BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenLE LIVRE DES MEDIUMS EDICIÓN ORIGINAL

    Allan Kardec trabajaba a la sazón en El Libro de los Médiums,  que apareció en la primera quincena de enero de 1861,  publicado por los señores Didier y Cía.,  libreros y editores.  El Maestro expuso en los siguientes términos la razón  de ser de la obra,  en la “Revista Espírita”,  1861,  pág. 6:

    “Hemos tratado en este trabajo,  que es fruto de larga experiencia y estudios laboriosos,  de esclarecer todas las cuestiones que se vinculan con la práctica de las manifestaciones;  contiene,  según los espíritus,  la explicación teórica de los diferentes fenómenos y de las condiciones en las cuales pueden producirse;  pero la parte relativa al desarrollo y ejercicio de la mediumnidad ha sido de nuestro lado objeto de especialísima atención.

    “El Espiritismo experimental presenta muchas dificultades de lo que generalmente se cree,  y los escollos que en él se encuentran son numerosos,  lo cual causa tantas desiluciones entre los que se eocupan en él sin poseer la experiencia y los conocimientos necesarios.

    “Nuestros propósito ha sido prevenir de estos escollos,  que no dejan de acarrear inconvenientes a aquellos que imprudentemente  se aventuran  en este terreno nuevo.  No podíamos descuidar tan capital aspecto,  y lo hemos tratado con el cuidado que su importancia merece”.

    “El Libro de los Médiums había sido precedido de una obra de menor extensión,  titulada Instrucción práctica sobre las manifestaciones espíritas” la cual traía la exposición completa  y las condiciones necesarias para comunicarse con los Espíritus y los medios de desarrollar la facultad mediúmnica en los médiums”

    Cuando la edición de dicho volumen se agotó,  Allan Kardec lo reemplazó con El Libro de los Médiums actual,  que todavía constituye el vademécum de todos los que deseen dedicarse con beneficio  al estudio del Espiritismo experimental;  es aún  el guía más seguro de quienes quieran explorar sin peligro el campo de la mediumnidad.  Nada mejor ha aparecido posteriormente,  y los autores que abordaron el mismo tema no han hecho sino seguir las líneas principales de esta obra maestra.

    En el año 1861 realizó Allan Kardec un nuevo viaje en pro del Espiritismo a Sens,  Macon y Lyon,  y comprobó que en esta última ciudad la doctrina había alcanzado su madurez.

    “Revista Espírita”, 1861,  pág. 290.- “En efecto–dijo–,  no se cuentan ya los espiritistas por centenares,  como hace un año,  sino por millares o,  mejor dicho,  no se les puede contar,  y se estima que, de seguir tal incremento,  dentro de un año o dos pasarán de treinta mil.  El Espiritismo se ha extendido allí a todas las clases sociales,  pero es principalmente en la clase obrera donde se ha propagado con mayor rapidez,  y ello no debe asombrar,  porque siendo ésta la clase que más sufre,  se torna hacia donde encuentra mayor consuelo.

    “Si vosotros,  los que gritáis contra el Espiritismo,  diérais otro tanto a los sufrientes,  entonces se volverán hacia vosotros;  pero,  en lugar de esto,  queréis arrebatarles lo que les ayuda a sobrellevar la pesada carga de su miseria; es éste el mejor medio de perder su simpatía y aumentar las filas de vuestros opositores.  Lo que hemos visto con nuestros propios ojos es tan característico y contiene tal enseñanza,  que creemos deber dedicar a los trabajadores la parte principal de nuestro informe.

    “El año pasado había un solo centro de reuniones;  el de Brotteaux,  drigido por Dijoux,  jefe de talleres  conjuntamente con su señora;  después se formaron otros en diferentes partes de la ciudad:  en Gillotiére,  en Perrache,  en el arrabal Croix-Rousse,  en Vaise,  en San Justo,  etc,  sin contar un gran número de centros de reuniones particulares.  Había apenas dos o tres médiums,  bastante novicios;  en la actualidad los hay en todas las agrupaciones y muchos de ellos son notables;  en un solo grupo hemos visto a cinco psicografiando simultáneamente.  Hemos visto también a una jóven,  muy buena médium vidente,  en la cual pudimos comprobar la presencia de esta facultad llegada a un grado eminente.

    “Sin duda significa mucho que los adeptos del Espiritismo se multipliquen,  pero lo que vale más que el número es la calidad.  Y bien,  declaramos con satisfacción que en ninguna parte asistimos a reuniones espiritistas tan edificantes como la de los obreros lioneses,  en lo que toca al orden,  al recogimiento y atención con que acogen las instrucciones de sus guías espirituales;  hay allí hombres maduros,  ancianos,  mujeres,  jóvenes y hasta niños,  cuya actitud respetuosa contrasta con su edad;  jamás uno solo ha perturbado por un instante el silencio de nuestras reuniones,  frecuentemente muy prolongadas;  parecen casi tan ávidos de escuchar nuestra palabra como sus mismos padres.  Y ello no es todo,  sino que el número de cambios morales es entre los obreros casi tan grande como el de adeptos:  costumbres viciosas reformadas,  pasiones serenadas,  odios apaciguados,  almas tornadas apacibles;  en una palabra,  las virtudes más cristianas desarrollándose merced a la confianza inquebrantable en el hecho de que las comunicaciones espiritistas les proporcionan un porvenir en el cual no creían;  es una felicidad para ellos asistir a estas reuniones,  de las que salen reconfortados para hacer frente a la adversidad;  por eso se ve a algunos andar más de una legua con cualquier tiempo–sea verano o invierno–y arrostrar cualquier dificultad con tal de no faltar a una sesión,  lo cual se debe a que no hay en ellos un fe vulgar sino una fe basada en una convicción profunda,  razonada y no ciega.”

    En ocasión de este viaje reunió de nuevo un banquete bajo la presidencia de Allan Kardec a los miembros de la gran familia espiritista lionesa.  El 19 de septiembre de 1860 los invitados habían sido apenas una treintena;  y el 19 de septiembre de 1861 su número era de ciento sesenta,  “que representaban a los diferentes grupos,  todos los cuales se consideran miembros de una misma familia y entre los que no existe la menor sombra de envidia ni rivalidad —dice el Maestro--,  hecho éste que con gusto hacemos notar,  de paso.  La mayoría de los asistentes eran obreros y todo el mundo pudo comprobar el orden perfecto que no dejó de reinar un solo instante;  porque los espiritistas verdaderos demuestran su satisfacción con las alegrías del corazón y no con placeres ruidosos”.

    El 14 de octubre del mismo año encontrmos a Allan Kardec en Burdeos,  donde,  como en todas las ciudades por que pasa,  siembra la buena nueva y hace germinar la fe en el porvenir.

   

   

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