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Capítulo V – De la Ética y de la Moral

1.Consideraciones Generales

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – Considerando la vida corpórea como el inicio de la existencia del alma y la muerte como el lugar de enjuiciamiento y definición última del futuro del alma, profetas y legisladores crearon leyes morales para regular el comportamiento personal y colectivo. Era todavía una consecuencia de la visión sensorial de la vida.

“Para la sociedad occidental, esa visión vino de la biblia o del antiguo testamento. La biblia relata, sobre todo, la perplejidad del pueblo judío ante los problemas de la vida de relación. Los profetas desenvolvieron una visión extremadamente dura de la relación entre el Criador y la criatura.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.) – Es cierto que los profetas y los legisladores hebreos, como el mismo Moisés, propusieron unas leyes muy duras para el conjunto de su pueblo. Probablemente pueda explicarse por la necesidad de influir en un pueblo todavía muy ignorante y rudo. Espor ello que, posiblemente, vincularon sus normas a la divinidad, presentándolas como decretos de la misma para que fuesen más efectivas y menos discutidas.

D.K. – La existencia, en la visión bíblica, es un choque interminable entre las personas y la divinidad. El poder divino se muestra en el castigo. Jehová es retratado como el dios vengador, parcial y exclusivo del pueblo, cuyo poder en relación a los otros dioses fue varias veces probado, como también, varias veces, la ira de él se abatió sin piedad, transformando la mujer de Lot en estatua de sal o en la matanza general que aconteció en el diluvio.

F.E. –Se tenía una visión de la divinidad muy “física”, muy “humana”; es decir, muy antropomórfica. Esa divinidad poseía no sólo virtudes, sino también muchos de los defectos de la humanidad. Nada que ver con la noción de Dios que nos ofrecen Jesús de Nazaret, primero, y Allan Kardec[1], después.

D.K. – Las Iglesias tuvieron dificultades para comprender la naturaleza de los seres humanos y por eso los consideraron a priori, pecadores. Asumieron la vida corpórea como un yugo que había que soportar. Así, pues, la salvación está más allá de la muerte.

“En el cristianismo, la base moral reposa, esencial y teóricamente, en la prédica de Jesús de Nazaret y, por eso, algunos principios son extremadamente compasivos aunque no sean ostensiblemente practicados por la mayoría.

“Aunque Allan Kardec creyese que el cristianismo había creado una nueva versión de Dios a través del trabajo de Jesús, la verdad es que el dios cristiano es tan vengativo como el dios judío. Si el Nazareno trajo la noción de la paternidad amorosa, su misericordia y solidaridad, la realidad del concepto de justicia en la expresión cristiana, continuó intrínsecamente implacable.

F.E. –Ciertamente éste es uno de los motivos por los que el Espiritismo debe desmarcarse del concepto de “religión cristiana”; concepto que no  le conviene  en  absoluto,  ya que está lejos de las más puras nociones kardecistas[2]. El Espiritismo estaría más unido a un concepto inexistente que podríamos denominar como “jesusianismo”; es decir, con la trayectoria ejemplar de Jesús de Nazaret[3]. Evidentemente el Espiritismo notendría el más mínimo problema con la moral “jesusianista”, cosa que no ocurre con la moral religiosa cristiana.

D.K. – Debido a las premisas filosóficas sobre el pecado y la salvación, la sociedad cristiana estuvo siempre bajo el tacón del pecado, de la tristeza y del dolor. La Iglesia llegó hasta condenar la sonrisa, el placer, eligiendo el sufrimiento y la renuncia como patrones sublimados; las músicas sacras son lamentos, la santidad es otorgada a quien sufrió.

F.E. –A diferencia de ello, el Espiritismo es una noción esencialmente optimista y encarada hacia la consecución de una felicidad lo más plena posible, sin que ello deba disimular o esconder las dificultades del camino.

D.K. – El gran personaje de la trama de la caída y de la culpa es el demonio, con su capacidad infinita de seducir y apartar del camino. Larga es la puerta de la perdición.

F.E. –No deja de sorprender que, a estas alturas del siglo XXI, aún se hable del tema del diablo como figura contrapuesta a Dios y siendo, evidentemente, también él una creación de Dios. Es extraño que las religiones cristianas no hayan sido más sagaces a la hora de erradicar ese concepto tan incómodo para su Dios. Larga es la puerta de la perdición, para las religiones cristianas, y largo es el camino del progreso para el Espiritismo.

D.K. – El ser humano es el blanco de esa visión que lo condena aquí y después. Pocos son los que se salvan, pocos los escogidos.

“Este modelo descarta totalmente la premisa de la vida humana girando en torno de la culpa y del castigo.

“En la visión evolucionista no existe lugar para el retroceso, ni para la perdición, sólo lo hay para el éxito y la ascensión.

“El universo se equilibra en una relación de reciprocidad, adecuada a cada etapa en el proceso de desenvolvimiento del Principio Inteligente.

F.E. –Evidentemente el Espiritismo es un modelo mucho más eficiente en cuanto al delineamiento del futuro del Espíritu. No hay condenas, sólo hay oportunidades de progreso. No hay nadie “perdido”, todos estamos salvados por la bondad divina. No hay retrocesos, hay descansos momentáneos (estancamientos a veces) para tomar impulso hacia nuevos retos.

D.K. – La Ley divina o natural, no se ocupa de juzgar o condenar. O sea, la Ley Natural no es una ley moral. Ella controla la vida universal, estableciendo una directriz positiva que sobrevive y se impone en el aparente caos y en los límites del libre albedrío…

F.E. –La Ley natural -podemos leer en “El Libro de los Espíritus”, apartado 614- es la ley de Dios y la única verdadera para la dicha del hombre. Le indica lo que debe hacer o dejar de hacer, y es desgraciado, porque de ella se separa.” O sea que, directamente o indirectamente, sí que se relaciona con lo moral ya que si obramos correctamente -de una manera moralmente adecuada- nos acercaremos a la felicidad; pero, si obramos incorrectamente -o sea, de una manera moralmente inadecuada- persistiremos en la ignorancia y la dificultad.

D.K. – El libre albedrío, esa libertad esencial, podría llevar a la anarquía incontrolable, si no estuviesen grabados en la consciencia los parámetros de la Ley, construidos en el conflicto existencial. La ética y la moral son estadios creados a partir de la racionalidad.

F.E. –También Kardec se refiere a esa “grabación” de los aspectos esenciales de la Ley en nuestra conciencia[4]. Así en el apartado 621 de “El Libro de los Espíritus”, podemos leer:

“¿Dónde está escrita la ley de Dios?

“En la conciencia

“Puesto que el hombre lleva en la conciencia la ley de Dios, ¿qué necesidad tenía de revelársela[5]?

“La había olvidado y desconocido, y Dios quiso que le fuese recordada.”

¿Cómo hemos de entender esa afirmación de que los parámetros de la Ley están “grabados” en nuestra conciencia, o en nuestra consciencia (como nos dicen tanto el Dr. Regis como Kardec) y de que podemos “olvidarlos” (como leemos en la respuesta de los Espíritus a Kardec)?

Fijémonos en el detalle inserto en el párrafo que estamos estudiando: el Dr. Regis nos dice que los parámetros de la Ley están “construidos en el conflicto existencial”. Es decir, que esos principios de la Ley se van generando a medida que vamos aprendiendo a través de la resolución de conflictos. En el apartado 2 de este presente capítulo encontraremos de nuevo estos conceptos.

También puede ayudarnos a la comprensión de este tema el comentario de Léon Denis en el cap. XII de su obra “Después de la muerte” (como ya habíamos mencionado en el comentario del cap. II-1 de este opúsculo):

El alma es un mundo, un mundo en el que se mezclan aún las sombras y los rayos de luz y cuyo estudio atento nos hace ir de sorpresa en sorpresa. En sus pliegues, todos los poderes están en germen, esperando la hora de la fecundación para abrirse en chorros de luz. A medida que se purifica, aumentan sus percepciones”.

Es decir, no haría falta considerar esa grabación de los principios de la Ley, ya que todo, absolutamente todo, se adquiere por la vía del progreso, por el camino del ensayo y del error, por el camino del error y de su rectificación, esperando que esas potencialidades que están en germen vayan desenvolviéndose. En “El Libro de los Espíritus, apartado 631, queda también perfectamente clarificado:

“¿El hombre tiene por sí mismo medios de distinguir lo que es bueno de lo que es malo?

“Sí, cuando cree en Dios y quiere saberlo. Dios le ha dado la inteligencia para discernir lo uno de lo otro.”

O sea, que es la inteligencia lo que nos hace avanzar, la que nos permite diferenciar lo que está bien de lo que no lo está. Por lo tanto, al menos teóricamente, no se necesitaría ese registro previo en nuestra conciencia de los parámetros de la Ley (como parecería desprenderse de la lectura de L.E. 621), sino que lo que es necesario tener es inteligencia para discernir lo correcto de lo incorrecto.

En cuanto al tema del “olvido” de esos parámetros, pensamos que no existe como tal ya que no podemos olvidar aquello que no sabemos, porque si lo supiéramos de verdad, si realmente estuvieran grabados en nuestra conciencia por la acción del progreso intelectivo, de ninguna manera podríamos olvidarlos. Lo que hacemos realmente es aprender a través de todos los medios a nuestro alcance, y, ciertamente, la enseñanza de los Espíritus es uno de esos medios.

D.K. – La ley de causa y efecto o de acción y reacción, instrumento básico en el balanceo de las energías y las fuerzas, no es, como a veces se piensa, una ley represora, punitiva, sino más bien la ley básica del equilibrio, y el equilibrio es la felicidad o la condición de satisfacción y compensación del ser.

“La infelicidad es la quiebra del equilibrio con la creación de estados de desconsuelo y desintegración mental.

“El interés de la preservación, o instinto de conservación, que se instala en el ser desde el inicio y la necesidad que le es inherente de participar de relaciones compensatorias con sus semejantes, son las fuerzas propulsoras que lo mueven para la búsqueda de la armonía. El proceso evolutivo del ser inteligente es inestable por cuanto se adiestra en el nivel de imperfección natural en constante mutación generando desequilibrio. Esos parámetros intrínsecos reposan en la reciprocidad de la ley de causa y efecto. Acción y reacción constituyen el camino, a veces doloroso, de la búsqueda del equilibrio, sea internamente, sea en la relación con el otro, con el ambiente.

F.E. –La ley de causa y efecto, o de acción y reacción, es una ley de justicia distributiva: a cada cual según sus obras. Muy acertado está el Dr. Regis cuando señala que esta ley no es punitiva, sino que es una ley compensatoria, una ley de reequilibrio. Es la gran ley del progreso, tanto individual como colectivo

D.K. – En la trayectoria evolutiva del ser espiritual, los factores externos provocan repercusiones que movilizan sus potencialidades, reestructurando niveles mentales y motivaciones. Esas confrontaciones causan dolor y sufrimientos que producen situaciones penosas e insatisfactorias.

F.E. –“Situaciones penosas e insatisfactorias” que, a la postre, son uno de los más poderosos motores de progreso. Para desembarazarnos de las consecuencias penosas e insatisfactorias no nos queda más remedio que trabajar positivamente en su superación. Eso es progresar.

2.La ética

D.K. – El flujo organizador y directivo de la Ley está “inscrito en la consciencia”, esto es, en la formación de la estructura del cuerpo mental[6]. ¿Qué significa eso?

“La Ley no es un discurso. Es el conjunto de factores que actúan siempre procurando la manutención del equilibrio.

“Esos mecanismos de autorespuesta, definen en la estructura del cuerpo mental del principio inteligente, la noción básica de lo que es correcto o errado. Ellos limitan o responden a las estimulaciones comportamentales o meramente reactivas del ser en la trayectoria evolutiva. Debido a la actuación automática de esas fuerzas, el Principio Inteligente es compelido a establecer esos parámetros no como forma consciente, sino como ocurrencia real en si misma, de los límites de la ley de acción y reacción.

“En la estructura de la Ley Natural están establecidos los limites que el Principio Inteligente conocerá en los conflictos de la experiencia que definen las repercusiones, la reciprocidad natural entre acción y reacción, en los campos de las relaciones se sobrevivencia. Después, en el desencadenamiento de las mutaciones, él sufrirá las consecuencias del choque de la convivencia e inscribirá en su mente, en su cuerpo mental perenne, los rigores de las respuestas…

“La “inscripción en la consciencia” de los valores de la Ley se da en la propia vivencia de los conflictos y por el deseo de preservación del ser y constituye, con el tiempo, los fundamentos de la ética, considerada como el factor que establece el enjuiciamiento de los factores para la persistencia del ser.

F.E. –Acompañando atentamente la secuencia de estos últimos párrafos, se llega a la conclusión enunciada en el último de ellos: “La “inscripción en la consciencia” de los valores de la Ley se da en la propia vivencia de los conflictos”. Es decir que es la vivencia de los conflictos la que finalmente propiciará esa inscripción, esa grabación, de los parámetros de la Ley Natural tanto en nuestra conciencia (como elementos normativos de nuestros actos, como principios éticos), como en nuestra consciencia (asunción lúcida, asunción consciente de la realidad y de la importancia de estos principios éticos en nuestra vida). Por lo tanto podemos reafirmarnos en que la grabación de los Parámetros de la Ley, devendría de forma natural como consecuencia de nuestro progreso.

D.K. – La ley de causa y efecto es el principio fundamental de balanceo y reajuste constante de la ruta recorrida por el ser en el camino evolutivo. Ese juego permite la construcción y reconstrucción del equilibrio interno.

F.E. – Realmente, la ley de causa y efecto no es únicamente -tal y como ya afirmaba más arriba el Dr. Regis- una ley punitiva, sino que es una ley de “reajuste constante de la ruta”, tal y como enuncia el autor. También tiene un componente expiatorio -inherente a esa acción de reequilibrio-, el cual de una manera automática, pero razonable, nos impele a recibir -de forma voluntaria o involuntaria, de manera consciente o inconsciente- las consecuencias inevitables de nuestros actos equivocados. Y decíamos que se trata de una ley que actúa de una forma razonable -lo cual no podría ser de otra manera, al tratarse de la acción de la Ley divina o natural-, en el sentido de que no se nos propondrá dicha expiación, y la compensación material y moral subsiguiente, hasta que en nuestro “haber[7]”  haya el suficiente contenido como para poder enfrentar con las mínimas garantías de éxito el saldo de nuestro “debe”.

D.K. – “La consecuencia será la estructuración de los valores que después serán los que formarán la “ética”, o sea, la definición básica de lo correcto y errado, del bien y del mal.

F.E. – Es formidable la manera como, de una forma tan bien secuenciada y plena de lógica, el Dr. Regis nos conduce a la aceptación de que la noción de lo que denominamos ética se va delineando y consolidando en el espíritu de una manera  inevitable, como consecuencia de nuestras acciones. Ello es un argumento más en contra de aquellos que piensan que el Espiritismo nos ha venido a “religar” con Dios, como si en algún momento hubiéramos tenido una completa comprensión de la divinidad y, por una “falta” nos hubiéramos desviado de esa presumida unión. Todo ello no es así. No somos “ángeles caídos”, sino que somos espíritus en constante evolución, evolución que nos conduce, consecuentemente, a obtener una mayor comprensión de Dios, de la Ley Natural y de la Ética.

3.La moral

DOCTRINA KARDECISTA (en adelante D.K.) – En el nivel animal, el principio inteligente es compelido a luchar por la sobrevivencia; enfrenta la muerte, el miedo; desenvuelve la sagacidad, el oportunismo. Aprende las lecciones básicas de la convivencia grupal, una especie de solidaridad. Ahí, no existe el elemento moral. O sea, un depredador al atacar a su víctima no expide un juicio moral, puesto que al destruir a su presa satisfaciendo su necesidad él no siente culpa.

COMENTARIO DE FLAMA ESPIRITA (en adelante F.E.)Además, cuando el depredador ataca a su presa no es sólo que no sienta culpa, es que, además, no tiene culpa alguna. Los animales no tienen libre albedrío, por lo tanto no tienen ningún tipo de responsabilidad de sus actos[8]. Sin embargo, los animales sufren y no siendo, no pudiendo ser de ninguna manera un sufrimiento derivado de actuaciones negativas del pasado, dicho sufrimiento nos plantea la paradoja de un dolor inmerecido y, aparentemente, inútil para los seres del mundo animal. A pesar de ello, con toda seguridad, ese sufrimiento ha de devenir en un progreso para ellos, probablemente en: el aprendizaje y la automatización de los procesos biológicos, en la aparición y consolidación de los instintos, y en la aparición y cristalización de las emociones y de los sentimientos.

D.K. – En el período humano, la ética y la moral se expresan, inicialmente, con el surgimiento de los tabúes, de los miedos delante de los factores naturales, en los misterios del nacimiento y de la muerte, y la invocación a fuerzas sobrenaturales a los fines de la preservación personal y grupal.

F.E. –Transitamos desde el miedo, que nos acompaña en todo el proceso como emoción básica facilitadora del progreso, hasta la comprensión, cada vez más profunda, de nuestro papel en el escenario evolutivo. Venimos (desde antiguo y hasta tiempos muy recientes) desde lo maravilloso y  lo sobrenatural hacia una fe razonada, que nos conduce a una convicción firme de la permanente evolución del Espíritu.

D.K. – Así como las fuerzas del universo energético siguen un curso aparentemente al acaso, pero permanecen dentro del flujo orientador de la Ley, el ser inteligente también parece seguir una forma anárquica, sin limitaciones. Mientras tanto, a través de los mecanismos de la Ley instalados por la experiencia en la mente del Espíritu, el equilibrio se hace invariable, pero no inmediato.

En la dinámica del proceso, el acaso, es decir, aquello que dentro de la visión sensorial sugiere el caos, en verdad se mueve hacia la búsqueda del equilibrio. La cuestión, en esa visión sensorial, se complica por la variable del tiempo, cronológico o sensible.

F.E. – Si revisamos las definiciones de la palabra caos, encontramos las siguientes acepciones[9] (los resaltados son nuestros):

1. Estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación del cosmos.

2. Confusión, desorden.

3. Fis. y Mat. Comportamiento aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos, aunque su formulación matemática sea en principio determinista.

Desde una perspectiva evolucionista el caos, como confusión y desorden permanentes, no existe realmente. Todo tiende hacia un determinismo; es decir, hacia un fin determinado por las condiciones iniciales del proceso. En Espiritismo no hay ni caos, ni fatalidad; sino que todo obedece a un determinismo que, partiendo de unas situaciones de inicio[10], va modulándose con los subsiguientes pasos, hasta desembocar en un fin inevitable, que es el aprendizaje, que es el progreso.

En cuanto a la complicación del tiempo “cronológico o sensible”, evidentemente es éste un factor, una variable,  de gran importancia. No sabríamos decir -por la sucinta exposición del autor- que entendía él por “tiempo sensible”. Podríamos suponer que tal vez se refería a la sensación del paso del tiempo en el plano extra-físico. A través de las comunicaciones de los Espíritus, especialmente de los Espíritus sencillos, normales[11], nos apercibimos que su manera de “sentir” el paso del tiempo es muy diferente a la nuestra; es como sí no “notaran” como nosotros el fluir del tiempo. Ello es más acusado todavía en las comunicaciones de Espíritus desorientados y turbados; para bastantes de ellos los decenios, los siglos, parecen discurrir a un ritmo distorsionado; así, pues, en ocasiones al interrogar a algunos Espíritus, desencarnados hace muchos decenios, éstos no parecen ser conscientes de que ha transcurrido ese largo lapso de tiempo, aunque, también es verdad que otros muchos de ellos viven la sensación contraria; es decir, del transcurrir del tiempo con gran lentitud, como si sus penas y dificultades debieran ser eternas. Ciertamente esa diferente manera de vivir el paso del tiempo, puede producir situaciones de incomprensión entre ambos planos de vida.

D.K. – La culpa será desarrollada en el nivel hominal. Disponiendo de la capacidad de analizar, comparar y decidir, la persona ejercerá o sufrirá la acción recíproca del acto y de la respuesta. Pero, sobre todo, descubrirá al otro. Es en ese descubrimiento y en esa relación conflictiva y al mismo tiempo esencial que ella desenvuelve el sentido moral, discrimina entre lo correcto y lo errado, entre el bien y el mal, que, por eso mismo, son relativos al grado evolutivo.

F.E. – La culpa es una de nuestras más fieles y fecundas compañeras, a lo largo del camino evolutivo. En la resolución de conflictos, en la asunción de las culpas reales, en la lucha con las culpas imaginarias,… se fundamenta una buena parte de nuestro crecimiento.

D.K. – Esa moral es establecida por la autoridad, dentro de patrones creados por las necesidades de mantener un equilibrio relativo en las relaciones humanas, dentro del círculo en que se desenvuelven y también para garantizar el poder.

“Ahí nacen las nociones sobre el poder sobrenatural, la delegación de poderes a misioneros y profetas, que actuando como legisladores establecen las nociones de la culpa y del castigo.

“Aunque esos sean elementos históricamente encontrados en las civilizaciones de todos los tiempos, constituyen una moral relativamente mutable, adaptable.

F.E. – Muy ilustrativa es, a este respecto, la relación que Kardec realiza en su artículo “Las Aristocracias[12], sobre las diferentes fases por las que pasa el ejercicio del poder: desde las sociedades patriarcales hasta el futuro ejercicio de la autoridad por parte de la aristocracia intelecto-moral[13], aquella que aunará los beneficios de la mejor intelectualidad con la más acrisolada moral. A lo largo de la historia de la humanidad, ciertamente la noción de moralidad se adapta a las condiciones comprensivas mostradas por la población del momento.

D.K. – No se puede confundir la reciprocidad de la ley de causa y efecto, con la polarización entre culpa y castigo, que en una serie infinita limitaría drásticamente el desenvolvimiento del ser inteligente, perdido en la circularidad permanente.

“Solamente esa perspectiva podrá disolver la aparente contradicción entre el libre arbitrio, como instrumento de expansión y evolución del ser inteligente y la Ley. Esto es, no existen límites morales en la Ley. Los límites no están fuera, sino más bien delineados y funcionan inevitablemente dentro del universo personal, en los mecanismos de los condicionamientos y choque de valores como el miedo, el poder y todos los demás procesos de vivencia y conflicto que el Espíritu enfrenta.

F.E. – Excelente exposición sintética, por parte del Dr. Regis, sobre la imprescindible diferenciación de los dos binomios: culpa-castigo y causa-efecto.

La culpa y el castigo son la expresión de sociedades represoras, que manifiestan su control sobre las masas a través de la potenciación de esos dos elementos. Elementos que, como bien matiza el autor, acabarían por maniatar el desenvolvimiento de las personas. Sin embargo, la causa y el efecto no tienen, no deberían tener, esas connotaciones: el efecto no es un castigo; el efecto es una consecuencia natural de los hechos acaecidos. En cuanto a la causa, ésta puede ser, en múltiples ocasiones, hija de la ignorancia que no de la malevolencia. El contraste entre ambos binomios es claro. Cuando la humanidad adapte sus leyes y normas de convivencia a la acción del segundo de ellos (causa-efecto), la preponderancia de los sentimientos culpables y de los efectos sólo represores del castigo desparecerán por completo, y las personas cambiaremos la represión de la culpa por la comprensión de la relatividad evolutiva de cada cual y la aceptación inevitable de las consecuencias de nuestros actos.

4.Culpa y pecado

D.K. – Es preciso separar el entendimiento sobre la cuestión de la culpa que se produce como consecuencia de las desviaciones morales de la institución del pecado.

“De modo general las iglesias fundamentaron la moral como una acción directa de la divinidad, dentro de escalas diferentes. Introdujeron el pecado como acto de transgresión de la ley divina, y, por lo tanto, sujeto al juicio y al castigo, también divinos.

F.E. – Este ha sido el “quid” de la cuestión. Al asimilar el pecado como siendo una ofensa a la Divinidad, la culpa, y especialmente el castigo, quedaban dominados por el contexto religioso imperante en cada época y región. Por lo tanto, el acompañante natural de esa situación era el miedo cerval, ya que se había ofendido a Dios. En cambio, transformado el “pecado” en responsabilidad -por parte del Espiritismo-, el miedo pasa a convertirse en la aceptación de la consecuencia negativa derivada de la responsabilidad. Al no haber ninguna “ofensa a Dios”, la situación revierte en un esfuerzo, tan grande como sea necesario -al alcance de todo el mundo, con determinación y voluntad- por enmendar esos yerros del pasado.

D.K. – “El pecado original justifica el enjuiciamiento a priori de la naturaleza moral de la persona y de sus actitudes. Esa predisposición inherente al alma, crea el conflicto de las realidades de cada criatura y las exigencias de la moral.

F.E. – Ciertamente la noción del “pecado original” atenta contra la concepción correcta de la Divinidad y, como indica el autor, deviene en conflictos entre el ser humano y la moral. El pecado original es inadmisible desde la perspectiva de la existencia de una “Inteligencia Suprema, Causa Primera de todas las cosas[14]; esa Inteligencia no podría condenarnos, antes de tener oportunidad de equivocarnos por nosotros mismos, no podría condenarnos -repetimos- a una carga culpable inicial, culpa perpetrada por no se sabe bien quién (la figura de Adán no pasa de ser, probablemente, un simbolismo). Siendo Dios Equidad, Justicia y Amor, la noción de pecado original queda totalmente fuera de lugar.

D.K. – “La moral, entretanto, no siempre en armonía con la Ley Natural, es una construcción social, teológica o comunitaria, que establece reglas, hábitos, modos de pensar y de juzgar.

“Errar es humano se dice, pero en general promueve el castigo como respuesta. Ese castigo, en la visión dinámica, representa la necesidad de restablecer el equilibrio que la acción provocó, sea en sí mismo, sea en la relación con el otro.

“Ya el pecado, en sus diversos grados, es un acto contra Dios. Uno es el sentimiento mutable de la culpa como consecuencia de haberse infringido los valores que fueron elegidos personal o colectivamente, otro es la transgresión del mandato divino.

“El modelo de la Doctrina Kardecista rechaza totalmente esa visión, como es evidente. Porque la Ley Natural no es moral. El universo no tiene propósitos restringidos o punitivos. Aunque no haya posibilidad de entender todos los matices de la vida, nada en la naturaleza autoriza el modelo de pecado y castigo.

F.E. – En estos párrafos anteriores, el Dr. Regis abunda con mucho acierto en los conceptos ya expresados en los anteriores parágrafos. Sin embargo es de resaltar la siguiente frase: “la Ley Natural no es moral”. De entrada, no parece factible deslindar los conceptos de ley natural, de ley divina y de ley moral (véase al respecto el cap. I, del Libro III de “El Libro de los Espíritus”: “Ley divina o natural”). Sin embargo, el Dr. Regis ya expresaba[15]:

“La Ley Natural expresa la sabiduría divina, con mecanismos extremadamente competentes, estableciendo el ritmo y la sucesión de los factores con el fin de ecuacionar, en el universo energético, tanto cuanto en el universo inteligente, el principio del equilibrio, actuando a través de la ley de causa y efecto o de acción y reacción, herramienta de búsqueda del equilibrio, a través de  la reciprocidad de los factores” (el resaltado es nuestro).

Ciertamente, la ley de causa y efecto, o de acción y reacción (a través de la cual actúa la Ley Natural, como expresa el autor), es eminentemente una ley de moral aplicada. ¿Qué podría querer manifestar, pues, el Dr. Regis con esa afirmación de que la Ley Natural no es moral? Tal vez, quería expresar que, hasta cierto punto, la Ley Natural es neutra: a una acción, del signo que sea, corresponde una reacción del mismo signo, de una manera cuasi mecánica, sin que en todo ello deba intervenir ningún censor moral; sería, pues, una Ley en el marco de la cual los Espíritus transitamos, aprendiendo, evolucionando, amparados siempre por la actuación automática de la Ley Natural (actuante a través de la Ley de Causa y Efecto); Ley totalmente alejada de los conceptos de pecado y de castigo.

5.El Salvador

D.K. – “La Teología cristiana exige la presencia de un salvador, porque la humanidad está, según ella, naturalmente condenada.

“La transferencia de la fragilidad humana hacia dioses sobrenaturales es parte de las civilizaciones. La creencia cristiana, además de Dios, designó a Jesús de Nazaret como el Salvador. Históricamente quienes buscaban un salvador, un mesías, eran los judíos. La transferencia de la cultura judaica como base de la teología cristiana trajo también el mito del mesías.

“Por eso, la Iglesia formó el embrollo de la santísima trinidad, como escape para los problemas de la divinidad, concibiendo la teoría de la unidad en la triplicidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, donde la figura de Jesús ocupa el lugar del hijo y del padre.

“Jesús de Nazaret, líder judío fue transformado en el mesías, o sea en Jesucristo, parte de la santísima trinidad. El principio y el fin.

“En “El Libro de los Espíritus” encontramos:

“625 – ¿Cuál es el tipo más perfecto que Dios ofreció al hombre para servirle de guía y modelo?

“Ved a Jesús.

“Allan Kardec coloca un comentario consecuente con la cultura cristiana afirmando que Jesús es para el hombre el tipo de perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra.

“Basados en esa simple expresión, los religiosos que se unieron al Espiritismo, incluyendo a los espíritus desencarnados comprometidos secularmente con la Iglesia, no percibieron que la respuesta coloca a Jesús en el nivel humano y lo retira del nivel divino. Sin embargo, la presión de los residuos cristianos en las mentes, distorsionó el rumbo de las cosas y el Nazareno fue introducido como “Nuestro Señor Jesucristo” entre los espíritas, de la misma forma como es entendido en las iglesias cristianas.

“En la visión evolucionista de este modelo, no hay lugar para un Salvador. Pero, positivamente hay lugar para las lecciones de Jesús de Nazaret. En sus lecciones Allan Kardec buscó la directriz segura para el desenvolvimiento ético y moral que el Espiritismo propone.

F.E. – Evidentemente, en el Espiritismo no cabe de ninguna manera la idea de un Salvador. En primer lugar, porque no hay nadie que necesite ser “salvado”, ya que no hay nadie que esté “perdido”. Siempre estamos bajo la tutela de la Ley Natural, Ley que no puede admitir la noción de “pecado original” o la noción de que alguien pueda estar al margen del progreso universal. Además, sería absurdo pensar que para Dios alguna de sus criaturas pudiera estar “perdida”, si no mediara la actuación de un hipotético Salvador.

Por otra parte, hay que reivindicar el auténtico papel de Jesús. Jesús es un Espíritu Superior, probablemente vinculado al equipo directivo de este planeta; pero, no es un ser especial (el unigénito del Padre, como le llaman algunos), sino un ser que ha evolucionado como nosotros mismos hacemos. Aquellos que insisten en colocar un halo divino a Jesús, lo que realmente hacen es alejarlo de la humanidad: a un Jesús-Dios no podemos verlo con cercanía y además no podríamos tomarlo como ejemplo; en cambio, a un Jesús-hombre podemos verlo como a uno de los nuestros, evidentemente más inteligente y más bondadoso que nosotros, pero humano como nosotros, y digno de ser observado como ejemplo a seguir.



[1] Recordemos al respecto el texto de la primera pregunta que Kardec propone en “El Libro de los Espíritus”: “¿Qué es Dios?: Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas”. Tanto el matiz de la pregunta (Qué, en lugar de quién) como la sobriedad y precisión de la respuesta, son verdaderamente admirables.

[2] Todo ello a pesar de que, realmente, Allan Kardec no dejó clara (al menos de forma explícita, aunque sí -pensamos- de forma implícita) su posición con respecto de la filiación religiosa, o no, del Espiritismo.

[3] Jesús como hombre, como espíritu adelantadísimo y no como Dios; Jesús como filósofo (el “filósofo por excelencia”, como lo denominó Carlos Brandt) y no como líder religioso.

[4] Conciencia, como siendo el conocimiento íntimo del bien y del mal. Es castellano puede diferenciarse de consciencia, que sería nuestra capacidad como seres humanos de vernos y reconocernos como tales.

[5] Suponemos que Kardec debe referirse a lo realizado a través de la  llamada “revelación” espiritista.

[6]No insistiremos en el tema del “cuerpo mental” que propone el Dr. Regis (véase nuestro comentario al Cap. II de la 2ª parte de este opúsculo)

[7] En los antiguos libros de contabilidad aparecían dos columnas tituladas “Debe” y “Haber” donde se consignaban los conceptos y cantidades, de lo que la empresa tenía a su favor como ingresos o, en su contra, como pagos.

[8] Remitimos a los lectores al artículo inserto en nuestra página web (sección “Archivo”) titulado: “Del animal… al ser humano.”; artículo publicado originalmente en Flama Espirita núm. 64 (noviembre/diciembre 1991).

[9] Definición de la Real Academia Española de la Lengua

[10] Definidas por: las inevitables consecuencias del pasado, por las necesidades del aprendizaje y, evidentemente, por  nuestro obrar en las diferentes fases que vamos atravesando.

[11] Por Espíritus sencillos, normales, entendemos que son aquellos de no mucha evolución, como somos la mayoría de los que estamos encarnados en este planeta.

[12] En “Obras Póstumas”.

[13] De la que, sin duda, aún estamos lejos de que aparezca en las élites dirigentes de nuestra sociedad.

[14] “El Libro de los Espíritus”, pregunta núm. 1.

[15] Ver el capítulo I de este opúsculo: “Dios y la ley natural”.

 

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