BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenTúmulo de Allan Kardec en el Cementerio Pêre Lachaise, en París, Francia.

    El señor Hipólito León Denizard Rivail,  Allan Kardec,  falleció en París,  en la casa del pasaje Santa Ana N° 59,  distrito II y alcaldía de la Banca,  el 31 de marzo de 1869,  a los sesenta y cinco años de edad,  por la rotura de una aneurisma.

    “El señor allan Kardec ha muerto;  será sepultado el viernes”.

    Un deceso tan súbito como imprevisto constituyó una sorpresa dolorosa para todos los amigos del gran pensador,  Las dos cartas siguientes,  dirigidas al señor Finet,  nos darán,  a más de pormenores sobre la muerte de Allan Kardec y sus funerales,  una débil idea del estado de espíritu y el dolor profundo de cada cual,  así como del unánime pesar con que acompañaron a los despojos mortales de Allan Kardec hasta su última morada.

                                                                          “París,  31 de marzo de 1869.

    “Amigos:

        “Ahora,  que estoy un poco más sereno,  les escribo;  cuando les envié mi despacho,  obré tal vez con cierta rudeza,  pero me parecía que debían ustedes ser informados en seguida de esta muerte.

       “He aquí algunos detalles:

        “El fallecimiento se produjo esta mañana  entre las once y doce,  súbitamente,  al entregar un ejemplar de la “Revista” a un viajante que venía a comparlo.  Se desplomó sin proferir palabra.  Estaba muerto.  En esos momentos hallábase solo en su hogar (calle Santa Ana),  ordenando sus libros y papeles para su mudanza,  que ya había comenzado y debía terminar mañana.  El portero  -quien corrió al oír los gritos de la criada y del viajante- lo levantó,  pero nada se podía hacer.  Delanne acudió apresuradamente,  lo friccionó y magnetizó,  mas fue también en vano.  Todo había concluído.

      “Acabo de verlo.  Llegué a la entrada,  obstruída por utensilios domésticos.  Por la puerta de la sala grande de sesiones,  que se encontraba abierta,  pude advertir el desorden  de los preparativos del cambio.  Ya en el saloncito,  que ustedes conocen bien,  con su alfombra roja y muebles antiguos,  encontré a la señora Kardec sentada en el canapé que está frente a la chimenea;  el señor Delanne hallábase a su lado;  ante ellos,  en el piso y sobre dos colchones,  cerca de la puerta del comedorcito,  yacía el cuerpo inanimado de aquel a quien todos amábamos.  Su cabeza  cubierta desde la coronilla hasta el mentón por un pañuelo blanco anudado en éste,  permitía ver toda la cara,  que semejaba reposar suavemente y experimentar el placer dulce y sereno del deber cumplido.

      “Ninguna deformidad había impreso en él su paso de la vida a la muerte.  De no faltarle la respiración,  se hubiera dicho dormido.

      “Cubría su cuerpo extendido una manta de tela blanca,  que hacia los hombros permitía ver el cuello de su robe de chambre,  única  prenda que vestía cuando lo sorprendiera la muerte.  A sus pies,  como al descuido,  estaban sus chinelas y medias,  que parecían conservar aún el calor del cuerrpo.

      “El cuadro era triste y,  sin embargo,  un sentimiento de dulce quietud penetraba el alma;  toda en casa era desorden,  caos y muerte,  y todo allí semejaba ser calmo,  risueño y dulce.  Ante tal escena,  se pensaba por fuerza en la vida futura.

      “Les he dicho que lo sepultaremos el viernes,  pero todavía no sabemos a qué hora;  esta noche velarán su cuerpo Desliens y Tailleur,  y mañana Delanne y Morin.

      “Estamos buscando,   entre sus papeles,  sus ultimas voluntades,  caso que las haya redactado.  De cualquier modo,  la inhumación será simplemente civil.

      “Volveré a escribirles,  para darles detalles de la ceremonía.

      “Creo que mañana se designará una comisión,  integrada por los espiritistas más adictos a la causa,  los que mejor puedan conocer sus necesidades,  a fin de saber qué deberá hacerse.

      “De corazón,  vuestro amigo

                                                                       (Firmado): Muller.”

     

   

  

   

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