BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenEL CIELO Y EL INFIERNO VERSIÓN ORIGINAL FRANCESA

El 1° de agosto de 1865 dió Allan Kardec a publicidad una nueva obra: El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo.

“Revista Espírita”,  1865,  pág. 287.-“La primera parte de esta obratitulada Doctrina,  contiene el examen comparado de las diferentes creencias respecto del cielo y del infierno,  los ángeles y demonios,  las penas y recompensas futuras;  el dogma de las penas eternas se encara allí de manera especial y se lo refuta con argumentos basados en las mismas leyes naturales,  que demuestran no sólo su faz ilógica,  tantas veces señalada ya,  sino su imposibilidad material.  Junto con las penas eternas caen,  naturamente,  las consecuencias que se habían creído poder deducir de ellas.

“…La segunda parte trae numerosos ejemplos de apoyo de la teoría o, más propiamente hablando ,  que han servido para establecer dicha teoría.”

Los asombrosos éxitos del Espiritismo y su desarrollo punto menos que increíble le crean numerosos enemigos y,  a medida que crece,  aumenta asimismo la tarea de Allan Kardec.  El Maestro tiene una voluntad de hierro,  un poder de combatividad extraordinario;  trabajador infatigable,  permanece de pie,  en cualquier estación del año,  desde las cuatro y media de la mañana,  y responde a todo:  a las vehementes polémicas dirigidas contra el Espiritismo y contra él personalmente;  a las muchas cartas que se le envían;  a la dirección de la “Revista Espírita” y de la sociedad parisiense de estudios espiritistas;  a la organización del Espiritismo;  a la preparación de sus obras.  Por causa de de tal exceso de trabajo físico e intelectual su salud se agota,  y en distintas ocasiones deben los espíritus llamarlo al orden a fin de obligarle a cuidar de ella.  Pero él sabe que sólo vivirá diez años más:  en nuemerosas comunicaciones se lo han anunciado previniéndole también de que su labor terminará en una nueva existencia,  que seguirá,  de cerca a su desencarnación próxima.  De ahí que no quisiera perder un solo instante,  a fin de dar al Espiritismo todo lo que su vitalidad y fuerza le permitiesen.

       UN SUEÑO INSTRUCTIVO

“Revista Espírita”, 1866, pág. 172.-“Durante la última enfermedad que me aquejó,  en abril del corriente año,  hallábame dominado por una somnolencia y una absorción casi continuas;  en tales momentos soñaba constantemente con cosas insignificantes,  a las que no prestaba la menor atención,  pero la noche del 24 de abril ofreció la visión de un carácter tan particular que me impresionó vivamente.

“En cierto lugar que no figuraba entre mis recuerdos y que se asemejaba a una calle,  había una reunión de personas que conversaban;  sólo algunas de ellas me eran conocidas en el sueño,  pero no sabía sus nombres.  Observaba yo a esta multitud y trataba de averiguar el objeto de su conversación,  cuando repentinamente apareció en el ángulo de una pared cercana una inscripción en pequeños caracteres,  brillantes como fuego,  que me esforcé por descifrar:  leí lo siguiente: <<Hemos descubierto que el caucho rodando bajo la rueda hace en diez minutos una legua,  con tal que la ruta…>>  Mientras buscaba el fin de la frase,  empezó a desaparecer poco a poco la inscripción y desperté.  Temiendo olvidar tan singulares palabras,  me apresuré a anotarlas.

“¿Cuál sería el sentido de esta visión,  que nada en mis pensamientos ni en mis preocupaciones podía haber originado?  No ocupándome de inventos ni de investigaciones industriales,  era imposible que fuese un reflejo de mis ideas.  Por otra parte,  ¿que podía significar ese caucho que,  rodando bajo una rueda, hacía una legua en diez minutos?  ¿Era la revelación de alguna nueva propiedad de dicha sustancia?  ¿Estaría ella destinada a desempeñar un papel en la locomoción?  ¿Se me quería poner en el camino de un descubrimiento?  Pero,  ¿por qué dirigirse a mí y no a los especialistas,  que disponen de tiempo para hacer los estudios y experiencias necesarias?

“Sin embargo,  este sueño era demasiado característico y singular para clasificarlo entre los fantásticos;  debía de tener un objeto.  ¿Cuál?  He aquí lo que inútilmente buscaba”.

Si a Allan Kardec le hubiera sido dado vivir algunos años más,  habría podido darse cuenta de la realidad y la importancia de su sueño y del rol primordial que estaba reservado al caucho en la locomoción de las bicicletas,  cuya velocidad sobrepasa a menudo la del sueño,  y de su empleo en los neumáticos de los automóviles que en su vertiginosa carrera han llegado a quintuplicar con frecuencia tal velocidad.