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Capítulo V – De la Ética y de la Moral

1.Consideraciones Generales

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – Considerando la vida corpórea como el inicio de la existencia del alma y la muerte como el lugar de enjuiciamiento y definición última del futuro del alma, profetas y legisladores crearon leyes morales para regular el comportamiento personal y colectivo. Era todavía una consecuencia de la visión sensorial de la vida.

“Para la sociedad occidental, esa visión vino de la biblia o del antiguo testamento. La biblia relata, sobre todo, la perplejidad del pueblo judío ante los problemas de la vida de relación. Los profetas desenvolvieron una visión extremadamente dura de la relación entre el Criador y la criatura.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) – Es cierto que los profetas y los legisladores hebreos, como el mismo Moisés, propusieron unas leyes muy duras para el conjunto de su pueblo. Probablemente pueda explicarse por la necesidad de influir en un pueblo todavía muy ignorante y rudo. Espor ello que, posiblemente, vincularon sus normas a la divinidad, presentándolas como decretos de la misma para que fuesen más efectivas y menos discutidas.

D.K. – La existencia, en la visión bíblica, es un choque interminable entre las personas y la divinidad. El poder divino se muestra en el castigo. Jehová es retratado como el dios vengador, parcial y exclusivo del pueblo, cuyo poder en relación a los otros dioses fue varias veces probado, como también, varias veces, la ira de él se abatió sin piedad, transformando la mujer de Lot en estatua de sal o en la matanza general que aconteció en el diluvio.

F.E. –Se tenía una visión de la divinidad muy “física”, muy “humana”; es decir, muy antropomórfica. Esa divinidad poseía no sólo virtudes, sino también muchos de los defectos de la humanidad. Nada que ver con la noción de Dios que nos ofrecen Jesús de Nazaret, primero, y Allan Kardec[1], después.

D.K. – Las Iglesias tuvieron dificultades para comprender la naturaleza de los seres humanos y por eso los consideraron a priori, pecadores. Asumieron la vida corpórea como un yugo que había que soportar. Así, pues, la salvación está más allá de la muerte.

“En el cristianismo, la base moral reposa, esencial y teóricamente, en la prédica de Jesús de Nazaret y, por eso, algunos principios son extremadamente compasivos aunque no sean ostensiblemente practicados por la mayoría.

“Aunque Allan Kardec creyese que el cristianismo había creado una nueva versión de Dios a través del trabajo de Jesús, la verdad es que el dios cristiano es tan vengativo como el dios judío. Si el Nazareno trajo la noción de la paternidad amorosa, su misericordia y solidaridad, la realidad del concepto de justicia en la expresión cristiana, continuó intrínsecamente implacable.

F.E. –Ciertamente éste es uno de los motivos por los que el Espiritismo debe desmarcarse del concepto de “religión cristiana”; concepto que no  le conviene  en  absoluto,  ya que está lejos de las más puras nociones kardecistas[2]. El Espiritismo estaría más unido a un concepto inexistente que podríamos denominar como “jesusianismo”; es decir, con la trayectoria ejemplar de Jesús de Nazaret[3]. Evidentemente el Espiritismo notendría el más mínimo problema con la moral “jesusianista”, cosa que no ocurre con la moral religiosa cristiana.

D.K. – Debido a las premisas filosóficas sobre el pecado y la salvación, la sociedad cristiana estuvo siempre bajo el tacón del pecado, de la tristeza y del dolor. La Iglesia llegó hasta condenar la sonrisa, el placer, eligiendo el sufrimiento y la renuncia como patrones sublimados; las músicas sacras son lamentos, la santidad es otorgada a quien sufrió.

F.E. –A diferencia de ello, el Espiritismo es una noción esencialmente optimista y encarada hacia la consecución de una felicidad lo más plena posible, sin que ello deba disimular o esconder las dificultades del camino.

D.K. – El gran personaje de la trama de la caída y de la culpa es el demonio, con su capacidad infinita de seducir y apartar del camino. Larga es la puerta de la perdición.

F.E. –No deja de sorprender que, a estas alturas del siglo XXI, aún se hable del tema del diablo como figura contrapuesta a Dios y siendo, evidentemente, también él una creación de Dios. Es extraño que las religiones cristianas no hayan sido más sagaces a la hora de erradicar ese concepto tan incómodo para su Dios. Larga es la puerta de la perdición, para las religiones cristianas, y largo es el camino del progreso para el Espiritismo.

D.K. – El ser humano es el blanco de esa visión que lo condena aquí y después. Pocos son los que se salvan, pocos los escogidos.

“Este modelo descarta totalmente la premisa de la vida humana girando en torno de la culpa y del castigo.

“En la visión evolucionista no existe lugar para el retroceso, ni para la perdición, sólo lo hay para el éxito y la ascensión.

“El universo se equilibra en una relación de reciprocidad, adecuada a cada etapa en el proceso de desenvolvimiento del Principio Inteligente.

F.E. –Evidentemente el Espiritismo es un modelo mucho más eficiente en cuanto al delineamiento del futuro del Espíritu. No hay condenas, sólo hay oportunidades de progreso. No hay nadie “perdido”, todos estamos salvados por la bondad divina. No hay retrocesos, hay descansos momentáneos (estancamientos a veces) para tomar impulso hacia nuevos retos.

D.K. – La Ley divina o natural, no se ocupa de juzgar o condenar. O sea, la Ley Natural no es una ley moral. Ella controla la vida universal, estableciendo una directriz positiva que sobrevive y se impone en el aparente caos y en los límites del libre albedrío…

F.E. –La Ley natural -podemos leer en “El Libro de los Espíritus”, apartado 614- es la ley de Dios y la única verdadera para la dicha del hombre. Le indica lo que debe hacer o dejar de hacer, y es desgraciado, porque de ella se separa.” O sea que, directamente o indirectamente, sí que se relaciona con lo moral ya que si obramos correctamente -de una manera moralmente adecuada- nos acercaremos a la felicidad; pero, si obramos incorrectamente -o sea, de una manera moralmente inadecuada- persistiremos en la ignorancia y la dificultad.

D.K. – El libre albedrío, esa libertad esencial, podría llevar a la anarquía incontrolable, si no estuviesen grabados en la consciencia los parámetros de la Ley, construidos en el conflicto existencial. La ética y la moral son estadios creados a partir de la racionalidad.

F.E. –También Kardec se refiere a esa “grabación” de los aspectos esenciales de la Ley en nuestra conciencia[4]. Así en el apartado 621 de “El Libro de los Espíritus”, podemos leer:

“¿Dónde está escrita la ley de Dios?

“En la conciencia

“Puesto que el hombre lleva en la conciencia la ley de Dios, ¿qué necesidad tenía de revelársela[5]?

“La había olvidado y desconocido, y Dios quiso que le fuese recordada.”

¿Cómo hemos de entender esa afirmación de que los parámetros de la Ley están “grabados” en nuestra conciencia, o en nuestra consciencia (como nos dicen tanto el Dr. Regis como Kardec) y de que podemos “olvidarlos” (como leemos en la respuesta de los Espíritus a Kardec)?

Fijémonos en el detalle inserto en el párrafo que estamos estudiando: el Dr. Regis nos dice que los parámetros de la Ley están “construidos en el conflicto existencial”. Es decir, que esos principios de la Ley se van generando a medida que vamos aprendiendo a través de la resolución de conflictos. En el apartado 2 de este presente capítulo encontraremos de nuevo estos conceptos.

También puede ayudarnos a la comprensión de este tema el comentario de Léon Denis en el cap. XII de su obra “Después de la muerte” (como ya habíamos mencionado en el comentario del cap. II-1 de este opúsculo):

El alma es un mundo, un mundo en el que se mezclan aún las sombras y los rayos de luz y cuyo estudio atento nos hace ir de sorpresa en sorpresa. En sus pliegues, todos los poderes están en germen, esperando la hora de la fecundación para abrirse en chorros de luz. A medida que se purifica, aumentan sus percepciones”.

Es decir, no haría falta considerar esa grabación de los principios de la Ley, ya que todo, absolutamente todo, se adquiere por la vía del progreso, por el camino del ensayo y del error, por el camino del error y de su rectificación, esperando que esas potencialidades que están en germen vayan desenvolviéndose. En “El Libro de los Espíritus, apartado 631, queda también perfectamente clarificado:

“¿El hombre tiene por sí mismo medios de distinguir lo que es bueno de lo que es malo?

“Sí, cuando cree en Dios y quiere saberlo. Dios le ha dado la inteligencia para discernir lo uno de lo otro.”

O sea, que es la inteligencia lo que nos hace avanzar, la que nos permite diferenciar lo que está bien de lo que no lo está. Por lo tanto, al menos teóricamente, no se necesitaría ese registro previo en nuestra conciencia de los parámetros de la Ley (como parecería desprenderse de la lectura de L.E. 621), sino que lo que es necesario tener es inteligencia para discernir lo correcto de lo incorrecto.

En cuanto al tema del “olvido” de esos parámetros, pensamos que no existe como tal ya que no podemos olvidar aquello que no sabemos, porque si lo supiéramos de verdad, si realmente estuvieran grabados en nuestra conciencia por la acción del progreso intelectivo, de ninguna manera podríamos olvidarlos. Lo que hacemos realmente es aprender a través de todos los medios a nuestro alcance, y, ciertamente, la enseñanza de los Espíritus es uno de esos medios.

D.K. – La ley de causa y efecto o de acción y reacción, instrumento básico en el balanceo de las energías y las fuerzas, no es, como a veces se piensa, una ley represora, punitiva, sino más bien la ley básica del equilibrio, y el equilibrio es la felicidad o la condición de satisfacción y compensación del ser.

“La infelicidad es la quiebra del equilibrio con la creación de estados de desconsuelo y desintegración mental.

“El interés de la preservación, o instinto de conservación, que se instala en el ser desde el inicio y la necesidad que le es inherente de participar de relaciones compensatorias con sus semejantes, son las fuerzas propulsoras que lo mueven para la búsqueda de la armonía. El proceso evolutivo del ser inteligente es inestable por cuanto se adiestra en el nivel de imperfección natural en constante mutación generando desequilibrio. Esos parámetros intrínsecos reposan en la reciprocidad de la ley de causa y efecto. Acción y reacción constituyen el camino, a veces doloroso, de la búsqueda del equilibrio, sea internamente, sea en la relación con el otro, con el ambiente.

F.E. –La ley de causa y efecto, o de acción y reacción, es una ley de justicia distributiva: a cada cual según sus obras. Muy acertado está el Dr. Regis cuando señala que esta ley no es punitiva, sino que es una ley compensatoria, una ley de reequilibrio. Es la gran ley del progreso, tanto individual como colectivo

D.K. – En la trayectoria evolutiva del ser espiritual, los factores externos provocan repercusiones que movilizan sus potencialidades, reestructurando niveles mentales y motivaciones. Esas confrontaciones causan dolor y sufrimientos que producen situaciones penosas e insatisfactorias.

F.E. –“Situaciones penosas e insatisfactorias” que, a la postre, son uno de los más poderosos motores de progreso. Para desembarazarnos de las consecuencias penosas e insatisfactorias no nos queda más remedio que trabajar positivamente en su superación. Eso es progresar.

2.La ética

D.K. – El flujo organizador y directivo de la Ley está “inscrito en la consciencia”, esto es, en la formación de la estructura del cuerpo mental[6]. ¿Qué significa eso?

“La Ley no es un discurso. Es el conjunto de factores que actúan siempre procurando la manutención del equilibrio.

“Esos mecanismos de autorespuesta, definen en la estructura del cuerpo mental del principio inteligente, la noción básica de lo que es correcto o errado. Ellos limitan o responden a las estimulaciones comportamentales o meramente reactivas del ser en la trayectoria evolutiva. Debido a la actuación automática de esas fuerzas, el Principio Inteligente es compelido a establecer esos parámetros no como forma consciente, sino como ocurrencia real en si misma, de los límites de la ley de acción y reacción.

“En la estructura de la Ley Natural están establecidos los limites que el Principio Inteligente conocerá en los conflictos de la experiencia que definen las repercusiones, la reciprocidad natural entre acción y reacción, en los campos de las relaciones se sobrevivencia. Después, en el desencadenamiento de las mutaciones, él sufrirá las consecuencias del choque de la convivencia e inscribirá en su mente, en su cuerpo mental perenne, los rigores de las respuestas…

“La “inscripción en la consciencia” de los valores de la Ley se da en la propia vivencia de los conflictos y por el deseo de preservación del ser y constituye, con el tiempo, los fundamentos de la ética, considerada como el factor que establece el enjuiciamiento de los factores para la persistencia del ser.

F.E. –Acompañando atentamente la secuencia de estos últimos párrafos, se llega a la conclusión enunciada en el último de ellos: “La “inscripción en la consciencia” de los valores de la Ley se da en la propia vivencia de los conflictos”. Es decir que es la vivencia de los conflictos la que finalmente propiciará esa inscripción, esa grabación, de los parámetros de la Ley Natural tanto en nuestra conciencia (como elementos normativos de nuestros actos, como principios éticos), como en nuestra consciencia (asunción lúcida, asunción consciente de la realidad y de la importancia de estos principios éticos en nuestra vida). Por lo tanto podemos reafirmarnos en que la grabación de los Parámetros de la Ley, devendría de forma natural como consecuencia de nuestro progreso.

D.K. – La ley de causa y efecto es el principio fundamental de balanceo y reajuste constante de la ruta recorrida por el ser en el camino evolutivo. Ese juego permite la construcción y reconstrucción del equilibrio interno.

F.E. – Realmente, la ley de causa y efecto no es únicamente -tal y como ya afirmaba más arriba el Dr. Regis- una ley punitiva, sino que es una ley de “reajuste constante de la ruta”, tal y como enuncia el autor. También tiene un componente expiatorio -inherente a esa acción de reequilibrio-, el cual de una manera automática, pero razonable, nos impele a recibir -de forma voluntaria o involuntaria, de manera consciente o inconsciente- las consecuencias inevitables de nuestros actos equivocados. Y decíamos que se trata de una ley que actúa de una forma razonable -lo cual no podría ser de otra manera, al tratarse de la acción de la Ley divina o natural-, en el sentido de que no se nos propondrá dicha expiación, y la compensación material y moral subsiguiente, hasta que en nuestro “haber[7]”  haya el suficiente contenido como para poder enfrentar con las mínimas garantías de éxito el saldo de nuestro “debe”.

D.K. – “La consecuencia será la estructuración de los valores que después serán los que formarán la “ética”, o sea, la definición básica de lo correcto y errado, del bien y del mal.

F.E. – Es formidable la manera como, de una forma tan bien secuenciada y plena de lógica, el Dr. Regis nos conduce a la aceptación de que la noción de lo que denominamos ética se va delineando y consolidando en el espíritu de una manera  inevitable, como consecuencia de nuestras acciones. Ello es un argumento más en contra de aquellos que piensan que el Espiritismo nos ha venido a “religar” con Dios, como si en algún momento hubiéramos tenido una completa comprensión de la divinidad y, por una “falta” nos hubiéramos desviado de esa presumida unión. Todo ello no es así. No somos “ángeles caídos”, sino que somos espíritus en constante evolución, evolución que nos conduce, consecuentemente, a obtener una mayor comprensión de Dios, de la Ley Natural y de la Ética.

3.La moral

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – En el nivel animal, el principio inteligente es compelido a luchar por la sobrevivencia; enfrenta la muerte, el miedo; desenvuelve la sagacidad, el oportunismo. Aprende las lecciones básicas de la convivencia grupal, una especie de solidaridad. Ahí, no existe el elemento moral. O sea, un depredador al atacar a su víctima no expide un juicio moral, puesto que al destruir a su presa satisfaciendo su necesidad él no siente culpa.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.)Además, cuando el depredador ataca a su presa no es sólo que no sienta culpa, es que, además, no tiene culpa alguna. Los animales no tienen libre albedrío, por lo tanto no tienen ningún tipo de responsabilidad de sus actos[8]. Sin embargo, los animales sufren y no siendo, no pudiendo ser de ninguna manera un sufrimiento derivado de actuaciones negativas del pasado, dicho sufrimiento nos plantea la paradoja de un dolor inmerecido y, aparentemente, inútil para los seres del mundo animal. A pesar de ello, con toda seguridad, ese sufrimiento ha de devenir en un progreso para ellos, probablemente en: el aprendizaje y la automatización de los procesos biológicos, en la aparición y consolidación de los instintos, y en la aparición y cristalización de las emociones y de los sentimientos.

D.K. – En el período humano, la ética y la moral se expresan, inicialmente, con el surgimiento de los tabúes, de los miedos delante de los factores naturales, en los misterios del nacimiento y de la muerte, y la invocación a fuerzas sobrenaturales a los fines de la preservación personal y grupal.

F.E. –Transitamos desde el miedo, que nos acompaña en todo el proceso como emoción básica facilitadora del progreso, hasta la comprensión, cada vez más profunda, de nuestro papel en el escenario evolutivo. Venimos (desde antiguo y hasta tiempos muy recientes) desde lo maravilloso y  lo sobrenatural hacia una fe razonada, que nos conduce a una convicción firme de la permanente evolución del Espíritu.

D.K. – Así como las fuerzas del universo energético siguen un curso aparentemente al acaso, pero permanecen dentro del flujo orientador de la Ley, el ser inteligente también parece seguir una forma anárquica, sin limitaciones. Mientras tanto, a través de los mecanismos de la Ley instalados por la experiencia en la mente del Espíritu, el equilibrio se hace invariable, pero no inmediato.

En la dinámica del proceso, el acaso, es decir, aquello que dentro de la visión sensorial sugiere el caos, en verdad se mueve hacia la búsqueda del equilibrio. La cuestión, en esa visión sensorial, se complica por la variable del tiempo, cronológico o sensible.

F.E. – Si revisamos las definiciones de la palabra caos, encontramos las siguientes acepciones[9] (los resaltados son nuestros):

1. Estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación del cosmos.

2. Confusión, desorden.

3. Fis. y Mat. Comportamiento aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos, aunque su formulación matemática sea en principio determinista.

Desde una perspectiva evolucionista el caos, como confusión y desorden permanentes, no existe realmente. Todo tiende hacia un determinismo; es decir, hacia un fin determinado por las condiciones iniciales del proceso. En Espiritismo no hay ni caos, ni fatalidad; sino que todo obedece a un determinismo que, partiendo de unas situaciones de inicio[10], va modulándose con los subsiguientes pasos, hasta desembocar en un fin inevitable, que es el aprendizaje, que es el progreso.

En cuanto a la complicación del tiempo “cronológico o sensible”, evidentemente es éste un factor, una variable,  de gran importancia. No sabríamos decir -por la sucinta exposición del autor- que entendía él por “tiempo sensible”. Podríamos suponer que tal vez se refería a la sensación del paso del tiempo en el plano extra-físico. A través de las comunicaciones de los Espíritus, especialmente de los Espíritus sencillos, normales[11], nos apercibimos que su manera de “sentir” el paso del tiempo es muy diferente a la nuestra; es como sí no “notaran” como nosotros el fluir del tiempo. Ello es más acusado todavía en las comunicaciones de Espíritus desorientados y turbados; para bastantes de ellos los decenios, los siglos, parecen discurrir a un ritmo distorsionado; así, pues, en ocasiones al interrogar a algunos Espíritus, desencarnados hace muchos decenios, éstos no parecen ser conscientes de que ha transcurrido ese largo lapso de tiempo, aunque, también es verdad que otros muchos de ellos viven la sensación contraria; es decir, del transcurrir del tiempo con gran lentitud, como si sus penas y dificultades debieran ser eternas. Ciertamente esa diferente manera de vivir el paso del tiempo, puede producir situaciones de incomprensión entre ambos planos de vida.

D.K. – La culpa será desarrollada en el nivel hominal. Disponiendo de la capacidad de analizar, comparar y decidir, la persona ejercerá o sufrirá la acción recíproca del acto y de la respuesta. Pero, sobre todo, descubrirá al otro. Es en ese descubrimiento y en esa relación conflictiva y al mismo tiempo esencial que ella desenvuelve el sentido moral, discrimina entre lo correcto y lo errado, entre el bien y el mal, que, por eso mismo, son relativos al grado evolutivo.

F.E. – La culpa es una de nuestras más fieles y fecundas compañeras, a lo largo del camino evolutivo. En la resolución de conflictos, en la asunción de las culpas reales, en la lucha con las culpas imaginarias,… se fundamenta una buena parte de nuestro crecimiento.

D.K. – Esa moral es establecida por la autoridad, dentro de patrones creados por las necesidades de mantener un equilibrio relativo en las relaciones humanas, dentro del círculo en que se desenvuelven y también para garantizar el poder.

“Ahí nacen las nociones sobre el poder sobrenatural, la delegación de poderes a misioneros y profetas, que actuando como legisladores establecen las nociones de la culpa y del castigo.

“Aunque esos sean elementos históricamente encontrados en las civilizaciones de todos los tiempos, constituyen una moral relativamente mutable, adaptable.

F.E. – Muy ilustrativa es, a este respecto, la relación que Kardec realiza en su artículo “Las Aristocracias[12], sobre las diferentes fases por las que pasa el ejercicio del poder: desde las sociedades patriarcales hasta el futuro ejercicio de la autoridad por parte de la aristocracia intelecto-moral[13], aquella que aunará los beneficios de la mejor intelectualidad con la más acrisolada moral. A lo largo de la historia de la humanidad, ciertamente la noción de moralidad se adapta a las condiciones comprensivas mostradas por la población del momento.

D.K. – No se puede confundir la reciprocidad de la ley de causa y efecto, con la polarización entre culpa y castigo, que en una serie infinita limitaría drásticamente el desenvolvimiento del ser inteligente, perdido en la circularidad permanente.

“Solamente esa perspectiva podrá disolver la aparente contradicción entre el libre arbitrio, como instrumento de expansión y evolución del ser inteligente y la Ley. Esto es, no existen límites morales en la Ley. Los límites no están fuera, sino más bien delineados y funcionan inevitablemente dentro del universo personal, en los mecanismos de los condicionamientos y choque de valores como el miedo, el poder y todos los demás procesos de vivencia y conflicto que el Espíritu enfrenta.

F.E. – Excelente exposición sintética, por parte del Dr. Regis, sobre la imprescindible diferenciación de los dos binomios: culpa-castigo y causa-efecto.

La culpa y el castigo son la expresión de sociedades represoras, que manifiestan su control sobre las masas a través de la potenciación de esos dos elementos. Elementos que, como bien matiza el autor, acabarían por maniatar el desenvolvimiento de las personas. Sin embargo, la causa y el efecto no tienen, no deberían tener, esas connotaciones: el efecto no es un castigo; el efecto es una consecuencia natural de los hechos acaecidos. En cuanto a la causa, ésta puede ser, en múltiples ocasiones, hija de la ignorancia que no de la malevolencia. El contraste entre ambos binomios es claro. Cuando la humanidad adapte sus leyes y normas de convivencia a la acción del segundo de ellos (causa-efecto), la preponderancia de los sentimientos culpables y de los efectos sólo represores del castigo desparecerán por completo, y las personas cambiaremos la represión de la culpa por la comprensión de la relatividad evolutiva de cada cual y la aceptación inevitable de las consecuencias de nuestros actos.

4.Culpa y pecado

D.K. – Es preciso separar el entendimiento sobre la cuestión de la culpa que se produce como consecuencia de las desviaciones morales de la institución del pecado.

“De modo general las iglesias fundamentaron la moral como una acción directa de la divinidad, dentro de escalas diferentes. Introdujeron el pecado como acto de transgresión de la ley divina, y, por lo tanto, sujeto al juicio y al castigo, también divinos.

F.E. – Este ha sido el “quid” de la cuestión. Al asimilar el pecado como siendo una ofensa a la Divinidad, la culpa, y especialmente el castigo, quedaban dominados por el contexto religioso imperante en cada época y región. Por lo tanto, el acompañante natural de esa situación era el miedo cerval, ya que se había ofendido a Dios. En cambio, transformado el “pecado” en responsabilidad -por parte del Espiritismo-, el miedo pasa a convertirse en la aceptación de la consecuencia negativa derivada de la responsabilidad. Al no haber ninguna “ofensa a Dios”, la situación revierte en un esfuerzo, tan grande como sea necesario -al alcance de todo el mundo, con determinación y voluntad- por enmendar esos yerros del pasado.

D.K. – “El pecado original justifica el enjuiciamiento a priori de la naturaleza moral de la persona y de sus actitudes. Esa predisposición inherente al alma, crea el conflicto de las realidades de cada criatura y las exigencias de la moral.

F.E. – Ciertamente la noción del “pecado original” atenta contra la concepción correcta de la Divinidad y, como indica el autor, deviene en conflictos entre el ser humano y la moral. El pecado original es inadmisible desde la perspectiva de la existencia de una “Inteligencia Suprema, Causa Primera de todas las cosas[14]; esa Inteligencia no podría condenarnos, antes de tener oportunidad de equivocarnos por nosotros mismos, no podría condenarnos -repetimos- a una carga culpable inicial, culpa perpetrada por no se sabe bien quién (la figura de Adán no pasa de ser, probablemente, un simbolismo). Siendo Dios Equidad, Justicia y Amor, la noción de pecado original queda totalmente fuera de lugar.

D.K. – “La moral, entretanto, no siempre en armonía con la Ley Natural, es una construcción social, teológica o comunitaria, que establece reglas, hábitos, modos de pensar y de juzgar.

“Errar es humano se dice, pero en general promueve el castigo como respuesta. Ese castigo, en la visión dinámica, representa la necesidad de restablecer el equilibrio que la acción provocó, sea en sí mismo, sea en la relación con el otro.

“Ya el pecado, en sus diversos grados, es un acto contra Dios. Uno es el sentimiento mutable de la culpa como consecuencia de haberse infringido los valores que fueron elegidos personal o colectivamente, otro es la transgresión del mandato divino.

“El modelo de la Doctrina Kardecista rechaza totalmente esa visión, como es evidente. Porque la Ley Natural no es moral. El universo no tiene propósitos restringidos o punitivos. Aunque no haya posibilidad de entender todos los matices de la vida, nada en la naturaleza autoriza el modelo de pecado y castigo.

F.E. – En estos párrafos anteriores, el Dr. Regis abunda con mucho acierto en los conceptos ya expresados en los anteriores parágrafos. Sin embargo es de resaltar la siguiente frase: “la Ley Natural no es moral”. De entrada, no parece factible deslindar los conceptos de ley natural, de ley divina y de ley moral (véase al respecto el cap. I, del Libro III de “El Libro de los Espíritus”: “Ley divina o natural”). Sin embargo, el Dr. Regis ya expresaba[15]:

“La Ley Natural expresa la sabiduría divina, con mecanismos extremadamente competentes, estableciendo el ritmo y la sucesión de los factores con el fin de ecuacionar, en el universo energético, tanto cuanto en el universo inteligente, el principio del equilibrio, actuando a través de la ley de causa y efecto o de acción y reacción, herramienta de búsqueda del equilibrio, a través de  la reciprocidad de los factores” (el resaltado es nuestro).

Ciertamente, la ley de causa y efecto, o de acción y reacción (a través de la cual actúa la Ley Natural, como expresa el autor), es eminentemente una ley de moral aplicada. ¿Qué podría querer manifestar, pues, el Dr. Regis con esa afirmación de que la Ley Natural no es moral? Tal vez, quería expresar que, hasta cierto punto, la Ley Natural es neutra: a una acción, del signo que sea, corresponde una reacción del mismo signo, de una manera cuasi mecánica, sin que en todo ello deba intervenir ningún censor moral; sería, pues, una Ley en el marco de la cual los Espíritus transitamos, aprendiendo, evolucionando, amparados siempre por la actuación automática de la Ley Natural (actuante a través de la Ley de Causa y Efecto); Ley totalmente alejada de los conceptos de pecado y de castigo.

5.El Salvador

D.K. – “La Teología cristiana exige la presencia de un salvador, porque la humanidad está, según ella, naturalmente condenada.

“La transferencia de la fragilidad humana hacia dioses sobrenaturales es parte de las civilizaciones. La creencia cristiana, además de Dios, designó a Jesús de Nazaret como el Salvador. Históricamente quienes buscaban un salvador, un mesías, eran los judíos. La transferencia de la cultura judaica como base de la teología cristiana trajo también el mito del mesías.

“Por eso, la Iglesia formó el embrollo de la santísima trinidad, como escape para los problemas de la divinidad, concibiendo la teoría de la unidad en la triplicidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, donde la figura de Jesús ocupa el lugar del hijo y del padre.

“Jesús de Nazaret, líder judío fue transformado en el mesías, o sea en Jesucristo, parte de la santísima trinidad. El principio y el fin.

“En “El Libro de los Espíritus” encontramos:

“625 – ¿Cuál es el tipo más perfecto que Dios ofreció al hombre para servirle de guía y modelo?

“Ved a Jesús.

“Allan Kardec coloca un comentario consecuente con la cultura cristiana afirmando que Jesús es para el hombre el tipo de perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra.

“Basados en esa simple expresión, los religiosos que se unieron al Espiritismo, incluyendo a los espíritus desencarnados comprometidos secularmente con la Iglesia, no percibieron que la respuesta coloca a Jesús en el nivel humano y lo retira del nivel divino. Sin embargo, la presión de los residuos cristianos en las mentes, distorsionó el rumbo de las cosas y el Nazareno fue introducido como “Nuestro Señor Jesucristo” entre los espíritas, de la misma forma como es entendido en las iglesias cristianas.

“En la visión evolucionista de este modelo, no hay lugar para un Salvador. Pero, positivamente hay lugar para las lecciones de Jesús de Nazaret. En sus lecciones Allan Kardec buscó la directriz segura para el desenvolvimiento ético y moral que el Espiritismo propone.

F.E. – Evidentemente, en el Espiritismo no cabe de ninguna manera la idea de un Salvador. En primer lugar, porque no hay nadie que necesite ser “salvado”, ya que no hay nadie que esté “perdido”. Siempre estamos bajo la tutela de la Ley Natural, Ley que no puede admitir la noción de “pecado original” o la noción de que alguien pueda estar al margen del progreso universal. Además, sería absurdo pensar que para Dios alguna de sus criaturas pudiera estar “perdida”, si no mediara la actuación de un hipotético Salvador.

Por otra parte, hay que reivindicar el auténtico papel de Jesús. Jesús es un Espíritu Superior, probablemente vinculado al equipo directivo de este planeta; pero, no es un ser especial (el unigénito del Padre, como le llaman algunos), sino un ser que ha evolucionado como nosotros mismos hacemos. Aquellos que insisten en colocar un halo divino a Jesús, lo que realmente hacen es alejarlo de la humanidad: a un Jesús-Dios no podemos verlo con cercanía y además no podríamos tomarlo como ejemplo; en cambio, a un Jesús-hombre podemos verlo como a uno de los nuestros, evidentemente más inteligente y más bondadoso que nosotros, pero humano como nosotros, y digno de ser observado como ejemplo a seguir.



[1] Recordemos al respecto el texto de la primera pregunta que Kardec propone en “El Libro de los Espíritus”: “¿Qué es Dios?: Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas”. Tanto el matiz de la pregunta (Qué, en lugar de quién) como la sobriedad y precisión de la respuesta, son verdaderamente admirables.

[2] Todo ello a pesar de que, realmente, Allan Kardec no dejó clara (al menos de forma explícita, aunque sí -pensamos- de forma implícita) su posición con respecto de la filiación religiosa, o no, del Espiritismo.

[3] Jesús como hombre, como espíritu adelantadísimo y no como Dios; Jesús como filósofo (el “filósofo por excelencia”, como lo denominó Carlos Brandt) y no como líder religioso.

[4] Conciencia, como siendo el conocimiento íntimo del bien y del mal. Es castellano puede diferenciarse de consciencia, que sería nuestra capacidad como seres humanos de vernos y reconocernos como tales.

[5] Suponemos que Kardec debe referirse a lo realizado a través de la  llamada “revelación” espiritista.

[6]No insistiremos en el tema del “cuerpo mental” que propone el Dr. Regis (véase nuestro comentario al Cap. II de la 2ª parte de este opúsculo)

[7] En los antiguos libros de contabilidad aparecían dos columnas tituladas “Debe” y “Haber” donde se consignaban los conceptos y cantidades, de lo que la empresa tenía a su favor como ingresos o, en su contra, como pagos.

[8] Remitimos a los lectores al artículo inserto en nuestra página web (sección “Archivo”) titulado: “Del animal… al ser humano.”; artículo publicado originalmente en Flama Espirita núm. 64 (noviembre/diciembre 1991).

[9] Definición de la Real Academia Española de la Lengua

[10] Definidas por: las inevitables consecuencias del pasado, por las necesidades del aprendizaje y, evidentemente, por  nuestro obrar en las diferentes fases que vamos atravesando.

[11] Por Espíritus sencillos, normales, entendemos que son aquellos de no mucha evolución, como somos la mayoría de los que estamos encarnados en este planeta.

[12] En “Obras Póstumas”.

[13] De la que, sin duda, aún estamos lejos de que aparezca en las élites dirigentes de nuestra sociedad.

[14] “El Libro de los Espíritus”, pregunta núm. 1.

[15] Ver el capítulo I de este opúsculo: “Dios y la ley natural”.

 

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Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo IV – Instrumento de Expresión y Comunicación

1. El periespíritu

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – “Definido por Allan Kardec como el cuerpo fluídico inherente al Espíritu y que lo identifica en el plano extra físico, el periespiritu es un cuerpo temporal, creado por la mente de la persona y que expresa la morfología del cuerpo somático. Su composición energética es extremadamente porosa y fácilmente manipulable por la mente, presentando gran plasticidad, razón por la cual estampa los estados mentales del Espíritu.
Dada la naturaleza incorpórea del Espíritu él necesita de una auto identificación externa. Por eso crea ese organismo energético con el que se expresa en las relaciones extracorpóreas, sea encarnado cuando se exterioriza y, principalmente, como desencarnado.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) – Si es una creación de la mente de la persona (o sea, del Espíritu) será necesariamente una creación automática o automatizada por el progreso, del animal, en primera instancia, y del Espíritu, después (después de su paso al reino hominal). Por ello, no podría en ninguna manera ser una creación voluntaria del Espíritu, ya que éste se desconoce como tal en estos primeros tramos evolutivos.

D.K. – “Las funciones del cuerpo mental, adherido al Espíritu de forma permanente, han sido confundidas como funciones del periespíritu, un organismo temporal.
F.E. – “Inserto en el universo material, con él interactúa desenvolviendo un “cuerpo mental” como apéndice de almacenamiento de las experiencias; así se expresaba, en este mismo sentido, el Dr. Regis en el Cap. II de la 2ª parte de este opúsculo. Técnicamente no puede descartarse que la estructura del periespíritu –tal y como la entiende el autor- tenga una fracción temporal que se renueve cuando el espíritu cambie de hábitat; es decir, cuando pase de un centro reencarnatorio (como es la Tierra) a otro (más o menos avanzado). Probablemente está en la línea de lo que podemos leer en “El Libro de los Espíritus” (pregunta núm. 94):
P.- “¿Dónde toma el Espíritu la envoltura semi-material?”
R.- “En el fluido universal de cada globo, y por esta razón no es igual en todos los mundos. Al pasar de uno a otro mundo, el Espíritu cambia de envoltura, como vosotros de vestido.”

D.K. – “El periespíritu se deshace durante la gestación y es recreado durante el desenvolvimiento del cuerpo, reproduciendo la morfología del soma, que es la forma concreta de su propia identificación.
F.E. – La idea que podíamos tener de la relación periespíritu-cuerpo durante la concepción y gestación del feto, era (es) exactamente la contraria de la que expresa el Dr. Regis; es decir, el periespíritu sería, precisamente, el molde sobre el que se desarrollaría el cuerpo en formación, con las incuestionables aportaciones genéticas de los padres, evidentemente. Así podemos leer (Gabriel Delanne, “La Evolución Anímica”, cap. I):
“Mediante las experiencias espiritistas hemos podido comprobar que los espíritus tienen la forma humana, y que esta forma no es meramente aparente, sino que el periespíritu es todo un organismo fluídico sobre el cual se moldea la materia que se organiza para confeccionar el cuerpo físico.”
“En cada ser, desde su origen, se puede advertir la existencia de una fuerza que actúa en dirección fija e invariable según la cual será edificado el plan escultural del recién nacido, al propio tiempo que su tipo funcional.”
“Siendo la materia primera idéntica para todas las plantas y la fuerza vital idéntica para todos los individuos, es preciso que exista otra fuerza que dé y mantenga la forma. Nosotros atribuimos esta misión al periespíritu, así en el reino vegetal como en el animal.
“La idea directriz la hallamos tangiblemente realizada en la envoltura fluídica del alma; ella es quien incorpora la materia, la que vela por la sustitución de las partes usadas o destruidas, la que preside a las funciones generales y la que mantiene el orden y la armonía en medio de ese torrente de materia que sin cesar se renueva.”
En otro lugar (“La Reencarnación”, cap. II), el ingeniero Delanne llega a denominar al periespíritu como siendo el “inconsciente fisiológico” del espíritu; es decir, como siendo el archivo de todas las experiencias fisiológicas del espíritu a través de sus experiencias en todos los reinos de la naturaleza.
En el capítulo II, apartado 1 de este opúsculo, ya manifestamos nuestra extrañeza acerca de ese concepto de “cuerpo mental”.
Ciertamente, por el mero hecho de que estos conceptos de “cuerpo mental” y de la “temporalidad” del periespíritu hayan sido propuestos por Jaci Regis, merecen ser tenidos en cuenta y debatidos, aunque, personalmente, no comprendamos su alcance real.

2. La mediumnidad

D.K. – La mediumnidad es el portal, el instrumento que liga los dos universos vibratorios en donde el Espíritu desenvuelve sus aptitudes.
Fenómeno natural, la mediumnidad, no obstante, depende del intérprete; del médium. Y esa dependencia es el anillo débil del sistema. Antes de Allan Kardec fue encarada de forma aleatoria, mística, mágica, sobrenatural, con uno u otro profeta, o con médiums extraordinarios que produjeron obras, fantásticas o serias, pero sin continuidad racional.
F.E. – Es verdad que el/la médium es el eslabón frágil del proceso mediúmnico ya que como intérprete puede influir, incluso inconscientemente, en el mensaje obtenido. A este respecto, recomendamos la lectura atenta del capítulo XIX de “El Libro de los Médiums” (“Papel del médium en las comunicaciones espiritistas”), donde Kardec y las comunicaciones de diversos espíritus, matizan excelentemente esta posible influencia del médium. Sólo como botón de muestra (apartado 223.10):
“De estas explicaciones parece resultar que el Espíritu del médium nunca es del todo pasivo…
“Es pasivo cuando no mezcla sus propias ideas con las del Espíritu comunicante, pero jamás se anula por completo. Su concurso resulta siempre necesario, en su carácter de intermediario, aun en el caso de los que denomináis “médiums mecánicos”.
¿Quiere ello decir que nunca se puede confiar plenamente en las comunicaciones mediúmnicas? El nivel de confianza viene dado por la seriedad de los grupos espiritistas, por la experiencia de los directores de sesión y, evidentemente, por la buena voluntad y el mayor desinterés material por parte de los médiums.

D.K. – “Gracias a Allan Kardec, que por cierto no era médium y por eso mismo pudo analizarla, normalizarla y darle una directriz, es que se dio un empleo apropiado a ese instrumento. Y gracias a la mediumnidad él obtuvo las informaciones con las cuales creó el cuerpo doctrinario del Espiritismo.
F.E. – Podemos añadir a este comentario del Dr. Regis que, afortunadamente, Kardec no era médium, ya que de haberlo sido hubiera podido mezclar sus propias experiencias y sensaciones a sus interpretaciones doctrinarias y analíticas del fenómeno, lo cual hubiese supuesto un fuerte hándicap para la imparcialidad y precisión que siempre caracterizan sus comentarios.
Es cierto que gracias a la mediumnidad, Kardec pudo conformar este edificio doctrinal tan formidable que es el Espiritismo; pero, no debemos confundirnos, Kardec no era el secretario de los espíritus, no era un mero observador o recopilador. De hecho él fue quien decidió qué temas había que tratar, el seleccionó las comunicaciones que le parecieron más adecuadas y, también, añadió numerosos comentarios de su propia iniciativa. Evidentemente él es el Fundador del Espiritismo.
Asimismo, Kardec dignificó el ejercicio medianímico. Condujo a la mediumnidad del oscurantismo a la observación científica, que no es poco…

D.K. – “Sin embargo, a pesar de su aprendizaje y buen sentido, él creyó que la intervención de los Espíritus, por sí misma, revolucionaría el mundo. En verdad quien lo revolucionó fue él, con su genial trabajo creador, sabio que, en líneas generales delineó un nuevo tipo de pensamiento que, como dijimos, fue desvirtuado por la presión de los conceptos milenarios del cristianismo.
Entre tanto, desde Allan Kardec, aun con el desprecio de las élites científicas y el combate del esquema religioso cristiano, el plano extrafísico no puede más ser ignorado.

F.E. –
Hoy en día, a través de películas o series de televisión -más o menos afortunadas- se asoma en los hogares de muchas familias la realidad de la existencia y comunicabilidad del mundo espiritual. Tal vez ello, aunque ciertamente no debamos ser muy optimistas, pueda ayudar poco a poco a normalizar la extremadamente deformada información que se ha transmitido acerca de la mediumnidad. Tal vez, a muy largo plazo, sea una manera de obviar ese desprecio de las élites científicas y el combate de los esquemas religiosos.

D.K. – “Ahora se intenta crear formas de comunicación electrónicas que puedan alcanzar la tan deseada certeza en la relación de los vivos y los “muertos”.
F.E. – No dudamos que en un futuro más o menos lejano, pueda llegar a darse este tipo de comunicaciones instrumentales. Realmente ello constituiría una prueba contundente de la existencia de los espíritus.

D.K. – “Pero las directrices de “El Libro de los Médiums” son rumbos seguros para evitar los tropiezos de ese instrumento tan valioso y frágil.
F.E. – Estamos completamente de acuerdo en la necesidad, prácticamente imperiosa, de que se dé en los centros espiritistas serios un estudio concienzudo y detenido de este excelente libro. Su conocimiento es el mejor preservativo de muchos fracasos e incertidumbres. ◙

Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo III – El Plano Extrafísico

1. Un retrato real

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) –Utilizamos el término “extrafísico” propuesto por el Espíritu André Luiz, a través del médium Francisco Cándido Xavier, por ser más consistente con la idea de un universo energético y la realidad del estadio post-mortem.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) – Generalmente cuando nos referimos al lugar donde “habitan” los Espíritus desencarnados lo hacemos como: “Mundo Espiritual”, “Mundo Invisible”, “Plano Espiritual” o, más genéricamente, como “Más Allá”. Nos parece adecuada la propuesta del autor –sin que ello signifique abandonar las otras expresiones- ya que define con precisión que se trata de un mundo, de un plano “fuera de” (este es uno de los significados del prefijo “extra”), “fuera del plano material”, “fuera del plano físico”.

D.K. – “El descubrimiento del plano extrafísico mostró que la atmósfera de la Tierra comporta un hiperespacio energético que interactúa con el espacio físico.

F.E. – No es sencillo responder a la pregunta ¿dónde está el Mundo Espiritual? Evidentemente se sobreentiende que nos referimos a su ubicación “física”, casi podríamos decir “geográfica”. No sabemos la respuesta, ya que ese plano extrafísico está, puede estar, en todas partes. Nos agrada mucho la expresión “hiperespacio energético” del Dr. Regis.

D.K. – El plano extrafísico comenzó a ser habitado una vez que el Espíritu tuvo la percepción de su integridad después de la muerte del cuerpo físico. Esa percepción de la inmortalidad y de la persistencia de sí mismo, fue fruto del desenvolvimiento de su estructura mental, que le permitió mantener el pensamiento consistente y permanente, necesario para la existencia del periespiritu en el plano extrafísico. Con eso el Espíritu mantiene la forma de su cuerpo físico transferida para el cuerpo periespiritual, que lo identifica en un nuevo estado vibracional.

F.E. –No es este un párrafo de fácil comprensión, al menos para nosotros. La primera oración pareciera referirse a un hipotético principio de los tiempos, aunque podemos cuestionarnos si hubo un principio, un Big Bang como postula la Ciencia, ya que Dios ha existido siempre y cabe pensar que ha creado siempre; por lo tanto, hemos de suponer que en el plano extra-físico siempre ha habido Espíritus.

Al final de la segunda propuesta de este párrafo, nos dice el autor “…que le permitió mantener el pensamiento consistente y permanente, necesario para la existencia del periespiritu en el plano extrafísico”. No acertamos a entender lo que pretende decirnos, ya que el periespíritu “existe” en el plano espiritual aunque el pensamiento del Espíritu no sea ni consistente ni permanente.

Es probable que sea nuestra limitación de conocimiento filosófico la que no nos permite comprender estos textos. Lamentablemente ya no podemos dirigirnos al autor para pedirle aclaraciones de sus pensamientos.

En cuanto al enunciado de la tercera oración del párrafo, hay que resaltar con que simplicidad y elegancia el autor enfatiza la unión íntima entre el cuerpo y el periespíritu (durante la encarnación) y la traslación de las vicisitudes del cuerpo material al cuerpo energético.

D.K. – En ese espacio, el Espíritu se fue instalando, creando condiciones de habitabilidad y de relacionamiento, estableciendo comunidades y permaneciendo en él por tiempo variado, más necesariamente precario, pues es compelido por la Ley Natural, a través de la Ley de acción y reacción, a buscar niveles de satisfacción y equilibrio satisfactorios, o sea, la reencarnación.

F.E. – No sabríamos decir a ciencia cierta si los Espíritus del nivel evolutivo medio de nuestro planeta buscan, buscamos, “niveles de satisfacción y equilibrio satisfactorios” que nos impelen a reencarnar. Más bien pensamos que somos instados a reencarnar más por obligación que por interés propio, y que ese proceso es –en nuestro estadio evolutivo- un proceso tutelado e impulsado por Espíritus superiores a nosotros que deben ser verdaderos especialistas en el diseño, aunque sea a grandes rasgos, de los procesos reencarnatorios de la mayoría de los habitantes de ese hiperespacio energético, tal y como lo denomina el autor.

En cuanto al tema del establecimiento de comunidades afines es, ciertamente algo consustancial a nuestra especie, en todos los ámbitos de vida. Coloquialmente, en España, hay un dicho que dice: “Dios los cría y ellos se juntan”, y eso es exactamente lo que ocurre, aquí y en el Más Allá.

D.K. – La muerte, como la encarnación, es un momento extremadamente desestructurante. Durante la vida corpórea el Espíritu se identifica, sinérgica y profundamente con el cuerpo y se adapta mentalmente a las condiciones del ambiente, de la familia, del momento.

“Al ser alejado del cuerpo por la muerte, el Espíritu se ve despojado de todo ese aparato sensible y sensorial y, nuevamente, queda solo consigo mismo. Ese choque puede causar reacciones muy variadas, conforme la mente se ve delante de su realidad moral, produciendo traumas diversos.

F.E. – Sin duda tanto encarnar como desencarnar deben ser procesos que pueden fácilmente desconcertar al Espíritu; no en balde pasamos de un hábitat en el cual estamos ya acostumbrados para adentrarnos en un viaje (y esto es válido para cualquiera de los dos planos de vida) repleto de incógnitas. Sin embargo, no debemos obviar la realidad y ésta es que para muchos de los Espíritus que inician uno de esos viajes, en cualquiera de los dos sentidos, no se ha producido una comprensión de su real situación antes de adentrarse en la otra realidad. Así, pues, muchos Espíritus encarnados no comprenden el verdadero sentido de la vida y desencarnan conservando la ilusión de sentirse en el mundo material, a pesar de no tener cuerpo; y también, en la otra situación, hay Espíritus que encarnan sin haber sido conscientes de su estancia en el plano extra-físico. Así, paradójicamente, que “ese choque pueda causar reacciones muy variadas”, incluso traumas, será una señal inequívoca de progreso ya que denotará que empezamos a estar “despiertos” ante el cambio producido.

D.K. – El periespíritu, correlacionado con el espacio hiperfísico, está constituido de elementos energéticos de gran plasticidad, expresando la realidad mental y moral del ser, que en él se estampa de modo visible y, muchas veces, inconveniente y forzado.

F.E. – Debemos alabar una vez más la capacidad de síntesis del Dr. Regis para, en poco más de dos líneas, condensar, a grandes trazos, la constitución plástica del periespíritu, así como su capacidad para delatar claramente esa realidad mental y moral del Espíritu. Puede leerse, al respecto, en el artículo de Kardec “Fotografía y Telegrafía del pensamiento” (“Obras Póstumas”):

“Cuando el pensamiento crea imágenes fluídicas, se reflejan en la envoltura periespiritual como en un espejo, y como esas imágenes de objetos terrestres que se reflejan en los vapores del aire; toma en dicha envoltura un cuerpo y se fotografía en ella hasta cierto punto. Si un hombre, por ejemplo, concibe la idea de matar a otro, por impasible que esté su cuerpo material, el fluídico es puesto en acción por el pensamiento del que reproduce todos los matices; ejecuta fluídicamente el gesto, el acto que tiene intención de realizar; su pensamiento crea la imagen de la víctima y toda la escena se pinta, como en un cuadro, del mismo que está en su espíritu.”

D.K. – De ahí que Allan Kardec categorizó como “errante” el estado del Espíritu que allí se encuentra, considerando que la permanencia en el plano extrafísico está relacionada con la necesidad de progreso individual y colectivo. En el estadio evolutivo medio de la humanidad terrena, el punto de referencia es la vida corpórea, ya que ahí elabora progresivamente su identidad.

F.E. Sin duda el empleo de las palabras “errante” y “erraticidad”, propuestas por Kardec (“El Libro de los Espíritus”, Libro II, Cap. VI) pueden generar un cierto desconcierto pues, inevitablemente, las vinculamos a leyendas tales como “el judío errante” o “el holandés errante”, personajes condenados a vagar eternamente sin obtener la paz. Sin embargo no es este el concepto que nos transmite Kardec. Para Kardec la erraticidad es el estado normal de los Espíritus en el intervalo comprendido entre dos encarnaciones y, en ese estado, hay Espíritus de todo tipo.

En cuanto a que, en el nuestro estado evolutivo, “el punto de referencia es la vida corpórea”, estamos totalmente de acuerdo con el Dr. Regis. Para el común de los Espíritus vinculados a este planeta el mundocorporal es más importante, para nuestra evolución, que el mundo espiritual. Aquí, “estamos” más despiertos, más conscientes y tenemos más libertad de acción. Es aquí donde aprendemos lo que es el “Más Allá”, hasta que llega el momento en que “allá” seremos más conscientes de nosotros mismos y seremos capaces de actuar con más libertad y conocimiento de causa.

D.K. – Las comunicaciones de los Espíritus muestran que el plano extrafísico, de modo alguno es un local organizado, dirigido por una autoridad central, como sugieren las ideas del cielo y el infierno cristianos. Es un plano, tal como el corpóreo, abierto a las más diversas y contradictorias manifestaciones de personas y grupos.

Pero, como en todo el Universo, en ese aparente caos, la directriz de la Ley divina se establece, sea por la jerarquización de los Espíritus, sea por las presiones de la realidad moral e intelectual que cada uno desenvuelve y vive. Todos siguen los rumbos del producto de sí mismos.

F.E. – Se observa una aparente contradicción entre estos dos últimos párrafos ya que, por un lado, se dice que el plano extrafísico no parece ser un lugar organizado y, por otro lado, se afirma que se establece la directriz de la Ley divina. La Ley Natural o divina nos permite, con un amplio margen de maniobra, una expresión libre de sentimientos y emociones -positivos y negativos-, expresión que puede dar una falsa imagen de caos. Pero, como no podría ser de otra manera, ese aparente caos está realmente tutelado y controlado por una autoridad superior, que denominamos genéricamente como Ley Natural, que regula coherentemente el ejercicio de nuestra libertad.

D.K. – Es un plano caótico, semejante al de la vida corpórea. Es comprensible, pues, al final, allí desembarcan diariamente las multitudes que dejan la vida corporal con sus realidades. Y se agrupan según las simpatías, vibraciones o los sentimientos.

F.E. – Esta es una realidad que algunos espiritistas noveles no alcanzan a comprender y es que, después de desencarnar, no nos convertimos en sabios y no lo comprendemos todo, sino que llegamos al plano extra-físico con nuestras realidades, buenas y malas, y, también, con nuestras ideas fijas que constituyen un lastre costoso de abandonar (véase el párrafo final de este capítulo).

D.K. – La gran mayoría parece que permanece alienada.

“Algunos se reúnen y forman grupos y organizaciones específicas, crean y mantienen lugares bien organizados, como oasis, islas de convivencia, que están dirigidas hacia el bien, estableciendo uniones mentales y actitudes positivas. Se ligan a los encarnados que permanecen en la misma línea de comportamiento.

“Otros forman agrupaciones dirigidas hacia el mal, con organizaciones jerárquicas y policiales específicas. Esos grupos relativamente organizados, conforme a la naturaleza de sus intenciones y deseos, por no poseer abertura para una vida fuera de los parámetros de la corporeidad, pueden establecer una red de vínculos mentales con los encarnados que permanecen en la misma faja vibratoria, en procesos vampíricosy simbióticos.

“Están, además, los “independientes”, personas y grupos aleatorios, especie de vagabundos extrafísicos que, incluso sabiéndose “muertos” no consiguen vivir fuera del ambiente corporal. La variedad parece grande. Hay los que solamente andan por ahí, sin rumbo fijo, uniéndose eventual o firmemente a muchos encarnados de la misma especie mental. Existen los que se aíslan, los que niegan la inmortalidad, los que cultivan depresiones, persiguiendo las intenciones desviadas del envolvimiento mental deprimente, configurando el escenario general de un plano extrafísico bastante conflictivo.

F.E. – Excelente resumen el que nos traza el autor de la distribución y organización de los Espíritus desencarnados; es un resumen muy sobrio y muy realista, alejado de cualquier planteamiento fantasioso. Nos parece muy adecuada la expresión de “vagabundos extra-físicos”. Tal vez cabría la diferenciación de otro subgrupo, el de los Espíritus profundamente turbados y casi inmunes al ambiente espiritual que les circunda, debido a la alta densidad de su periespíritu, fruto de su ignorancia y de sus pretéritas e inadecuadas actuaciones. Cabe suponer que estos últimos deben estar tutelados por entidades pertenecientes a esos “oasis de convivencia” de que nos habla el Dr. Regis, ya que nadie está exento de una atención superior.

D.K. – Esa realidad global de la vivencia de los seres humanos, tanto en el mundo corpóreo, como en el extracorpóreo, da una idea de la naturaleza de las relaciones entre los encarnados y desencarnados, echando por tierra, la natural inclinación de considerar a los “muertos” como

portadores de sabiduría natural. Kardec dijo que los consideraba colaboradores y no reveladores predestinados. Así debe ser.

F.E. – Recordemos aquel lúcido texto de Kardec, inserto en “Obras Póstumas”: “Procedí con los Espíritus como hubiera procedido con los hombres: me sirvieron, desde el más pequeño al más grande, como medios de estudio; nunca como reveladores predestinados”.

Y, en ese mismo texto, señala Kardec: “Uno de los primeros resultados de mis observaciones fue el darme cuenta de que los Espíritus, no siendo otros que las almas de los hombres, no poseen ni la soberana sabiduría ni la soberana prudencia; que su saber era proporcionado a su progreso, y que su opinión no tenía más valor que el de una opinión personal. Esta verdad, reconocida desde el principio, me preservó del grave escollo de creer en su infalibilidad y de formular prematuras teorías sobre la palabra de uno solo o de varios de ellos.”

Ojalá que todos los espiritistas comprendiéramos, y pusiéramos en práctica, estas sabias consideraciones de Kardec. Sin duda ello redundaría en una mejor imagen del Espiritismo ante el mundo, amén de servir de depurativo de las fantasías e incongruencias que, en demasiadas ocasiones, se encuentran en las producciones mediúmnicas.

D.K. – La permanencia en el plano extrafísico, como vemos, tiene colores dispares. Algunos no soportan quedar lejos del mundo corpóreo y para ellos reencarnar es una necesidad emocional. Otros, al contrario, se adaptan a la vida fuera del cuerpo somático y se resisten cuanto pueden al retorno. Hay los que demoran el regreso por dificultades que experimentan al no poder afirmarse como Espíritus y a veces enloquecen.

F.E. – Debemos tener la seguridad de que nadie se quedará sin la oportunidad de reencarnar, cuando ésta sea conveniente, estemos conformes o no con ello. Afortunadamente otros, con más criterio que nosotros, decidirán cuando será el momento oportuno de emprender otra incursión en el plano material.

D.K. – Aunque en una visión genérica, el Plano Extrafísico en modo alguno sea un lugar disciplinado, hay, ciertamente, un centro coordinador, una fuente dirigente que se manifiesta siempre que sea necesario. Ese centro directivo, constituido de Espíritus elevados actúa, suplementa, buscando promover el equilibrio personal y grupal. Parece no haber una unidad definitiva, sino centros específicos y múltiples dirigidos por un gobierno objetivo y firme. Grupos y organizaciones reúnen los prosélitos de las religiones como el catolicismo, el protestantismo, el judaísmo, el islamismo, el candomblé, la umbanda, para citar las que vienen a la memoria sin esfuerzo.

F.E. – Hay espiritistas que se desaniman a la vista de la situación amoral e inmoral de nuestro mundo, como si no existiera un poder superior espiritual que condujera adecuadamente el rumbo de esta nave que es la Tierra. Estamos totalmente de acuerdo con el autor en cuanto a la existencia de “un centro coordinador”, de “una fuente dirigente”, en suma, de “un gobierno objetivo y firme”. Ha de haber, sin ningún margen de duda, un “equipo directivo” compuesto por Espíritus inteligentes, instruidos y con alta moralidad que dirijan el destino de esta escuela que es nuestro planeta. Y si su actuación no es más contundente con los desvíos que se observan en nuestra sociedad, no es porque no puedan o no sepan, sino porque el estado actual de cosas es el adecuado para el aprendizaje de los Espíritus vinculados a este proyecto evolutivo. Además los Espíritus tenemos libre albedrío, por restringido que éste pueda ser, y, evidentemente, tenemos la posibilidad de manifestarlo, ya hacia el bien, ya hacia el mal. Hemos de tener la confianza de que ese equipo espiritual está perfectamente capacitado para tomar las decisiones oportunas y hemos de saber, que ese equipo nos tutela y ampara siempre. Lo que ocurre es que, muchas veces con nuestras incongruencias, nos apartamos de esa tutela; por ello debemos culparnos a nosotros mismos por la mayoría de nuestros males y no al mundo espiritual.

D.K. – Algunos pocos son espíritas. Eso deshace una impresión muy difundida de que al morir todos se tornan espíritas, y debería aumentar la vigilancia sobre el tenor de las comunicaciones mediúmnicas.

F.E. – Este último párrafo se merece todos los resaltes posibles. A veces cuesta comprender que en el hiperespacio energético que interactúa con nuestro planeta no haya muchos espiritistas. Esto no debería extrañar tanto. La respuesta a la pregunta de ¿cuántos espiritistas hay encarnados en el planeta Tierra? sería, sin duda, muy pocos. ¿Y hemos de sorprendernos, pues, de que haya, también, pocos en el mundo espiritual?

Por otra parte hay que aplicar a rajatabla la recomendación del Dr. Regis en cuanto a la necesidad ineludible de “aumentar la vigilancia sobre el tenor de las comunicaciones mediúmnicas”; ello nos librará de muchos sinsabores.

TOMADO DE: http://www.cbce.info/web/index.php/doctrina-kardecista/50-oculto/153-capitulo-iii-el-plano-extrafisico

Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo II – Las Etapas del Desenvolvimiento del Espíritu

1. La experiencia corporal

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – “Es fácil entender el mecanismo de la evolución del ser inteligente.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.)“Es fácil entender”dice el Dr. Regis, aunque, realmente no es sencillo, para la mayoría de la humanidad, el comprender que la evolución del Ser Inteligente es “algo” que se produce de una manera natural, equivalente -que no idéntica-, siempre adecuada para todos los seres y tutelada por estructuras espirituales superiores… hasta remontarnos a la protección Divina.

D.K. – “Creado como un ser potencial, incorpóreo, como un conjunto vacío, el ser inteligente posee una fuerza intrínseca, la agresividad básica, que instintivamente le hace buscar la sobrevivencia.

F.E. – Vamos a abundar y a matizar un poco más sobre estos conceptos tan potentes, enunciados de una manera tan sintética por el autor:

  • “ser potencial”:
    Veamos lo que dice Léon Denis en su obra “Después de la muerte”, cap. XII: El objeto de la vida” “El alma es un mundo; un mundo en el que se mezclan aún las sombras y los rayos de luz y cuyo estudio atento nos hace ir de sorpresa en sorpresa. En sus pliegues, todos los poderes están en germen, esperando la hora de la fecundación[1] para abrirse en chorros de luz”.
    O sea, no es que el espíritu -a través de su proceso evolutivo- vaya agregando potencialidades, si no que lo que hace es ir desarrollando esas potencialidades que posee en esencia, en germen.
  • “incorpóreo”:
    Que no es lo mismo que inmaterial. A este respecto se puede recordar una de las preguntas filosóficamente más interesantes de “El Libro de los Espíritus”, la número 82:
    “¿Es exacto decir que los Espíritus son inmateriales?

    “ (…) Inmaterial no es la palabra, y sería más exacto decir incorpóreo; porque debes comprender perfectamente que, siendo una creación el Espíritu, ha de ser algo y es, en efecto, materia purificada; pero no tiene análoga entre vosotros, siendo además tan etérea, que no puede impresionar vuestros sentidos”.

    Es decir, que el Espíritu es “algo” material. Ciertamente esta proposición puede tener muy interesantes derivadas filosóficas. No creemos que éste sea el momento ni el lugar para estas digresiones filosóficas, que realizaremos en otra oportunidad.
  • “conjunto vacío”:
    A pesar de que el espíritu es creado “simple e ignorante[2]”, se nos hace difícil asemejarlo a un conjunto vacío. Sin embargo, reconocemos que esta apreciación del Dr. Regis es muy interesante. Tal vez, habría que añadir que se trataría de un conjunto vacío con la posibilidad de incorporar elementos de crecimiento en su interior.
  • “fuerza intrínseca”, “agresividad básica”:
    Parece que estos conceptos nos llevan al “principio vital” o “fluido vital” de Kardec.

D.K. – “Inserto en el universo material, con él interactúa desenvolviendo un “cuerpo mental” como apéndice de almacenamiento de las experiencias. Realiza su curva evolutiva, viviendo ligado a organismos que, en escala ascendente, le permiten el largo aprendizaje hasta alcanzar el nivel hominal.

F.E. – Entendemos la intención del autor al proponer ese desenvolvimiento de lo que denomina como “cuerpo mental”. Sin embargo, pensamos que la utilización de esta expresión que, habitualmente, usan otras escuelas filosóficas, puede llevar algún desconcierto al lector. Ya sabemos que hay otras concepciones que piensan que el periespíritu está formado por diversos “cuerpos”, aspecto al que no se refirió en absoluto Kardec. Evidentemente no se puede ser tan reduccionista como para pensar que el periespíritu sea algo monolítico, si no que  podemos  entender, perfectamente, que se trate de una estructura compleja. Pero, de ahí a utilizar esos términos, más bien ocultistas, hay mucho trecho. Creemos que hay que estar en la línea promovida inicialmente por Kardec, y también recomendada por el Dr. Regis, de que el Espiritismo tenga un lenguaje propio. Por todo ello no consideramos adecuada, en Espiritismo, esta expresión de “cuerpo mental”. Mucho más adecuada nos parece la denominación de “estructura mental” utilizada por el autor en el capítulo III de esta segunda parte.

D.K. – “La alternancia de la encarnación y desencarnación, vida y muerte, con la evolución de los organismos a los cuales se liga, posibilita al ser inteligente desenvolver su mente, fortaleciendo una construcción recíproca entre él y los cuerpos.

“Encarnar y desencarnar, es el motor básico de la evolución del ser inteligente. La reencarnación es, pues, el instrumento básico de la evolución del Espíritu, desde las primeras manifestaciones como Principio Inteligente.

F.E. – Realmente la Ley de la Reencarnación es la piedra angular de la evolución del alma, y también, además, de la doctrina espiritista. Es, asimismo, una de las más importantes contribuciones del Espiritismo al conocimiento humano. Podríamos asemejar a la Reencarnación como siendo una especie de caballo de Troya: un “envoltorio” interesante (la posibilidad de haber vivido y de vivir muchas vidas) que esconde en su interior una compleja realidad filosófica como, por ejemplo, la Ley de Responsabilidad personal.

2. La unidad continua de la humanidad

D.K. – “El descubrimiento del plano extra físico amplió el sentido de la inmortalidad e integró al ser humano a las dimensiones en que se manifiesta. La tumba es receptáculo de un organismo que se desgastó. Con eso la inmortalidad gana un nuevo sentido y un nuevo horizonte con la secuencia natural de la persona, más allá del fenómeno de la muerte.

F.E. – Evidentemente, inmortalidad sin una continuación de las actividades del Espíritu -como enseñan algunas religiones- redunda en desánimo e incredulidad acerca de la vida post-mortem. El conocimiento de la existencia del plano espiritual, o extra físico como lo denomina el autor, y la comprensión de la verdadera situación de los espíritus en él (ni sabios por el hecho de haber desencarnado, ni réprobos a perpetuidad por el hecho de los “pecados” cometidos por muchos), es de una gran ayuda para los espíritus encarnados y desencarnados que van entreviendo esa realidad de la vida más allá de la tumba.

D.K. – “Ese reciclaje, vida y muerte, en las integraciones y disipaciones sucesivas, da al ser inteligente un campo existencial prácticamente ilimitado, en planos vibracionales o dimensiones energéticas que se interligan e interactúan.

La sensorialidad natural del plano corpóreo, y la plasticidad energética del plano extra físico, coexisten y se entrecruzan, guardadas las peculiaridades de cada uno.

F.E. – “Coexisten, se entrecruzan” e influyen continuamente el uno en el otro (como dice el autor en el párrafo anterior). Esa influencia mutua, que tan bien plasma el Espiritismo, constituye uno de los aspectos más desconocidos -a veces, incluso, para algunos espiritistas-, más interesantes y muy a tener en cuenta (por sus implicaciones en la vida cotidiana de cada cual) por los estudiosos de nuestra doctrina.

Los hay que se creen exentos de “sentir” las influencias del plano espiritual por el hecho de no tener sensibilidad mediúmnica. Sin embargo, la afinidad de sentimientos, de intenciones y de pareceres hace que los espíritus de ambos planos nos sintamos atraídos y nos influyamos mutuamente, a veces de forma inconsciente.

D.K. – “Su descubrimiento derrumbó las antiguas concepciones acerca de lugares de premios y castigos más allá de la tumba, y estableció la continuidad natural de la vida personal y colectiva, aunque con sus características bastante diferentes.

F.E. – Este “derrumbamiento” de esas ideas tan antropomórficas de un Dios que nos premia o castiga, según hagamos o no su voluntad, es realmente un gran paso adelante en el progreso moral del Espíritu. Ciertamente es un paso incómodo ya que nos aleja de una protección divina paternalista, para pasar a un concepto de progreso con implicaciones totalmente personales. El hecho de que seamos más o menos felices ya no depende de que “agrademos” más o menos a Dios, sino que depende exclusivamente de nuestros esfuerzos. Realmente es un cambio importante, duro, y, al mismo tiempo, esperanzador.


[1] En algunas versiones castellanas la palabra francesa “fécondation” ha sido traducida impropiamente, pensamos, por “fundación”.

[2] “Dios creó a todos los Espíritus sencillos e ignorantes, es decir, faltos de ciencia” (”El Libro de los Espíritus”, apartado 115). Lo cual no contradice en absoluto la anterior afirmación de que el Espíritu tiene todas las potencialidades en esencia.

Imagen EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS

Capítulo III – El Modelo Espirita

1. Dificultades y ambigüedades

 

D.K. – “Al afirmar que “Para las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras. Así lo requiere la claridad en el lenguaje, con el fin de evitar la confusión inseparable del sentido múltiple dado a los mismos términos” (“El Libro de los Espíritus”-Introducción), Allan Kardec pretendía proteger las ideas espiritas que lanzaba, de los vicios del lenguaje cristiano. Él sabía de la fuerza y del poder de las palabras, y el lenguaje cristiano estaba clara y perfectamente establecido en la cultura y en la mente de las personas, condicionadas por la autoridad religiosa, por el peso de la verdad revelada y reafirmada milenariamente.

 

Por eso, él quería desvincular el lenguaje espirita del lenguaje católico, el cual, en esencia, contraría el sentido revolucionario del Espiritismo.

 

F.E. – No es fácil -al menos para nosotros- discernir exactamente cuál era la intención última de Kardec al proponer nuevas palabras para definir nuevos conceptos. No nos atreveríamos a afirmar si lo hizo para desmarcarse, en forma exclusiva, de las definiciones cristianas o, simplemente, lo hizo para concretar de forma inequívoca el significado de esos conceptos.  A la vista del párrafo siguiente, cuando Kardec discurre acerca del significado de la palabra alma (“El Libro de los Espíritus”, Introducción, II), nos inclinaríamos por la segunda posibilidad; es decir, que simplemente definió para concretar: “Puesto que la palabra alma ha de aparecer con frecuencia en el transcurso de esta obra, importaba determinar con precisión el sentido que le damos, a fin de evitar todo posible equívoco.” Evidentemente, al definir también se estaba alejando, de forma inevitable, de las concepciones religiosas de estos conceptos.

Encontramos muy acertado resaltar el aspecto revolucionario del Espiritismo. Sin duda el Espiritismo ha de obrar –cuando la madurez de los espíritus encarnados en este planeta, así lo propicie- una verdadera revolución en la forma de entender la vida y el encaje de esos formidables temas como son: libertad, igualdad, fraternidad, justicia, progreso y responsabilidad.

D.K. – “Afirmando que el Espiritismo era “una ciencia objetiva”, él tenía la intención de crear un universo lingüístico que justificase la “revolución” que se proponía realizar. Sin embargo, a pesar de su innegable talento y determinación, su deseo de crear un nuevo lenguaje, una forma nueva de nombrar la naturaleza, la persona y el futuro, no pudo concretarse.

 

F.E. – No somos capaces de recordar en qué texto de Kardec se menciona que el Espiritismo es una ciencia objetiva. Sin embargo, podemos ahondar un poco en esta cuestión. ¿Qué hemos de entender por “ciencia objetiva”? A bote pronto, lo primero que se nos ocurre es relacionar esa expresión con las ciencias exactas y naturales (Matemáticas, Física, Química, Geología, Botánica,…); ¿podríamos incluir el Espiritismo en ese conjunto de ciencias? Evidentemente no, ya que “El Espiritismo es al mismo tiempo una ciencia de observación y una doctrina filosófica. En cuanto ciencia práctica, consiste en las relaciones que es posible establecer con los Espíritus. Como filosofía, abarca todas las consecuencias morales que de dichas relaciones emanan” (¿Qué es el Espiritismo?, Preámbulo). Por lo tanto, y teniendo en cuenta quienes son los sujetos de esa investigación científica en el Espiritismo[1], o sea los Espíritus, la ciencia espiritista más bien se acerca al ámbito de las ciencias humanas (Antropología, Psicología, Filosofía, Sociología,…). Lo que sí debe prevalecer es la asunción de trabajar bajo los preceptos del método científico, lo que nos evitará caer en las redes de la credulidad, de los endiosamientos y de las falacias de ciertos Espíritus.

 

D.K. – “No consiguió mantener un lenguaje estrictamente revolucionario del pensamiento espirita. Después de “El Libro de los Espíritus” y de “El Libro de los Médiums”, a partir de 1864, él editó una serie de libros típicamente volcada hacia las bases de la religión católica: “El Evangelio según el Espiritismo”, “El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo” y “La Génesis o los Milagros y las Predicciones según el Espiritismo”.

 

F.E. – Es verdad que, después de la publicación de las obras básicas del Espiritismo: “El Libro de los Espíritus”, “El Libro de los Médiums” y “¿Qué es el Espiritismo?” [2], Allan Kardec parece dar un giro evidente a la índole de los temas a tratar. Ello nos ha de llevar a preguntarnos por qué se dio este, por lo menos aparente, cambio de criterio.

Y a propósito de este comentario, insertamos a continuación este texto con el fin de poder expresarnos con mayor amplitud:

*

KARDEC Y EL CRISTIANISMO

David Santamaría

dsantamaria@cbce.info

 

Muchas veces nos hemos preguntado la razón de este cambio de orientación en la temática expuesta por Kardec en sus obras, a partir de 1864. Cambio que se plasma especialmente a partir de su obra “Imitación del Evangelio según el Espiritismo”, publicada en abril de 1864[3].

Jaci Regis afirma que tanto esta obra como las siguientes publicadas por Kardec están: “típicamente volcadas hacia las bases de la religión católica”. Realmente, esta es una de las opciones que pueden barajarse para intentar entender su publicación. Es perfectamente posible que Kardec intentara acercar los principios espiritistas a los creyentes cristianos, y ¿qué mejor manera de hacerlo que incidiendo en los aspectos menos polémicos de la vida de Jesús -es decir, en la faceta moral- para empezar este acercamiento[4]? ¿Sería ello contraproducente o fuera de lugar? En sentido estricto, no. No podemos olvidar que los aspectos morales se tornan más comprensibles desde la óptica del Espiritismo. Por ello, a priori, no pareciera fuera de lugar la intención de Kardec. Sin embargo, a través de la obra, nos encontramos con algunos párrafos que llevan a confundir los ámbitos espiritista y cristiano en uno solo; por ejemplo:

“El Espiritismo bien comprendido, pero sobre todo, bien sentido, conduce forzosamente a los resultados (…) que caracterizan al verdadero espiritista como al verdadero cristiano, siendo los dos una misma cosa. El Espiritismo no viene a crear una moral nueva; facilita a los hombres la inteligencia y la práctica de la de Cristo, dando una fe sólida e ilustrada a los que dudan o vacilan.” (“El Evangelio según el Espiritismo”, cap XVII, núm. 4)

O sea, que verdadero espiritista y verdadero cristiano serían una misma cosa. Ciertamente no estamos de acuerdo con esta apreciación, ya que cerraría la puerta de esta Idea Universal que es el Espiritismo a personas de otras procedencias, religiones o credos. Como ya enseñaba el pionero espiritista español, José María Fernández Colavida: “el Espiritismo ha de serlo a secas, sin adjetivos calificativos como cristiano o francés.”

Otro texto que siempre nos ha llamado poderosamente la atención es la comunicación -del Espíritu de Verdad- inserta al principio de esta obra. Anotó Kardec a pie de página: “Esta instrucción, obtenida mediúmnicamente, resume a la vez el verdadero carácter del Espiritismo y el objeto de esta obra, por cuya razón ha sido puesta aquí como prefacio”. Veamos el texto de esta comunicación:

“Los espíritus del Señor que son las virtudes de los cielos, se esparcen por toda la superficie de la tierra como un ejército inmenso, apenas han recibido la orden; parecidos a las estrellas que caen del cielo, vienen a iluminar el camino y a abrir los ojos a los ciegos.

 

En verdad os digo, que han llegado los tiempos en que todas las cosas deben ser restablecidas en su verdadero sentido, para disipar las tinieblas, confundir a los orgullosos y glorificar a los justos.

 

“Las grandes voces del cielo retumban como el sonido de la trompeta, y se reúnen los coros de ángeles. Hombres, os convidamos a este divino concierto; que vuestras manos pulsen la lira; que vuestras voces se unan y que en himno sagrado se extiendan y vibren de una a otra parte del Universo.

 

“Hombres, hermanos a quienes amamos, estamos a vuestro lado: amaos también unos a otros, y decid desde el fondo de vuestro corazón, haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo: ¡Señor! ¡Señor! y podréis entrar en el reino de los cielos.” (Todos los resaltados son nuestros).

La verdad es que no reconocemos en esta comunicación los elementos distintivos de esa ciencia que es el Espiritismo. Comentemos brevemente los resaltados:

  • Se supone que las “virtudes de los cielos” deben ser los espíritus superiores. Esa nomenclatura es extraña al Espiritismo.
  • “en verdad os digo”, es una manera de firmar inequívocamente la comunicación. Nos cuesta creer que, en la actualidad, Jesús empleara los términos contenidos en este mensaje.
  • “los coros de ángeles”. Los ángeles, tal y como enseña el Espiritismo no existen. Este lenguaje -que, hemos visto reflejado actualmente en libros que se presentan como espiritistas- no es propio del Espiritismo y no debería usarse en su contexto.
  • “haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo”: Dios no está en el cielo, ya que el “cielo” de las religiones no existe. Dios está en toda la Naturaleza.
  • “podréis entrar en el reino de los cielos”. No se “entra” en los mundos espirituales superiores sino por el trabajo, el esfuerzo y la depuración personal; nunca por las alabanzas que se prodiguen a la Divinidad (“¡Señor! ¡Señor!”).

Realmente, no encontramos en esta comunicación el “verdadero carácter del Espiritismo”. Y, sin embargo, en este libro en cuestión encontramos capítulos magníficos y comentarios doctrinales correctísimos y muy interesantes. Una cosa no quita la otra. Podemos estar en desacuerdo con algunos planteamientos estructurales y, no obstante, reconocer los valores intrínsicos de la obra.

A pesar de todo lo antedicho, la pregunta sigue en pie: ¿Por qué cambió Kardec el rumbo estructural del Espiritismo?

Tal vez, y pensamos que no podemos descartar esta hipótesis, no hubo realmente un cambio de rumbo, sino la aplicación de un plan bien delineado. En primera instancia se cimentó un edificio doctrinal impecable sustentado en “El Libro de los Espíritus” y en “El Libro de los Médiums”. En segundo lugar parece haber habido una aproximación a los aspectos más cercanos de las religiones cristianas, tal vez para asegurar la pervivencia de la idea. Es innegable, como resalta Jaci Regis más adelante, que el Espiritismo en Europa estaba condenado a su práctica desaparición, a pesar de su espectacular crecimiento en sus primeros decenios de vida. El Espiritismo nació en el lugar idóneo, Paris, en el momento adecuado, mediados del gran siglo de los grandes descubrimientos. Pero, con toda seguridad, los Espíritus colaboradores de Kardec debieron prever su declive en algunas décadas. Posiblemente la mejor manera de asegurar su continuidad era ligándolo a aspectos religiosos, para, en un futuro más o menos lejano, recuperar su pureza doctrinaria.

Análogamente hubiera pasado seguramente con la doctrina de Jesús. Si las enseñanzas de aquel gran Espíritu hubieran quedado circunscritas al pueblo judío, probablemente hoy en día no sabríamos ni siquiera quién fue Jesús. Pero, el empuje de aquel importante apóstol que fue Pablo, predicando a infieles, y alejándose de las fronteras judías, propició que la estela de Jesús –con la inevitable alteración de sus ideas por parte de los diversos procesos religiosos- llegara, más o menos pura, hasta nuestros días.

Es probable que el paso por el contexto religioso sea una circunstancia inevitable y necesaria para el posterior desarrollo, en sus delineamientos originales.

Evidentemente, todo lo antedicho es sólo una opinión personal.

*

D.K. – “La argumentación es ciertamente espirita, pero el intento de dar una explicación racional a la fe, adjetivando o usando los términos católicos ayudó posteriormente a confundir las cosas… Al afirmar que “Es con razón, pues, que el Espiritismo es considerado como la tercera de las grandes revelaciones” (“La Génesis”, cap. 1, núm. 20) incluyendo al Espiritismo en el supuesto cronograma de las revelaciones divinas dentro del universo cristiano, aprisionó la doctrina al lenguaje católico.

 

F.E. – Concordamos con la opinión del Dr. Regis. El Espiritismo no es la Tercera Revelación, ya que no podemos olvidar las muy relevantes enseñanzas obtenidas en otros pueblos, enseñanzas como el Islamismo, el Budismo, la Filosofía Yogui.

 

D.K. – “Eso se tradujo en una mezcla de palabras y significados que, después del fracaso del Espiritismo en Europa, permitió a los místicos católicos brasileños que empuñaron la bandera del Espiritismo, crear un “Espiritismo a la brasileña”, básicamente una religión en el sentido usual de la palabra, defendiendo y manteniendo los símbolos y significados del catolicismo.

 

“La bandera que bien alto enarbolamos es la del Espiritismo cristiano y humanitario[5]”, escribió Kardec en “El Libro de los Médiums”, (cap. XXIX, núm. 350). Podemos hacer muchas conjeturas acerca de cual era su intención al escribir de esa forma, pero lo que importa es que la expresión “Espiritismo cristiano” se tornó, en Brasil, la identificación misma del Espiritismo.

 

F.E. – Evidentemente encontramos mucho más correcta y universal la expresión “Espiritismo humanitario”, aunque, como ya decíamos más arriba, el Espiritismo no necesita de adjetivos.

 

D.K. – “Los que se adhirieron al movimiento espirita sin desvincularse de la marca católica, eligieron a Jesucristo, idealizado por la Iglesia, como el salvador, manteniendo lazos firmes con el catolicismo, aunque lo considerasen un espíritu encarnado, sujeto a la evolución, y no un dios.

 

F.E. – Pero, a pesar de que tengan claro que se trata de un Espíritu, no por ello dejamos de encontrar textos en los que, prácticamente, se diviniza la figura de Jesús, lo cual sin duda, resta cercanía a esa gran figura de la humanidad.

 

2. “El Cielo y el Infierno”

 

D.K. – “Ningún libro de Allan Kardec muestra las dificultades y ambigüedades de la falta de un nuevo lenguaje y de nuevos conceptos desvinculados de la Iglesia, que “El Cielo y el Infierno”.

 

Editado en 1865, con el subtítulo “La Justicia Divina según el Espiritismo”[6] el libro aborda la propuesta del catolicismo sobre las penas futuras. En él, Allan Kardec analiza los postulados católicos, dando una explicación espirita a los fundamentos del catolicismo sobre el futuro del alma después de la muerte, o sea, los castigos en el infierno y las recompensas en el cielo.

 

En la primera parte, el autor habla de la muerte, del porvenir, del cielo, del infierno y del purgatorio según la Teología Cristiana. Hace un malabarismo teórico, sin rechazar propiamente esa Teología, pero intentando darle una explicación diferente.

 

Esa postura contraría lo que él escribió en la primera línea de “El Libro de los Espíritus”: “Para las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras”. Insiste en mantener los términos católicos para explicar la justicia divina, y eso se traduce en contradicciones como la que se presenta cuando afirma: “En esa inmensidad sin límites, ¿dónde está, pues, el Cielo? Está en todas partes”[7], lo cual muestra una relación dudosa con la localización física del cielo, recorriendo un camino que lo relaciona con la antigua idea del cielo arriba y del infierno abajo y la Tierra estacionada.

 

A continuación, elige los mundos superiores como una especie de cielo: “La vida en los mundos superiores es ya una recompensa (…) Allí imperan la verdadera fraternidad, porque no hay egoísmo; la verdadera libertad, porque no hay orgullo; la verdadera igualdad porque no hay desordenes que reprimir, ni ambiciosos que quieran oprimir al débil. Comparados con la tierra aquellos mundos son verdaderos paraísos, son etapas del camino del progreso que conduce al estado definitivo”.[8]

 

Sería ese el cielo del Espiritismo, en sustitución del cielo católico. Es evidente que las motivaciones son otras, pero el lenguaje es semejante y condicionante.

 

De la misma forma, afirma: “El Espiritismo no viene, pues, a negar la penalidad futura (…). Lo que destruye es el infierno localizado con sus hornos y sus  penas irremisibles. No niega el purgatorio, puesto que prueba que estamos en él…[9]

 

Elige el plano extra físico como el lugar donde esas penalidades serían aplicadas: “En el estado espiritual, sobre todo, el espíritu recoge los frutos del progreso logrados  por su trabajo durante la encarnación.”[10]

 

En definitiva, queda una masa indiferenciada.

 

 

F.E. – A pesar de todo lo antedicho por el Dr. Regis, “El Cielo y el Infierno” es una obra muy interesante, con la salvedad de los párrafos y expresiones controvertidos que acabamos de leer. Recomendamos especialmente la lectura de los siguientes capítulos de la primera parte:

  • I:    “El futuro y la nada”
  • II:   “El miedo a la muerte”
  • VI:  “Doctrina de las penas eternas”
  • VII: “Las penas futuras según el Espiritismo”
  • XI:  “Acerca de la prohibición de evocar a los muertos”

En cuanto a la segunda parte, toda ella es grandemente interesante:

  • I:     “La transición” En este capítulo, Kardec nos explica todo lo que ocurre en el momento de la muerte.
  • II:    “Espíritus felices”
  • IV:   “Espíritus en sufrimiento”
  • VI:   “Criminales arrepentidos”
  • VII:  “Espíritus endurecidos”
  • VIII: “Expiaciones terrenales”

Es muy conveniente una lectura atenta de las comunicaciones que componen la segunda parte de esta obra. Especialmente recomendables son los comentarios insertos por Allan Kardec. O sea, son comunicaciones interesantes comentadas por el Fundador del Espiritismo. No se puede pedir más.

 

D.K. – “¿Qué movió a Kardec a esa posición conciliatoria, procurando dar razones a la Teología, apenas creyendo que hubo una equivocación? ¿Sería todo una cuestión de palabras?

 

En verdad, según el Espiritismo, no existen el cielo, el infierno ni el purgatorio.

F.E. – Estamos totalmente concordes con estas aseveraciones. Y, abundando más, deberíamos -en el contexto espiritista, especialmente el divulgativo- evitar tales expresiones. El Espiritismo puede denominar con precisión cualquiera de esos conceptos sin necesidad de recurrir a las tipificaciones cristianas. Por ejemplo, para hablar de…, se podría decir…:

  • el infierno ► mundos inferiores
  • el purgatorio ► muchas situaciones de la erraticidad y la encarnación en mundos inferiores
  • el cielo ► mundos superiores
  • los demonios ► espíritus ignorantes, malvados, atrasados, inferiores…
  • ángeles y arcángeles ► espíritus instruidos, ilustrados, superiores…
  • recompensas ► situaciones positivas derivadas de un correcto comportamiento
  • castigos ► consecuencias negativas de nuestros errores
  • “rescate”, “pago” de deudas ► reequilibrio, neutralización, compensación de errores pasados
  • “dar luz”, “hacer caridad” a espíritus perturbados ► orientar a espíritus perturbados
  • “practicar”, “hacer” Espiritismo ► realizar reuniones mediúmnicas

 

D.K. – “Remendar paño viejo con paño nuevo es incompatible, ya lo dijo Jesús de Nazaret.[11]

 

Ángel no puede ser sinónimo de Espíritu puro.

 

F.E. – Unas palabras más acerca de los ángeles. En este momento los ángeles están de moda, en muchos contextos culturales y pseudo culturales de nuestro mundo. Y, parece, que esta moda también se acerca al Espiritismo. Repetimos, los ángeles, arcángeles y serafines no existen; de existir, serían unos seres especiales y, en Espiritismo, lo único que nos diferencia es el grado evolutivo, nada más.

Por todo ello, debe evitarse cuidadosamente la mención de estos conceptos en nuestras Asociaciones espiritistas, especialmente en lo que respecta al contexto divulgativo. De lo contrario se están confundiendo conceptos y se está induciendo a error a quienes nos escuchan o leen. En aras de la buena voluntad, no vale todo y no puede aceptarse todo, y si alguien, en nuestro ámbito, se empeña en divulgar estas inexactitudes hay que hacérselo entender y no propiciar con nuestra colaboración la diseminación de esas concepciones extrañas al Espiritismo.

 

D.K. – “El diablo no puede ser justificado como la condición de un espíritu imperfecto u obsesor.

 

El purgatorio no tiene sentido en la justicia divina, según el Espiritismo.


[1] “Las ciencias comunes se basan en las propiedades de la materia, que se puede experimentar y manipular a voluntad. Los fenómenos espiritas se fundan sobre la acción de Inteligencias que poseen su propia voluntad y nos prueban a cada instante que no están a disposición de nuestro capricho. Por tanto, las observaciones no pueden realizarse de la misma manera, sino que requieren condiciones especiales y otro punto de partida. Pretender someterlas a nuestros procedimientos de investigación convencionales equivale a establecer analogías inexistentes. En consecuencia, la ciencia propiamente dicha, como tal, es incompetente para pronunciarse sobre el Espiritismo.” (“El Libro de los Espíritus”, Introducción, VII)

[2] “Qué es el Espiritismo” se revela como una de las obras que con más atención reeditó Allan Kardec. La fue completando, en sus sucesivas ediciones, con numerosas referencias a sus otras obras. Al final del extensísimo capítulo primero de este libro, el propio Kardec recomienda su lectura como obra de iniciación al conocimiento espiritista: “La primera lectura es la del presente volumen, que expone el conjunto y los puntos más salientes de esta ciencia. Con eso es posible ya formarse una idea general y persuadirse de que en el fondo hay algo de serio. En esta rápida exposición nos hemos dedicado a señalar los puntos en que se debe concentrar particularmente la atención del observador. El desconocimiento de los principios básicos del Espiritismo es la causa de las falsas apreciaciones hechas por la mayoría de aquellos que están juzgando algo  que no comprenden, o que lo hacen conforme a sus preconceptos.”

[3] Segunda edición en 1865, ya con su título definitivo: “El Evangelio según el Espiritismo”

[4] “En cinco partes pueden dividirse las materias que los Evangelios contienen: Los actos ordinarios de la vida de Cristo, los milagros, las profecías, las palabras que sirvieron para establecer los dogmas de la iglesia, y la enseñanza moral. (…) Esta parte es el objeto exclusivo de la presente obra” (“El Evangelio según el Espiritismo”, Introducción,1)

[5] Texto resaltado en el original francés.

[6] Desde un punto de vista purista este subtítulo “La Justicia Divina según el Espiritismo”, hubiera sido un excelente    título para esta obra.

[7] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 18

[8] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 11

[9] “El Cielo y el Infierno”, cap. V, núm. 8

[10] “El Cielo y el Infierno”, cap. III, núm. 10

[11] “Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor” (Marcos, 2, 21)

 

 Imagen      EL AUTOR, DOCTOR JACI REGIS.

Capítulo II – De lo Sensorial a lo Energético

1. Un largo camino recorrido

 

D.K. – “La sabiduría, la verdad y el análisis de los factores de la naturaleza fueron, durante siglos, puramente sensoriales.

Sensorialmente, la Tierra está parada y es el Sol el que parece circular en torno de ella. Esa sensación produjo la “revelación divina” defendida por la Iglesia de que había un cielo arriba y un infierno abajo. Y, en consecuencia, se pudo imaginar a Dios como una persona sentada en su trono.

Todo, durante siglos, fue concebido y vivido plácidamente, bajo ese horizonte limitado de los sentidos,

pero para entonces era satisfactorio.

El telescopio de Galileo Galilei mostró a la Tierra moviéndose y ese simple descubrimiento precipitó la investigación, la curiosidad y el saber humanos. De ahí en adelante, lo sensorial fue paulatinamente vencido por la experimentación. Mucho tiempo después Pasteur mostró el mundo microscópico, inexistente para el ojo, el tacto, el olfato, el oído y el paladar humanos.

En la era de la ciencia y de la tecnología, todo lo que era “sólido se disipa en el aire” y actualmente las investigaciones científicas derrumbaron el entendimiento de lo real, de la realidad y mostraron que vivimos en un universo energético, mutable y, no obstante, consolidado.

F.E. – Siempre le cabe -y le cabrá- a la Ciencia el papel de desentrañar los misterios de lo maravilloso y de lo sobrenatural, aspectos que nos han acompañado desde toda la historia de la humanidad, como hijos de la ignorancia. Al Espiritismo también le compete este cometido, aclarando y explicando la realidad mediúmnica, alejándola del oscurantismo y la incomprensión.

Probablemente será la Ciencia -con mayúsculas- la que demuestre, en el momento oportuno, la existencia del alma, como aspecto primordial de la comprensión de la realidad espiritual. Será la que acercará definitivamente al ser humano esos conceptos defendidos por el Espiritismo: la inmortalidad, la reencarnación, la comunicación con los espíritus,… Después se irán entendiendo los aspectos morales: la responsabilidad personal, la ley de causa y efecto, la ley de compensación moral,… Todo ello, sin duda, será consecuencia de un largo proceso de investigación física y psíquica.

Probablemente no será el Espiritismo, como tal, el que acompañe a la Ciencia en esta gran aventura. Sin embargo, sin duda alguna, las buenas ideas y las excelentes aportaciones de esta doctrina, persistirán y acompañarán ese proceso de descubrimiento, tal vez con otro ropaje. Hace ya muchos años (en 1895), Gabriel Delanne apuntaba esa posible realidad:

“Y así como el Magnetismo, vejado y menospreciado, ha concluido por forzar las puertas de las

Academias, así el Espiritismo, con un nombre que pida a préstamo, logrará al fin recibir la

consagración oficial.”
(“La Evolución Anímica”, cap. IV)

2. La última barrera

D.K.“En 1857, Allan Kardec, con el lanzamiento de “El Libro de los Espíritus”, agitó el campo controvertido de la naturaleza del ser humano, su destino y su potencialidad, derrumbando la última barrera sensorial: la muerte.

En 1868, once años después de publicar “El Libro de los Espíritus”, afirmó:

“Es una revolución total que habrá de operarse en las ideas; revolución tanto mayor y poderosa ya que no está circunscripta a un pueblo o a una casta determinada, sino que abarca simultáneamente el alma de todas las clases, nacionalidades y cultos” (“La Génesis”, cap. 1, apartado 20).

F.E. – Es cierto que las ideas espiritistas -con ese u otro nombre- deberán ser uno de los motores de esa revolución. Cuando las personas aceptan los postulados inmortalistas y reencarnacionistas han de cambiar de manera indefectible de actitud ante la vida, lo que acabará acarreando, con su generalización, una auténtica revolución moral.

D.K. – “Y agregó Kardec en la misma obra:

“El hecho de poder establecer comunicación con los Seres del Mundo Espiritual trae consigo consecuencias de la  mayor gravedad: es un mundo nuevo que se nos revela, un acontecimiento de la mayor importancia, puesto que ese mundo nos espera a todos, sin excepción. Este conocimiento al generalizarse, ocasionará profundas modificaciones en los hábitos, el carácter, las costumbres y las creencias, todo lo cual tiene una influencia enorme sobre las relaciones sociales.” (Ídem)

Como que el plano extrafísico es invisible a la mirada, se mantiene todavía la cultura sensorial. El instrumento para penetrar en ese plano es la mediumnidad y ella, por sus peculiaridades, es extremadamente vulnerable.

F.E. – “La mediumnidad es una planta delicada que para florecer necesita atentas precauciones y cuidados asiduos. Necesita método, paciencia, altas aspiraciones, sentimientos elevados. Necesita, sobre todo, la tierna solicitud del espíritu bueno que le prodiga su amor y le envuelve en sus fluidos vivificantes. Pero, casi siempre se le quiere hacer producir frutos prematuros, y desde aquel momento se desvía y se agosta bajo el soplo de los espíritus atrasados.”

Así enfatizaba Léon Denis (“En lo Invisible”, cap. V) esa vulnerabilidad de la facultad medianímica. Desde luego, fue el profesor Rivail quién comprendió la importancia de la dignificación de la mediumnidad, la cual pasa, sin duda, por un ejercicio noble y serio de la misma. Jon Aizpúrua en su “Tratado de Espiritismo” (cap. V) resalta las claves de una buena orientación de la mediumnidad:

“Conforme a las enseñanzas doctrinarias del Espiritismo, no se debe forzar la eclosión de la mediumnidad, pero sí debe ser orientada y disciplinada en tres vertientes fundamentales: moralización, culturización y tecnificación, todas las cuales propenden hacia un auténtico y pleno crecimiento espiritual del médium y de todos los participantes de las actividades mediúmnicas.”

Ojalá que esos buenos planteamientos de Kardec, Denis, Delanne, Aizpúrua y otros, pudiera ser una realidad en todas las agrupaciones espiritistas y en todos quienes sientan la sensibilidad mediúmnica. Siendo conscientes de que ello no es así, hay que esforzarse en una correcta divulgación de la teoría medianímica para favorecer esa adecuada comprensión.