BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

 

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EL MAESTRO ALLAN KARDEC

    POLÉMICA ESPIRITISTA

    “Revista Espírita”, 1858,  pág 291.-“Se nos ha preguntado muchas veces por qué no respondíamos en nuestro periódico a los ataques de ciertas hojas periodísticas,  dirigidos contra el Espiritismo en general,  contra sus adherentes y a veces incluso contra nosotros.  Creemos que,  en algunos casos,  la mejor respuesta es el silencio.  Además,  hay una clase de polémica de la cual nos hemos obligado a abstenernos,  y es la que puede degenerar en personal;  no solamente nos repugna,  sino que dedicarle un tiempo que podemos emplear más útilmente,  y resultaría muy poco interesante para nuestros lectores,  que se suscriben para instruirse y no para leer diatribas más o menos ingeniosas,  y como una vez iniciados en esta vía nos sería difícil salir de ella,  preferimos no entrar y pensamos que el Espiritismo gana con ello su dignidad.

    “Hasta el presente,  hemos de congratularnos por nuestra moderación,  de la que no nos desviaremos,  y no daremos jamás satisfacción a los aficionados  al escándalo”.

    “Revista Espírita”, 1858, pág. 294.- “Hagamos notar incluso que entre los críticos  hay muchos que hablan desconociendo la cuestión,  sin haberse tomado el trabajo de profundizarla;  para contestarles,  fuera preciso volver sin cesar a reiterar las explicaciones más elementales y repetir lo que hemos escrito ya,  cosa que consideramos  inútil.

    “No ocurre lo mismo con aquellos que han estudiado pero no han comprendido del todo,  los que seriamente desean iluminarse y que plantean objeciones con conocimiento de causa y buena fe;  en este terreno aceptamos la controversia,  sin jactarnos de resolver todas las dificultades,  lo que sería por demás presuntuoso.  La ciencia espírita está en sus principios y no nos ha dicho  aún todos sus secretos,  por más prodigios que nos haya mostrado.  ¿Qué ciencia no tiene hechos todavía misteriosos e inexplicados? Confesaremos, pues,  sin avergonzarnos,  nuestra insuficiencia sobre todo aquello a lo cual no nos sea posible responder.  Así,  en vez de rehusar las objeciones y preguntas,  las solicitamos,  con tal que no sean ociosas y no nos hagan perder nuestro tiempo en futilidades,  porque no es éste un medio de esclarecimiento.

    “He aquí lo que llamamos una polémica útil,  y lo será siempre que se lleve a cabo entre personas serias que se respeten lo bastante para no alejarse de la formalidad.  Se puede pensar de diferente modo sin que sea ello motivo de  la disminución de la recíproca estima”.

    DIATRIBAS

    “Revista Espírita”,  1859, pág. 67 .-“Diremos de igual modo muy poco en lo que personalmente nos toca;  si aquellos que nos atacan ostensiblemente o solapadamente creen turbarnos,  pierden su tiempo;  si piensan que nos obstruyen el camino,  se equivocan también,  puesto que no pedimos nada y sólo aspiramos a ser de utilidad,  en el límite de las fuerzas que nos ha conferido Dios;  y por modesta que sea nuestra posición,  estamos satisfechos con ella,  aunque puedan muchos considerarla mediocre; no ambicionamos jerarquía,  fortuna ni honores;  no buscamos nada,  ni la sociedad,  ni sus placeres;  aquello que no podemos poseer no nos ocasiona ninguna pena,  le miramos con la más completa indiferencia;  son cosas de que no gustamos y,  por tanto,  no a quienes  poseen tales ventajas,  si las tienen en verdad–lo cual constituye para nosotros un interrogante,  pues los pueriles goces de este mundo no aseguran una mejor situación en el más allá–;  nuestra existencia es toda ella de labor y de estudio,  consagrando al trabajo hasta los instantes de reposo;  no hay,  pues,  por qué envidiarnos.  Llevamos,  como lo hacen tantos otros,  nuestra piedra al edificio que se eleva,  pero nos abochornaríamos de hacer con ella un peldaño para subir adonde sea;  que otros aporten más que nosotros,  que trabajen tanto como nosotros y aún mejor,  lo veremos con sincera alegría;  lo que anhelamos,  ante todo,  es el triunfo de la verdad,  venga de donde viniere,  ya que no tenemos la pretensión de poseer solo la luz;  si alguna gloria debe redundar de ella,  el campo está abierto para todos  y tenderemos la mano a cuantos en este rudo camino nos sigan lealmente,  con abnegación y sin segundas intenciones de carácter personal.

    “Bien se nos alcanzaba que al enarbolar abiertamente la bandera de las ideas que propagamos, desafiando los prejuicios,  nos atraeríamos enemigos siempre prontos a disparar dardos envenenados contra quienquiera que alce la frente y se ponga a la luz;  pero una diferencia hay entre ellos y nosotros,  y es que no les deseamos el mal que procuran hacernos,  porque nosotros desempeñamos el rol de la debilidad humana  y en esto en lo que creemos ser superiores a ellos, en tanto,  se desciende con la envidia,  el odio,  celos y demás pasiones mezquinas,  nos elevamos  mediante el olvido de las ofensas.  Tal es la moral espírita y ¿no vale como la de quienes despellejan al prójimo?  Es la que nos han dictado los Espíritus que nos asisten,  y puede por ella juzgarse si son buenos o malos. Dicha moral nos muestra las cosas de lo alto tan grandes y las de la tierra tan pequeñas,  que no podemos menos que condolernos de aquellos que voluntariamente se torturan por proporcionar una efímera satisfacción a su amor propio”.

    La Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas se había fundado  el 1° de abril de 1858.  Hasta entonces las reuniones habían tenido lugar en la casa de Allan Kardec en la calle de los Mártires,  con la señorita E. Dufaux como médium principal; su sala podía contener de quince a veinte personas,  pero se reunieron pronto más de treinta.  Encontrándose,  pues,  harto estrechos,  y no queriendo imponer todas las cargas a Allan Kardec,  algunos de los concurrentes propusieron formar una Sociedad Espírita y alquilar un local donde pudieran efectuarse las reuniones.  Pero,  para poder reunirse era menester ser reconocido por la Prefectura y estar por ella autorizado.  El señor Dufaux,  que personalmente conocía al Prefecto de policía, se encargó de las gestiones del caso,  y gracias al Ministro del Interior,  general X,  que se mostraba favorable a las nuevas ideas.  se obtuvo en quince días la autorización,  que por vía ordinaria hubiera demandado meses y sin muchas  perspectivas de conseguirla.

    “La Sociedad quedó entonces regularmente constituída,  reuniéndose todos los martes en el local que había alquilado en el Palacio Real,  galería Valois.  Estuvo allí un año,  desde el 1° de abril de 1858 hasta el 1° de abril de 1859.

    “No habiendo podido permanecer allí más tiempo,  comenzó a reunirse todos los viernes en uno de los salones del restaurante Douix,  en la galería Montpensier del mismo Palacio Real,  desde el 1° de abril de 1859 hasta el 1° de abril de 1860,  fecha en que se instaló en su local de la calle y pasaje Santa Ana,  N° 59”.

    Después de dar cuenta de las condiciones en que la Sociedad se había formado y de la labor que ha debido cumplir,  Allan Kardec se expresa así (“Revista Espírita”,  1859,  pág. 169).

    “Aporté a mis funciones,  que puedo calificar de laboriosas,  toda la exactitud y fervor de que he sido capaz;  desde el punto de vista administrativo,  me esforcé por mantener en las sesiones un orden riguroso,  dándoles un carácter de gravedad sin el cual el prestigio de asamblea seria hubiera pronto desaparecido.  Ahora cuando mi tarea ha terminado y se ha dado el inconveniente impulso,  debo participarles la resolución que he tomado,  de renunciar a toda clase de función futura en la Sociedad,  incluyendo la de director de estudios;  sólo ambiciono un título y es el de simple miembro,  con el que siempre me sentiré felíz y honrado.  El motivo de mi determinación lo constituye la multiciplidad de mis trabajos,  que a diario aumentan debido a mis muchas relaciones,  pues,  además de los que ustedes conocen,  preparo otros más importantes,  que exigen extensos y laboriosos estudios que no absorberán  menos de diez años;  ahora bien,  los trabajos de la Sociedad requieren mucho tiempo,  ya sea para la preparación o bien la coordinación y correspondiente corrección.  Exigen una dedicaión a menudo perjudicial para mis ocupaciones personales y que hace indispensable la iniciativa casi exclusiva que ustedes me han dejado.  Por esta causa,  señores,  debí manifestar con tanta frecuencia que lamentaba que los tan esclarecidos miembros que nos acompañan nos privasen de sus luces.  Hace mucho que deseo renunciar a mis funciones,  lo cual he expresado en diversas circunstancias de modo muy explícito,  tanto aquí como particularmente a varios de mis colegas,  y en especial al señor Ledoyen.  Lo hubiera hecho antes a no ser por el temor de que mi actitud diera lugar a inconvenientes para la Sociedad.  Alejándome a mediados de año,  se hubiera podido creer que se trataba de una defección,  y no había que dar la satisfacción a nuestros adversarios.  He cumplido,  pues,  mi tarea hasta su término,  pero hoy,  cuando estos motivos no existen ya ,  me apresuro a participarles mi resolución,  afin de no trabar la elección que lleven a cabo.  Es justo que cada cual tenga su parte en las cargas como en los honores”.

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