HIPPOLYTE RIVAIL, EL PEDAGOGO POR V A L É R I E F A U V E L LE JOURNAL SPIRITE N° 91 JANVIER 2013

ImagenEL JOVEN LEON HYPPOLITE DENIZARD RIVAIL

El alumno de Pestalozzi (1804-1818)
Hijo de Jean-Baptiste Antoine Rivail, abogado, juez, y de
Jeanne Duhamel, su esposa, Hippolyte Léon Denizard
Rivail, nació el 3 de octubre de 1804. El futuro fundador
del espiritismo fue educado en la estricta atmósfera, tal
vez un poco severa, de esta vieja familia lionesa donde
el espíritu de justicia y honestidad le fue enseñado
como ejemplo por un padre íntegro. Hizo sus primeros
estudios en Lyon y completó luego su bagaje escolar en
Yverdun (tendría unos diez años), con el profesor Jean-
Henri Pestalozzi.
¿Por qué Yverdun, en Suiza? La relativa proximidad de
la escuela no lo explica todo. Ciertamente los acontecimientos
políticos y militares de los años 1814-1815 en
Francia, convencieron a los Rivail de enviar a su hijo hacia
un país más tranquilo, pues París estaba amenazada y
ocupada por los Aliados; y quizás también para escapar
de la educación reaccionaria. La reputación de ese establecimiento
escolar, convertido en la escuela modelo
para toda Europa y cuya experiencia se remontaba a una
decena de años, también ha podido ser decisiva.
Pestalozzi era el educador atento, a la vez severo y suave,
justo y caritativo. Allí Hippolyte aprendería el sentido de
la educación a la vez paterna y liberal.
Pestalozzi aplicaba los métodos del Emilio de Rousseau:
nada de estudios apremiantes, nada de amenazas ni
sanciones; la disciplina debía ceder lugar a la autodisciplina.
Las puertas de su instituto permanecían siempre
abiertas, sin guardián. Diez horas de curso por día, cada
lección de cincuenta minutos era seguida por un recreo.
El espíritu del niño debía desarrollarse con toda libertad.
Aprender debía ser un placer. Pestalozzi concedía una
gran importancia a la libre expresión, a la enseñanza de
la agricultura y de la industria manufacturera. Quería que
estos jóvenes ejercitaran sus manos, sus sentidos y su
mirada al mismo tiempo que su cerebro. Eso era enseñar
al niño el arte de aprender.
El acento educativo estaba puesto sobre la espontaneidad
natural del ser humano que era conveniente preservar
contra la corrupción social. Más tarde, Allan Kardec se
esforzaría a su vez, en sus libros referentes a los fenómenos
espíritas, en recurrir a la idea de naturaleza que excluía al
mismo tiempo lo sobrenatural y lo maravilloso.
La escuela de Pestalozzi abría sus puertas a alumnos del
mundo entero para una educación que enseñara al niño
el sentimiento de la igualdad humana, de la fraternidad y
la tolerancia por encima de las diferencias de idioma, civilización,
raza o creencia. Los problemas que experimentó
el joven Rivail al principio, católico en un país protestante,
lo llevaron pronto a amar la tolerancia. Esa larga permanencia
en un país protestante también tuvo la ventaja de
darle un buen conocimiento de la Biblia. En esa época,
en Francia, y aún a principios del siglo XX, se necesitaba
una autorización especial de su guía espiritual para poder
sumergirse en el Antiguo Testamento.
Pestalozzi dejaba a sus alumnos la libertad de elegir entre
el descanso y el trabajo, y entre las disciplinas. Muchas
veces, los huéspedes de Yverdun preferían no ir a acostarse
para seguir estudiando. Eso también dejaría huella
en el carácter del “obrero laborioso” que será Allan Kardec
que está en vela tarde por la noche para preparar sus artículos
para la Revista Espírita o para escribir sus innumerables
obras. Durante esos años de trabajo tesonero y sin
tregua, una sola vez se otorgará verdaderas vacaciones
para dirigirse a Suiza.
En 1824, (aún no tenía veinte años), escribió su primera
obra pedagógica Curso práctico y teórico de aritmética.
Resumía allí los seis principios básicos del sistema pestalozziano:
“1 – Cultivar el espíritu natural de observación de los
niños, llamando su atención acerca de los objetos de los
que están rodeados.
2 – Cultivar la inteligencia, siguiendo una marcha que
ponga al alumno en estado de descubrir las reglas por
sí mismo.
3 – Proceder siempre de lo conocido a lo desconocido, de
lo simple a lo compuesto.
4 – Evitar todo mecanicismo, haciéndole conocer el objetivo
y la razón de todo lo que hace.
5 – Hacer que se relacione meticulosamente con todas las
verdades. Este principio forma en cierta manera la base
material de este curso de aritmética.
6 – No confiar a la memoria que lo que haya sido captado
por la inteligencia”.
A este método, que guiará sus primeros pasos en la
actividad pedagógica, Rivail añadirá sus propias ideas
y, desde 1824, preferirá combinar el método Pestalozzi
con el método ordinario y hacer suceder la abstracción
a la intuición, paso que adaptará al estudio de los fenómenos
espíritas a partir de 1854.
Desde los 14 años, se convirtió en uno de los discípulos
más eminentes de Yverdun y en el colaborador inteligente
y adicto, que explicaba a sus camaradas menos
adelantados que él, las lecciones del maestro que
había comprendido. Cuando Pestalozzi era llamado
por los gobiernos para fundar institutos semejantes al
suyo, confiaba a Denizard el cuidado de reemplazarlo
en la dirección de su escuela. Encantado por la constancia
de su alumno en el trabajo, por su inteligencia y
su valor moral, Pestalozzi solicitó al joven Rivail que lo
sucediera a la cabeza de su Instituto, pero éste decidió
regresar a Francia.
El estudiante (1818-1824)
Sabemos muy pocas cosas sobre esta etapa de su vida.
¿Cuánto tiempo permaneció todavía en Yverdun? En
1818, tenía catorce años, la edad del límite escolar. En esa
época, un niño de quince o dieciséis años era bachiller.
Rivail obtuvo sus bachilleratos en letras y en ciencias.
Destacado lingüista, hablaba corrientemente el alemán
y el inglés; conocía también el holandés.
Volvió a Lyon donde, según el biógrafo Henri Sausse,
habría proseguido estudios de medicina y también
habría presentado una tesis, información que nunca
ha sido comprobada. Ese estudio no parece haberlo
entusiasmado, pues no hablará de él sino una sola vez a
propósito del magnetismo animal. Ahora bien, la facultad
de medicina no podía explicarle los extraños fenómenos
popularizados por Mesmer pues la Academia de París
había tomado partido contra el magnetismo animal.
Denizard Rivail era un muchachón, de modales distinguidos,
de humor alegre en la intimidad, bueno y servicial.
Se hizo eximir del servicio militar y dos años después,
en 1824, se vino a París para fundar en el 35 de la calle
de Sèvres, un establecimiento semejante al de Yverdun.
Para esta empresa, se había asociado con uno de sus tíos,
hermano de su madre, que era su proveedor de fondos.
A los veinte años, este amigo del hombre, este espíritu
altruista, demócrata hasta los tuétanos, quería ponerse
al servicio de los niños diciéndose que la instrucción
pública era la cosa más importante para un país. En
este período redactó varios libros de carácter didáctico,
planes, métodos y proyectos propuestos a diputados,
gobiernos y universidades, referentes a la eterna reforma
de la enseñanza francesa, en pocas palabras, su actividad
pedagógica ocupaba el lugar de su vida privada. En
efecto, nunca tendrá verdadera vida privada, pues como
pedagogo o fundador del espiritismo, fue hombre de
una vocación.
Su pedagogía condenaba los castigos corporales, lo
cual era una revolución para la época. El maestro, decía,
tiene un arte muy difícil, el de formar a un hombre. Es
un arte filosófico. Cuando se dirigía a “sus amigos” los
alumnos, les hacía el elogio de la instrucción diciendo:
“En otros tiempos, solamente la fuerza del brazo hacía la
ley, hoy, es la fuerza del espíritu”. Compadecía al que se
quedaba en la ignorancia y les pedía dar gracias a la
providencia por haberles hecho nacer en un siglo tan
esclarecido: “Instruyéndoos, trabajáis por vuestra propia
felicidad… ¡El que haya estudiado todas las ciencias
llegará a la verdad!” Para él, el acento estaba puesto en
la educación moral, la única que hace del niño un ciudadano
justo y un hombre caritativo.
En el mundo de las letras y de la enseñanza que frecuentaba
en París, Denizard Rivail conoció a la señorita Amélie
Boudet con quien se casó (ver el artículo: Amélie Boudet
o la mujer en la sombra).
El socio de Rivail tenía pasión por el juego; arruinó a su
sobrino que pidió la liquidación del Instituto. Le devolvieron
45.000 francos que fueron depositados por los
Rivail en casa de uno de sus amigos íntimos, negociante,
que hizo malas inversiones y cuya quiebra no les dejó
nada. Lejos de desanimarse por ese doble revés, Rivail se
puso valerosamente a trabajar y consiguió tres empleos
de teneduría. Al terminar su jornada, trabajaba por la
noche en sus tratados pedagógicos. Traducía obras
inglesas y alemanas y preparaba todos los cursos de
Levy-Alvarès estudiados por alumnos de ambos sexos en
el suburbio de Saint-Germain. Organizaba también en su
casa, calle de Sèvres, cursos gratuitos de química, física,
astronomía y anatomía comparada, muy solicitados
entre 1835 y 1840.
Escribió una veintena de libros escolares y educativos
entre ellos dos informes (entre 1828 y 1831), donde sus
ideas innovadoras lo harían aparecer como un precursor
de Jules Ferry. En 1828, realizó su Plan propuesto para la
mejora de la instrucción pública que fue sometido al Parlamento,
y cuyas proposiciones eran las siguientes:
“- La educación es una ciencia muy caracterizada “que
uno debería estudiar para ser maestro, como estudia la
medicina para ser médico”.
– Si se encuentran tan pocas personas que enseñan bajo
su verdadero punto de vista, se debe a la ausencia de
estudios especiales sobre ese tema.
– El retardo de la educación debe ser atribuido a que pocas
personas son capaces de apreciar su verdadero objetivo,
lo que ella es, lo que podría ser y, por consiguiente,
lo que habría que hacer para mejorarla. La educación
está actualmente en el estado en que se encontraba la
química hace un siglo. Es una ciencia que aún no está
constituida y cuyas bases todavía son inciertas”.
Propuso la creación de una escuela teórica y práctica
de pedagogía, semejante a las escuelas de derecho y
de medicina. Los estudios durarían tres años: el primero
dedicado a la teoría, el segundo a teoría y práctica y el
último únicamente a la práctica.
Lo que hizo en 1828 por la ciencia educativa, lo continuaría,
treinta años más tarde, por la ciencia espírita.
Entre Rivail el educador y Allan Kardec, no habrá ninguna
diferencia ni de método ni de rigor.
En un Informe de 1831 que publica a sus expensas, establece
en veintiséis puntos sus observaciones y propuestas
sobre el sistema general de instrucción pública. Nada fue
olvidado: ni el número de alumnos para cada institución,
ni la edad para ser bachiller o licenciado, ni el salario del
maestro, etc. por ello será recompensado con un premio
de la Real Academia de Arras.
Escribió las siguientes obras:
– En 1831: Gramática francesa clásica
– Gramática normal de los exámenes, o soluciones razonadas
de todas las preguntas sobre gramática francesa,
propuestas en los exámenes de la Sorbona, del Ayuntamiento
de París y de todas las academias de Francia
– Curso de cálculo mental, según el método de Pestalozzi
Allan Kardec
– Tratado de aritmética (3.000 ejercicios y problemas
progresivos), el único que contiene el método adoptado
en el comercio y la banca para el cálculo de los intereses
– Cuestionario gramatical, literario y filosófico, con
Lévy-Alvarès
– Manual de los exámenes para los diplomas de capacidad
(1846): soluciones razonadas de las preguntas y
problemas de aritmética y de geometría usual
– En 1847: Proyecto de Reforma referente a los exámenes
y las casas de estudio de las personas jóvenes, según
una propuesta con respecto a la adopción de las obras
clásicas por la universidad respecto al nuevo proyecto de
ley sobre la enseñanza.
– En 1848: El catecismo gramatical de la lengua francesa
– “La claridad y la sencillez son los principales méritos
de una obra destinada a los principiantes… La claridad
resulta de la brevedad misma con la que son formulados
y presentados los principios, en cierta forma independientes
unos de otros, lo cual permite al alumno
comprenderlos y retenerlos con menos dificultad”.
– En 1849, retomará sus cursos de fisiología, astronomía,
química y física en el Lycée Polymathique y
editará Dictados normales de los exámenes del Ayuntamiento
y de la Sorbona y Dictados especiales sobre las
dificultades ortográficas.
Estas obras, claras y atractivas, recibirán premios académicos
y serán adoptadas por la Universidad de Francia,
lo que coronará de alguna manera una actividad de
un cuarto de siglo al servicio de la instrucción pública.
Se venderán y Rivail podrá constituirse una modesta
holgura. Su nombre será conocido y respetado, y sus
trabajos justamente apreciados. Será condecorado con
laureles académicos, honrado con adhesiones personales
del ministro de Instrucción Pública, promovido
miembro de la Real Academia de Ciencias de Arras, del
Instituto histórico, de la Sociedad de Ciencias naturales
de Francia, etc.
El hombre universal (1848-1854)
Si bien Rivail trabajó por la educación de los niños de
su país, se consideraba a sí mismo como un hombre sin
patria ni ataduras particulares. Las ciencias y el estudio
de las humanidades le enseñaron que “el hombre, para
ser verdaderamente libre, debe tomar conciencia de su
universalidad. El espíritu de tolerancia, de caridad, debe
ser más fuerte que el de clan, secta o Iglesia, de grupo limitado
en el tiempo y el espacio”. Entre todas las doctrinas
o sistemas de educación universalista que precedieron al
espiritismo, Rivail encontró afinidades con la francmasonería
definida así en el Larousse del siglo XIX: “Tiene como
objetivo el mejoramiento moral y material del hombre, y
por principios la ley del progreso de la humanidad, las
ideas filosóficas de tolerancia, fraternidad, igualdad y
libertad, abstracción hecha de la fe religiosa o política,
de nacionalidades y diferencias sociales”. El espiritismo
moral y social no dirá otra cosa. En cuanto a los principios
filosóficos, serán los mismos: la existencia de Dios, la
inmortalidad del alma y la solidaridad humana.
En cambio, Allan Kardec renunciará a todo lo que sea
formalismo, en consecuencia, al aspecto litúrgico
de la iniciación masónica: “La iniciación no es una
marcha hacia la verdad, con los ojos vendados, como
en la francmasonería, sino por el contrario, con los ojos
abiertos ante el hecho indudable de la manifestación
de los Espíritus”.
Finalmente, es preciso mencionar una última experiencia
que, probablemente, data de esta época, la de
director del teatro de las Folies-Marigny. Se supone que
si Rivail tuvo la dirección del teatro, eso debió ocurrir
entre 1852 y 1853.
Hacia 1823, tenía a lo sumo diecinueve años, cuando se
ocupó de los fenómenos de magnetismo, se interesó
en Mesmer. Estudió las fases del sonambulismo cuyos
turbadores misterios eran del mayor interés para él.
Uno de sus amigos, el librero-editor Maurice Lachâtre, le
habló de palingenesia: nombre que se daba entonces a
la reencarnación, palabra que sólo aparecería en 1875.
Fue en 1854 cuando por primera vez escuchó hablar de
las mesas giratorias…
Fuentes: Biografía de Allan Kardec por Henri Sausse – 1909
Allan Kardec: su vida, su obra – André Moreil – 1980
Allan Kardec y su época – Jean Prieur – 2004