LA VIGENCIA DE KARDEC NO ESTÁ EN DISCUSIÓN CONFERENCIA POR JON AIZPÚRUA

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LA VIGENCIA DE KARDEC NO ESTA EN DISCUSION 

Jon Aizpúrua (*) Caracas, Venezuela

 

Una de las cuestiones más difíciles y delicadas que se han presentado en el Espiritismo desde sus propios inicios se relaciona con sus posibilidades para mantenerse actualizado frente a los avances que se producen continuamente en todas las áreas del conocimiento, y, al mismo tiempo, preservar los principios básicos que garantizan su identidad doctrinaria y constituyen la razón misma de su existencia. Identidad y cambio, son pues, los términos de una ecuación que exige una actitud abierta, equilibrada y prudente.

Una actitud, precisamente, como la que adoptó en su tiempo Allan Kardec, el ilustre fundador y codificador de la Doctrina Espírita, y es por eso, que la lectura de sus obras nos inspira tanta confianza y seguridad en la correcta orientación que él trazó, siguiendo además las pautas que le proporcionaron espíritus de altísima elevación moral e intelectual.

En El Libro de los Espíritus y demás textos que integran la Suma Kardeciana, encontramos de manera explícita los criterios que definen los rasgos progresistas de la naciente idea:

Doctrina evolutiva:

“El Espiritismo, avanzando con el progreso, nunca será rebasado, porque, si nuevos descubrimientos le demostrasen que está errado acerca de algún punto, él se modificará en ese punto y si una nueva verdad se revelase, él la aceptará”

Científica, filosófica y moral:

“El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica, consiste en las relaciones que pueden establecerse con los espíritus; como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones”

Abierta:

“El Espiritismo, so pena de suicidio no puede cerrar las puertas a ningún progreso”

Dinámica:

“La inmovilidad, en vez de ser una fuerza, se convierte en una causa de debilidad y rutina para quien no sigue el movimiento general; rompe la unidad, porque quienes desean ir hacia adelante se separan de los que se obstinan en quedarse atrás”

Racionalista:

“La fuerza del Espiritismo reside en su filosofía, en el llamamiento que hace a la razón y al buen sentido”

Arreligiosa:

“No teniendo el Espiritismo ninguna de las características de una religión, en la acepción usual de la palabra, no podía ni debía presentarse con un título sobre cuyo valor inevitablemente se habría equivocado. Es por eso, que simplemente se dice doctrina filosófica”

Universalista y fraterna:

“La fraternidad debe ser la piedra angular del nuevo orden social. Pero, no habrá fraternidad real, sólida y efectiva si no estuviese apoyada sobre una base indestructible; esta base es la fe; no la fe en tales o cuales dogmas particulares, que cambian con los tiempos y los pueblos se lanzan piedras porque, anatematizándose, mantienen el antagonismo, sino la fe en los principios fundamentales que todo el mundo puede aceptar: Dios, el alma, el futuro, el progreso individual indefinido y la perpetuidad de las relaciones entre los seres. Esta es la fe que da el Espiritismo y que será de ahora en adelante el centro en torno del cual se moverá el género humano”

Tales características, claramente puntualizadas en estas citas de Kardec, representan la mejor garantía de que el Espiritismo, no solamente vino en el momento oportuno, superando dialécticamente las carencias y errores tanto del materialismo como de la religión; sino que llegó para quedarse, mostrando a la humanidad un camino cierto hacia nuevos y superiores destinos.

Cerca de siglo y medio ha transcurrido desde que fue codificado, y en todo ese tiempo, rico en transformaciones sociales, científicas, intelectuales, culturales, económicas y políticas, los postulados básicos que definen al Espiritismo, lejos de resultar lastimados por el impacto de esos cambios, se han fortalecido, pues han aparecido nuevas evidencias que confirman su autenticidad y veracidad. Ahora, en la antesala del siglo XXI, con los nuevos enfoques de las ciencias naturales y de las ciencias sociales que han dado origen a concepciones emergentes como las que ofrecen la biología molecular, la física cuántica, la psicología transpersonal o la parapsicología, se está abriendo paso un nuevo paradigma del conocimiento que se define como holista, sistémico, dialéctico, ecológico y profundamente espiritualista. Un paradigma donde se representa al Universo como la cristalización del pensamiento y la voluntad de Dios, como un infinito sistema en continua evolución, y al hombre como una compleja unidad bio-psico-socio-espiritual. En ese paradigma, los principios fundamentales que integran el cuerpo doctrinario del Espiritismo: Dios, espíritu, supervivencia, reencarnación, evolución, mediumnidad y pluralidad de mundos habitados, se ubican con perfecta comodidad.

Si esto es así, ¿qué se debe entender, entonces, por actualización del Espiritismo? Pues, exactamente lo mismo que entendió y previó Kardec: mantenerlo siempre actual, de manos con el progreso y no a sus espaldas. Y eso es lo mismo que ya consideraron necesario pensadores de la estirpe de Léon Denis, Gabriel Delanne, Gustavo Geley, Ernesto Bozzano, Amalia Domingo Soler, Quintín López Gómez, Antonio Freire, Oliver Lodge, Cosme Mariño, Manuel Porteiro, Humberto Mariotti, Angelo Torteroli, Carlos Imbassahy, Herculano Pires, Deolindo Amorim, Soto Paz Basulto, Rosendo Matienzo Cintrón, Luis Zea Uribe, Ernesto Moog, Pedro Alvarez y Gasca, David Grossvater, Manuel Matos Romero, para mencionar solamente algunos de sus más insignes representantes en diversas épocas y naciones.

Actualizar el Espiritismo no implica, en forma alguna, la eliminación o la sustitución de ninguno de sus postulados centrales. Pero significa, eso sí, revisar la manera como son entendidos e interpretados, y adecuarlos a las nuevas conquistas del conocimiento científico. Encontramos numerosos temas y conceptos que apenas fueron insinuados en las obras kardecianas, y que requieren ser completados y desarrollados. La ciencia y sus aplicaciones tecnológicas han abierto rumbos que antes no existían y que el Espiritismo debe también incorporar. Y el lenguaje con que se comunican las ideas, con todas sus implicaciones semánticas y semiológicas, debe ser revisado, modificado y perfeccionado.

Eso, que es tan obvio y elemental, y que provoca tanto escozor a los espíritas de mentalidad conservadora y dogmática, ya lo hizo Kardec en su momento. En abril de 1857 publicó El Libro de los Espíritus conteniendo 501 preguntas y respuestas, y en 1860, dio a conocer la que sería la segunda y definitiva edición con 1018 cuestiones. ¡Había revisado diversas opiniones y más que duplicado el número de asuntos abordados! En 1858 publicó Instrucción práctica sobre las manifestaciones espíritas, y después tomó la decisión de no editar más esa obra y refundirla en El Libro de los Médiums. Tanto en sus libros como en la Revue Spirite, Kardec reconoce, con la honestidad que le caracterizaba, que en numerosas oportunidades se vio obligado a variar su opinión sobre ciertos temas e interpretaciones, e invita a los espíritas a actuar siempre de ese modo para evitar que la doctrina quede marginada del progreso en general.

Para nosotros está muy claro que se debe resguardar la integridad de la doctrina y la fidelidad a las directrices que fueron trazadas por la espiritualidad superior, y que se debe permanecer alerta ante las “innovaciones” de extrañas procedencias que han tratado de infiltrarla, presentándose a sí mismas como “revelaciones superiores”, y que en verdad, nada aportan de interesante o constructivo, y por el contrario, introducen ideas absurdas y extravagantes que desacreditan a quienes las admiten.

La actualización del Espiritismo es un planteamiento y una actitud que se sintonizan plenamente con la letra y con el espíritu de las enseñanzas de su ilustre Codificador. No otra cosa haría él en estos momentos y no otra cosa nos está reclamando que hagamos. Esta convicción nos mueve a expresar con firmeza y serenidad que la vigencia de Kardec no está en discusión, que su pensamiento es muy actual, y que el sentido dinámico y progresista de su obra es la mayor garantía de que siempre estará en sintonía con el progreso.

Es por eso, que la C.E.P.A. está convocando el XVIII Congreso Espírita Panamericano, que va a realizarse con gran éxito en octubre próximo en la hermosa ciudad de Porto Alegre, con la intención de comenzar a discutir sobre el tema de la actualización, inaugurando apenas un proceso que habrá de ser continuado en otros eventos, con la participación de todos los espíritas que aman esta hermosa doctrina y desean verla siempre fresca, dinámica y abierta.

La actualización del Espiritismo es una necesidad inaplazable y un desafío a la inteligencia, a la cultura y a la sensibilidad de los espíritas. Marchamos hacia ese proceso enarbolando la bandera de Kardec y sintiendo en nuestras almas la inspiración de ese mundo espiritual superior que orienta, anima e impulsa todo esfuerzo que contribuya a la superación de la humanidad.

(*)Psicólogo Clínico, professor universitário, Presidente da CEPA-Confederação Espírita Pan-Americana (1993/2000), Presidente do Movimento CIMA, da Venezuela, conferencista, autor dos livros Fundamentos do Espiritismo, História da Parapsicologia, O Espiritismo e a Criação Poética, O Pensamento Vivo de Porteiro.

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BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

 

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EL MAESTRO ALLAN KARDEC

    POLÉMICA ESPIRITISTA

    “Revista Espírita”, 1858,  pág 291.-“Se nos ha preguntado muchas veces por qué no respondíamos en nuestro periódico a los ataques de ciertas hojas periodísticas,  dirigidos contra el Espiritismo en general,  contra sus adherentes y a veces incluso contra nosotros.  Creemos que,  en algunos casos,  la mejor respuesta es el silencio.  Además,  hay una clase de polémica de la cual nos hemos obligado a abstenernos,  y es la que puede degenerar en personal;  no solamente nos repugna,  sino que dedicarle un tiempo que podemos emplear más útilmente,  y resultaría muy poco interesante para nuestros lectores,  que se suscriben para instruirse y no para leer diatribas más o menos ingeniosas,  y como una vez iniciados en esta vía nos sería difícil salir de ella,  preferimos no entrar y pensamos que el Espiritismo gana con ello su dignidad.

    “Hasta el presente,  hemos de congratularnos por nuestra moderación,  de la que no nos desviaremos,  y no daremos jamás satisfacción a los aficionados  al escándalo”.

    “Revista Espírita”, 1858, pág. 294.- “Hagamos notar incluso que entre los críticos  hay muchos que hablan desconociendo la cuestión,  sin haberse tomado el trabajo de profundizarla;  para contestarles,  fuera preciso volver sin cesar a reiterar las explicaciones más elementales y repetir lo que hemos escrito ya,  cosa que consideramos  inútil.

    “No ocurre lo mismo con aquellos que han estudiado pero no han comprendido del todo,  los que seriamente desean iluminarse y que plantean objeciones con conocimiento de causa y buena fe;  en este terreno aceptamos la controversia,  sin jactarnos de resolver todas las dificultades,  lo que sería por demás presuntuoso.  La ciencia espírita está en sus principios y no nos ha dicho  aún todos sus secretos,  por más prodigios que nos haya mostrado.  ¿Qué ciencia no tiene hechos todavía misteriosos e inexplicados? Confesaremos, pues,  sin avergonzarnos,  nuestra insuficiencia sobre todo aquello a lo cual no nos sea posible responder.  Así,  en vez de rehusar las objeciones y preguntas,  las solicitamos,  con tal que no sean ociosas y no nos hagan perder nuestro tiempo en futilidades,  porque no es éste un medio de esclarecimiento.

    “He aquí lo que llamamos una polémica útil,  y lo será siempre que se lleve a cabo entre personas serias que se respeten lo bastante para no alejarse de la formalidad.  Se puede pensar de diferente modo sin que sea ello motivo de  la disminución de la recíproca estima”.

    DIATRIBAS

    “Revista Espírita”,  1859, pág. 67 .-“Diremos de igual modo muy poco en lo que personalmente nos toca;  si aquellos que nos atacan ostensiblemente o solapadamente creen turbarnos,  pierden su tiempo;  si piensan que nos obstruyen el camino,  se equivocan también,  puesto que no pedimos nada y sólo aspiramos a ser de utilidad,  en el límite de las fuerzas que nos ha conferido Dios;  y por modesta que sea nuestra posición,  estamos satisfechos con ella,  aunque puedan muchos considerarla mediocre; no ambicionamos jerarquía,  fortuna ni honores;  no buscamos nada,  ni la sociedad,  ni sus placeres;  aquello que no podemos poseer no nos ocasiona ninguna pena,  le miramos con la más completa indiferencia;  son cosas de que no gustamos y,  por tanto,  no a quienes  poseen tales ventajas,  si las tienen en verdad–lo cual constituye para nosotros un interrogante,  pues los pueriles goces de este mundo no aseguran una mejor situación en el más allá–;  nuestra existencia es toda ella de labor y de estudio,  consagrando al trabajo hasta los instantes de reposo;  no hay,  pues,  por qué envidiarnos.  Llevamos,  como lo hacen tantos otros,  nuestra piedra al edificio que se eleva,  pero nos abochornaríamos de hacer con ella un peldaño para subir adonde sea;  que otros aporten más que nosotros,  que trabajen tanto como nosotros y aún mejor,  lo veremos con sincera alegría;  lo que anhelamos,  ante todo,  es el triunfo de la verdad,  venga de donde viniere,  ya que no tenemos la pretensión de poseer solo la luz;  si alguna gloria debe redundar de ella,  el campo está abierto para todos  y tenderemos la mano a cuantos en este rudo camino nos sigan lealmente,  con abnegación y sin segundas intenciones de carácter personal.

    “Bien se nos alcanzaba que al enarbolar abiertamente la bandera de las ideas que propagamos, desafiando los prejuicios,  nos atraeríamos enemigos siempre prontos a disparar dardos envenenados contra quienquiera que alce la frente y se ponga a la luz;  pero una diferencia hay entre ellos y nosotros,  y es que no les deseamos el mal que procuran hacernos,  porque nosotros desempeñamos el rol de la debilidad humana  y en esto en lo que creemos ser superiores a ellos, en tanto,  se desciende con la envidia,  el odio,  celos y demás pasiones mezquinas,  nos elevamos  mediante el olvido de las ofensas.  Tal es la moral espírita y ¿no vale como la de quienes despellejan al prójimo?  Es la que nos han dictado los Espíritus que nos asisten,  y puede por ella juzgarse si son buenos o malos. Dicha moral nos muestra las cosas de lo alto tan grandes y las de la tierra tan pequeñas,  que no podemos menos que condolernos de aquellos que voluntariamente se torturan por proporcionar una efímera satisfacción a su amor propio”.

    La Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas se había fundado  el 1° de abril de 1858.  Hasta entonces las reuniones habían tenido lugar en la casa de Allan Kardec en la calle de los Mártires,  con la señorita E. Dufaux como médium principal; su sala podía contener de quince a veinte personas,  pero se reunieron pronto más de treinta.  Encontrándose,  pues,  harto estrechos,  y no queriendo imponer todas las cargas a Allan Kardec,  algunos de los concurrentes propusieron formar una Sociedad Espírita y alquilar un local donde pudieran efectuarse las reuniones.  Pero,  para poder reunirse era menester ser reconocido por la Prefectura y estar por ella autorizado.  El señor Dufaux,  que personalmente conocía al Prefecto de policía, se encargó de las gestiones del caso,  y gracias al Ministro del Interior,  general X,  que se mostraba favorable a las nuevas ideas.  se obtuvo en quince días la autorización,  que por vía ordinaria hubiera demandado meses y sin muchas  perspectivas de conseguirla.

    “La Sociedad quedó entonces regularmente constituída,  reuniéndose todos los martes en el local que había alquilado en el Palacio Real,  galería Valois.  Estuvo allí un año,  desde el 1° de abril de 1858 hasta el 1° de abril de 1859.

    “No habiendo podido permanecer allí más tiempo,  comenzó a reunirse todos los viernes en uno de los salones del restaurante Douix,  en la galería Montpensier del mismo Palacio Real,  desde el 1° de abril de 1859 hasta el 1° de abril de 1860,  fecha en que se instaló en su local de la calle y pasaje Santa Ana,  N° 59”.

    Después de dar cuenta de las condiciones en que la Sociedad se había formado y de la labor que ha debido cumplir,  Allan Kardec se expresa así (“Revista Espírita”,  1859,  pág. 169).

    “Aporté a mis funciones,  que puedo calificar de laboriosas,  toda la exactitud y fervor de que he sido capaz;  desde el punto de vista administrativo,  me esforcé por mantener en las sesiones un orden riguroso,  dándoles un carácter de gravedad sin el cual el prestigio de asamblea seria hubiera pronto desaparecido.  Ahora cuando mi tarea ha terminado y se ha dado el inconveniente impulso,  debo participarles la resolución que he tomado,  de renunciar a toda clase de función futura en la Sociedad,  incluyendo la de director de estudios;  sólo ambiciono un título y es el de simple miembro,  con el que siempre me sentiré felíz y honrado.  El motivo de mi determinación lo constituye la multiciplidad de mis trabajos,  que a diario aumentan debido a mis muchas relaciones,  pues,  además de los que ustedes conocen,  preparo otros más importantes,  que exigen extensos y laboriosos estudios que no absorberán  menos de diez años;  ahora bien,  los trabajos de la Sociedad requieren mucho tiempo,  ya sea para la preparación o bien la coordinación y correspondiente corrección.  Exigen una dedicaión a menudo perjudicial para mis ocupaciones personales y que hace indispensable la iniciativa casi exclusiva que ustedes me han dejado.  Por esta causa,  señores,  debí manifestar con tanta frecuencia que lamentaba que los tan esclarecidos miembros que nos acompañan nos privasen de sus luces.  Hace mucho que deseo renunciar a mis funciones,  lo cual he expresado en diversas circunstancias de modo muy explícito,  tanto aquí como particularmente a varios de mis colegas,  y en especial al señor Ledoyen.  Lo hubiera hecho antes a no ser por el temor de que mi actitud diera lugar a inconvenientes para la Sociedad.  Alejándome a mediados de año,  se hubiera podido creer que se trataba de una defección,  y no había que dar la satisfacción a nuestros adversarios.  He cumplido,  pues,  mi tarea hasta su término,  pero hoy,  cuando estos motivos no existen ya ,  me apresuro a participarles mi resolución,  afin de no trabar la elección que lleven a cabo.  Es justo que cada cual tenga su parte en las cargas como en los honores”.