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JACQUES PECATTE

EL KARDECISMO HOY

POR JACQUES PECATTE

“El espiritismo está lejos de haber dicho su última palabra
en cuanto a sus consecuencias, pero es inquebrantable en
su base, porque esta base está asentada sobre los hechos”.
“Marchando con el progreso, el espiritismo jamás
será superado, porque, si nuevos descubrimientos le
demostraran que está equivocado sobre un punto, se
modificaría en ese punto; y si una nueva verdad se revela,
la acepta”. (La Génesis, carácter de la revelación espírita,
N° 55)
Con estas palabras, Allan Kardec insiste en los principios
fundamentales que ha puesto en evidencia y que
constituyen las bases del espiritismo experimental
y filosófico. Además, expresa claramente que el
espiritismo nunca será dogmático y por tanto, si fuera
necesario, deberá plegarse a los cuestionamientos
en función de nuevos descubrimientos que vengan a
contradecir uno u otro de sus principios. Se encuentra
allí el sentido de una postura intelectual lógica y
rigurosa, que ha permitido la eclosión de un cuerpo
de doctrina meticulosamente elaborado a partir de
la experiencia y la reflexión, dentro de un espíritu de
análisis y síntesis donde nada fue dejado al azar.
Sin duda alguna fue necesario todo el rigor del
pedagogo Rivail convertido en Allan Kardec, para
descifrar el sentido de las manifestaciones póstumas a
fin de extraer de ellas un conjunto de leyes naturales.
Las informaciones recibidas fueron analizadas y
organizadas por un trabajo metódico y razonado, con la
participación de algunos médiums de confianza, para
permitir la realización de la obra fundamental El Libro
de los Espíritus.
Ninguna otra gran obra, ni antes ni después de Allan
Kardec, ha dado cuenta de los grandes principios
metafísicos del universo a partir de la comunicación
con los espíritus. Hubo pues, un antes y un después
de Allan Kardec; antes, existía aún la gran nebulosa
de teorías diversas, mal definidas e influenciadas por
las religiones, aunque ya personajes brillantes como
Emmanuel Swedenborg (1688-1772) o Jean Reynaud
(1806-1863) habían sido, de alguna manera, precursores
del espiritismo.
En primerísimo lugar, se debe a Allan Kardec el hecho
de haber introducido la comunicación espírita en
los campos de la ciencia y la filosofía, a partir de un
estudio que recurre a la lógica y la razón, dentro de una
reflexión intelectual y moral. Aún aquellos que se han
alejado de su pensamiento, como Charles Richet y otros
metapsiquistas, han reconocido en él al precursor de
una conducta nueva e inédita, la de un hombre riguroso
que se ha colocado sobre un terreno experimental
e intelectual, con una grandeza de miras que ya no
tenía nada en común con las concepciones habituales
del esoterismo y del misticismo religioso. Adoptó la
palabra espiritismo para desmarcarse del espiritualismo
anglosajón; hizo entrar los fenómenos en una nueva
era, la de la experiencia y la reflexión intelectual. Y,
contrariamente a las posiciones dogmáticas tomadas
en su nombre, él mismo se cuidó mucho de todo
dogmatismo, ubicando al pensamiento espírita dentro
de una perspectiva evolutiva, donde el espiritismo
nunca debería ser sobrepasado por el progreso. Y es
esta noción la que, todavía hoy, genera debates: ¿sería
el kardecismo una doctrina detenida en el más allá, en
la no habría más nada que descubrir? El propio Allan
Kardec deseaba que su doctrina no se convirtiera en
un dogma inmutable, lo que expresó con “El espiritismo,
marchando con el progreso, nunca será rebasado…”
Si bien el kardecismo es y sigue siendo un aporte
considerable en sus bases esenciales, ha sido
necesario, sin embargo, afinar ciertas nociones, lo que
a menudo hemos tenido oportunidad de hacer en
esta revista, como por ejemplo todo lo que se refiere
a los términos de expiación, prueba y resignación
(Editorial – Journal Spirite N° 82). Sin desnaturalizar el
conjunto de principios puestos de relieve por Allan
Kardec, los progresos y transformaciones de nuestras
sociedades han impuesto reajustes en cierto número
de puntos y precisiones complementarias sobre temas
sociales como el suicidio, la eutanasia, el aborto o
la homosexualidad. ¿Es eso injuriar al fundador del
espiritismo? Ciertos espíritas lo creen, encerrándose en
un dogmatismo neo-religioso que se aleja del fondo
mismo de un pensamiento abierto y progresista que
siempre debe ser capaz de interrogarse acerca de lo que
ya no estaría de acuerdo con los progresos científicos,
intelectuales y sociales de nuestras civilizaciones.
Así, aún hoy, subsisten querellas escolares entre los
dogmáticos y los progresistas, por el hecho de que el ser
humano a menudo necesita marcos muy establecidos
y referencias inmutables y definitivas. Por el contrario,
es preciso interrogarse permanentemente sobre
conocimientos, a veces mal meditados, que pueden
convertirse en lecciones recitadas de memoria.
La evolución de los conceptos
Respecto a la cuestión de las pruebas y expiaciones,
volvamos sobre el tema con algunos argumentos
complementarios. Para comprender estas nociones, es
preciso en primer lugar situarse en el contexto histórico
de la época de Allan Kardec: el espiritismo nacía en
un universo judeo-cristiano bajo el Segundo Imperio
en Francia. ¿No hacía falta entonces una necesaria
transición para pasar de una espiritualidad a otra, del
catolicismo al espiritismo? La idea podría afinarse
en tiempos futuros más favorables, y por otra parte,
eso es lo que ha venido ocurriendo progresivamente
en la historia espírita después de Allan Kardec. Al
leer la obra del fundador, se experimenta cierta
dificultad en conciliar la resignación ante la prueba y
la responsabilidad activa del libre albedrío. Es como si
hubiera hecho falta encontrar un término medio en
una transición entre la religión y el espiritismo, como
si hubiera hecho falta adaptar progresivamente al
Dios de la religión a otra concepción de la divinidad. Y
ya en la época, la contradicción fue ruda; nada le fue
escatimado a Allan Kardec que había franqueado una
frontera inaceptable para la religión. Es sobre esto que
hay que reflexionar cuando la noción de expiación,
heredada de la religión, ya no conviene a nuestro
pensamiento espírita de hoy. La simple relación de
causa a efecto es una noción mejor adaptada, noción
ya desarrollada por Allan Kardec y que de hecho se
basta a sí misma.
Hay otro elemento de importancia a hacer entrar
en juego, y es que la comunicación espírita se ha
perpetuado en el tiempo y a través de testimonios
individuales de espíritus, hemos podido discernir
mejor este principio natural de la relación de causa a
efecto. Un espíritu que hace su balance en el más allá
y que viene a participar en sesión espírita, se convierte
en un elemento determinante de comprensión.
Cuando, por ejemplo, un espíritu mide sus fracasos o
sus inconsecuencias, si se arrepiente amargamente
de ellos, no siente por ello la capa de plomo de un
juicio divino y de un castigo. Siente ante todo lo que
él es, lo que no ha hecho y debía haber hecho; es
confrontado a su propia naturaleza, a su libre albedrío
y a sus debilidades, pero no está sujeto a un juicio
de los espíritus superiores o de Dios. Sólo tiene en
sí mismo la respuesta a su propia naturaleza que ha
incumplido y que deberá superar, no por expiación,
sino tomando por sí mismo nuevas resoluciones para
una nueva encarnación. En sí, la divinidad es la ley de
la naturaleza que se impone de entrada al espíritu que
se encuentra frente a su propia verdad. He aquí lo que
hace la diferencia, y no es inconveniente revisar en la
obra inicial un vocabulario que deja entrever un severo
juicio divino. Precisar y afinar ciertas nociones no es
injuriar a Allan Kardec, puesto que él mismo había
anticipado esta eventualidad.
Las conclusiones del congreso de Santos
En el mismo orden de ideas, la Confederación Espírita
Panamericana – CEPA – siempre ha militado por una
reflexión actualizada de los conceptos espíritas y
su último congreso, en Santos, Brasil (del 5 al 9 de
septiembre de 2012), se realizó sobre el tema: Las
perspectivas contemporáneas de la teoría espírita
de la reencarnación.
Resalta de este congreso, dentro de la síntesis de
reflexiones comunes y compartidas, un cierto número
de conclusiones aquí resumidas:
“- Las estadísticas muestran que la creencia en la
reencarnación y su aceptación como hipótesis científica
y filosófica, se expande en todos los continentes,
independientemente de las tradiciones culturales y
religiosas de sus respectivos pueblos y naciones.
– Episodios cada vez más frecuentes de recuerdos
espontáneos de probables vidas pasadas, en particular
entre los niños, así como la hipnosis regresiva y las
experiencias mediúmnicas que acceden a presuntas vidas
anteriores, ofrecen hoy una rica fuente de estudios que
refuerza la teoría reencarnacionista.
– La aceptación de la hipótesis palingenésica, en particular
a partir de un enfoque racional y filosófico, apoyado por
indicios o evidencias que se verifican en el campo de la
ciencia experimental, vienen a confirmar las propuestas
fundamentales del espiritismo, enunciadas en las obras
de Allan Kardec y en las obras complementarias de
filósofos, científicos, escritores y pensadores que, después
de él, han desarrollado una filosofía espírita dentro de una
perspectiva progresista, laica y de libre pensamiento.

– Estamos ante un nuevo paradigma filosófico y
científico que merece el estudio, la profundización de la
investigación y la aplicación práctica en todos los campos
del conocimiento del ser humano.
– La reencarnación no es para considerarla como un dogma
religioso, sino como un conocimiento capaz de dotar al
individuo y la sociedad de una responsabilidad personal y
colectiva respecto al progreso individual y social.
– A la luz de la filosofía espírita, la reencarnación puede ser
vista como un poderoso instrumento para buscar la justicia
social, reduciendo progresivamente las desigualdades y
las injusticias. Éstas jamás deben ser interpretadas como
consecuencia de una presunta justicia divina, sino como
el resultado del orgullo, el egoísmo y el desprecio por las
leyes naturales. La propuesta ética espírita combate estos
tropiezos humanos y contribuye a la construcción de una
sociedad más justa y solidaria.
– A diferencia de antiguas creencias como la metempsicosis
o de concepciones reencarnacionistas inspiradas en el
cristianismo, el hinduísmo u otros, la palingenesia espírita
indica que el espíritu reencarna para progresar y no para
pagar sus faltas. Así, la visión espírita es esencialmente
pedagógica, ejerciendo un rol importante en la educación
progresiva del espíritu inmortal, contribuyendo igualmente
a la toma de conciencia de la humanidad en el sentido de
evitarle el consumismo excesivo y la falsa prosperidad.
– La palingenesia espírita es un instrumento de
conocimiento de sí, de educación y progreso ético
individual y colectivo. De acuerdo con las leyes naturales,
especialmente con los valores de justicia, amor y caridad,
la reencarnación según el espiritismo, contiene elementos
de convicción científicos, filosóficos y éticos de carácter
universal. La evolución consistirá en un acercamiento de
los pueblos y las culturas en favor del progreso, la paz y la
fraternidad”.
Nuestra asociación suscribe totalmente esta visión
reactualizada de la reencarnación, a partir de
reflexiones sobre la aplicación de una moral espírita
que esté conforme con los principios fundamentales
del kardecismo, y que, al mismo tiempo, esté en
concordancia con los progresos científicos y las
evoluciones sociales de nuestro tiempo.

TOMADO DE:
LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013

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