BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

Imagen EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO, VERSIÓN ORIGINAL FRANCESA

     En abril de 1864 publicó Allan Kardec el libro Imitación del Evangelio según el Espiritismo, que contiene la explicación de las máximas morales de Cristo,  su aplicación y concordancia con el Espiritismo.  El título de la obra fue cambiado después por el de El Evangelio según el Espiritismo.

    El 20 de agosto de 1864,  Allan Kardec realiza un viaje de placer por Suiza.  Visita sucesivamente Neuchatel,  Berna,  Zimmerwald,  el lago de Thoun,  Interlaken,  Oberland,  el valle de Lauterbrun,  la catarata del Staubach,  el valle de Grinndelwald,  el lago de Brieutz,  desde donde pasa a admirar la catarata del Giesbach,  Friburgo,  sus órganos y el puente colgante sobre el Sarinn,  volviendo después por Lausana,  Vevey y el castillo de Chillon,  cuyos subterráneos recorrió,  llega a Ginebra por el lago Léman y regresa a París el 4 de septiembre,  para ir de inmediato a Bélgica,  desde donde le solicitan numerosos espiritistas de Bruselas y Amberes.

    Al visitar la exposición de Amberes confiesa haber admirado cierto cuadro que representaba  una escena de interior de aldeanos espiritistas.  Allan Kardec pronunció entonces un magistral discurso,  del cual merecen ser recordados los siguientes pasajes:

    “Revista Espírita”, 1864, pág. 322.-“Tendría ciertamente el derecho de sentirme orgulloso por la acogida que se me ha brindado en los diferentes centros que visito,  si no supiera que tales testimonios se tributan mucho menos al hombre que a la doctrina de la cual sólo soy humilde representante,  y deben considerarse como una profesión de fe,  una adhesión a nuestros principios;  es así como los encaro en lo que a mí toca”.

    “Ibid.”,  pág. 324.-“He dicho que no soy más que el representante de la doctrina.  Algunas explicaciones sobre el verdadero carácter de ésta llamarán naturalmente vuestra atención sobre un punto esencial que acaso no ha sido suficientemente considerado hasta la fecha.

    “Por cierto que, en presencia del rápido progreso de esta doctrina,  tendría yo mayor gloria diciéndome su creador;  mi amor propio ganaría con ello,  pero no debo fingir que es mayor la parte que me corresponde.  En vez de lamentarlo,  me felicito de ello,  porque en caso contrario la doctrina sería tan sólo una concepción individual,  que pudiera ser más o menos justa e ingeniosa,  pero que,  por lo mismo,  perdería en autoridad.  Podría tener partidarios,  tal vez hacer escuela como otras muchas,  pero a buen seguro que no hubiera podido adquirir en pocos años el carácter de universalidad que la distingue”.

    Examinando su rol personal en el advenimiento del Espiritismo,  Allan Kardec lo reduce a las proporciones siguientes:

    “Revista Espírita”, 1864 pág. 328.-“No es – dice- ni el de inventor,  ni el de creador,;  he visto, observado y estudiado los hechos con cuidado y perseverancia;  los coordiné y deduje sus consecuencias;  he aquí todo lo que me corresponde.  Lo que hice, también hubiera podido hacerlo otro en mi lugar.  En todo ello he sido un simple instrumento de las miras de la Providencia,  y doy gracias a Dios y a los buenos espíritus por haber querido servirse de mí.  Es una labor que acpté con placer y de la cual me esfuerzo por hacerme digno,  rogando a Dios me dé las fuerzas necesarias para cumplirla de acuerdo con su santa voluntad.

    “Tal tarea es, sin embargo pesada,  más pesada de lo que se pudiera creer,  y si entraña de mi parte algún mérito,  será porque tengo conciencia de no haber retrocedido ante ningún obstáculo ni sacrificio.  Esta habrá de ser la obra de mi vida hasta mi último día,  pues ante un objetivo tan importante todos los intereses materiales y personales se borran como puntos en el infinito”.

    Al exponer a los espiritistas belgas sus opiniones acerca de los grupos y sociedades espíritas,  recuerda lo que en Lyon había dicho ya,  en 1861. “Más vale que haya en una ciudad cien grupos con diez o veinte adeptos,  ninguno de los cuales se atribuya supremacía sobre los demás,  que no una sola sociedad que los reúna a todos.  Tal fraccionamiento no puede perjudicar en nada la unidad de los principios,  puesto que la bandera es una sola y que todos marchan hacia el mismo objetivo” (“Revista Espírita”, 1864 pág. 308)

    Las sociedades numerosas tienen su razón de ser desde el punto de vista de la propaganda,  pero,  para los estudios serios y continuados,  son preferibles los grupos íntimos.