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BIOGRAFÍA DE ALLAN KARDEC POR HENRI SAUSSE (CONTINUACIÓN)

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IMAGEN DEL AUTO DE FE DE BARCELONA EN EL AÑO 1861.

                     EL AUTO DE FE DE BARCELONA

    Además de serlo por los trabajos y viajes de Allan Kardec,  el año 1861 es memorable en los anales del Espiritismo debido a un hecho de tal modo inaudito,  que parece casi increíble.  Quiero referirme al auto de fe que se llevó a cabo en Barcelona y el cual fueron quemadas por la tea de los inquisidores trescientas obras espiritistas.

    El señor Mauricio Lachatre se hallaba a la sazón establecido en Barcelona con un comercio de librería.  En relación y  comunidad de ideas con Allan Kardec,  se dirigió a éste solicitándole el envío de cierto número de libros espiritistas,  para destinarlos a la venta y hacer propaganda a la nueva filosofía.

    Las obras,  en número de trescientas,  más o menos,  se remitieron en las condiciones usuales,  con una declaración exacta del contenido de los bultos.  A su arribo a España se reclamaron los derechos de aduana al destinatario y éste los abonó a los agentes del gobierno español,  pero la libranza de las encomiendas no se verificó.  Juzgando el obispo de Barcelona que tales libros eran perniciosos para la fe católica,  los hizo confiscar por el Santo Oficio.  Ahora bien,  ya que no se quería entregar las obras a su destinatario,  Allan Kardec reclamó le fuesen devueltas,  pero su pedido no se atendió,  y el Obispo de Barcelona,  dragoneando de policía de Francia,  fundó su negativa en la siguiente respuesta:  “La iglesia católica es universal y esos libros son contrarios a la fe católica.  El gobierno no puede,  pues permitir que vayan a pervertir la moral y la religión de otros países”.  De manera que no sólo no fueron devueltas las obras,  sino que los derechos aduaneros pagados quedaron en poder del fisco español.

    Allan Kardec hubiera podido iniciar una acción diplomática y obligar al gobierno español a restituir los libros,  pero los espíritus le disuadieron de ello,  expresando que era preferible para la propaganda del Espiritismo  que tal ignominia siguiera su curso.

    Renovando los fastos y hogueras de la Edad Media,  el obispo de Barcelona hizo entonces quemar en la plaza pública,  por la mano del verdugo,  las obras incriminadas.

    He aquí, a título de documento histórico,  el acta de esta infamia clerical:

    “Hoy,   nueve de abril de mil ochocientos sesenta y uno,  a las diez y media de la mañana,  en la explanada de la ciudad de Barcelona,  en el lugar donde se ejecuta a los criminales condenados a la ultima pena,  por orden del opispo de esta ciudad han sido quemados trescientos volúmenes y folletos sobre el Espiritismo,  a saber:

    “La Revista Espírita”;  director,  Allan Kardec.

    “La Revista Espiritualista”;  director,  Piérart.

    “El Libro de los Espíritus”,  por Allan Kardec.

    “El Libro de los Médiums”,  por el mismo.

    “¿Qué es el Espiritismo?,  por el mismo.

    “Fragmento de Sonata” dictado por el espíritu de Mozart.

    “Carta de un católico sobre el Espiritismo”,  por el doctor Grand.

    “Historia de Juana de Arco”,  dictada por ella misma  a la señorita Ermance Dufau.

    “La realidad de los espíritus demostrada por la escritura directa”, por el barón de Guldenstubbé.

    “Asistieron al auto de fe:

    “Un sacerdote revestido de los hábitos sacerdotales,  levando en una mano la cruz y en la otra la antorcha.

    “Un escribanos encargado de labrar el acta de del auto de fe.

    “El empleado del escribano.

    “Un empleado superior de la Administración de aduanas.

    “Tres peones de la aduana,  encargados de mantener el fuego.

    “Un agente de la aduana,  en representación del propietario de las obras condenadas por el obispo.

    Una muchedumbre innumerable llenaba los paseos y cubría la explanada donde se elevaba la hoguera.

    “Cuando el fuego hubo consumido los trescientos volúmenes y folletos espíritas,  se retiraron el sacerdote y sus ayudantes,  envueltos en la algarabía y maldiciones de numerosos asistentes que gritaban: ¡Abajo la inquisición!

    “Muchas personas se aproximaron en seguido a la hoguera y recogieron de ella cenizas”.

    Sería empequeñecer el horror de tales actos el acompañar su descripción de comentarios;  hagamos constar solamente que al fulgor de esta hoguera tomó el Espiritismo un vuelo inesperado en toda España y,  como lo habían previsto los espíritus,  obtuvo en ese país un número incalculable de adherentes.  Sólo podemos,  pues,  como Allan Kardec lo hizo,  regocijarnos de la inmensa propaganda que este acto odioso hizo al Espiritismo.  Pero,  a propósito de la propaganda que demos por nuestra parte hacer a nuestra filosofía,  jamás se deberán olvidar los siguientes consejos del Maestro (“Revista Espírita,  1863,  pág. 367):

    “El Espiritismo se dirigen a aquellos que no creen o que dudan y no a quienes tienen  una fe y ésta les basta;  no pide a nadie que renuncie a sus creencias para adoptar las nuestras,  y en ello es consecuente con los principios de toleracia y libertad de conciencia que profesa.  Por tal motivo no podríamos aprobar las tentativas de ciertas personas por convertir a nuestras ideas a la clerecía de cualquier comunión.  Repetimos,  pues,  a todos los espiritistas:  Acoged diligentemente a los hombres de buena voluntad;  dad luz a quienes la buscan,  porque con los que ya creen no tendréis buen éxito.  No violentéis la fe de ninguno,  ni la de los religiosos ni la de los laicos,  pues depositaríais simiente en campo árido;  poned la luz en evidencia,  para que la miren aquellos que quieran verla;  mostrad los frutos del árbol y dadlos a gustar a los que tienen hambre y no a quienes dicen estar ahítos”.

    Estos consejos,  como todos los de Allan Kardec,  son claros,  simples y,  sobre todo,  prácticos;  toca a nosotros recordarlos y aprovecharlos en cada oportunidad.

    El año 1862 fue fértil en trabajos favorables a la difusión del Espiritismo.  El 15 de enero apareció el excelente opúsculo de propaganda titulado El Espiritismo en su más simple expresión. “El objeto de esta publicación –escribe Allan Kardec–es dar,  en una forma muy sintética,  nociones históricas del Espiritismo y una idea sufciente de la doctrina de los espíritus,  a fin de que se conozca y comprenda su objeto filosófico y moral.  La claridad y sencillés del estilo obedecen al propósito de ponerlo al alcance de cualquier inteligencia.  Contamos con el celo de todos  los verdaderos espiritistas para su propagación” Este llamado fue atendido,  pues el folletito se difundió profusamente y son muchos los que deben a este excelente trabajo la comprensión del objeto y alcance del Espiritismo.

    “Revista Espírita”,  1863, pág. 70.-Cuando escribimos el opúsculo El Espiritismo en su más simple expresión,  preguntamos a nuestros guías espirituales qué efecto tendría.  La respuesta fue:“Producirá un efecto que no esperas,  es decir,  que tus adversarios estarán furiosos al ver una publicación destinada–por su reducido precio–a difundirse con la mayor amplitud y penetrar por doquiera.  Se te ha anunciado un gran despliegue de hostilidades y tu folleto será la señal de ello.  No te preocupes,  conoces el fin.  Ellos se encolerizarán a causa de la dificultad con que tropiezan para refutar tus argumentos.  Ya que es así,  diremos que este opúsculo,  que deberá venderse a 25 céntimos de franco,  lo será por dos sueldos”. Los hechos justificaron tal previsión,  y nos felicitamos de ello”.Imagen

 

 

   

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About René Dayre Abella Hernández

Desde pequeño fui testigo de fenómenos de carácter paranormal que se daban en mi entorno y en mi propia persona, lo que me llevó a investigarlos desde un ángulo y una perspectiva rigurosa. Establecí contacto con estudiosos de la casuística paranormal que juzgaban estos fenómenos desde una óptica dialectico-materialista, muy acorde con los tiempos y el panorama ideológico que imperaba en mi país. Más adelante en la medida que estos fenómenos paranormales se acentuaron con mayor peso y asiduidad en mi persona quise encontrales una solución fuera del esquema mecánico organicista. De esta manera fui trillando caminos en la búsqueda de una respuesta lógica, pero trascendente del fenómeno. Ingresé como miembro activo de la Sociedad Teosófica, a la vez que establecía nexos y vínculos con espíritas que me mostraron una exposición más actualizada de la Doctrina Espírita tal como la codificó el Maestro Allan Kardec, pero dentro del contexto paradigmático de nuestros días. Muchas de mis vivencias de carácter trascendental o pananormal las he relatado en mi libro de crónicas y memorias Banes: La Piel de la Memoria. En estos momentos me considero un espírita convencido y me propongo de manera muy humilde reivindicar la naturaleza prístina del Espiritsmo racionalista, laico e iconoclasta que codificó Allan Kardec, cuando enmarcó su sistema filosófico y científico dentro del contexto positivista de las ciencias, desarrollado por Augusto Compte, muy en boga en su época, de las distorsiones que por ignorancia o mala fe han arrojado sobre él las masas y el gran público. Además del Espiritismo me apasionan los temas concernientes a la psicología transpersonal, particularmente el pensamiento desarrollado por Roberto Assagioli, la psicología profunda de Jung, y la transcomunicación instrumental.

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