BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN).

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BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

ImagenBORDEAUX, FRANCE. 1800

    Dando cuenta del estado del Espiritismo en Burdeos,  Allan Kardec se expresa así:

    “Revista Espírita”,  1861,  pág. 327.- “Si Lyon ha hecho lo que se pudiera llamar su “pronunciamiento” en lo que toca al Espiritismo,  Burdeos no le ha quedado en zaga,  pues quiere también alcanzar un puesto de vanguardia en la gran familia.  No ya en años sino en pocos meses ha tomado la doctrina allí proporciones importantes en todas las clases sociales.  Notemos primeramente un hecho capital,  y es que en Burdeos,  como en Lyon y en muchas otras ciudades que visitamos,  hemos visto encarar la doctrina desde el punto de vista más serio y en sus aplicaciones morales;  allí como en otras partes presenciamos innumerables transformaciones,  verdaderas metamorfosis  de caracteres que se han tornado irreconocibles;  personas que no creían en nada,  impulsadas a las ideas religiosas por la certidumbre del futuro,  ahora palpables para ellas.  Esto da la medida del ambiente que reina en tales reuniones espiritistas,  a la sazón multiplicadas.

    “En todas aquellas a que hemos asistido echamos de ver el recogimiento más edificante y un ambiente de benevolencia mutua entre los asistentes;  nos sentimos allí en un medio simpático,  que inspira confianza”.

    Dirigiéndose al público bordolés,  que le es tan simpático,  y queriendo testimoniarle su gratitud.  Allan Kardec dice: “Revista Espírita”1861, pág. 340.– Si me siento felíz ante esta cordial acogida,  es porque veo en ella un homenaje tributado a la doctrina que profesamos y a los bondadosos espíritus que nos la enseñan,  antes que a mí personalmente,  que sólo soy un instrumento en manos de la Providencia.  Convencido de la verdad de esta doctrina y del bien que está llamada a producir,  he tratado de coordinar sus elementos,  me he forzado por tornarla clara e inteligible para todos;  es la parte que de ella me corresponde,  por eso no me he considerado jamás como su creador;  el honor corresponde a los espíritus;  de modo que únicamente a ellos deben ustedes testimoniar su gratitud;  sólo acepto yo los elogios que me hacen como un estímulo para proseguir mi tarea con preseverancia.

    “En los trabajos que he llevado a cabo para alcanzar el objeto que me propuse,  sin duda alguna he sido auxiliado por los espíritus,  como ellos mismos me los han manifestado en diversas ocasiones;  pero,  eso sí,  sin el menor signo exterior de mediumnidad.  No soy,  pues,  médium en el sentido corriente de la palabra,  y comprendo hoy que es una suerte para mí que así sea.  Con una mediumnidad efectiva,  habría escrito bajo una misma influencia;  hubiera sido llevado a aceptar como verdad solamente aquello que se me hubiera comunicado,  aunque significara un error,  en tanto que en mi posición convenía que dispusiera yo de completa libertad para tomar lo bueno de donde lo encontrase y viniera de donde viniese;  he podido,  en consecuencia,  hacer una selección de las diversas enseñanzas con entera imparcialidad.  He visto,  estudiado y observado mucho,  pero siempre con serenidad,  y no ambiciono otra cosa que ver mi experiencia aprovechada por los demás,  a los cuales me siento feliz de poder evitarles los escollos inseparables del noviciado.

    “Si es cierto que he trabajado mucho y continúo trabajando todos los días,  estoy ampliamente recompensado por el tan rápido desarrollo de la doctrina,  cuyos progresos sobrepasan todo lo que era de esperar,  y por resultados que produce,  y me siento dichoso al comprobar que la ciudad de Burdeos no sólo queda a la zaga de este movimiento sino que se dispone a marchar a la cabeza,  así por el número como por la calidad de sus adeptos.  Si consideramos que el Espiritismo debe su propagación a sus propias fuerzas,  no al apoyo de ninguno de los auxiliares que ordinariamente determinan los éxitos,  y a pesar de los esfuerzos de una oposición sistemática o,  más bien,  a causa de tales esfuerzos,  no podemos que ver en ello la mano de Dios.

    “Si sus enemigos –los del Espiritismo– son poderosos y no han podido sin embargo paralizar su vuelo,  hay que convenir entonces en que es él más potente que aquéllos y que,  como la víbora de la fábula,  tales adversarios emplean en vano sus dientes contra una lima de acero”.

    “Revista Espírita”, 1861,  pág. 341.- “La fuerza del Espiritismo tiene dos causas preponderantes:  la primera es que torna felices a aquellos que lo conocen,  comprenden y practican;  ahora bien,  como existen muchas personas desdichadas,  obtiene numerosos adeptos entre los sufrientes.  ¿Se quiere arrebatarle este elemento de propagación?  Entonces,  hágase a los seres humanos de tal modo dichosos,  en lo moral y material,  que no tengan ya nada que desear,  ni en este mundo ni en el otro;  no pedimos más,  puesto que nuestro objeto habrá sido alcanzado”.

    “La segunda causa reside en que no se apoya el Espiritismo en ningún hombre a quien se pueda abatir,  pues no tiene un único foco,  que sea posible extinguir;  su hogar está en todas partes,  ya que por doquiera hay médiums que pueden comunicarse con los espíritus;  no existe familia que no lo posea en su seno,  con lo que se cumplen las palabras de Cristo: “Vuestros hijos e hijas profetizarán y tendrán visiones”;  y porque,  finalmente,  el Espiritismo es una idea,  y no hay barreras impenetrables para la idea,  ni lo bastante altas que no las pueda ella atravesar.  A Cristo se le mató,  y sus apóstoles y discípulos fueron igualmente muertos,  pero Cristo había sembrado en el mundo la idea cristiana y ella ha triunfado de la persecusión de los omnipotentes césares”.

    “Revista espírita”, pág. 343.-Si los enemigos externos nada pueden contra el Espiritismo,  no sucede lo mismo con los que están dentro;  quiero decir los que sólo de nombre son espiritistas y no por las acciones;  ello sin hablar de los que del Espiritismo tienen únicamente la máscara. El lado más bello del Espiritismo es su faz moral,  y por ésta triunfará,  pues allí radica su fuerza,  que lo hace invulnerable.  Ostenta en su bandera el lema de Amor y Caridad,  y ante este escudo,  más poderoso que el de Minerva,  pues viene del Cristo,  la misma incredulidad se inclina.  ¿Qué se puede pensar de una doctrina que lleva a los hombres a amarse como hermanos?  Si no se admite la causa,  al menos se respetarán sus efectos;  ahora bien,  el mejor medio de probar la realidad del efecto es aplicarlo en uno mismo,  mostrando a los enemigos de la doctrina,  con el propio ejemplo,  que ella torna realmente mejor al hombre;  pero ¿cómo hacer creer que un instrumento es capaz de producir armonía,  si se extraen de él sonidos discordantes?

    “Igualmente,  ¿cómo convencer de que el Espiritismo debe conducir a la concordia,  si aquellos que lo profesan o que se considera que lo profesan–lo cual es la misma cosa para nuestros adversarios–también se arrojan piedars entre sí,  y si una simple susceptibilidad de amor propio,  de precedencia,  basta para dividirlos?  ¿No es ésta una manera de anular el propio argumento?  Los enemigos más peligrosos del Espiritismo son,  pues,  aquellos que le hacen mentir,  no practicando la ley que ellos mismos proclaman.  Fuera puerilidad sembrar disidencia tan sólo por matices de opinión;  habría evidente malevolencia,  olvido del primer deber del verdadero espiritista,  si se alejara a uno por una cuestión personal,  ya que el sentimiento de la personalidad es fruto del orgullo y el egoísmo”.

    “Revista Espírita”,  1860,  pág. 299.-“Los adversarios–del Espiritismo–lo combaten sólo porque no lo comprenden;  y compete a nosotros,  a los verdaderos espiritistas a quienes bemos en el Espiritismo otra cosa que experiencias más o menos curiosas,  el hacer que lo comprendan y el difundirlo predicándolo con el ejemplo tanto como mediante la palabra.  El Libro de los Espíritus tuvo por resultado el de hacer ver el alcance filosófico de la doctrina;  si este libro tiene algún mérito,  fuera presuntuoso de mi parte glorificarme por él,  pues la doctrina que encierra no es en modo alguno creación mía;  todo el honor del bien que él ha producido corresponde a los espíritus sabios que lo dictaron y que de mí quisieron servirse.  Puedo,  pues,  escuchar el elogio del libro sin que mi modestia se sienta herida ni mi amor propio exaltado por él.  De querer yo sacar partido de la obra,  seguramente me hubiera atribuído su concepción en lugar de achacarla a los espíritus;  y si se pudiera dudar de la superioridad de los que en él han cooperado,  bastaría considerar la influencia que ha ejercido en tan poco tiempo,  por el solo poder de la lógica y sin ninguno de los medios materiales propios para excitar la curiosidad.”