BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

 

ImagenEL PALACIO REAL DE PARÍS

        Apresurémonos a agregar que esta dimisión no se aceptó y que Allan Kardec fue reeligido por unanimidad menos un voto en contra y otro en blanco.  Ante tal testimonio de simpatía,  cedió y conservó sus funciones.

    En septiembre de 1860 hizo Allan Kardec un viaje de proselitismo por nuestra región,  y he aquí lo que comunica acerca de él a la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas (“Revista Espírita”, noviembre  de 1860,  pág. 329):

  “El señor Allan Kardec da cuenta del resultado del viaje que acaba de hacer en interés del Espiritismo y se felicita de la cordialidad de la acogida de que fue objeto en todas partes y especialmente en Sens,  Macon,  Lyon y Saint-Etienne.  Ha comprobado,  en todos los puntos en que se detuvo,  los considerables progresos de la doctrina;  pero,  lo que sobre todo es digno de notar, consiste en el hecho de que en ninguna parte ha visto que se haga de ella una diversión,  sino que por doquiera se ocupan seriamente en el Espiritismo,  tal como corresponde,  y se comprenden su alcance y consecuencias futuras.  Hay,  sin duda,  impugnadores interesados,  mas los chanceros disminuyen por manera sensible,  viendo que sus sarcasmos no ponen a los reidores de su parte,  que más bien que detener,  favorecen el progreso de las nuevas creencias;  empiezan entonces a comprender que nada ganan con ello,  y que emplean su gracejo en balde.  De ahí que comiencen a llamarse a silencio.

   “Una frase muy característica parece hallarse en todas partes a la orden del día  y es ésta. <<El Espiritismo está en el aire>>,  frase que pinta el actual estado de cosas.  Pero es sobre todo en Lyon donde los resultados se muestran más sobresalientes.  Los espiritistas son allí numerosos en todas las clases sociales y en la clase obrera se cuentan por centenares.  La doctrina espírita ha ejercido entre los trabajadores la más saludable influencia desde el punto de vista del orden,  de la moral y de las ideas religiosas;  en suma,  la propagación  del Espiritismo marcha con una rapidez harto alentadora”.

    En este viaje pronunció Allan Kardec un discurso magistral,  en un banquete que tuvo lugar el 19 de septiembre de 1860;  he aquí algunos de sus interesantes pasajes,  muy adecuados para interesarnos a nosotros,  que aspiramos a reemplazar dignamente a aquellos obreros de la primera hora:

    “Revista Espírita”,  1860,  pág. 300.-“Lo primero que me llamó la atención es la gran cantidad de adeptos;  sabía que había muchos en Lyon,  pero estaba lejos de pensar que fuera tan considerable su número,  pues hay que sumarlos por centenares,  y  espero que pronto sea imposible contarlos.  Pero,  si  Lyon se distingue por el número,  lo hace igualmente simplemepor la calidad,  lo que vale más todavía.  Por doquier he encontrado tan sólo espiritistas sinceros,  que comprendían la doctrina en su verdadero enfoque.  Porque hay,  señores,  tres categorías de adeptos,  a  saber:  los que se limitan a creer en la realidad de las manifestaciones y que buscan,  ante todo,  los fenómenos;  para éstos,  el Espiritismo  es  simplemente una serie de hechos más o menos interesantes.

    “Los segundos ven en él algo más que los hechos:  comprenden su alcance filosófico,  admiran la moral que de él dimana,  mas no la practican;  para estos otros ,  la caridad cristiana es una hermosa máxima,  pero nada más.

    “Los últimos,  por fin,  no se contentan con admirar la moral,  sino que la practican,  aceptando todas sus consecuencias.  Suficientemente convencidos de que la existencia terrestre constituye una prueba pasajera,  procuran aprovechar tan breve lapso para marchar por la vía del progreso que les trazan los espíritus,  esforzándose por realizar el bien y reprimir sus malas inclinaciones.  La relación con ellos es segura siempre,  pues que sus convicciones los alejan de todo mal pensamiento. La caridad es siempre la regla de su conducta, por lo que son ellos los verdaderos espiritistas o,  mejor dicho,  los espiritistas cristianos. 

 

    Pues bien,  señores,  les digo con mucha satisfacción que no he encontrado aún aquí a ningún adepto de la primera categoría;  en parte alguna vi que se ocupasen en el Espiritismo  por simple curiosidad,  ni que utilizaran las comunicaciones para objetos fútiles.  En todos lados es grave la finalidad,  son serias las intenciones y,  de acuerdo a lo que se me ha dicho,  entre ustedes hay muchos de la tercera categoría.